MUNDIAL DE BALONCESTO

Patty Mills, la estrella más preocupada por dar de beber a los suyos que del baloncesto

El australiano, que anotó la primera canasta del Mundial, es un ejemplo para la comunidad aborigen en Australia.

Patty Mills, base de la selección de Australia, durante el primer partido del Mundial./FIBA
Patty Mills, base de la selección de Australia, durante el primer partido del Mundial. FIBA
Guillermo García

Guillermo García

Yakarta.- Australia es una de las candidatas a estar en el podio del Mundial que se celebra en Indonesia, Japón y Filipinas y comenzó demostrándolo en su primer duelo ante Finlandia. Los oceánicos desmontaron al combinado europeo, revelación en el pasado Eurobasket y que aspira a hacer lo mismo en el Mundial, con un partidazo en el que se impusieron por 98-72 en una nueva demostración de poder de Patty Mills.

El base de los Thunder se transforma en el baloncesto FIBA. Se pone el traje de estrella mundial y ante los susijengi volvió a ser el base indefendible que aparece cada dos años en Juegos Olímpicos y Mundiales. Sin embargo, Mills, que anotó la primera canasta del campeonato y el punto 175.243 en la historia de este torneo, es de todo menos un jugador convencional. De hecho, el baloncesto pasa a un segundo plano en sus preocupaciones.

Para Mills lo más importante no es la canasta. Son los suyos, las comunidades aborígenes australianas a las que pertenece y por las que lleva luchando más de una década. Desde que tiene el altavoz del deporte en sus manos. Es cuestión de un carácter forjado con la educación de un padre al que disuadieron de seguir buscando perlas como sus ancestros y a una madre que se vio obligada a vivir en una familia adoptiva por una antigua ley australiana, respaldada por la Iglesia, que obligaba a las familias indígenas a dar en adopción a sus hijos.

Una norma injusta que convirtió a Betty Mills en una luchadora y en una activista por la igualdad de derechos de los aborígenes. Ese espíritu combativo consiguió transmitírselo a su hijo Patty, al que educó en la creencia de que todos somos iguales. El base recogió la antorcha de la lucha por los aborígenes y de Cathy Freeman, otra ilustre aborigen que enarboló la bandera de este pueblo cuando ganó el oro en los 400 metros en los Juegos de Sidney.

Esa imagen quedó grabada en los ojos de Mills y desde que llegó a la élite del baloncesto no ha dejado de luchar por ellos. Y lo ha hecho también de forma responsable con el medioambiente y luchando contra el cambio climático, otra de las cuestiones que preocupa a este luchador disfrazado de jugador de baloncesto.

Patty Mills. FIBA
Patty Mills. FIBA

El base australiano creó Source Water, una organización que recauda fondos para buscar y llevar agua potable a los pueblos indígenas en Australia. Lo hizo y abasteció de agua limpia a miles de personas, siete poblaciones en total, que viven en el desierto australiano. Y años más tarde trasladó ese mismo programa a Estados Unidos, para ayudar a tribus como los Navajos.

No es su única contribución a la sociedad. Durante la pandemia Mills donó 1,5 millones de dólares a campañas y grupos necesitados, incluidos Black Lives Matter Australia, Black Deaths in Custody y We Got You, un movimiento dedicado a acabar con el racismo en Australia. Pero no fue sólo durante la pandemia. Mills ha trabajado durante mucho tiempo por reformas sociales y fundó una liga de baloncesto para jóvenes indígenas, uniendo su trabajo, el basket, y su pasión, su pueblo.