Tres maratones en tres días: "Y el lunes, a trabajar, que es donde me pagan"
Diferentes participantes en el Triatlón que disputa en Valdebebas (Madrid) a finales de mes nos cuentan su preparación.

Hay oportunidades que no se pueden dejar pasar si el médico recomienda dejar de lado el sedentarismo y hacer algo de deporte para eliminar las grasas sobrantes. Entre los días 25 y 27 de octubre, Madrid acoge el plan perfecto para desentumecer esos músculos agarrotados de pasar tantas horas frente al ordenador y, de paso, poner a prueba la resistencia física de cada uno. El parque de Valdebebas será el testigo de la hazaña de los/las valientes que quieran aceptar el reto de completar 20 vueltas a un circuito cerrado de tierra de algo más de dos kilómetros, lo que viene siendo una maratón con sus 42.195 metros. Explicado así, la cosa no tendría mucha enjundia. En toda España hay maratones casi todos los fines de semana. El reto resulta más peliagudo de lo que en principio pudiera parecer al leer la letra pequeña. Porque, en realidad, se trata de hacer un recorrido idéntico durante tres días seguidos, es decir, un total de 126.585 metros.
Lo que a priori ya parece una aventura imposible de realizar, se puede complicar aún más. Si la mente humana se pone a pensar, siempre es capaz de encontrar nuevos desafíos. Para eso está el "Ten in ten de la Costa del Sol". Con ese nombre resulta bastante fácil intuir que los organizadores de la prueba buscan atletas capaces de completar diez maratones seguidos en otros tantos días, en este caso entre el 10 y el 19 de enero del próximo año. El premio es más bien simbólico. Una medalla al acabar cada prueba, así como una camiseta y un trofeo para los que completen todos los maratones. Más generosos son con el tiempo máximo establecido para finalizar cada carrera, que lo sitúan en torno a las ocho horas. Para la de dentro de diez días ya hay apuntadas alrededor de 30 personas que vienen de otras provincias como Álava, Jaén, Castellón o Valencia. De momento, no hay ninguna mujer inscrita.
David Paños, un madrileño de 52 años, es uno de esos corredores dispuestos a afrontar el trimaratón de Valdebebas. "A un médico le se cayeron las gafas mientras me miraba cuando fui a hacerme un chequeo y le expliqué a lo que me dedicaba", afirma. En realidad, Paños iba para jugador de baloncesto hasta que una "grave" lesión de rodilla le obligó a retirarse. Tenía que evitar cualquier deporte en el que tuviera que hacer rotaciones de su maltrecha rodilla, y encontró el atletismo "que es igual de lesivo en cuanto a golpes pero no fuerza tanto esa articulación". Llegó su primera media maratón, y aquello le gustó mucho. En 2008 se estrenó en Madrid con la distancia de los 42.195 metros y luego ya fue un no parar. El año siguiente corrió el de Nuevo York, y poco a poco completó las seis grandes con los de Boston, Chicago, Berlín, Londres y Tokio. Ahora lleva 145.
Paños es el actual presidente del Club de los 100 maratones, el mismo que organiza la trimaraton de Valdebebas. La idea de formalizar un lugar de encuentro de maratonianos centenarios estaba más o menos hablada desde hacía tiempo. Solo faltaba darle el empujón definitivo. Eso ocurrió a principios de año cuando entre cuatro personas inscribieron el club como asociación deportiva en la comunidad de Madrid, crearon unos estatutos que quedaron registrados notarialmente y empezaron a trabajar. La idea es aumentar el número de miembros y tratar de ayudar a sus asociados cuando, por ejemplo, alguno de ellos tenga problemas del tipo que sean durante una carrera.

Por raro que pueda parecer, organizar una competición de tres maratones seguidos no es algo novedoso. En otros países europeos como Italia, Suiza. Alemania o Inglaterra ya llevan varios años haciéndolo. Paños recuerda que un día acudió a Murcia para correr un maratón con una camiseta de la prueba que se había celebrado días antes en Valencia. Antes de la carrera se le acercó una chica para preguntarle si había participado en aquella prueba y cuántas había corrido. Él le contestó que sí, sin recordar el número de maratones que había finalizado hasta entonces. Entonces, aprovechó la pregunta para interesarse también por la experiencia en competición de aquella mujer "que seguro no superaba los 50 años". La respuesta le produjo una "sorpresa mayúscula" cuando le aseguró que había corrido 245."¡Si no tenía tanta vida para correr tantos!", pensó un tanto incrédulo. A raíz de ese encuentro se puso a investigar si aquello era posible o no y cuando por fin descubrió las carreras que se hacían en Europa de tres, cuatro o cinco maratones seguidos, "que es la única forma de aglutinar tantos".
A finales de marzo organizaron también en Valdebebas un cuatrimaraton. "Fue un éxito de gente, que salió muy contenta de aquella experiencia, sobre todo por el ambiente familiar que se creó en torno a la carrera". A principios de junio montaron un trimaraton en Almagro, y ahora Paños se apresta a participar también en el que se celebra en Madrid. "Eran unos retos que me apetecían probar", indica. Otra cosa son los diez seguidos que se van a disputar en la Costa del Sol a principios de año. "De momento no me atrevo", se apresura a decir. En su opinión, para ese tipo de pruebas hay que tener "mucha fuerza de voluntad, una musculatura adecuada y la capacidad de aguantar esfuerzos tan duros". Así, que se apuntará con el objetivo de hacer "dos o tres" porque "nadie está obligado a correrlas todas y puedes hacer las que quieras".
La preparación mental para este tipo de competiciones varía, según los casos. Los atletas que vienen del ultrafondo, es decir, aquellas de más de 50 kilómetros de distancia, están acostumbrados a realizar muchas horas de esfuerzo físico "y su metodología es ir corriendo despacito para ahorrar energías". En cambio, los maratonianos afrontan la prueba de manera bien distinta. "Yo, por ejemplo, hago los primeros 25 kilómetros como si fuera una maratón normal y en los otros quince trato de hacer menos desgaste para que las piernas estén bien recuperadas para el día siguiente", añade. Y todo eso lo hace a un ritmo medio de algo más de ocho minutos por kilómetro

