La confesión de un ciclista sobre el dopaje que explica el nivel del pelotón actual: "Armstrong llegaría a cinco minutos…"
El francés Nans Peters, gregario del Decathlon AG2R con cuatro participaciones en el Tour de Francia a sus espaldas, repasa el salto de nivel de los últimos años.

Nacido en Grenoble hace 31 años, Nans Peters es uno de esos gregarios que, condenado a trabajar para otros, se ha dado algún que otro lujo en las grandes vueltas. Entre 2019 y 2020, y con una pandemia mundial de por medio, el francés del Decathlon AG2R conquistó un triunfo de etapa en el Giro de Italia y otro en el Tour de Francia. No pudo, eso sí, repetir triunfo en la tercera grande, la Vuelta a España, algo que le habría catapultado a los libros de historia del ciclismo.
Recuperándose estos días de unas molestias en la rodilla que le han impedido debutar en la presente temporada, Peters ha atendido a Radio France, la emisora pública francesa, para ofrecer su visión sobre las crecientes sospechas de dopaje que se ciernen sobre un pelotón que no deja de mejorar sus registros y establecer récords históricos en cada puerto de montaña.
"¿Dopaje? Espero que no haya. No… Diría que es imposible. Y en cualquier caso, si lo hay, espero que sea muy limitado", asegura el galo, vencedor hace dos temporadas del Trofeo Laigueglia, una de las clásicas más icónicas del calendario italiano. "Al final, estamos muy vigilados. Pasamos muchísimos controles, más que en cualquier otro deporte. Creo, de hecho, que somos uno de los deportes más limpios, pero desgraciadamente somos víctimas de una imagen de deporte dopante que arrastramos desde hace años".
"En mi opinión, las ventajas que se conseguían con el dopaje se han sustituido por la optimización de la aerodinámica, el peso de la alimentación o los entrenamientos en altura", añade Peters. "En el ciclismo actual, el rendimiento ha crecido una barbaridad por ese tipo de factores".
Y es ahí, justo en el momento en el que la conversación llega al punto más álgido, cuando el gregario del Decathlon AG2R recurre a un viejo ídolo de infancia para argumentar, según sus propias palabras, el gran salto que ha dado el pelotón en los últimos años. "Si ahora mismo subiera el Alpe d'Huez con los vatios que movía Lance Armstrong en el Tour de Francia del año 2000, tardaría cinco minutos más que lo que tardo con mis datos y mi bicicleta actual", sentencia quien confesó su ingenua idolatría por el tejano. "La diferencia es abismal".
¿Es eterna la sombra del dopaje?
Las declaraciones de Peters llegan en un contexto en el que las ganancias marginales, esas que, a base de detalles, incrementan gramo a gramo el rendimiento del corredor, toman cada vez mayor protagonismo en un ciclismo moderno obsesionado por los números. Sin ir más lejos, la Unión Ciclista Internacional (UCI) prohibió el pasado 1 de febrero la inhalación de monóxido de carbono, controvertido método cuya práctica reconocieron varios equipos del pelotón —UAE y Visma entre ellos— y que, según la científica rusa Irina Zelenkova, ideóloga de esta técnica, ayuda a medir la masa total de hemoglobina en sangre, una tasa muy fiable para predecir el rendimiento del deportista.