Qué pasa si nos ponemos en lo peor

No se asusten por el título. No van a leer un artículo deprimente y pesimista. Más bien todo lo contrario. Partamos de una premisa inicial. Estamos en un momento que será muy difícil que se repita jamás, porque llegamos a un Mundial siendo vigentes campeones de Europa y del Mundo, el número 1 del ranking FIBA. Una barbaridad que quizá no hemos sido capaces de asimilar o valorar del todo. Y en estas, llegamos a un campeonato salvaje, durísimo, con un formato cruel que, en la segunda fase de grupos, va a dejar fuera de la lucha por las medallas a muchas de las selecciones que ahora todos ponemos arriba en los Power Ranking. Y sobre todo, por el lado del cuadro en el que está España, el lado más complejo y que encierra más trampas. Por eso lanzo este desafío. Vamos a ponernos en lo peor, a ver qué ocurre.
De estas cuatro selecciones (Australia, Alemania, Finlandia y Eslovenia) dos quedarán eliminadas en la fase de grupos o antes y no llegarán a los cruces. Y de estas cuatro (España, Brasil, Francia y Canadá), más de lo mismo. Para que entiendan la maldad de los cuadros, por el otro lado, dos de estas seis van a estar en los cruces, en cuartos de final (Filipinas, Angola, Dominicana, China, Puerto Rico o Sudán del Sur). Y esto nos hace pensar en escenarios duros para muchas selecciones entre las que, quizá, puede estar España.
Porque podemos perder con Brasil el lunes 28 de agosto y pasar a la siguiente fase de grupos, arrastrando en la derrota. O podemos perder contra Francia o Canadá, o contra las dos, y quedarnos fuera de los cuartos de final. Es un escenario posible y que, deportivamente, puede darse. No se trata de entrar en si es un fracaso o no. Todo lo contrario: es algo que puede suceder, que entra en la lógica y que se puede dar. Puede que España tenga problemas en estático, no sea capaz de defender como lobos o sufra para anotar ante defensas que asfixien y obliguen a posesiones largas. Que Scariolo no dé con la tecla o que, simplemente, no entren los tiros. Todo eso puede pasar. Contra Brasil, contra Francia, contra Canada… puede ocurrir y hay que estar preparado para ello.
Desde 2019 (y en realidad desde muchos años antes) este equipo nos ha malacostumbrado. Nos ha hecho soñar y nos ha hecho ganar. Nos ha enseñado a creer cuando muchos no creíamos y nos ha demostrado que en competiciones de selecciones ganan los que consiguen ser equipos. Y por eso, si esta vez no lo consiguen, debemos tener memoria y comprender dónde estamos. Y ahí volvemos al título del artículo.
¿Qué pasa si nos ponemos en lo peor? El peor escenario sería una eliminación en primera ronda, algo que sí se antoja remoto. Sería la situación más dura porque complicaría la presencia en el preolímpico, aunque para eso habría que hacerlo rematadamente mal. Al preolímpico irán 19 equipos del Mundial. Quitando los ocho que conseguirán plaza para los Juegos (Francia + otros 7), nos queda una cuenta sencilla: solo los cinco peores de esta Copa del Mundo se quedarán sin el premio de consolación, estar en esos Preolímpicos. Para eso habría que perder prácticamente todo en la primera ronda.
Un escenario más realista sería caer en segunda fase, en la segunda fase de grupos. Eso nos dejaría prácticamente imposible la clasificación directa para los Juegos, ya que ahí van los dos mejores europeos en este Mundial, sin contar a Francia, pero nos aseguraría la presencia en el Preolímpico del próximo año, antes de los Juegos de París. De ahí saldrán los últimos cuatro clasificados para los Juegos Olímpicos, los ganadores de los cuatro torneos que disputarán esos 19 equipos más los cinco ya clasificados para el preolímpico (Bahamas, Croacia, Polonia, Bahrein y Camerún).
No sería el escenario más deseable, pero es algo posible: tener que ir al preolímpico para pelear una plaza para los Juegos. Muchas grandes selecciones van a tener que ir por esa vía y es algo que hay que contemplar, con cierta perspectiva. Caer en la segunda fase sería un palo por la sensación de no estar en los cruces, pero es una situación que vamos a vivir con muchos grandes equipos y que no sería tan dramática.
A las futuras citas internacionales llegaremos con un grupo joven que acumulará varios grandes torneos de máximo nivel. Piensen en los Garuba, Núñez, Aldama, Parra y compañía a medida que pasen los años, y con la mili que están haciendo al lado de gente como Rudy Fernández, Llull o Claver. A ellos se irán sumando los nuevos talentos emergentes que acumulan MVPs, como Izan Almansa, o un pívot como Aday Mara. O físicos como Baba Miller, Hugo González, De Larrea o Miguel Malik Allen. Toda la lista interminable de talento que asoma en categorías inferiores.
Por eso, esta vez, no cuesta tanto ponernos en lo peor. Los éxitos anteriores, el buen rendimiento de las selecciones de las ventanas, nos han llevado hasta aquí, hasta un escenario en el que, incluso en momentos de derrotas, vamos a tener motivos para seguir manteniendo la ilusión y los objetivos. Van a seguir los retos, en una actualización del talento que no es nada difícil. Miren a Argentina o a Turquía.
Porque en algún momento también nosotros dejaremos de ganar, y puede que sea este año, pero no tiene pinta de que, al menos en el horizonte, vayamos a dejar de seguir soñando.