El rapto de la Europa baloncestística

La Euroliga ya está en marcha. A partir de ahora son 8 meses de intensidad de calendario, de jornadas dobles semanales, de entrenadores carismáticos mandando y regalando show (missing Trinchieri y Saras de momento), de jugadores vueltos de la NBA, de los que nunca se fueron y por eso tanto les quieren las canastas europeas. La temporada pasada fue Llull el último que acertó. Tras 4 meses con el balón en la playa esperando el rapto, la Euroliga ya ha dado su pistoletazo de salida.La competición preferida de Doncic, como volvió a recordar este martes en la visita de los Dallas Mavericks a Madrid, y de muchos más.
Cuando fueron expulsados los equipos rusos de Euroliga, a priori la pérdida era competitiva, CSKA omnipresente en Final Four, Zenit hacia arriba para hacer de nuevo Playoffs con la mente de Xavi Pascual a la cabeza y el proyecto de Unics Kazan que había acertado con fichajes, de eso ya hace casi dos temporadas. El escenario ha pivotado hacia el sur. Y ha ganado en pasión (imposible encontrar un público más aburrido que el ruso). Ahora hablamos constantemente de Belgrado, donde el gas precisamente ruso está dejando buenos patrocinios y la llegada de mejores jugadores, Zeljko Obradovic abrió esa espita antes de saber si había el gaseoso elemento.
Real Madrid y AS Monaco ha iniciado la competición partiendo como presuntos favoritos. Mismas estructuras en dos equipos que triunfaron, llegando a la Final Four los del Casino y por otro lado, los merengues ganando sobre la bocina, fieles al estilo europeo del club de Concha Espina en los últimos años. Remontando les sabe mejor. Facundo Campazzo y Kemba Walker son guindas de pasteles mil hojas. El pequeño argentino absolutamente fiable, cuerpo y mente hambrienta de títulos tras una NBA que no le mostró el amor que pretendía. Kemba es la gran incógnita, su rodilla y los protocolos. Pero Mike James nunca fue bueno en diplomacia, le va a dar igual y sabe que tiene 33 años, o resucita en ganador en Europa o la crucifixión mediática seguirá su curso. Le quedan pocos clavos en plenitud.
Los dos últimos títulos de Euroliga de Real Madrid vinieron precedidos de otoños duros, el de la 17-18 con lesiones, derrotas y Tavares subiéndose en marcha. El de la pasada temporada, el otoño duró lo que tardó en llegar la situación límite de 0-2 y las sanciones por la pelea del Wizink. Y de repente, el Chacho.
Todo el mundo habla de las plantillas de Panathinaikos y de Estrella Roja. Pero en una misma frase no caben Ataman, Giannakopoulos, Teodosic y desear que a Partizan le vaya mal, antes incluso que a nosotros nos vaya bien. La pasión no es turca (Fener anda raro y Efes ha de reconstruir) sino que es serbia. O griega. Tres ciudades y seis equipos que TIENEN que estar en playoffs. Estambul, Belgrado y Atenas. La cuna de muchas civilizaciones y de algunos aficionados que a veces no lo son.
Mientras que Sloukas lleva toda la pretemporada argumentando el cambio de acera de sus caderas ganadoras en el "clutch time", Olympiacos se agarra a la defensa de Walkup, a comprar a Bradzeikis a Zalgiris y negaría el santo sacramento de la añoranza del MVP perdido, Vezenkov y su juego sin balón. El mejor apenas necesitaba botes de balón. Qué delicia mientras duró.
En lo mismo está el Barça, en armar un estilo reconocible. Han sido unos años triunfadores de Liga Regular (el Palau los viernes ha sido un lugar muy divertido) y perdedores en Final 4. Tú a Milán y yo a California. Jasikevicius en Napa visitando bodegas y Mirotic a las órdenes de Messina, volviendo a buscar la tierra prometida por ambos. Grimau es la nueva cara visible de un grupo de jugadores donde Vesely, Satoransky y Abrines han de mostrar el camino. ¿Temporada definitiva de Jokubaitis, la campana ya sonó para acabar el instituto?
Valencia y Baskonia conscientes de la dureza de ganar fuera de casa en Europa sin que eso merme la competitividad los domingos en ACB. El playin es un asidero para sentir menos ansiedad en invierno. El tirador ya no tiene quién le escriba, Markus perdió a Darius Thompson pero la renovación en el Buesa Arena es moneda de pago habitual, de caras y de contrato para la joven y pequeña estrella baskonista.
Darius Thompson se ha unido a Larkin y Clyburn, que ya no son unos niños y que tienen nuevo entrenador. Maccabi siempre peligroso con la cancha llena... Aunque ahora tendrán que adaptarse a estar lejos de ella, a tenor de su obligado exilio por el conflicto entre Israel y Palestina. Pero también hace saltar las alarmas de su rival con el balón en las manos de Lorenzo Brown o el cambiante temperamento de Wade Baldwin.
Miramos con cierta condescendencia a Kaunas, pero no recordamos que compitieron genial, hicieron la octava posición la temporada pasada. Han perdido algún jugador y al CEO, Paulius Motiejunas ahora es el hombre fuerte de despachos en la Euroliga. Bodiroga es la Presidencia y el lituano el ejecutor. Vamos a ver Zalgiris como rema tras ese cambio.
Virtus Bologna y Asvel salen de la última línea de la parrilla, ninguna presión exterior. Claramente su objetivo es seguir convenciendo para que sus licencias sigan en vigor. No parece que sean equipos que puedan dar mucho ruido pero…¿Quién sabe? La Euroliga pone a prueba cada temporada más la fiabilidad de las plantillas, lo largas que son sobre todo en capacidad física para la LR y en capacidad de saber ganar los partidos cruciales en la parte final. Son cuatro torneos en uno: 34 partidos en la regular, un playin por estrenar, una eliminatoria a 5 partidos con algo de margen y una Final a 4 salvaje donde ya no cuenta otra cosa que no sea no poder fallar, ni viernes, ni domingo. Gloria o fracaso.
Ya estamos en esos ocho meses raptados por una pasión sublimada, el basket europeo, la Euroliga.