MARATÓN

Lola Garrido, la atleta que se enamoró del maratón por televisión... y ya lleva 164

El caso de la madrileña es más que especial, puesto que sólo había hecho, anteriormente, algo de atletismo en el colegio por diversión.

La atleta madrileña, Lola Garrido /Lola Garrido
La atleta madrileña, Lola Garrido Lola Garrido
Íñigo Corral

Íñigo Corral

En agosto de 1984 Lola Garrido estaba a punto de cumplir la mayoría de edad. Nada hacía presagiar que 29 años después se iba a poner las zapatillas de deporte para correr maratones hasta llegar a los 164 que tiene registrados en la actualidad. Hasta entonces, en el colegio solo había hecho algo de atletismo en plan diversión. Aquel 5 de agosto de 1984 la joven madrileña se apostó frente al televisor. Quería ver la llegada a meta de la carrera más dura que hay en el atletismo olímpico. Competían 50 mujeres, de las que 44 lograron recorrer los 42 kilómetros y 195 metros bajo un calor sofocante. Cuando apenas quedaban 500 metros para alcanzar su objetivo, a la suiza Gabriela Andersen- Schiess le fallaron las fuerzas. La atleta había rehusado avituallarse en el último control y llegó al coliseo de Los Angeles Memorial totalmente desorienta y deshidratada. Su temperatura corporal era de 41,2 grados. Tardó siete minutos en hacer el último medio kilómetro. Todo pundonor y coraje, ni siquiera pidió ser atendida por los médicos antes de caer inconsciente al cruzar la línea de meta. Tardó dos horas y 49 minutos en atravesar la línea de meta. Quedó trigésimo primera.

"Me quedé impactada al ver la imagen de aquella mujer tan valiente completando una hazaña tan increíble", recuerda la atleta madrileña. Lo curioso, es que aquel suceso llamara la atención de alguien que también sabe lo que es sufrir en carrera. Este mismo año se rompió el menisco y el quiste de Baker cuando apenas había recorrido 300 metros de la maratón que se celebró en Castellón el pasado 25 de febrero, "así que llevo sin correr desde entonces". Tampoco es que sea exactamente así. Como ya tenía dorsal para tomar la salida en Roma, se quiso probar tres semanas más tarde. "Corrí los 15 primeros kilómetros y el resto lo hice andando", dice un tanto apenada. El caso es que, como ella misma asegura, "acabé fatal". Pese a los dolores, rehusó operarse para volver a la carga y hacer acto de presencia el 11 de mayo en la maratón de Luxemburgo. Y claro, a la tercera va la vencida. "Corrí más o menos hasta los primeros avituallamientos y, como en la carrera anterior, anduve lo que me quedaba hasta meta". ¿Resultado? "Se me hizo eterno". Nada extraño para los mortales, porque a pesar de que hay mucha animación por las calles, "el final es muy pesado".

En lo que a maratones completados se refiere, a Lola Garrido solo le hace sombra en España la atleta de origen británico que reside en Valencia Sonia Napolitano que tiene registrados 202. Su pareja en Pepe Caballer Alabadí, el segundo español con más maratones (324). Seguro que no sorprende a nadie saber que ambos se conocieron corriendo y que, según Lola Garrido, "forman una pareja encantadora". Otras mujeres que también han superado con creces la centena son la catalana Quima Casas (162) y la vasca Idoia Esnaola (131).

La madrileña confiesa que en el colegio no era "especialmente buena" corriendo. Afirma que las chicas de su generación apenas practicaban atletismo y la que quería hacer deporte solo podía optar en la mayoría de las ocasiones por el baloncesto o el fútbol. Garrido no corrió mucho, pero sí lo suficiente como para darse cuenta de que "aunque los primeros minutos siempre se me hacían un poco rollo luego conseguía aguantar bastante bien". Ella misma admite que durante su juventud, solo le gustaba nadar o dar largos paseos a pie. Todavía no le había entrado la locura de amontonar una media de casi 17 maratones al año.

La atleta madrileña Lola Garrido.  Lola Garrido
La atleta madrileña Lola Garrido. Lola Garrido

Su bautismo de fuego fue en Madrid hace once años. "No tenía ni idea de cómo se corría una maratón así que me tuve que documentar en una biblioteca". Terminó la carrera, "con mucha fuerza", en cuatro horas y 20 minutos "porque me fui todo el rato reservando". Quería haber acabado con un mejor tiempo, pero como había leído que tenía que ir despacio hasta final, corrió siempre con el freno de mano echado. "Disfruté mucho, y llegué tan sobrada a meta que tal vez fue eso lo que me hizo volver a repetir una experiencia así".

Su mejor marca personal la conquistó el año pasado en la ciudad irlandesa de Corck con tres horas y 33 minutos, "y ya no creo que vuelva a bajar de ese tiempo". Logró su récord sin variar ni un ápice su alimentación. No es que haga a diario una dieta especial. Come muchas legumbres, arroz, pasta, pollo o ensaladas de patatas. Los días de carrera se nutre a base de hidratos de carbono y deja de lado las proteínas. "Vamos, que hago mucha dieta mediterránea", explica. Con tanto deporte y esa alimentación no es raro que apenas pierda peso corriendo. Siempre está entre los 45 y 47 kilos de peso como máximo, y como pierda alguno más a lo mejor su cuerpo puede llegar a resentirse.

