Los maillots amarillos que Bahamontes no pudo conquistar en el Tourmalet
El Tour de Francia afronta este sábado la etapa con meta en Saint-Lary-Soulan previo paso por la cima que definió la relación del Águila de Toledo con la gran ronda gala.

Las palabras son tanto lo que significa como lo que evocan. En cada cabeza habita una imagen diferente para 'magdalena', 'perro' o 'abrazo'. No obstante, también existen palabras cuya connotación es unívoca y compartida: términos que nos remiten a todos hacia una misma sensación, un mismo lugar, un mismo recuerdo. Las nueve letras de Tourmalet nos remiten indefectiblemente al ciclismo y al Tour de Francia: no en vano, es el puerto más subido de la historia de la carrera, con 87 ascensiones en 111 ediciones si contamos la de hoy desde su estreno en 1910. Las diez letras de Bahamontes, también, nos remiten a las cimas francesas y a las grandes gestas que construyeron la historia de este deporte y esta prueba.
Este es el primer Tour de Francia que viviremos sin Federico Martín Bahamontes (1928; Santo Domingo Caudilla, Toledo – 2023; Posada Real de Villanueva, Valladolid). Hace once meses que el 'Águila de Toledo' falleció, dejando escrita su leyenda en los grandes puertos del Tour de Francia, que a su vez escribieron su leyenda con episodios de Bahamontes. Hay cimas como el Col de la Romeyère (donde se comió el famoso helado en su primer Tour, en 1954) o el Puy de Dôme (donde culminó la cronoescalada en la que sentenció a su favor la edición de 1959) que estarán para siempre ligadas a Bahamontes; y el Col du Tourmalet es una de ellas.
Bahamontes coronó el Tourmalet en primer lugar tres veces. La primera fue en 1954, cuando era un desconocido buscavidas al que todavía llamaban 'el Lechuga' por la época en que arrastraba su carromato por el empedrado de Toledo. Aquel día, el manchego cimentó su primera victoria en la clasificación de la Montaña, pero no logró culminar su exhibición cuesta arriba con una victoria de etapa: le batió en meta su compañero de fuga Gilbert Bauvin. No obstante, dejó cautivada la imaginación de un cronista de L'Équipe que le describió como "un escalador nato, con los músculos a flor de piel y el rostro curtido por el aire de las cimas".
Ocho años y tres ascensiones al Tourmalet hubo de esperar Bahamontes antes de conseguir coronarlo en primera posición de nuevo; lo hizo en 1962, camino de su cuarta victoria en la clasificación de la Montaña de la Grande Boucle. Fue un año en que se anotó una etapa y fue muy protagonista, lo cual no le sirvió para evadir una feroz crítica del patrón del Tour de Francia, Jacques Goddet: "Se ha contentado con ejercer de peón, sin persistir en sus esfuerzos".
De ahí, tal vez, que en 1963 Bahamontes acudiera al Tour de Francia con la misión clara de sumar un segundo maillot amarillo a aquel que se llevó a casa cuatro años antes. Fue una edición en la que se jugó la general con un Jacques Anquetil que le ganó la mano a la postre con una controvertida maniobra en la última etapa de montaña con meta en Chamonix. Según el relato del Águila, el as galo fingió una avería en la ascensión y final. "Y luego se metió a rueda de una moto para lanzarse, ganarme al sprint en meta y coger la bonificación que le permitió quitarme el maillot amarillo", acusaba décadas después. Goddet se mostró más satisfecho con su actuación: "Bahamontes ha brillado, si bien no ha sido capaz de destacarse con auténtica superioridad en la montaña".
Pudo haber una cuarta ocasión en que Bahamontes coronara primero el Tourmalet. Fue en 1964, en su último asalto al maillot amarillo: una jornada pirenaica con Peyresoude, Aspin, Tourmalet y Aubisque en la cual arrancó de salida con el 'Relojero de Ávila' Julio Jiménez, quien pasó en primer lugar por todos los puertos salvo el último, cuando Bahamontes ya le había descolgado para alzar los brazos en solitario en Pau. El 'Águila de Toledo' acabaría aquel Tour tercero en París, por detrás de Anquetil y su rival generacional Raymond Poulidor.
El cierre de la historia del mítico ciclista toledano en el Tourmalet no fue glorioso. A su último Tour de Francia, en 1965, llegó completamente fuera de forma y sufrió en consecuencia. El coloso de su gloria se ascendió en la novena etapa, y Bahamontes la acabó penúltimo, a 37'48" del ganador… que no fue otro que Julio Jiménez, que incluso le dedicó algún comentario desdeñoso en meta. Al día siguiente, el 'Águila de Toledo' se retiró, cerrando en falso su legendaria historia como ciclista en el Tour. Ya lo dice el proverbio judío: "Cuanto más brillante es la luz, más oscura es la sombra".