El éxito del baloncesto español: banquillos 'made in Spain'

Es evidente que el baloncesto español goza de buena salud. Dos de los equipos Euroliga, ya están clasificados para los playoffs, y los otros dos, con opciones de entrar en el Top8. Nuestros dos representantes en la Eurocup, comandando los dos grupos de la fase regular antes de adentrarse en esa fase de muerte súbita Win or go home pero con serias opciones de proclamarse campeones. Y en la Champions, donde el Lenovo Tenerife es el rey de reyes, cuatro equipos de los cinco, en cuartos de final: tendremos dos equipos en la Final Four.
Parte de la buena salud de los equipos españoles tiene que ver con los banquillos donde manda el producto made in Spain como cantaba La Década Prodigiosa. Sólo en tres de los equipos de la Liga Endesa, dos de los ocho primeros que ocupan puesto de playoffs, los técnicos son extranjeros. Y a esos técnicos extranjeros hay que ponerle un asterisco, porque tienen o han tenido relación con nuestra competición antes de ser primeros entrenadores. Vamos, que fueron cocineros antes que frailes.
Así vemos a Jasikevicius en la banda de un Barça para el que defendió sus colores ganando el triplete de Copa, Liga y Euroliga en 2003; a un Mrsic ya renovado dirigiendo al sorprendente Río Breogán tras la mala experiencia en Bilbao pero que había sido campeón de la Korac con el Unicaja en 2001; o qué decir de un Lakovic que, después de ganar dos Ligas, tres Copas y una Euroliga con los blaugranas, dio todos los pasos necesarios para convertirse en el técnico que es: ayudante en el Barça B y en Eslovenia, ayudante en Bilbao (siendo curiosamente principal los cuarto partidos finales de la 2017-18 sustituyendo al destituido Mrsic) y en el Joventut antes de que el Ulm apostara por él.
Y es que muchas veces hablamos de la rueda de entrenadores, que no es fácil que entren nombres nuevos en los banquillos, pero lo cierto y verdad es que la exigencia de una competición como la Liga Endesa para alguien que no la conoce de primera mano es un condicionante importante.
Pero de lo que quería hablar era de la figura del entrenador español. Porque creo que estamos de enhorabuena: seis de los técnicos que dirigen a los equipos que ocupan puestos de playoff son nacionales. Y, sobre todo, hay mucha savia nueva a los mandos de revitalizados proyectos. Porque Peñarroya, Navarro y Mumbrú estrenaron banquillo en 2022 y los proyectos de los tres equipos, Cazoo Baskonia, Unicaja y Valencia Basket, han dado un paso adelante. Los tres han ido escalando poco a poco en la ACB para mejorar a nivel profesional y también mejorar los proyectos donde han desembarcado.
El del equipo vitoriano, con uno de los juegos más atractivos de ver del continente made in Peñarroya: desinhibido, ofensivo, explotando al máximo los recursos que tiene, recuperando jugadores para la causa denostados por otros técnicos y superando el bache de Henry por el camino. ¿Quién les daba que iban a estar toda la temporada en puestos del Top8 de Euroliga a priori este verano cuando se conoció la construcción de la plantilla con tanta apuesta? Seamos honestos: NADIE. Y encima, co-líderes de la Liga Endesa junto a los transatlánticos Madrid y Barça. Lleguen hasta donde lleguen, temporada de ensueño.
Mumbrú completó la transición de la cancha al banquillo rápidamente, fogueándose en su primera experiencia en una LEB Oro muy dura y logrando el ascenso a las primeras de cambio. En la ACB, una gran primera temporada de reentré jugando Copa y Fase Final Extraordinaria. Esas fueron las maduras. Pero también hubo que estar a las duras la temporada siguiente cuando se salvaron en la última jornada ganando al Joventut en Miribilla. Y no hubo dudas sobre la figura del entrenador. Desde ahí, al Valencia con un contrato de larga duración en el que va a pelear hasta el final por estar entre los ocho mejores en Europa y no ha fallado de estar en la primera cita de la temporada ACB, la Copa.
Lo que no te mata te hace más fuerte podría definir a Ibon Navarro. Descenso con Manresa en 2017, temporadón en el UCAM Murcia para lograr el bronce en la Basketball Champions League. Destitución en Andorra en 2022, proyecto nuevo en Málaga en 2023, campeón de Copa del Rey y a pelear por las Champions en la que podrían ejercer de anfitriones y luchar en el playoff. Equipo aguerrido a nivel defensivo, generoso en los esfuerzos y los cambios, y a partir de ahí, a recuperar balones y encontrar ventajas en transición.
Pero hay más. Empezando por la sólida sinergia de Txus Vidorreta en su segunda etapa en el Lenovo Tenerife con el que ha llegado hasta la final de Copa y al que ha establecido en la nobleza del baloncesto español logrando dos Champions y una Intercontinental. Todo ello con un sello inconfundible de ese juego de pick and roll de Huertas y Shermadini y a partir de ahí encontrar ventajas directas o de los tiradores. ¿Quién dijo que en estos tiempos de jugar a ritmo y a velocidad no tiene cabida la propuesta aurinegra? ¡Son el equipo que juega a menos posesiones de la competición pero el segundo que más anota con 1,03 puntos por posesión!
Y la pasada semana ya hablamos de Carles Duran y cómo ha revertido la tendencia en la del Joventut…
Los idilios que funcionan, como el de Moncho Fernández como técnico más longevo de la competición en el Monbus Obradoiro: viene de cumplir 400 partidos en la Liga Endesa y lleva desde 2010 en el mismo banquillo con su Alquimia. O el de Porfi Fisac en su vuelta al Casademont Zaragoza ¿quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas? Han resucitado en la segunda vuelta y ¡son el único equipo que ha ganado en toda la competición a Madrid y Barça! O el de Sito Alonso, con el UCAM Murcia, donde lleva ya cuatro temporadas.
No podemos olvidarnos de los Magisterios. El de Aíto en el Básquet Girona a sus 76 años de edad y la llama de su pasión por el juego que le mantiene al pie del cañón. O el de Pedro Martínez en el Baxi Manresa que ya va camino de los 1.000 partidos en ACB. Casi nada. O el de Luis Casimiro que busca por tercera vez la salvación del Betis. El más difícil todavía. El baloncesto ACB goza de buena salud… porque sus banquillos, también la tienen.