Juan Carlos Higuero: "Sería capaz de arruinarme ahora mismo por volver a correr la final olímpica de Pekín"
El 'León de Aranda' repasa su carrera deportiva, una de las más exitosas del mítico 1.500 español con la espina de una medalla olímpica de la que se quedó a solo 23 centésimas.

Juan Carlos Higuero (Aranda de Duero, Burgos, 1978) es uno de los grandes nombres de la historia del mediofondo español, haciéndose valer en una de las épocas con más talento y nombres. En su palmarés, siete medallas internacionales entre las que destacan su oro europeo en pista cubierta en 2007 y su doblete de bronces continentales al aire libre de 1500 y 5000 metros en Goteborg 2006. Pero sobre todo, es uno de esos deportistas con los que gusta hablar por su forma de expresar, su pasión al hacerlo y su cercanía que le ha hecho ser uno de los más queridos del tartán. Ahora sigue unido al atletismo como comentarista en Radio Marca y TVE, y como organizador de la Higuero Running Festival, una fiesta que reúne a miles de personas en su localidad natal. Su carrera, un sinfín de anécdotas y momentos, en esta primera entrega de su charla con Relevo.
Antes de dentro y ahora a través de los micrófonos, ¿ha cambiado mucho el atletismo desde tus tiempos a los actuales?
Creo que antes éramos menos los que nos dedicamos en cuerpo y alma a ello, y ahora se ha profesionalizado todo mucho más. Más información, mejores entrenamientos, entrenamientos cruzados y más facilidades también en la formación académica para poder compaginar esos entrenamientos.
¿Y en la forma de correr, en el seno e idiosincrasia del atletismo?
Lo que veo yo es que hay más camaradería, como vi el otro día en el campeonato de España. Cuando hay una victoria de un rival, enseguida el atleta que no ha tenido su día lo primero que hace es ir a darle un abrazo y a darle la mano al que gana. Antes, nosotros, yo por ejemplo con Reyes Estévez, cuando él ganaba, pues yo no le daba la mano. Pero no era por falta de educación, sino por la rabieta que yo tenía dentro. Y al revés también. Ganaba yo y él se borraba, quería desaparecer lo antes posible del tartán. Y yo ahora veo un poquito más de piña que antes, que para lo didáctico y para lo que es el atletismo, el deporte más democrático, es bueno. Pero para el espectador es poco bueno o es malo, porque al final el espectador quiere ver sangre.
"Cuando ganaba Reyes Estévez, yo no le daba la mano"
¿Hubo piques serios en esa época? ¿Alguno que se pueda contar?
El titular más fuerte era cuando teníamos greña. Por ejemplo: en una semifinal en el Campeonato de España de Málaga en el año 2005, Reyes Estévez y yo empezamos a darnos codazos y eso que era la semifinal. Los titulares eran 'Mañana va a arder Troya'. Eran lances, había mucha leña, te daban un codazo y luego tú se lo devolvías, aunque luego nos dábamos la mano porque no nos echábamos en cara que nos habíamos pegado un codazo. Partimos de la base que en el atletismo todo el mundo es un profesional y que todos entrenamos para intentar alcanzar el éxito, pero tiene que haber otro componente, y yo creo que el componente de rivalidad deja muy buenos titulares, tanto a la prensa como a los espectadores. Y ha habido tantas historias... Sí que es cierto que eso fue solo unos añitos, luego ya en la época con Gallardo o Casado ya sí que teníamos un fair play y ahí sí que nos saludábamos, nos dábamos un besito, nos abrazábamos y éramos una piña.
Es cierto que, con un respeto, esos piques venden mucho y el atletismo no es un deporte que vaya 'sobrado' a la hora de poder vender su producto. Me viene a la mente la expectación creada con Jordan Díaz-Pichardo el pasado verano...
