Carlos Rodríguez, la sangre y el carácter de un futuro ganador del Tour de Francia
El granadino de Ineos Grenadiers culmina en 5ª posición su primera Grande Boucle, firmando una actuación prometedora y rebosante de personalidad.

Un radio roto, crack, y una caída seca, plas. Porque no hay gloria sin infortunio, Carlos Rodríguez (2001, Almuñécar)dio con sus huesos en el suelo en la penúltima etapa del Tour de Francia en el descenso del Ballon d'Alsace, donde el pelotón se estaba partiendo y él figuraba en el corte bueno. Durante unos kilómetros compitió sin gafas y con el rostro cubierto de sangre, dando lugar a unas imágenes conmovedoras e inolvidables. El ciclismo es un deporte cruel, ya lo dijo Matej Mohoric, y se sublima en momentos donde la miseria se confunde con el heroísmo.
Llegó a meta "cruzado", según quienes lo vieron. Había perdido el 4º puesto de la general a manos de Simon Yates (Jayco-AlUla). "He dado lo mejor que tenía, pero no ha sido suficiente". En su rostro, sobre su ceja izquierda, todavía una herida manante. "Pero intentaremos volver otro año, y hacerlo mejor". Por lo pronto, ha acabado 5º en su primer Tour de Francia: el mejor resultado de un debutante español desde que Igor González de Galdeano fuera 5º en 2001, y Joseba Beloki 3º en 2000. Con dos grandes diferencias. Una, que los vascos contaban 27 y 26 años en su debut, respectivamente; el andaluz, en cambio, sólo tiene 22. Otra, que ellos no ganaron etapa y él sí firmó un triunfo inolvidable en Morzine.
"Excepcional". Con ese adjetivo calificaba su Tour el director deportivo de Ineos Grenadiers, Steve Cummings; es el mismo que utiliza el exciclista granadino Daniel Atienza, presente en la Grande Boucle como comentarista de la televisión suiza RTS. "Ha sabido rendir pese a la presión de la carrera y a la de su propio equipo, porque corriendo con Ineos no puedes venir al Tour solo para pasear. Ha mostrado toda su calidad y también su carácter de ganador. Porque atacar a Pogačar y a Vingegaard en una bajada, como hizo en la etapa del Joux Plane, es toda una exhibición de coraje".
𝑫𝒂 𝒊𝒈𝒖𝒂𝒍 𝒍𝒂𝒔 𝒗𝒆𝒄𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒄𝒂𝒊𝒈𝒂𝒔, 𝒍𝒐 𝒊𝒎𝒑𝒐𝒓𝒕𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒆𝒔 𝒗𝒐𝒍𝒗𝒆𝒓 𝒂 𝒍𝒆𝒗𝒂𝒏𝒕𝒂𝒓𝒕𝒆.
— Relevo (@relevo) July 22, 2023
Honor para el Tour de Carlos Rodríguez. 👏 pic.twitter.com/JxVid0W39Y
Todas las cualidades son en cierta medida innatas y en cierta medida entrenables. Sin embargo, existe mucha más literatura sobre cómo dar un salto de calidad en lo físico que en lo psicológico. Tal es así que ciertos rincones de la mente del deportista son insondables. Los hay que nacen campeones y los hay que nacen gregarios: cada uno con sus vulnerabilidades, cada uno con sus querencias, cada uno con sus limitaciones, cada uno con sus roles asumidos.
En este Tour de Francia, Carlos Rodríguez ha dejado patente un rendimiento físico excelente, a la altura de los mejores del mundo en algunos contextos, y también una mentalidad privilegiada. A lo largo de tres semanas ha sido capaz de mantener un discurso coherente de calma y paciencia, de concentrarse en sí mismo antes que en los demás, y lo ha expresado en la carretera con un estilo de competición sufridor. Lejos de la exuberancia juvenil de otros talentos de su generación, dados al ataque y la explosión, ha sabido competir a su propio ritmo tanto en los mejores como en los peores momentos.

"Puede llegar a ganar un Tour". Atienza lo ve claro. "Es un miembro por derecho propio de esa generación de los Pogačar, Evenepoel, Ayuso… y se codeará con ellos, y con Vingegaard, en los próximos años. Hoy por hoy sólo le falta la experiencia. El próximo año vendrá con galones, sea con Movistar o con Ineos, y le tocará correr de otra manera, recibiendo más respeto dentro del pelotón, y siempre luchando por su hueco porque limando se ahorra una energía que cuenta en meta. Pero Carlos se adaptará, porque tiene carácter. Y para ganar un Tour se necesita, antes que piernas, carácter".
Esa personalidad. La que le permitió sufrir en el Col de la Loze y cruzar la meta blanco, extenuado, salvando los muebles. La que convierte la "presión" en "fuerza". La que le permitió saltar a rueda de Tadej Pogačar y Jonas Vingegaard cuando se retaron en el Marie Blanque. La que ha cautivado a sus compañeros de equipo, que lo han dado todo por él en este Tour. La que propicia que quienes trabajaron con él en categorías inferiores se sientan orgulloso. Esa personalidad la lleva en la sangre que este sábado, en los Vosgos, cubría su rostro de potencial ganador del Tour de Francia.