BALONCESTO

Kevin Allen: "He llegado a comer de los cubos de basura"

El jugador del Real Valladolid cuenta a Relevo su dura adolescencia en Michigan, el valor del baloncesto para salir adelante y sus sueños de futuro.

Kevin Allen, en un encuentro con el Real Valladolid. /Relevo
Kevin Allen, en un encuentro con el Real Valladolid. Relevo
Guillermo García

Guillermo García

Diciembre es sinónimo de frío en Valladolid. Las temperaturas rozan o bajan del cero en un termómetro que no difiere en exceso de lo que marca el mercurio en Michigan. Sin embargo, la sensación térmica para Kevin Allen es muy diferente entre un sitio y otro. En Pucela el hoy pívot del Real Valladolid pasea por las calles con tranquilidad, disfrutando del aire gélido golpeándole en la cara y mirando el sol de invierno con una sonrisa. Hace apenas una década, el frío era su mayor enemigo cuando dormía en las calles de Ecorse, el suburbio de Detroit en el que se crio.

Esas dificultades y su forma de enfrentarse a una infancia sin padres y a una adolescencia en la que llegó a dormir en un coche y a coger comida de la basura, hoy se reflejan en la cancha. Sobre el parqué Allen es un tipo duro. La clase de jugador que no escatima un ápice de energía, que se deja el alma en cada rebote, en cada defensa y para el que el trabajo duro es su única tabla de salvación, como lo fue para salir de las calles en las que se crio. Nunca fue el jugador con más calidad, pero sí era el que más trabajaba para conseguir su objetivo. Y hoy se felicita por haberlo conseguido.

"No conocí a mis padres. Crecí entrando y saliendo en diferentes casas de acogida y en centros de adopción y orfanatos donde conocí a diferentes tipos de personas durante toda mi vida. No era fácil para un niño crecer en una ciudad como Detroit", recuerda Allen en conversación telefónica con Relevo. "Tengo nueve hermanos y hermanas y es todo lo que tenemos, los unos a los otros. No tuve la típica infancia, soñando con la NBA o con hacer esto o aquello. Sólo quería divertirme como veía que lo hacían el resto de los niños. Pero esa vida me ha hecho quien soy ahora, me ha permitido estar donde estoy ahora".

Si la infancia fue difícil, la adolescencia le esperaba con una nueva dosis de crudeza y realidad. Especialmente cuando una de las familias de acogida en las que estaba le echó de casa. No tenía a donde ir. "Llegué a comer de los cubos de basura cuando estaba en la calle. Los padres de una de las casas de acogida me echaron de casa y no tenía dónde quedarme. Luego un amigo me dejaba dormir en el coche de sus padres. Me dejaba entrar en su casa y comer las sobras, galletitas saladas y algún zumo. Era el día a día en mi vida. Me dejaba las llaves del coche en la entrada y podía dormir en él".

En ese ambiente en el que ya no tienes nada que perder, en el horizonte de muchos jóvenes estadounidenses aparece siempre una imagen: las bandas y las drogas. Sin embargo, Allen nunca valoró esa posibilidad. "Nunca tuve miedo de terminar metido en una banda o en algún tema de drogas. No soy esa clase de persona. Nunca me llamó la atención y tampoco tenía dinero para comprarlas. No sé. Sabía que esa vida era fácil, pero también sabía que no iba a hacer lo que otros me dijeran que hiciera. Sabía que esa no era la vida que quería".

Kevin Allen machaca durante un partido de esta temporada.  Relevo
Kevin Allen machaca durante un partido de esta temporada. Relevo

Fue entonces cuando apareció el baloncesto como tabla salvavidas. Allen no era el mejor en el instituto, pero entendió que con su físico tenía una oportunidad de salir de las calles si trabajaba duro. Y se puso manos a la obra. "Si no fuera por el baloncesto no estaríamos ahora hablando por teléfono. Si no fuera por el baloncesto no sería el mismo. El baloncesto me ha permitido salir de la calle. Me ha dado una oportunidad que nunca creí que pudiera tener", afirma el jugador del Real Valladolid antes de señalar el otro pilar fundamental en su vida.

Allen tiene mirada férrea y gesto rígido en la cancha. Es un jugador que no se arruga ante nada ni ante nadie, pero fuera de la madera, todo en su vida se reduce a la religión: "Todo el crédito se lo doy a mi fe en Dios. Sin él no tendría nada. Dios es todo. Sin Dios no tendría nada. Rezo a todas horas. Mi fe me ha dado la oportunidad de estar aquí, de haber sobrevivido a dormir en la calle sin morir de frío por la nieve".

Hoy esas imágenes forman parte del recuerdo de Allen. Son el equipaje de su mochila vital que le han llevado a Valladolid, donde sigue trabajando más que nadie para intentar seguir subiendo escalones en su carrera: "Claro que pienso que puedo llegar a la NBA. Todo el mundo tiene su propio camino hacia la grandeza luego depende de ti el dar los pasos adecuados y descubrir qué tienes que hacer para recorrer ese camino. Sé que tengo que seguir trabajando y mejorando".

Paso a paso. Kevin no quiere correr y aunque sus sueños marcan el futuro, el presente lo construyen los pasos que da cada día. Y hoy ese camino pasa por consolidarse en el Real Valladolid: "Queremos estar en los playoffs. Es verdad que cualquier cosa puede pasar, pero nuestro objetivo es estar en la ACB la próxima temporada. No hay nada garantizado, pero queremos tener un gran impacto tanto en el club como en la ciudad. Devolver la vida al baloncesto en esta ciudad".

Para ello Allen sabe que tiene que seguir las directrices de su entrenador en la universidad, el ex ACB Shaun Vandiver ("Siempre me dice que tengo que ser el que más duro trabaje en el equipo", recuerda el pívot) y las órdenes de su actual técnico, Paco García. "Es un entrenador que exige mucho y una gran persona. No creo que muchos jugadores pudieran jugar para él por todo lo que te exige. Quiere que estés concentrado, que juegues duro. Yo no tengo problemas con este tipo de entrenadores. He crecido en un ambiente muy duro y que alguien me grite para intentar sacar lo mejor de mí, me gusta, lo aprecio", sentencia un jugador que ha recorrido el camino más difícil para llegar a su destino. Y ahora no quiere que nada ni nadie le aparte de él.