Yo creo que el atletismo hay que intentar también que haya esa rivalidad sana. Nos pegamos, vamos a la batalla, con respeto evidentemente, y luego fuera de la pista nos tomamos un café juntos, tú vienes a mi casa y yo voy a la tuya, o entrenamos juntos. Pero yo creo que en la competición tiene que haber más sangre. Creo que haría que el atletismo enganchara más al espectador. Por ejemplo, una historia que he leído en Relevo. ¿Qué está pasando con Jakob Ingebrigtsen y Josh Kerr? Josh Kerr le lanza un dardo a Ingebrigtsen. 'Tú en carreras tácticas no sabes correr' y no vienes al Grand Slam Track [la 'Superliga' del atletismo creada por Michael Johnson] porque es un 'todos contra todos sin liebres' y no vienes porque en carreras tácticas te reventamos todos. Ingebrigtsen le contesta: 'Cuando vayas a por un récord del mundo, me llamas'. Todo eso es lo que quiere la gente. Yo luego no sé si se llevan bien fuera de la pista o no, pero crea una expectación y el atletismo necesita titulares. Pero, eso sí, también es de aplaudir los gestos que tienen los atletas cuando no ganan y felicitan al que ganan, eso también es noticia, lo que pasa que en este país ya sabes cómo funciona, que nos gusta más la sangre que las penas, que las puedes contar una, dos, tres veces, que pueden llegar y conmover a la gente, pero cuando hay un poquito de sangre de titulares que se salen fuera de contexto, es lo que vende.
Cuando leo tu palmarés y tu talento, a pesar de ser uno de los mejores de la historia de nuestro país, creo que incluso podría haber sido más grande en cuanto a éxitos y en cuanto a repercusión.
Podría haber hecho un poquito más. Yo estoy contento porque he estado mucho tiempo en el atletismo, prácticamente cuatro ciclos olímpicos y en tres Juegos. Y yo me quedo también con esa trayectoria. Sí que es cierto que en alguna competición, por una mala táctica de carrera, pues me he quedado sin medalla. Recuerdo, por ejemplo, el Europeo de Múnich 2002 donde estaba fuerte para conseguir medalla, incluso el oro, y fui quinto por una mala táctica. Evidentemente, los otros corren mucho, pero ahí sí que me arrepiento de la carrera que hice.
¿Es la espina más clavada?
La espina más clavada que tengo son los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, donde fui cuarto a 26 centésimas de la plata. No corrí bien, tampoco es que fuera un esperpento mi táctica de carrera, pero es que no clavó nadie. En los últimos 300 metros, todo hijo de vecino corrió en 39 segundos. Normalmente, suelen clavar en ese 300. Hice un ajuste de medición equivocada pensando en el error del rival y ahí quizás tenía que haber puesto yo otro tipo de carrera. Me faltó un poquito leer la carrera mejor.
El sueño de toda una vida tan cerca... y tan lejos. Debe doler.
Sobre todo, cuando lo tienes tan cerquita, a solo 26 centésimas de la medalla de plata [y a 23 del bronce]. Mira, si ahora mismo me dicen, "¿te gustaría volver al pasado y perder todo lo que tienes solo para correr esa carrera?" Mi respuesta sería sí. Sería capaz de arruinarme ahora mismo solo por volver a agosto del 2008 y correr de nuevo esa prueba.
Me llama la atención que digas “para correrla” y no “me arruinaría por ganar la medalla”.
Para correrla solo, para poder repetir esa carrera. Esa es la espina que se me queda. Porque el atletismo, como el deporte, tienes que tomar decisiones a tiempo real de manera continua y ese es el directo. Pero claro, cuando son unos Juegos Olímpicos, cada cuatro años, y que te ves que has podido conseguir la medalla, sí que te queda ese mal sabor de boca. Pero yo estoy muy contento con todo lo que he realizado, siempre con deportividad como uno de los valores que me ha enseñado mi familia los he aplicado en el atletismo, y la trayectoria ha sido sobresaliente.
Te iba a preguntar si cambiabas todas tus medallas por la olímpica.
No, eso creo que no. Porque muchas veces, incluso la prensa, el foco lo tienen los Juegos Olímpicos porque son cada cuatro años. Pero en esos tres restantes de cada ciclo hay muchos campeonatos. Mundiales, Europeos... Un Campeonato del Mundo y unos Juegos Olímpicos tampoco se diferencian por tanto, porque los rivales son los mismos. Lo único que una cosa se llama Juegos Olímpicos y lo otro se llama Campeonatos del Mundo. Y en muchas ocasiones, hemos visto que las finales de diferentes pruebas en los Mundiales han sido mucho más espectaculares que en los Juegos Olímpicos. Lo que pasa es que la sociedad vuelca todo y se centra en esos Juegos Olímpicos, y es donde realmente tienes que sacar tu máximo potencial.
