Un año y medio sin equipos rusos en Europa: así 'sobreviven' con Asia en el retrovisor

La geopolítica es una ciencia que ha ganado importancia con el paso del tiempo y que se centra en estudiar los sucesos políticos que tienen lugar a nivel mundial y los efectos que estos hechos generan en la sociedad. Y en esa sociedad está el deporte, por lo que la geopolítica también condiciona el baloncesto.
Ya ha pasado más de año y medio desde que se iniciara la guerra ruso-ucraniana, o, mejor dicho, de que Rusia invadiera Ucrania. Y que esta decisión política tuviera consecuencias en todos los ámbitos de la vida, otros seguro más importantes que el baloncesto que es, como siempre digo, lo más importante de las cosas menos importantes.
La primera consecuencia fue la salida de los equipos rusos de las competiciones europeas de clubes, tanto las de la ECA como las de la FIBA, y después, la prohibición de las selecciones de competir: recordemos que Rusia debía haber sido rival de España en la primera fase del Eurobasket de 2022 pero fue excluida de ese grupo A en el que entró Montenegro.
Pero el baloncesto sigue existiendo, y en algunos casos sobreviviendo, en Rusia, sin tanto brillo como tuvo en el pasado. La VTB League, esa competición creada en 2008 para unir a equipos del Este de Europa patrocinada por el banco VTB, en la que llegaron a participar equipos de Letonia, Lituania, Polonia, Estonia y Ucrania además de Rusia ha quedado reducida a una competición casi doméstica: 12 plantillas rusas, con algún debutante como el moscovita Runa, un bielorruso y un kazajo jugarán en la 2023-24.

Así, por poner un ejemplo, mientras la Liga Endesa ha tenido 37 representantes en la Copa del Mundo, la VTB sólo cuatro y un entrenador. Y su selección este verano sólo ha podido disputar un par de amistosos en Perm ante Irán. Difícil que los jóvenes puedan seguir cogiendo roce internacional así tanto en categorías de formación como en la absoluta.
Y los clubes de competición doméstica mantienen aún a jugadores que si tienen esa experiencia como los veteranos Sergey Monya, que sigue jugando a los 40 años, o Nikita Kurbanov, a los 36. Si ya la tendencia del jugador ruso desde el bronce de los Juegos de Londres de 2012 era a la baja, con una clara falta de relevo, imagínense ahora.
Soluciones para el futuro
Decía recientemente una leyenda como Stanislav Eremin en RB Sport que en la extinta Unión Soviética los jugadores tenían más oportunidades para desarrollarse: "Allí los equipos de la parte rusa del país jugaban con georgianos, bálticos, ucranianos, incluso entre ellos mismos; esto fue suficiente para mejorar. Ahora nos estamos guisando en nuestro propio jugo. Realmente nos faltan partidos a nivel internacional para el enriquecimiento. Está claro que todo se reduce a la política; es el principal factor que obstaculiza el crecimiento de las habilidades de los jugadores. Pero como en política no se puede hacer nada, es necesario desarrollar el baloncesto, en la medida de lo posible, dentro del país". En un mundo, y baloncesto, globalizado y sin fronteras, el tratar de poner fronteras físicas es de otra época y condiciona todo, tanto en el mundo como en el baloncesto.
"Nuestro baloncesto avanza ahora en la dirección opuesta al baloncesto europeo. Todo es por culpa de la política"
El laureado ex jugador y ex entrenador explicaba que "nuestro baloncesto avanza ahora en la dirección opuesta al baloncesto europeo. Todo es por culpa de la política. Nosotros, como todos los deportes, estamos rodeados de barreras. Están tratando de asegurarse de que los atletas rusos no participen en ninguna parte. Este es un problema no sólo para Rusia, sino para el mundo entero. Porque nuestros deportistas siempre han sido de primer nivel, también en el baloncesto, a pesar de que en los últimos años no siempre han podido ocupar puestos altos a nivel de selecciones. Pero los equipos del club defendieron bien el honor de Rusia".
Y daba alguna idea por si esto va para largo: "Probablemente necesitemos volvernos hacia Asia o buscar contactos con alguien más que esté dispuesto a competir con nosotros. De lo contrario, es imposible progresar".
