FINALES NBA

Brad Stevens, el genio que dejó el banquillo de los Celtics para construir un equipo campeón

Dejó el puesto de entrenador para ejercer de presidente de operaciones, y desde los despachos ha llevado a los Celtics a la cima.

Brad Stevens, junto al trofeo de la NBA./AFP
Brad Stevens, junto al trofeo de la NBA. AFP
Alejandro Gaitán

Alejandro Gaitán

La primera vez que Brad Stevens pisó las instalaciones de Boston fue el 3 de julio de 2013. Para entonces los Celtics acababan de destrozar el proyecto de Paul Pierce y Kevin Garnett, y dejado ir a Doc Rivers a los Clippers, abriendo una nueva época en la franquicia. Llegaba tras brillar en la universidad de Butler, con dos finales nacionales, y era el elegido por Danny Ainge para liderar la nueva etapa desde el banquillo. Una década y un año más tarde, Stevens ha conseguido por fin el anillo para Boston, pero lo que nadie esperaba es que lo hiciera desde los despachos. Una mente privilegiada capaz de ver el baloncesto desde el puesto de entrenador, y de hacerlo todavía mejor como ejecutivo. Porque estos Celtics campeones son todo suyos.

En sus ocho años al frente del equipo, Stevens consiguió entrar en playoff cada temporada excepto en su debut. Sumó 354 triunfos, el tercero que más en la historia de Boston, y un récord de 55.7% de victorias, pero nunca pudo llevar el equipo al siguiente nivel. Tres derrotas en finales de conferencia y otras tres en primera ronda por el camino, supo que su lugar estaba realmente en las oficinas. Y cuando en 2021, y tras caer ante los Nets, Danny Ainge dejó su cargo de vicepresidente, la decisión lógica fue ascender a Brad Stevens a tomar cargo del equipo desde los despachos. Fue un 2 de junio, y desde entonces ha sido agresivo, valiente y ha sabido como rodear a Jaylen Brown y Jayson Tatum, dos jugadores que debutaron a sus órdenes, para llegar a la gloria máxima. Aunque para nada ha sido fácil.

Porque en Boston ganar quedar primero en temporada regular, o ganar unas semifinales de conferencia no son suficiente premio. Los Celtics, por historia y longevidad, exigen grandeza y Brad Stevens lo sabía. Al mismo tiempo era consciente de que el vestuario había llegado a un punto de agotamiento en la relación entre el entrenador y los jugadores, los que llevaban más tiempo en el TD Garden y era momento de cambiar algo. Su rol, por ejemplo, dejaría de ser alineaciones y ajustes tácticos, y pasaría a ser confeccionar la mejor plantilla posible. Por primera vez desde su época en Butler, donde los entrenadores universitarios cumplen todos los roles, Brad se convertía en la voz autorizada. El aprobado final para cualquier movimiento, y han venido muchos.

Su primera decisión importante fue conseguir un entrenador que le reemplazara. Hasta su marcha, los Celtics habían tenido únicamente 17 head coaches en 75 temporadas, los mismos que los Lakers, y eligió un novato para ser el siguiente. Ime Udoka, asistente de Popovich por casi una década pasaba a mandar en el vestuario en un equipo que recuperaba una pieza clave de la época Stevens: Al Horford. Uno de los primeros movimientos de Brad fue traer de vuelta al dominicano a cambio de Kemba Walker. La primera pista del estilo de Brad Stevens como ejecutivo, sin miedo a apretar el gatillo. Lo demostró en febrero, con el equipo en 50% de victorias, cuando consiguió a Derrick White para reforzar un equipo que acabaría jugando, y perdiendo, las finales.

La derrota ante los Warriors, y una polémica fuera de la pista, marcó el segundo verano de Stevens como ejecutivo. Tuvo que suspender a Udoka como entrenador por una supuesta relación indebida apenas días antes de que se abriera el training camp, eligiendo a un Joe Mazzulla sin experiencia en la NBA. El equipo fue el mismo, con la adición de un Malcolm Brogdon que acabó siendo nombrado el mejor sexto hombre del año, pero los Celtics volvieron a tropezar antes del premio final. Esta vez fueron los Miami Heat, en el séptimo partido de finales de conferencia, los que pusieron fin a la temporada de Boston. Y ahora sí, gerencia, ejecutivos y staff técnico decidieron que era momento de tener cambios drásticos. Porque otro año que el tándem Jaylen Brown y Jayson Tatum se quedaba con la miel en los labios.

Las llegadas de Kristaps Porzingis primero, por Marcus Smart, y de Jrue Holiday en octubre a cambio de Brogdon y Robert Williams eran otra prueba de la frialdad de Stevens. Dos de los jugadores más queridos por la afición salían a cambio de dos All Stars que llegaban al TD Garden a formar un equipo histórico. Uno que por fin, ahora sí, iba a dar el salto definitivo. A Mazzulla le traía los mejores asistentes para el banquillo, a Jaylen y Tatum los mejores jugadores de rol y a la afición verde un anillo que llevaban esperando 16 años. Uno que Brad no pudo conseguir en ocho temporadas, pero que en sus tres en los despachos ha rozado cada mes de junio. Porque el proyecto que ha creado Stevens es de los que puede crear historia, más de la que han escrito esta madrugada.

En los tres años desde que Brad dio el salto a la oficina del Auerbach Center, la instalación de los Celtics, nadie ha sumado más triunfos que Boston: 172 en 246 partidos de temporada regular, 14 más que Phoenix, Milwaukee y Denver, y 41 en playoff. Se unen al exclusivo club de las 80 victorias, con solo 14 miembros. La segunda mejor temporada en la historia de la franquicia tras la de 1986, con 82-18 y uno de los mejores balances de los playoff en la era moderna, solo por detrás del 16-1 de los Warriors en 2017. Ese es el legado de Brad Stevens, un entrenador de leyenda que ha alcanzado la gloria en los despachos. Una mente brillante detrás del campeón.