Has pasado a la historia como el 'León de Aranda'. ¿De dónde viene el apodo?
Ese mote me lo pusieron en la Residencia Blume de Madrid. ¿Por qué? Porque cuando yo estaba en la residencia, cada fin de semana me desplazaba a un lugar determinado a competir. Ganaba esa carrera o quedaba entre los tres primeros y venía con un trofeo o una medalla. Y los jugadores de hockey hierba del equipo nacional, pues me empezaron a decir, "pero tú eres un león, siempre que sales, te vemos por la tele y ganas una medalla o un trofeo". Y tanto 'león' y ya se me quedó el nombre.
Hablando de la Blume. Ahora que los atletas cambian de entrenador, necesitan nuevas motivaciones... tú fuiste fiel a la Blume y al entrenador Antonio Serrano e hiciste toda tu carrera dentro de un CAR. ¿Cómo es vivir en la residencia de un CAR? ¿Debe ser algo parecido a una mini Villa Olímpica y sus 'peligros'?
Es un símil a una Villa Olímpica, pero al final es normal. Yo he estado 365 días del año, es tu vida. Allí, más allá del deporte tienes una vida y claro, no te puedes esconder. Todas las acciones que hagas más allá de los entrenamientos te los escanean y ese escáner a veces se cuelga en el tablón de anuncios. Como todo hijo de vecino tienes tu vida, lo que pasa que allí no pasa desapercibido. Aquello es un poco 'El show de Truman'. Estás 365 días en el foco y es evidente que cuando eres más adolescente con tus primeras novias, eso se comenta. O un día que te has pegado una juerga, que has venido tarde, y claro, se entera todo el mundo. Y por eso ya no significa que tú seas una persona que salgas todos los fines de semana, pero claro, como has salido uno, pues ya dicen, 'vamos, pues este qué bien se lo pasa allí, ¿no?'. Es normal, la gente tiene que hablar de algo porque sino sería muy aburrido hablar de atletismo los 365 días.
"La gente decía: este es el que casi quema la Blume"
Sé que has sido noticia alguna que otra vez allí.
Yo tengo una anécdota muy graciosa, que cuando tenía 21 o 22 años antes de los Juegos Olímpicos de Sídney. En mi habitación tenía un infiernillo que me regalaron para calentar porque me gustaba hacerme mi té o mi café allí dentro. Y un día que vine de fiesta, era fuera de temporada, entré a la residencia, subí a la habitación, puse el infiernillo, puse agua a calentar para hacerme unos macarrones y digo, bueno, mientras se calienta el agua, me echo un poco a dormir porque estaba reventado. ¿Qué pasa? Que me quedé dormido. Empezó el agua, se evaporó todo y la habitación llena de humo, saltó la alarma y yo seguía dormido. El conserje Teodoro Fondón subió y yo, encima, ese día me había dormido sin ropa, era así un poco verano y tal. Yo me quedé asustado, como en un sueño, y digo, ¿qué ha pasado aquí? "Juan Carlos, sal de aquí, que te vas a morir aquí intoxicado". Abrió la ventana, yo en el pasillo, ya te digo, como Dios me trajo al mundo, tapándome como podía porque estaban también por ahí varios compañeros y compañeras. Vinieron los bomberos, no pasó nada gracias a Dios porque imagínate.
Cómo para no ser la 'comidilla' de la Blume...
Al día siguiente se había enterado toda la residencia, los 150 internos que estábamos allí. Se decían unos a otros al odio "Sabes este que...". Y yo, pues avergonzado.
¿Hubo consecuencias?
