LIGA ENDESA | UCAM MURCIA 79 - UNICAJA 88 (2-2)

Cómo la fe de Unicaja y un 'santo' le han echado un pulso a la historia

Los de Ibon Navarro han logrado creer para igualar la eliminatoria y pelear por lo que nadie ha logrado en la ACB: estar en la final tras remontar un 2-0 a domicilio.

Ibon Navarro durante el cuarto partido, en Murcia. /ACB PHOTO/J.M. CASARES
Ibon Navarro durante el cuarto partido, en Murcia. ACB PHOTO/J.M. CASARES
Noelia Gómez Mira

Noelia Gómez Mira

Cuando durante el segundo partido de la serie ante UCAM Murcia, ese que Unicaja volvió a ceder ante su parroquia, hubo una imagen que llamó la atención. Tras una de las canastas, un cartel con un Cristo. Toda una invocación devota hacia el dios del baloncesto para que este se apareciese al conjunto malagueño. Sin embargo, el pasaje bíblico acabó tornándose en uno apocalíptico. Unicaja perdió, los de Sito Alonso pusieron el 2-0 y las sensaciones que dejaron los jugadores requerían de casi un milagro para solucionarlo.

La afición despide en masa a Ibon Navarro. NACHO SANCHIS

La situación era crítica. Y nada favorable. Porque los de Ibon Navarro ya se veían obligados a no fallar en Murcia para obrar el milagro. Y si algo no le faltó al equipo malagueño fue, precisamente, fe. Y el claro ejemplo fueron esos dos centenares de personas que el sábado, antes de las cuatro de la tarde, ya aguardaban a sus guerreros por los alrededores del Palacio de los Deportes de Murcia. "Hay que tener fe", reconocía uno de ellos a Relevo. "El Cristo del otro día nos guía, acuérdate de lo que te digo", le decía este a otro de ellos. Y no se equivocó.

Unicaja consiguió la primera victoria. Esa que tanto pedía Ibon Navarro y que, como confirmó el propio técnico, mostró "un cambio de actitud" de los jugadores para bien. El trabajo mental funcionaba, la presión por el sambenito de ser favorito ya no estaba y la fe, crecía. "¿El lunes? Pues habrá que hacer festivo en Málaga para venir, hay que estar como sea", repetían varios aficionados mientras aguardaban la salida de los jugadores del pabellón, a los que despidieron al son de "sí, se puede", de "confiamos" y del ya más que mítico "Ibon tiene un plan".

"Es el santo que nos guía", comentaba uno de los aficionados cajista en referencia a Ibon Navarro. Y no se equivocaba. Porque el técnico supo leer a la perfección lo que tenía que hacer también este lunes y lo más importante: supo convencer a los jugadores de que podían hacerlo. Por más que la historia se les pusiera en contra. Pues ningún equipo que había empezado perdiendo en casa con un 2-0 en semifinales de la ACB había logrado remontar la eliminatoria y disputar las finales.

Y los cajistas se han propuesto demostrar que la historia está para cambiarla. Como ya hicieron en 2008, cuando entonces ningún octavo clasificado había eliminado al primero de la liga regular; en la Copa de 2023, torneo en el que ningún equipo había levantado el título tumbando a Real Madrid y Barça; y como en la fase regular este año, en la cual consiguió romper esa hegemonía madridista y culé tras 15 años. Y si ha logrado todo esto ha sido gracias a "san Ibon Navarro", como ya ha sido acuñado por más de un aficionado. Sí, el famoso plan que nadie sabe cómo es ni cuál es... pero que a la vista está de que funciona.

"El equipo se llegó a desconectar en el comienzo de esta semifinal y es responsabilidad mía. Sin embargo, fuimos encontrando a jugadores que resurgieron y veremos si podemos recuperar a alguno más porque lo vamos a necesitar", admitió el técnico cajista tras el cuarto duelo, quien ahora tiene la posibilidad de hacer historia, meter a los suyos en las finales tras una remontada épica hasta ahora no vista y hacerlo ante su parroquia, la que este lunes volvió a moverse en masa hasta Murcia sin importar que fuese día laborable.

"Nosotros lo que queríamos era volver a disfrutar del Carpena. No sé si vamos a ganar o vamos a perder, pero no nos gustó cómo nos despedimos de nuestra gente y necesitábamos un partido más", aseguró un Ibon Navarro que salió de Murcia dándose un baño de masas y comprobando que, haya o no Cristo velando por el baloncesto tras la canasta, la fe de su parroquia no es que siga intacta, sino que crece aún más. Y ya saben lo que se dice: la fe mueve montañas, y 'san Ibon' mueve la pizarra de tal manera que ha hecho creer a los suyos y a los demás para ahora confiar en que todo sea posible en el Carpena.