María Pérez recuerda su lucha para alcanzar un histórico doblete mundial: "He llorado mucho por el camino"
La marchadora granadina, referente del atletismo español, fue una de las grandes protagonistas de los Premios Iberdrola Supera 2023.

En la Plaza de los Héroes de Budapest, allí donde se rinden honores a los fundadores de Hungría, la granadina María Pérez inscribió su nombre en los libros de historia. Sobre el asfalto de la capital magiar, horno estival a orillas del Danubio, Pérez, de 27 años, se convirtió en la primera española en conquistar dos medallas de oro en el mismo Campeonato del Mundo de atletismo. Primero, en los 20 kilómetros marcha. Dos días después, en los 35.
Ahora, tres meses después de la hazaña, esa que define como "un sueño hecho realidad", la mejor atleta española del año acude a la capital para no perderse los Premios Iberdrola Supera, ni siquiera en muletas. "Estoy deseando soltarlas, porque ya no tengo dolor, pero tengo que hacer caso a los médicos y a los fisios e ir con precaución", confiesa a Relevo poco después de pasar por quirófano por un dolor agudo en el sacro que derivó en fractura poco antes del Mundial. "A estas alturas tenía que estar empezando mi concentración y estoy en mi tercera semana de inactividad total, pero bueno, operarme era lo mejor. El 9 de diciembre empiezo con la natación, otro deporte diferente que tendré que aprender, y tengo ganas de, por fin, volver a sentirme deportista".
Junto a ella, varias deportistas de primer nivel —Carolina Marín, Sandra Sánchez, Lydia Valentín— y otras leyendas de nuestro deporte como Vicente del Bosque o Paloma del Río asistieron a la sede de Iberdrola, en Madrid, para hacer entrega de los Premios Supera, una iniciativa única que en esta cuarta edición otorga 50.000 euros a seis proyectos diferentes: 'Encumbradas', 'Un mar de posibilidades', 'Hockey Total (IA + RV)', 'Deporte como terapia a mujeres vulnerables', 'Neskaters' y 'La Fuerza del deporte femenino en el medio rural'.
Desde allí, Pérez vislumbra en el horizonte los Juegos Olímpicos de 2024, una cita marcada a fuego en el calendario y para la que ya tiene plaza asegurada. "Pienso constantemente en ello y en meterme en el agua en Sierra Nevada este 9 de diciembre", confiesa. "Quiero preparar los Juegos bien y no sentir ninguna molestia por el camino. Seguramente no esté en el Campeonato de España de 20 kilómetros marcha, porque para mediados de enero estaré empezando a marchar y no quiero acortar plazos innecesariamente [la cita se celebra el 25 de febrero]. Si tengo que renunciar a cosas, lo haré. Lo importante es estar en París con el hueso bien soldado".
Aun así, antes de pensar en el futuro, ese en el que su disciplina cada vez parece tener menos cabida, toca hacer balance de un año mágico, inalcanzable hasta la fecha por ninguna otra atleta española. "Yo pensaba que 2018 iba a ser irrepetible, pero mira, ha sido un año increíble", admite la de Orce. "He llorado mucho por el camino, llegué a preguntarme si todos los cambios técnicos que estaba haciendo merecerían la pena, pero todo ha salido bien y puedo decir que no cambiaría este año por nada".
"Soy trabajadora, me encanta sufrir; el sufrimiento tiene un puntito que es adictivo"
AtletaEn agosto, su primer oro, el de los 20 kilómetros marcha, coincidió con el de la selección femenina de fútbol, que alzó la Copa del Mundo en Sídney. "Para mí es un orgullo; ojalá España vuelva a tener un día 24 campeonas del mundo el mismo día... ¡y de deportes diferentes!", recuerda con una sonrisa que pronto se borra de golpe. "Me sigue dando rabia que les quitaran, a ellas, a mí y Álvaro, nuestro momento de gloria [en referencia al escándalo de Luis Rubiales, que estalló justo tras la final del Mundial en Australia]. Una persona sin educación, valores ni respeto nos arrebató ese momento a todos".
No obstante, gracias a su gesta por las calles de Budapest, la granadina fue nominada a mejor atleta femenina del año por World Athletics (la Federación Internacional de Atletismo), pero días después su nombre no entró en la terna de finalistas, donde figuran, a expensas del veredicto definitivo, Tigist Assefa, Yulimar Rojas, Sherricka Jackson, Faith Kipyegon y Femke Bol. "Si nos ponemos a mirar, creo que tengo algún resultado más que alguna de ellas. Creo que lo hacen porque vende o porque es lo que creen que vende, pero bueno, habrán decidido lo mejor", advierte. "La verdad es que no me preocupa porque yo tengo premios mucho mejores, como ponerle mi nombre a mi colegio de toda la vida o ser la reina maga de mi ciudad, Granada, en 2018. Son cosas que valen más que ninguna medalla y que cualquier nominación a mejor atleta del año".
No es de extrañar de alguien que habla, actúa y se muestra siempre como la más pura antítesis de una superestrella. "Soy trabajadora, me encanta sufrir. Es esa adrenalina, ese gusanillo que te lleva a engancharte a la competición lo que me mueve cada día. El sufrimiento tiene un puntito que es adictivo", señala, justo antes de revelar qué pasa por su cabeza mientras marcha. "Intento dejar la mente en blanco, no pensar en nada, porque pensar gasta energía, pero a veces, cuando voy mal digo 'venga, voy a ser un comecocos, me voy a comer al de delante, y luego al siguiente, y luego al siguiente...'. Una forma de asegurarme a mí misma que no voy a bajar el nivel".
Con todo, en París 2024 la marcha atlética vivirá sus primeros cambios significativos: los 50 kilómetros marcha serán reemplazados por un novedoso relevo mixto en el que, si todo va bien, Pérez hará pareja con Álvaro Martín, también doble campeón mundial en Budapest. Cuatro años más tarde, en Los Ángeles 2028, la inclusión de la disciplina en el programa olímpico es todavía una incógnita. "La marcha se merece respeto, casi la mitad de las medallas del atletismo español vienen de nuestro deporte", sentencia la granadina. "En el momento en el que quiten una disciplina del atletismo, sea esta u otra, muchas van a ir detrás. Y no podemos permitirlo".