El director me echó dos semanas de la Blume y me quería abrir un expediente, es lógico también. Mi entrenador Antonio Serrano me acogió en su casa las dos semanas que estuve como sancionado. Volví a la residencia y el murmullo todavía continuaba. Yo no podía aguantar eso, porque un chico que había venido de pueblo imagínate que digan esto de ti. Estuve casi un mes sin comer en la Blume porque me daba vergüenza. Todos los deportistas decían que era el que casi quemó la residencia. Qué vergüenza. Bueno, pues son anécdotas que pasan y de esas muchas, no solo yo, sino otros compañeros también les han ocurrido estas cosas. Son simples anécdotas que son un poquito traviesas, pero que estas anécdotas se convierten en comedia al final.
Estos días he hablado con entrenadores sobre la idoneidad del sistema de centros de alto rendimiento, el único que te cubre todos los cuidados para el deportista. Y a veces, la mayoría prefieren estar fuera de estos núcleos por estar cerca de su familia y su tierra, por sus entrenadores...
Depende de la personalidad de la persona, depende de cada uno. Por ejemplo, Ruth Beitia nunca ha estado en un centro de alto rendimiento y con Ramón Torralbo ha hecho una trayectoria fantástica. Hay otros atletas que sí que necesitan la residencia Blume, el centro de alto rendimiento. ¿Por qué? Porque a lo mejor se concentran más, les gusta más hablar de atletismo las 24 horas o porque tengas todo a tu disposición y hay otros deportistas, otros atletas, que es con los que yo más he tratado, que se agobian mucho en un centro de alto rendimiento. Va a depender de la personalidad. A mí la experiencia me encantó. Estuve 16 años en un centro de alto rendimiento y todo fue fantástico. Yo no me agobié, quizás por mi carácter también, que siempre me gusta estar con la gente y ser extrovertido. Pero hay otros deportistas que la Blume para ellos era la silla eléctrica.
"Me hubiera encantado que hubiera habido redes sociales durante mis años de atleta"
Antes hemos hablado de los peores momentos, ¿y los buenos?
En lo deportivo me quedo con tres momentos. Mi clasificación a los Juegos Olímpicos el 3 de septiembre del año 2000, cuando me proclamo campeón de España. Ahí había mucha incertidumbre porque había muchos pesos pesados: Fermín Cacho, José Antonio Redolat, Andrés Díaz, Reyes Estévez y demás. Yo era el quinto en discordia y bueno, salté la banca. Yo no imaginé que podría ganar a estos bestias y ese fue un momento clave en mi carrera deportiva, quedé campeón de España de 1.500. Otro momento clave, marzo del 2007 en el Campeonato de Europa bajo techo en Birmingham, cuando quedo campeón de Europa. Mi sueño era hacer sonar el himno nacional, lo conseguí y a eso le añadimos que Arturo Casado y Sergio Gallardo estuvieron también en el podio con mucha banderita española, qué mejor que eso. Y luego otro momento estelar para mí era cuando tenía 12 años, en mi primera carrera en Aranda de Duero en el cross de la Constitución, cuando me calzo unas zapatillas, que nunca me había puesto unas zapatillas de clavos y gané esa prueba. Creo que esos tres momentos son los que más me han marcado en lo deportivo.
También te convertirse en uno de los atletas más queridos.
En lo personal, me quedo con todo lo que he conseguido de amistades cercanía con diferentes personalidades. Ahora que ya estoy fuera del atletismo, aunque estoy en la periferia, puedo ir a cualquier sitio de la geografía española y conservo esos amigos que hice. Eso yo creo que es lo más satisfactorio.
Visto los ataques y casi 'escraches' que se viven en redes sociales con los deportistas, ¿agradeces que no existiesen las redes sociales como son hoy durante tu carrera deportiva?
Pues por un lado sí y por otro no. Por un lado sí porque creo que las redes sociales, como no tengas la cabeza bien amueblada, te puede desestabilizar a puntos de arruinarte tu carrera deportiva. Sin embargo, como herramienta para ingresos económicos, por seguidores y para darte más a conocer, me parece una maravilla. Con lo cual a mí sí que me hubiera encantado que hubiera más redes sociales en esos años, porque yo soy de esos atletas que me gusta dar la cara y también me gusta estar en los escenarios. El que agradezcan tu trabajo es lo más bonito que hay en el mundo.