Los entrenos cada vez le cuestan más. "Si dijera lo contrario, mentiría", asevera. Y es que le cuesta "un triunfo" levantarse a las cinco y media para trotar algo más de una hora antes de ir a su consulta de fisioterapia. "Es verdad que llego cansada a trabajar, pero es que luego me compensa porque me sienta muy bien". Le gusta correr por Mirasierra el barrio donde vive porque es "tranquilo" y está "bastante bien iluminado", o por el parque de El Retiro, la Casa de Campo, e incluso irse a la sierra para disfrutar del paisaje en El Escorial. "Madrid Río me ya aburre un poco más", indica. Salir tan pronto a la calle y sola no le provoca miedo. Hace años le atracaron cuando todavía no corría y no quiere que el pánico que le entró entonces le vuelva a atenazar de tal forma que le obligue a abandonar una actividad que tanto le gusta. Por eso procura no meterse en zonas "chungas" que están poco iluminadas. "La pena es que no puedo convencer a mucha más gente para que venga conmigo a esas horas", se lamenta.

Para correr una distancia tan larga, además de estar bien preparada físicamente, hay que ser mentalmente fuerte. Lola Garrido consigue aislar su mente "no pensando en nada durante los primeros kilómetros". Eso le ayuda a olvidarse de que está disputando una maratón. Lo hace distrayéndose con el paisaje o hablando con los compañeros. También escuchando la música que le baja su marido, que fue durante un tiempo batería de Burning. Sin embargo, sus preferencias van más por el grupo norteamericano Toto, Amaral, Antonio Vega, los Rolling Stones y hasta los Beatles. "O sea, música de nuestra época porque con la de ahora yo no puedo". Cuando realmente empieza a disfrutar "y a correr en serio" es a partir del kilómetro 30. Al llegar al 42 "esos 195 metros que quedan todavía se hacen interminables" y cruzar luego la línea de meta, pese a sus 164 maratones, le sigue pareciendo "algo increíble porque todavía no comprendo cómo lo puedo conseguir".

Finalizada la jornada maratoniana, y ya de vuelta a casa, el cansancio le impide dormir de un tirón toda la noche. El problema no es que le cueste conciliar el sueño, "lo que ocurre es que a la dos horas me despierto, y como sé que ya no voy a volver a dormir, me voy a leer al salón". Ya a la mañana siguiente su mente empieza a trabajar de nuevo para buscar nuevos objetivos. Desde luego, repetir la maratón de Madrid todos los años que pueda, lo tiene entre ceja y ceja. No se olvida tampoco de Roma ni de su mala experiencia de este año. Si puede, volvería a correr también el próximo año el de Florencia porque el de Pisa, al coincidir con el de Málaga, le resulta imposible.

Tiene la suerte de que su marido nunca le pone trabas para seguir adelante con su afición. De hecho, cuando puede le acompaña en las carreras. No tener hijos facilita también la infraestructura de cara a organizar los viajes. Él también participa en carreras de 10 kilómetros gracias a que Lola consiguió engancharle. Ya solo hace falta que se atreva con una maratón, "porque aunque ha hecho propósitos de hacerlo es más perezoso que yo". Cuando se le pregunta por la posibilidad de buscar un patrocinador para ayudarle a costear sus desplazamientos, le entra la risa floja. "Para eso tendría que ser una fuera de serie, y yo soy una corredora normal y nada popular", subraya.

Su dilatada experiencia le hace señalar a la media maratón que se disputa entre las localidades cordobesas de Belmez y Espiel llamada "La Rompepiernas" como la más difícil. "Es que no hay ni cien metros lisos porque todo es sube y baja". También destaca por su dureza la maratón de Biarritz o la de Boston si sale un día de calor "porque allí la humedad es terrible". Las más "disfrutonas" de entre los que ella conoce son las de Nueva York, Roma o Luxemburgo. Le queda por probar las de África y Asia, aunque de momento no parece que tenga muchas ganas de hacerlo. "Es que no me llama mucho la atención eso de subir y bajar escaleras por la gran muralla china".

Los más escépticos sobre este tipo de hazañas seguro que tendrán dudas al respecto. La verdad es que están todas controladas por la federación internacional o por la española. Además, cuando se montan maratones "artesanales", que suele organizar "El club de los cien maratones", todos los atletas llevan chips, hay una persona que se dedica a contar vueltas y todo queda registrado. Por ejemplo, una de ellas se celebró hace unos años en el velódromo de Antonio Elorza de San Sebastián bajo el nombre de Biramaraton (maratón de vueltas, en euskera). Cinco hombres y tres mujeres, entre ellas Esnaola y la propia Garrido, dieron 211 vueltas para festejar el 51 cumpleaños de la atleta vasca. Ahí es nada.