Paco Barranco, leyenda de la Titan Desert: "Me he enamorado del desierto y de Marruecos"
El empresario granadino es una de las tres personas que ha recorrido 10.000 kilómetros en la exigente prueba ciclista.

En Júndiz, a las afueras de Vitoria, Eusebio Vélez de Mendizábal fundó a mediados de los ochenta 'Mendiz', una modesta marca de bicicletas con la que pretendía prolongar su vínculo con el deporte del que había podido vivir en tiempos de Anquetil, Poulidor, Ocaña o Merckx. La empresa prosperó y muchos aficionados españoles compraron aquellos trastos de acero, tubos triangulares y pinturas que, más que decorar, añadían peso al cuadro.
Uno de ellos fue el granadino Paco Barranco, que, volcado en el atletismo desde niño, heredó de su padre la pasión por la bicicleta ya entrado en edad. "Me gustó tanto que quise darle cierto rigor a los entrenamientos desde muy temprano", asegura a Relevo, entusiasta. Hoy, varias décadas después de jubilar aquella primera bicicleta, este empresario se ha consagrado como leyenda de la Titan Desert, la carrera ciclista que atraviesa, por etapas, el desierto de Marruecos.
"Todo empezó en 2006", recuerda Barranco, de 66 años, por teléfono. "Yo había sido deportista toda mi vida, corriendo maratones en Nueva York, Barcelona y otras ciudades, pero me inicié en el cicloturismo con pruebas como la Quebrantahuesos. Poco después, el CEO de RPM, la empresa que inventó la Titan, me dijo que quería traspasar el espíritu del Dakar a una prueba ciclista; calcar todos esos valores del desierto, de dormir en campamentos, de convivencia. Y creó un concepto nuevo".
Para aquella aventura fueron muy pocos los "locos" y entusiastas que hicieron las maletas hacia Marruecos. "Nos motivaba el hecho de vivir la experiencia, pero fue durísimo. Era un mundo desconocido. Claro, yo no había practicado deporte a 40 o 50 grados. Era una barbaridad, un infierno", explica. "Ten en cuenta que es una prueba que requiere preparación concreta y específica. Si tu objetivo es terminarla y el deporte que haces es pasear por el parque, igual no es para ti".
Desde la ya lejana primera edición, la Titan Desert ha evolucionado mucho. "Ha crecido una barbaridad", afirma el granadino, uno de los 500 ciclistas que participaron en la última prueba, disputada entre el 30 de abril y el 5 de mayo. Tal es el crecimiento que la marca 'Titan' ya ha expandido sus fronteras fuera de Marruecos, con paradas en Cuba, Almería o Arabia Saudí, donde celebra cada año los NEOM Beach Games.
Barranco, que ha estado en todas, sin excepción, confiesa que aquel primer contacto con el desierto, allá por 2006, le rompió todos los esquemas. "Fue un shock, algo nuevo", reconoce. "Desde que completé la primera edición, me enamoré del desierto y me enamoré de Marruecos. Es un lugar especial, distinto a todo. Ahora mismo me cuesta mucho despegarme de ese mundo y pensar en no volver a participar".

No habrá sido, en cualquier caso, por falta de momentos complicados. "Por desgracia, esta es una prueba tan dura, tan exigente, que alguna que otra vez se ha llevado una vida", lamenta al otro lado del teléfono. "Son momentos duros, pero no los únicos, claro. Hemos sufrido olas de calor tan brutales que era imposible dar pedales. La gente llegaba a los controles y no bebía agua, se la echaba por encima para bajar la temperatura corporal. También nos hemos perdido en mitad del desierto... Son condiciones extremas".
Sin embargo, indica que todo merece la pena. "El año pasado viví el momento más bonito. Fue en Arabia, justo al cruzar la línea de meta que me hacía superar los 10.000 kilómetros. Me entregaron un trofeo y me hicieron un homenaje, con un vídeo que reunía todas mis apariciones desde 2006, sin excepción. Claro, a la persona de audiovisual lo llevaba loco buscando todas las fotos por mi postura sobre la bicicleta [ríe]. Fue muy emocionante".
Todo, además, con compañeros de viaje difíciles de olvidar. "Ves a gente como Miguel Induráin o cualquier otro ex deportista de élite a tu lado y hacen la misma vida que tú. En su jaima, pidiendo masajes, con sus complicaciones del día a día... Nadie tiene privilegios o ventajas", asegura. "Lo más bonito son esas experiencias. Igual que todas las causas justas que se ven por el cáncer, por la ELA u otras enfermedades. Son cosas que me emocionan porque en el deporte, cuando ya no peleas por ningún récord, ese tipo de iniciativas son lo más edificante que existe".

Tres consejos para ir a la Titan Desert... y convertirte en leyenda
Con más de 10.000 kilómetros por el desierto en sus piernas, Barranco tira de memoria para reunir toda su experiencia en tres consejos. Primero, el espíritu. "No puede faltar. Mueve montañas. Es el que va a hacer que llegues y que tu actitud cambie hasta el punto de que no te reconozcas". Después, la forma física. "Tiene que ser la adecuada para disfrutar del viaje, incluso sufriendo. Y para ello, claro, el entrenamiento es clave". Y por último, el material, "básico" para el empresario. "Hay que ponerle mucho mimo y atención a la maleta, que ha de tener todo lo necesario: mudas, saco de dormir, botiquín, ropa de día —para el calor— y de noche —para el frío—; y claro, la bicicleta. No la mejor, ojo, sino la que tú necesites".
"Cuando empezamos, el concepto de Legend no existía", reflexiona. "Primero, pusieron la cota en 2.000, luego en 5.000 y así, poniendo esa meta un poquito más lejos cada vez, nos fueron envenenando. Hemos llegado a los 10.000, pero si mañana aparece el Legend 12.000km, seguro que ahí estaríamos, en la pomada", bromea.
Tanto tiempo después, el vínculo de unión con la carrera es inmenso. "Ya se ha generado una familia. Un punto de encuentro", afirma. "Somos muchos los que hemos compartido situaciones extremas, de calor, sed, impotencia, de vencer etapas interminables, de ocho o diez horas sobre la bicicleta. Al final, es algo que te une y generas amistades importantes".
"Cuando te vas, lo echas de menos", confiesa Barranco entre risas. "La semana que volvemos ya estamos liados para organizar el viaje del año siguiente. Siempre nos pasa. Al final, nuestra ilusión, o al menos la mía, es seguir dando pedales. Que el cuerpo siga funcionando y que las ganas se mantengan intactas para seguir conociendo gente. En definitiva, no perder las ganas de vivir".