OPINIÓN

Víctor Claver, el jugador más discutido... sin discusión

Víctor Claver celebra una canasta ante Serbia en el Mundial de China./FIBA
Víctor Claver celebra una canasta ante Serbia en el Mundial de China. FIBA

Valencia.- Mi tío Pedro, un sabio en esto de la vida, llevaba años intentando convencerme de que es imposible gustar a todo el mundo. No termino de aplicarlo en mi vida diaria, pero lo intento. Quizás, más allá del consejo familiar, tenga que fijarme en gente como Víctor Claver, un jugador con mayúsculas que aprendió a vivir al margen de los titulares, pero también de las críticas que arreciaban sin compasión contra él durante buena parte de su carrera.

Claver ha sido pieza clave en los triunfos más inesperados de la Selección, un soldado a las órdenes de Scariolo que nunca levantó la voz cuando el protagonismo no recaía en él. Se sintió siempre cómodo alejado del foco del estrellato, pero le tocó bailar bajo las luces del menosprecio con las que muchos aficionados le apuntaban cada vez que vestía el uniforme nacional. No gustaba a todos y aprendió a convivir con ello y a usarlo a su favor como gasolina. Sobre todo porque al final todos acababan remando en su dirección. Hasta los más escépticos. Es algo que ya les pasó a otros como Kubrick, Led Zeppelin o Nabokov, a los que las críticas acompañaron al comienzo de sus carreras, pero que terminaron convenciendo a los escépticos.

El alero valenciano llegó al baloncesto como un soplo de aire fresco. Un alero con unas condiciones físicas que le permitían jugar por encima del aro que apenas se había visto en los primeros años de Rudy Fernández. Un cuerpo de '4' con condiciones de '3' que tenía todo para romper el molde. Sin embargo, Claver no explotó. O al menos no como le exigía la siempre imperativa afición española. La misma que pedía a Ricky un triple-doble en cada partido, demandaba del valenciano 20 puntos y 20 rebotes por encuentro. Y claro esos números nunca llegaron.

Víctor hizo las maletas, quizás demasiado pronto, y afrontó el sueño americano de conquistar la NBA en una época en la que la liga americana buscaba talento en el Viejo Continente. Nunca consiguió hacerse un hueco fijo en Portland y eso le valió el escarnio y las críticas feroces del personal, más preocupado en resaltar su escaso protagonismo que en valorar su presencia en la liga más competitiva del mundo.

Víctor Claver captura un rebote. ACB
Víctor Claver captura un rebote. ACB

Parecía que su vuelta a España iba a traer calma, pero nada más lejos de la realidad. Ni el palmarés (una liga ACB, dos Eurocup, tres Copas del Rey) ni las constantes llamadas de Scariolo le congraciaron con el pueblo. De hecho las llamadas del seleccionador nacional sólo servían para echar más gasolina al fuego de la crítica, que la tomaban con el valenciano y con el seleccionador por la convocatoria de un jugador más discutido del baloncesto español a pesar de que para sus entrenadores su presencia no admitía discusión. Y visto su rendimiento, los que saben de esto volvían a tener razón.

Ni siquiera su papel en los últimos éxitos del baloncesto español como fue el Mundial de China en 2019 le ayudó a congraciarse con los más críticos. Su defensa y su trabajo, siempre poniendo el equipo por delante de los números individuales, eran indiscutibles para el seleccionador, pero eran todo lo contrario para una mayoría que hacía mucho ruido en redes sociales, pero que nunca menoscabaron el ánimo del alero. Un jugador que se construyó un caparazón a base de baloncesto por el que no penetraba la crítica. Y ha sido capaz de mantenerlo hasta el final. Sin grandes números, sin estadísticas inolvidables. Sólo trabajo, trabajo y trabajo en la cancha por el bien del equipo. Defensa sobre el rival más acertado, rebote en el momento crucial, una canasta cuando más se necesitaba… esos famosos intangibles que tan bien aprendió de Carlos Jiménez.

"Desde luego, ha sido no solo un gran jugador en la cancha, sino una presencia extraordinaria fuera, un ejemplo de compromiso, de espíritu de sacrificio y de entender cuál es la importancia de un jugador en un equipo, que no es para todos igual. Su impacto fue siempre muy superior a lo que se le ha reconocido por parte de afición y medios". Es el merecido homenaje en forma de discurso de Scariolo a uno de sus más fieles gladiadores que, como ha hecho durante toda su carrera, ha colgado las botas sin hacer ruido y que ha logrado hacerse un hueco en el panteón histórico del baloncesto español. Sin discusión.