El enrevesado proceso burocrático para homologar las zapatillas "mágicas" del récord del mundo
El calzado de los atletas es examinado hasta el más mínimo detalle por World Athletics.

Las zapatillas con las que Tigist Assefa galopó sobre el asfalto de Berlín salieron tres días después a la venta en un stock limitadísimo. Adidas sólo puso en el mercado 521 pares de las Adizero Adios Pro Evo 1 a un precio de 500 euros el par y, ante la avalancha de peticiones, la firma alemana terminó haciendo un sorteo. La jugada no le pudo salir mejor a nivel de marketing. Pero aunque Assefa se hubiera quedado sin récord, Adidas no habría podido mover el día de lanzamiento: todo formaba parte del enrevesado proceso burocrático que necesitan las "superzapatillas" para que su uso esté homologado.
Desde que las espumas y las placas de carbono empezaron a revolucionar la industria de las zapatillas de atletismo hace cinco años, la Federación Internacional ha estado trabajando en actualizar su reglamento para el calzado con el objetivo de evitar una explosión de récords como la que vivió la natación con los trajes de baño de poliuretano. Es un trabajo constante y sin fin para World Athletics, porque las firmas deportivas mantienen una carrera tremenda.
Nike ha llevado la voz cantante en los últimos años con Eliud Kipchoge, el plusmarquista mundial y única persona en bajar de las dos horas (aunque en una carrera no homologada). Tras el golpe de Adidas con el estratosférico tiempo de Assefa en Berlín (2:11:53), la firma americana ha vuelto a tomar la delantera con el récord de Kelvin Kiptum en Chicago (2:00:35 horas).
⏱ 02:00:35
— Eurosport.es (@Eurosport_ES) October 8, 2023
😍 ES UN DÍA PARA LA 𝐇𝐈𝐒𝐓𝐎𝐑𝐈𝐀
🇰🇪𝐊𝐞𝐥𝐯𝐢𝐧𝐊𝐢𝐩𝐭𝐮𝐦 bate el récord del mundo de maratón bajando por primera vez de los 02:01
📲 Lo ha hecho en Chicago y lo has visto en la APP de @Eurosport_ES pic.twitter.com/J4khoAeuR0
"Lo quehemos visto en Berlín sólo ha sido el principio", presumía en una entrevista con Relevo la mente detrás de las zapatillas de Assefa, Charlotte Heidmann. Y el propio Kipchoge recogía el guante en nombre de Nike: "Estamos creciendo cada día, estamos desarrollando nuevas zapatillas y ya sabes, tenemos mucho futuro con ellas". Dicho y hecho, aunque con la firma de Kiptum. Y no hay que olvidarse de Asics, On Running, Mizuno, Saucony o New Balance, otras compañías que no paran de innovar en busca del calzado más rápido del mundo.
La Adizero Adios Pro Evo 1 aparecieron en la lista de zapatillas aprobadas por World Athletics el 22 de septiembre, justo dos días antes del récord del mundo de Assefa. "El proceso es totalmente secreto, nadie sabe nada hasta que el modelo en cuestión aparece en la lista oficial de World Athletics. Nadie sabía nada y de repente, pum, apareció a ojos del mundo en Berlín", apuntaba la diseñadora de las últimas "superzapatillas" en salir al mercado.
Pero, ¿cómo es ese proceso burocrático? ¿Qué requisitos tiene que cumplir una zapatilla para aparecer en esa lista? El Reglamento del Calzado de Atletismo de la Federación Internacional aprobado el 22 de diciembre de 2021 y en vigor desde el 1 de enero de 2022 explica paso a paso el viaje de una zapatilla desde que se diseña hasta que recibe la luz verde.

Los requisitos técnicos de las «superzapatillas»
Lo más importante que destaca el reglamento en este sentido es el espesor de la suela. Al fin y al cabo, a mayor suela, más amortiguación y más efecto rebote tendrá el atleta. Para las pruebas de carretera, como es el maratón, el límite son 40 milímetros. En el caso del modelo que calzó Assefa, la espuma de la suela es de 39 milímetros. En cambio, en las pruebas más rápidas de pista como 100, 200 o 400 metros el límite es de 20 milímetros, que se amplía a 25.
Además, la normativa establece que la zapatilla "no debe contener más de una estructura rígida", lo que se traduce en que sólo se puede usar una placa o lámina de carbono. Y tampoco está permitido ningún tipo de tecnología "sensible o inteligente".
La burocracia para aprobar una zapatilla
Lo lógico es que World Athletics solicite a las marcas que envíen una muestra de la nueva zapatilla para examinar a conciencia el calzado. Esa investigación no se suele alargar más allá de 30 días. Además, las firmas deben completar un formulario con todas las especificaciones con cuatro puntos:
- Nombre de la marca y nombre del modelo.
- Talla, dimensiones, espesor de la suela, estructura (incluido número y construcción de las placas), tecnología (incluido si contiene cualquier tecnología inteligente, receptiva, adaptativa), fecha de disponibilidad, fotografía, diagramas.
- Confirmación de si es una zapatilla nueva, una en desarrollo o una zapatilla personalizada.
- Si la petición se refiere a una zapatilla personalizada, entonces la información médica relevante referente a la condición del atleta y el consejo médico, informe o información estableciendo las razones por las que la personalización es necesaria.
Pero el asunto no termina ahí. Para que reciba la luz verde, World Athletics establece que la nueva zapatilla debe estar "disponible para compra" no más tarde de un mes antes de la fecha de inicio de la primera competición aplicable en la que el atleta propone usar el nuevo calzado. Aquí el reglamento es algo confuso: "disponible para compra" no quiere decir que la zapatilla tenga que salir a la venta al público en general un mes antes, sino que la marca tiene que avisar con un mes de antelación de dónde y cómo se podrá comprar. Si cumple todos estos requisitos, la "superzapatilla" estará homologada y se podrá utilizar en competiciones oficiales.
Competir con una zapatilla no homologada
Si un atleta llega a competir en un evento con unas zapatillas que no están aprobadas y que incumplen la normativa, el reglamento establece que el deportista será descalificado con todas las consecuencias: la marca será anulada y se le retirarán los premios, incluidos los monetarios, que ha recibido. Además, el atleta y/o su Federación nacional pueden ser sancionados.
Eso es precisamente lo que le ocurrió a Yulimar Rojas, la plusmarquista mundial de triple salto. La venezolana no pudo disputar la prueba de salto de longitud en Eugene 2022 porque su marca de clasificación -conseguida unos meses antes en Guadalajara- fue invalidada por usar aquel día unas zapatillas que no cumplían con la normativa. La atleta llevó un calzado que estaba homologado para la prueba de triple salto pero no para la de salto de longitud.