OPINIÓN

Lo de Valencia Basket sí fue una decepción... y una humillación

Álex Mumbrú, durante el partido en la Fonteta ante el Asvel. /GETTY IMAGES/JUAN NAVARRO
Álex Mumbrú, durante el partido en la Fonteta ante el Asvel. GETTY IMAGES/JUAN NAVARRO

En la medicina hay dos tipos de pitidos. Por un lado, está ese sonido intermitente que hace saber que todavía hay vida y que, por mal que esté el paciente, aún sigue luchando. Por otro, ese continuo que nadie quiere escuchar y que indica que el corazón ha dejado de latir. Si este jueves se hubiera cogido un pulsómetro para medir a la Fonteta se hubiera encontrado a una afición tratando de aferrarse a la vida como fuera y un equipo frío, que ya perecía sin siquiera haber intentado agarrarse a ese hilo de esperanza que aún tenía. Valencia Basket no estuvo a la altura de su afición. Ni de su rival. Ni de la Euroliga. Porque la humillación (69-98) que sufrió ante el penúltimo, en el partido en el que se jugaba seguir con vida de cara a un playin que, aunque complicado, todavía era posible, no tuvo parangón.

Álex Mumbrú, tras la derrota ante el Asvel. RELEVO

Pero lo cierto es que esa derrota sólo fue la evidencia de que algo ya estaba roto. Ese algo que hizo al entrenador, Álex Mumbrú, asegurar horas antes que "estar en el playin es una ilusión, pero no estar no es una decepción", cuando la realidad es que la palabra decepción terminó por quedarse corta. Porque el Valencia Basket no funciona. Al menos, no con la continuidad que se necesita para mantener el pulso en la élite europea. Y el problema ya no sólo es quedarse fuera de esa nueva liguilla que se ha implantado esta temporada. Lo grave es que el equipo taronja se está jugando una licencia de cara al año que viene que, seguramente, no va a conseguir. Con lo que eso significa.

Porque hay que recordar que si la Euroliga este año se ha disputado en Valencia fue por la renuncia meses atrás del Gran Canaria, campeón de la Eurocup, a jugar en la máxima competición continental. Y difícilmente —más sabiendo que son Paris y Bourg los que pelean por ese billete este año— eso volverá a pasar. Así que sí, lo ocurrido ante Asvel (y lo que eso conlleva y puede conllevar) sí que fue una decepción.

Porque uno puede perder, eso es parte del deporte y se asume. Pero otra muy distinta es hacerlo cómo lo hizo Valencia. Contra el penúltimo, que llegaba sin presión ninguna, pero que parecía un coloso del baloncesto intratable —llegó a poner el +39 en el marcador—, dejando al conjunto taronja como un juguete roto a su antojo. Y sí, eso también fue culpa -y demérito- del equipo valenciano. Ese que presumía de ser de las mejores defensas de Europa y que, pese a que Mumbrú dijese lo contrario, dejó de ser el que era hacer ya tiempo.

Porque lo visto este jueves fue de vestuario roto. Sin alma. Sin ni siquiera espíritu o esperanza por tratar de hacer las cosas medianamente bien. Y ante eso, que escuchase una pitada —tras otra, porque hubo varias— al equipo, un "Arbalejo dimisión" o "Mumbrú, vete ya" no es baladí. Porque las culpas son compartidas. "Quiero pedir disculpas a la afición. Nos sentimos avergonzados por el partido de hoy. Ha sido el peor de la temporada", arrancaba Mumbrú en la rueda de prensa. Tras lo que admitió que aún seguía con fuerzas y esperaba seguir teniendo la confianza del club para revertir la situación.

"Acaba el partido y hemos venido directamente para aquí. Hasta hoy el apoyo que he tenido en todos los ámbitos es lo que necesito para entrenar a alto nivel y lo agradezco. Me siento con fuerzas, sí, pero hoy ha sido el peor partido. Ha sido un día duro. Entiendo que la gente esté descontenta y pueda opinar o decir lo que crea", admitía el técnico, el cual hablaba también del "body lenguage" —el lenguaje corporal— que había tenido el equipo durante el partido: cabizbajos, sin ser capaces de levantar la vista del suelo.

Pero ahí lo cierto es que, precisamente, su body language no era el de alguien que tiene la tranquilidad porque mantiene la confianza del club. Ni siquiera pese a ese apretón de manos que previamente se había dado, aún sobre el parqué, con el presidente del club, Juan Roig, quien ya hace tiempo empezó a perder la paciencia. Porque ni con una plantilla reforzada, ni con un nuevo director deportivo, su Valencia termina de funcionar. Y ahí, las miradas van hacia el banquillo.

Mumbrú lleva tiempo en la cuerda floja. Aferrado a esa máquina a la que hacía referencia al principio y que, de momento, marca el pulso, pero que de un momento a otro puede pasar a tener ese pitido continuo. De hecho, ya hubo ciertos tanteos por parte de la directiva a algún que otro entrenador para la próxima temporada, como avanzó Relevo tras la Copa. Y Roig quiso darse una noche más de reflexión para decidir si ese movimiento se adelanta o no... Aunque todo apunta a que sí.

Más que nada porque la imagen que ha dejado Valencia sí que es una decepción, porque psicológicamente el equipo ha demostrado que está totalmente tocado y, a estas alturas, la fe en que Mumbrú pueda reanimarlo ya no está entre la parroquia. Y este domingo hay un duelo vital en Liga Endesa ante Baskonia que, de no sacar de forma positiva, puede suponer un descuelgue del playoff y otro mazazo como el de haber dicho adiós —pese a que aún quede el duelo en Belgrado ante Partizan— a la Euroliga... Y a saber durante cuánto tiempo.