La foto de Roger Grimau y la figura de Juan Carlos Navarro que representan las turbulencias del Barça
Al entrenador le queda la bala de la ACB, donde es tercero, para enderezar su primera temporada al frente de la nave azulgrana.

Pintar la foto del Barça en estos momentos es complicado. El equipo culé apenas ha tenido tiempo para lamerse las heridas que ha dejado la derrota ante Olympiacos del pasado miércoles. Cicatrices todavía tiernas en la piel azulgrana que ha visto cómo se escapaba el billete a la Final Four de Berlín igual que se fueron entre los dedos los títulos de la Supercopa Endesa y la Copa del Rey. De momento, cero de tres en las vitrinas azulgranas en una temporada en la que se apostó por un cambio radical con respecto a los últimos años.
Las salidas de Nikola Mirotic y Cory Higgins abría una nueva etapa que se confirmaba con el adiós de Jasikevicius. Juan Carlos Navarro, máximo responsable de la sección de baloncesto azulgrana, le daba la alternativa a Roger Grimau, hasta entonces técnico del filial, para llevar las riendas de un equipo donde la exigencia es máxima desde el minuto cero.
El técnico es hoy uno de los señalados por la afición azulgrana tras el batacazo sufrido en el Palau hace apenas dos días. Su figura ha estado en entredicho durante toda la temporada por su apuesta de dar libertad ofensiva a sus jugadores y por su falta de experiencia en un proyecto de las dimensiones del azulgrana. La apuesta de Navarro, de momento, ha salido rana y ni los resultados ni las sensaciones han acompañado durante buena parte de la temporada.
Siempre en un segundo plano, sin levantar la voz más de la cuenta -quizás sólo tras la final de la Copa del Rey- Grimau ha vivido una auténtica montaña rusa este curso. Su carácter más calmado que el de su predecesor y su apuesta por la velocidad en la transición, dejando más descuidada la faceta defensiva ha provocado que el equipo no haya sido tan regular como se esperaba. Tampoco las desconexiones de sus jugadores en momentos clave de los partidos han jugado a su favor.
Grimau ha quedado tocado y sólo le queda la bala de la ACB, donde el equipo es tercero por detrás de Real Madrid, Unicaja -el rival que hoy medirá el estado de su depresión- y un sorprendente UCAM Murcia. Si no hay títulos, el Palau dictará sentencia sobre un entrenador que ha dado muestras de que puede llevar un equipo de primer nivel, pero al que por momentos se le ha escapado el vestuario.
Especialmente en la figura de un Willy Hernangómez que llegó como fichaje estrella el pasado verano, pero que no ha contado con toda la relevancia que él mismo esperaba. Y así lo dejó claro tras el KO azulgrana. "Defensivamente, hemos hecho un trabajo colectivo bastante bueno y en ataque ha habido situaciones en las que hemos hecho malos tiros o pérdidas. Somos un equipo muy amplio, con muchísimo talento y no hemos sabido aprovechar eso".
El pívot español es una de las piedras angulares del proyecto con sabor nacional que se construyó el pasado verano con Brizuela, Parra, el propio Hernangómez y Ricky Rubio como guinda del pastel. Sin embargo, la apuesta de Juan Carlos Navarro, mito que también ha quedado tocado tras la eliminación europea, no ha dado el fruto esperado y tanto a Grimau como al resto del equipo se les acaban las balas para intentar mantener la nave en la dirección correcta. Lo contrario supondrá otro giro de timón.