"Probablemente necesitemos volvernos hacia Asia o buscar contactos con alguien más que esté dispuesto a competir con nosotros"
El jugar competición europea a nivel de clubes es una de las primeras condiciones que ponen la mayoría de los jugadores a día de hoy para fichar en el Viejo Continente. Lo que hace aún más complicado para los equipos rusos poder pescar y un debe más al clima bélico reinante. Eso ha hecho que muchos estadounidenses hayan preferido otras latitudes de ascendencia más americana para competir, como la Liga Australiana, o de formato más americano en lo que a fenómeno fan se refiere, vivir mejor y jugar más, más carga de partidos, como la de Japón, con ese formato de back-to-back semanal.
Con todos estos condicionantes no es fácil dar en la diana. Por hablar de un equipo bastante reconocible, el Zenit de Xavi Pascual, que ha sido un ejemplo de fiabilidad en los fichajes, sólo tuvo 'fijos' como extranjeros el pasado curso a Homesley, Heurtel y Thompkins. En el resto de plazas, entraron y salieron hasta seis jugadores: Hamm, Frazier, Moerman, Wimbush, Richard Solomon y Joe Thomasson. Con la consecuente dificultad del papeleo para fichar jugadores extranjeros o pagar en dólares.
Atrás quedaron los años en los que el equipo del Ejército Rojo, el CSKA, tenía casi barra libre para fichar a los mejores jugadores del continente y pelear por la Euroliga, donde tiene ocho, la última en un no muy lejano 2018-19. La lista de jugadores es larguísima: Papaloukas, Lorbek, Siskauskas, Teodosic, JR Holden, Sonny Weems, Trajan Langdon, Antonio Granger, Marcus Brown… Esos jugadores de dibujos animados que veíamos en la Euroliga y que soñábamos que en algún momento pudieran jugar en nuestros equipos.
"Creo que todo el mundo se está dando cuenta poco a poco de que ahora no tenemos la posibilidad de elegir entre los mejores jugadores disponibles"
Andrei Vatutin, presidente del CSKA y acostumbrado a estar sentado en primeras filas y palcos de los pabellones europeos, codeándose con la élite, ha visto como ya no hay colas para entrar a ver a su equipo e incluso tuvo que reducir nóminas. Vatutin hablaba de las dificultades para fichar este mismo verano en Sport-Express después de perder a Shved y Milutinov.
Resignado, confirmaba una sensación desde fuera pero que es una realidad dentro: "Creo que todo el mundo se está dando cuenta poco a poco de que ahora no tenemos la posibilidad de elegir entre los mejores jugadores disponibles en Europa, como ha sido el caso durante muchos años. Reconstruir expectativas y aceptar nuevas realidades lleva tiempo, estamos trabajando para que nuestro querido club sobreviva este período difícil y siga ganando".
El mandamás reconocía que "antes, los clubes rusos pagaban más a los extranjeros, la llamada asignación extra del norte. El clima, las distancias, la lejanía de Europa, nuestros otros problemas: con la misma oferta, la elección entre Moscú y Madrid siempre requería de pagos adicionales por los equipos rusos. Ahora la situación vuelve a exigir un cargo mayor, ya muy superior, por la ausencia de jugar competiciones europeas. Los extranjeros de nivel van a Rusia sólo con un sobrepago. No podemos hacer ese tipo de ofertas, aunque haya buenas opciones en el mercado. Por inercia nos ofrecen estrellas caras, pero ni siquiera entramos en negociaciones".
Luz al final del túnel
Así, CSKA y Zenit fueron eliminados en semifinales de la pasada VTB y campeonó el Unics Kazán de Perasovic.
Sin embargo, creo que la 'cronificación' del conflicto ha ayudado a que el panorama del mercado haya ido algo mejor este verano, que se haya perdido algo del miedo, y hayan llegado jugadores con un perfil bastante marcado.
El Zenit ha podido traer de vuelta a Kyle Kuric e incorporar a Dubljevic, el CSKA a Amath Mbaye (Efes) o al ex baskonista Tonye Jekiri (Fenerbahçe) o el vigente campeón Unics, que además de mantener a Dimitrijevic, Laberyie y Jalen Reynolds ha conseguido fichar a Ismael Bako y Erick Green.
Parece que hay algo de luz al final del túnel, (Vatutin hablaba de que creía que vivirían en esta realidad durante "un par de años", aunque parece demasiado halagüeño) pero esperemos que el túnel acabe con el fin de la guerra cuanto antes mejor.