BALONCESTO

El gigante de 2,38 que jugó en el Madrid y se dio a conocer en Albacete ahora alucina a la NCAA

Olivier Rioux será el jugador más alto de la historia de la liga universitaria estadounidense.

Olivier Rioux, en una entrevista televisiva. /INSTAGRAM
Olivier Rioux, en una entrevista televisiva. INSTAGRAM
Gonzalo Cabeza

Gonzalo Cabeza

En el baloncesto la altura cuenta, lleva contando toda la vida. Los clubes hacen desde hace décadas pruebas especiales en cantera en la que buscan eso precisamente, porque la frase típica en el deporte es que la altura no se entrena. En ese mundo en el que cada centímetro de más cuenta, Olivier Rioux tiene un lugar.

Tiene 18 años y mide 2.38, lo cual es una enormidad. Cada año suma a su cuerpo larguísimo algún centímetro más, y lleva ya unos cuantos años sonando entre la gente del baloncesto por el motivo evidente, genera mucha curiosidad alguien tan alto. Tiene, además, un vínculo con España, un país que conoce y le conoce, en el que ya asombró a muchos por su rotundo tamaño.

Porque ese 2.38 puede sonar algo frío, al final cualquier medida solo tiene sentido si se compara con otras, y es ahí donde Rioux vuelve a destacar. Se ha comprometido a jugar con Florida y cuando llegue a esa universidad se convertirá en el jugador más alto de la historia de la NCAA. Nunca un jugador estudiante tuvo un cuerpo así, y la gracia de las primeras veces es que son un lienzo en blanco en el que pintar un futuro.

Rioux llegará a la liga unviersitaria después de años dando que hablar, pero si hay un solo torneo que le cambió la vida fue el de La Roda, cuando solo tenía 13 años. Allí le vieron los distintos equipos y pensaron lo que pensaría cualquier ojeador de este deporte, que alguien con ese tamaño, a poco que pueda moverse, es capaz de hacer algún destrozo. Entre los que echaron un vistazo al chico estuvo el Real Madrid, equipo con el que llegó a jugar un torneo sub-13 de la FIBA en Castelldefels.

En chicos tan jóvenes es prácticamente imposible conocer el futuro, pero los vídeos de Rioux impresionan. Es tan alto que parece que el aro le queda cerca de la cabeza, a poco que extiende los brazos cubre muchísimo espacio y no tiene que hacer ningún esfuerzo físico para dejar el balón suavemente en la canasta. Rioux es, como mínimo, una rareza documental.

Antes hubo muchos que se quedaron por el camino, pero la historia también tiene jugadores como Manute Bol o Yao Ming que de primeras parecían solo gente muy alta y terminaron siendo capaces de aportar —cada uno en su medida, ambos fueron jugadores de dimensión diferente— porque, al final, la altura es un valor en este deporte.