OPINIÓN

Todo mal en el Real Madrid

Chus Mateo, al frente del Real Madrid en el duelo ante Baskonia. /EFE
Chus Mateo, al frente del Real Madrid en el duelo ante Baskonia. EFE

Crisis, debacle, batacazo, cuestabajo, sin rumbo… Elijan ustedes el término que quieran para definir la temporada del Real Madrid de baloncesto. Y con cualquiera de ellos fallarán. Es fácil descargar la munición almacenada durante tanto tiempo en el arsenal y es cierto que alguno de los tiros no van errados, pero el bosque es más profundo que cinco árboles.

No pretendo convencer a nadie (nunca he sido demasiado persuasivo, seamos sinceros) porque además los datos juegan en mi contra. Cinco derrotas en siete partidos, una de las peores defensas del Viejo Continente y de la competición doméstica, malos porcentajes desde el triple, rajadas en mitad de los partidos y un ambiente de depresión que no se veía en el equipo desde que vestir El Niño era símbolo de modernidad.

Todo mal, vaya.

Y lo está… pero con grises en ese panorama tan negro.

Negar lo evidente sería de necios y el Madrid ofrece síntomas para la preocupación y la alarma. Pero todavía hay tiempo antes de pulsar el botón rojo de autodestrucción. Porque las derrotas son más que números y muchas veces obedecen más a lo circunstancial o a un cúmulo de causas diversas que desembocan en el fatalismo y en una crisis sin precedentes en el baloncesto blanco.

El Madrid ha perdido a cinco jugadores con peso más que notable en el vestuario. El que menos tiempo llevaba en Madrid, Vincent Poirier, estuvo dos temporadas y media en la caseta del WiZink, Gerschon Yabusele sumaba tres, mientras que Fabien Causeur estuvo siete campañas vistiendo el blanco. Por no hablar de Rudy y Chacho, dos veteranos que pusieron la piedra fundacional de la época más gloriosa de este equipo. Pérdidas irreparables, sobre todo en lo que a liderazgo de equipo y cohesión se refiere y que es de lo que más está adoleciendo el equipo estas semanas.

El club hizo una apuesta decidida por la continuidad de sus estrellas el pasado verano con las renovaciones de Hezonja y Tavares y ya trabaja en la de Musa para alargar la vida de su columna vertebral junto a Campazzo y Deck. No parecía mal plan, pero esa apuesta conlleva bajar el perfil -sobre todo económico- de unos refuerzos sin experiencia en grandes ligas (Rathan-Mayes) o grandes equipos (Feliz).

"Pues que fichen otra cosa", dirán mientras ven a sus rivales reforzándose con los Fournier, Punter o Lorenzo Brown de turno. Cierto, pero no hay pastel para todos. Lo que sí hay es tiempo, aunque en el caso del Madrid este siempre sea escaso, pero hay otras circunstancias que también se suman al cúmulo hasta formar el nubarrón.

Las lesiones (Garuba y Feliz) y las sanciones (Campazzo) no han ayudado a un equipo que ha perdido dos partidos en Euroliga en los minutos finales. Pero las excusas no valen en un equipo que ha ganado cuatro de los últimos siete títulos disputados. Esos mismos trofeos que sirven de aval también son la exigencia para un equipo que ahora no descarta acudir al mercado para poner un remiendo al roto que tiene en sus costuras.

Esa labor, de momento, le corresponde a Chus Mateo. Un sastre al que todavía le queda carrete de hilo antes de que los jefes llamen a otro modisto. Pero para eso tiene que cambiar algunas cosas. Y especialmente una rotación en la que muchos jugadores están sobreexplotados y sobrecargados de minutos cuando todavía estamos en octubre. Mal síntoma cuando encima en la cantera tienes productos como Ndiaye o Hugo González.

Ese escaso protagonismo de los canteranos, el juego en los finales apretados, la rotación de jugadores o los sistemas defensivos son cosas que hoy aparecen en el debe del técnico madrileño, siempre escrutado con lupa, siempre con un plan en mente: "¿Sabes cuál es el proceso? Que mañana me levantaré y me voy a poner a trabajar otra vez. Y el día de Panathinaikos me voy a poner a trabajar otra vez. Es el único proceso que conozco. Sólo puedo pensar en lo que voy a hacer mañana, y es lo único que quiero pensar, que es trabajar como un cabrón". Igual no vale, pero, por el momento, es el mismo plan que ha usado en las dos temporadas que lleva al frente del equipo. Y muy mal no le ha ido.