También puede resultar extraño que, con las palizas que se mete, Paños no adelgace ni un gramo. "Al final comes mucha pasta y te hidratas tanto que apenas afecta a tu peso". Ni siquiera el cansancio le pasa factura los lunes a la hora de ir a trabajar. "Tengo un amigo que dice que este es el deporte de los tontos, porque si entrenas al final lo consigue", espeta. Lo que en realidad quiere decir es que si realizas el trabajo previo adecuado para afrontar este tipo de competiciones, es muy difícil que luego te pueda pasar factura. "Solo sé que al día siguiente hay que ir a trabajar que, al fin y al cabo, es por lo que nos pagan porque lo otro no es más que es un hobby".
Por lo que cuenta Txema García Cosagalla, un vitoriano de 57 años edad, parece que empezó a correr antes que andar. Su afición le viene de su etapa colegial. Solía quedar "bastante bien" en la carreras y eso le llevó a inscribirse en el Club Deportivo Vitoria, que años después pasó a llamarse Aurrera. Competía casi todos los fines de semana. Él no podía saberlo por aquel entonces, pero es que en el grupo de mayores estaba un tal Martín Fiz, que llegó a ser subcampeón del mundo de maratón. Por temas de estudios a los 14 años dejó aparcada su afición, que recuperó al cumplir los 40 cuando un enfermero del hospital donde trabaja le propuso participar en una cerrera de empresas. Desde entonces no se ha quitado las zapatillas de correr.

A la carrera de empresa le siguieron algunas de 10 kilómetros, los medio maratones y ya, en 2008, se puso en San Sebastián su primer dorsal para disputar un maratón. "La idea, en principio, era uno al año, pero si ves que lo acabas bien…". Poco a poco fue encontrando a gente que compartía su hobby. "Fue como una especie de boom controlado a medida que iba encontrando nuevos compañeros". Su agenda de eventos empezaba a llenarse de posits y recordatorios. Al principio incluía cuatro maratones al año, luego ocho, hasta que en 2019 hizo 19. "Eso supuso en salto cualitativo, hasta que el año pasado cerré en San Sebastián mi ciclo de cien maratones". Su marca, después de haber participado domingo en el de Logroño, asciende ya a los 117.
Esa repentina subida es fácil de explicar puesto que participó en los cuatro de Valdebebas y en los tres de Almagro. "Me gustan los retos nuevos", afirma. No es que se tome ese tipo de carreras como una cuestión de vida o muerte. "Si las hago bien, y si no los acabo tampoco pasa nada". Lo que realmente le importa es vivir la experiencia y compartirla con sus compañeros. Nada de mejorar marcas, el objetivo a su edad es acumular maratones mientras el cuerpo y la salud aguanten si es que logra aparcar una fascitis que le persigue desde hace tiempo. Por eso corre los trimaratones de manera "diferente" y a un ritmo más lento "Cuando te planteas estos retos todo depende de la intensidad con las que los quieres hacer porque si hago tres seguidos a tres horas y treinta minutos seguro que al final me pasa factura", añade.
¿Merece la pena tanto sufrimiento? García tiene muy clara la respuesta: "Yo no sufro, si fuera así, lo dejaría". Y es que lo único que le da pereza es madrugar y hacer largos desplazamientos en coche. "Es que, por ejemplo, he ido un fin de semana desde Vitoria a Jaén para hacer un maratón a más de 30 grados y luego, con solo un par de horas de descanso. me he vuelto porque el lunes había que ir a trabajar". El día de la carrera García no lleva música para tratar de abstraerse de todo. "Antes sí, pero hace mucho años que prefiero distraerme con otras cosas". Lo que suele hacer es hablar durante la primera mitad de la carrera "con gente a la que conozco hace mucho tiempo o incluso con los nuevos" yendo a un ritmo "cómodo". Luego ya cada uno se las apaña para llegar a meta. "A mí no se me hace largo porque si a partir del kilómetro 25 he cogido mi ritmo y, además, ves cómo la gente te anima, el resto ya es bastante fácil".