Fermín Cacho recupera la sonrisa tras sus años más difíciles: "Piensas que ya no sirves para nada y qué haces aquí"
El campeón olímpico y protagonista de la imagen más recordada de Barcelona 92 se recupera de una difícil situación años después de tocar la gloria.

Si a cualquier español le piden elegir una imagen mítica de la historia de los Juegos Olímpicos, a un buen número de ellos le vendrá rápidamente a la cabeza la última recta del 1.500 metros de Barcelona 92 con la celebración de Fermín Cacho (Ágreda, Soria, 1969) con sus brazos tan abiertos que parecía querer abrazar a los 50.000 espectadores que llenaban las gradas de Montjuïc. Nadie puede dudar que aquel oro se convirtió en la portada de la edición olímpica que cambió la historia del deporte español.
Solo unos días después de cumplirse 32 años de aquella imagen, Cacho ya peina canas y llega a Relevo con un físico fino, casi tanto como aquel día donde alcanzó la gloria. Ha vuelto a correr, ahora como hobbie y como llave maestra para cerrar una etapa complicada que le ha acompañado en los últimos años. "Piensas que ya no sirves para nada y que qué haces aquí", confiesa el soriano al sentarse con Relevo. Dejar la competición y los focos no es fácil, encontrar el nuevo sitio vital tampoco y seguir teniendo el hambre de continuar después de llegar a lo más alto todavía menos. Esa etapa oscura que viven tantos deportistas, de incertidumbre, de búsqueda de respuesta y objetivos castigó a la cabeza de la leyenda.
Después de unos primeros años tras la retirada donde era un habitual en homenajes, programas de televisión y actos varios, Cacho desapareció de la escena pública durante un tiempo y, como él mismo desvela, se "bloqueó": "Era una cuestión mental. Te bloqueas, te descuidas, haces lo que no tienes que hacer". Al soriano le cuesta encontrar las palabras para definir ese período, pero lo intenta: "Te cierras en ti, tu mente se te va y te hace encerrarte mucho más en un círculo que te hace que dejes de hacer deporte, te dejes de todo...".
"Al final te dejas. Pasas de estar acostumbrado a hacerlo medianamente bien para hacer todo lo contrario y para estar mal. Hasta que estás en otro mundo, en otra historia que por un lado escuchas lo que te dicen y por el otro, te sale. Es como si tuvieses aquí dos 'diablillos'. El que dice 'hay que cambiar, hay que cambiar', y el otro '¿qué vas a cambiar? Si estás bien así, estás guay, estás fenómeno'. Y siempre haces más caso a por donde vas a peor", relata la leyenda del atletismo español.
"Ir a un psicólogo era como si te llevaran al manicomio"
Tras un tiempo en una situación que terminó siendo insostenible, su familia y amigos quisieron ponerle freno e intentó hacerle ver que no iba por el buen camino. "Me decían muchas veces lo que pensaban: 'Joder, de cómo te hemos visto a cómo te estamos viendo ahora, haz algo. Haz algo para poder decir que estás bien". Dieron hasta el toque de atención definitivo, un paso más: "Dándome caña, casi ultimátum y todo".
Entre aquellos nombres, el soriano afincado en Andújar se acuerda especialmente de su mujer, de Abel Antón, de Martín Fiz, de quien fuera su entrenador y hasta del presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco. Y fue cuando el protagonista de tantos momentos para la historia del deporte aceptó que los avisos tenía fundamento y que algo debía cambiar: "Cuando se tiene la razón, hay que darla y hacerte ver a ti mismo que no la tienes, que no estás por encima de todo... [darte cuenta que] estás en otro mundo mental, te bloqueas, te descuidas y haces lo que no tenías que hacer".
Cacho es el último ejemplo de un tema que ha dejado, por fin, de ser prejuicio negativo. "En estos años ha salido mucho más sobre la salud mental. Es una de las cosas también que hay que ver con los deportistas, su salud mental. Tanto a nivel de alta competición como después. Ahora hay profesionales, psicólogos deportivos y se trabaja mucho más que antes. Cuando yo corrí en alta competición, ir a un psicólogo era como si te llevaran al manicomio. Eso era así, eso era prácticamente un tabú y estaba casi hasta mal visto".
"He vuelto a la senda del deporte y de la actividad física"
Los avisos terminaron llegando a tiempo y la vida de Cacho vuelve ahora a la normalidad. "He vuelto a la senda del deporte y de la actividad física. Desde aquí animo a todo el mundo a hacerlo porque para el mundo del deporte o de la actividad física no hay edades, desde pequeños gateamos, lloramos, hacemos el esfuerzo por andar, por subir y por todo, y cuando nos vamos haciendo mayores tenemos también la necesidad de hacer deporte. Por varios motivos, porque hacer una actividad física deportiva mejora tu calidad de vida, tu salud. Al final, es lo que queremos: vivir más y mejor. Y al Ministerio de Sanidad le damos menos problemas (sonríe)".
Tras "quince o dieciséis años sin ponerse las zapatillas", su vuelta al deporte le da la oportunidad de compartir momentos con los aficionados que disfrutaron de sus conquistas y a la vez, tener un entorno saludable: "Animo a todo el mundo que durante tres o cuatro días de semana hagan una actividad física deportiva, porque con eso se va a vivir más y mejor. Yo no puedo correr en lo que corría antes. Ni lo pretendo, ni quiero... pero sí estar bien para correr con la gente a ese ritmo, contarles historias y batallas, estar a mi nivel y disfrutar".
"Cuando quieras correr, ve al médicoantes de comprarte unas zapatillas de una marca de no sé cuánto dinero..."
Aunque Cacho prefiere alertar y poner condiciones en esa entrega al nivel de actividad deportiva que supone una media maratón o esfuerzos similares y que muchas veces no se valora: "Las carreras no se preparan en dos semanas ni en un mes. Si es la primera vez o has pasado una vida sedentaria, lo primero que tienes que hacer es ir al médico a que te hagan una prueba de esfuerzo, para ver cómo está tu corazón, que al fin y al cabo va a ser el motor de todo esto. En vez de comprarse unas zapatillas, cualquier marca de más de no sé cuánto dinero... es mejor que inviertan en en ellos mismos, en su propio cuerpo".
El propio Cacho ha vivido los problemas que pueden surgir de estas aventuras ahora que corre entre aficionados: "Tengo una anécdota. Corrí una media maratón con Ruth Beitia en la que quería bajar de dos horas. En el kilómetro 18, había un corredor al que estaban atendiendo los médicos y nos quedamos sin hablar durante quince o veinte segundos. Te quedas pensando si será mucho, será poco... y nos callamos".
Ahora sonríe y hace sonreír a quien coincide con él en una nueva sucesión de actos que le llenan la agenda. La media maratón de Málaga, el Memorial Miguel De la Cuadra Salcedo en la pista de ceniza de la Complutense o la Volta a Peu de Gilet ya han visto correr en los últimos meses a Fermín y sus 55 años. Su lección demuestra que se puede caer y que también hay posibilidad de levantarse para volver a disfrutar... y hacer disfrutar.