OBITUARIO

O Rei, adiós al más grande de la Copa del Mundo

Pelé falleció este jueves 29 de diciembre./REUTERS
Pelé falleció este jueves 29 de diciembre. REUTERS
Samuel Silva

Samuel Silva

"Este campo no dia 5-3-1961 Pelé marcou o tento mais bonito na historiá do Maracaná. O Esporte, São Paulo", se leía en la placa que el diario O Esporte colocó en el mítico estadio para conmemorar uno de los mejores goles de la historia. Era el reconocimiento de Brasil a uno de sus primeros símbolos universales, el jugador que desarrolló casi toda su carrera en el mismo Santos que lo vio nacer y que se convirtió en el orgullo de una nación.

Los problemas de salud lo venían persiguiendo en los últimos tiempos, lo que lo llevó al hospital en diversas ocasiones hasta ésta, en la que no se ha podido hacer más ante su delicado estado de salud. La quimioterapia a la que se venía sometiendo no surtió efecto ante los tumores que padecía el brasileño.

Nació Edson Arantes do Nascimento, Pelé, en la localidad de brasileña de Tres Corazones, en el estado de Minas Gerais el 23 de octubre de 1940, hijo de un exfutbolista Joao Ramos do Nascimento, Dondinho, y Maria Celeste Arantes. El fútbol lo conoció como todos los brasileños, en la calle,en el Ameriquinha y luego en el Baurú. Su primer entrenador, Valdemar de Brito, lo llevaría años después al Santos, a más de 400 kilómetros de su casa y donde desarrollaría su carrera para consagrarse con Brasil como uno de los más grandes de todos los tiempos.

"Había nacido en casa pobre, en un pueblito remoto, y llegó a cumbres del poder y la fortuna, donde los negros tienen prohibida la entrada. Fuera de las canchas nunca regaló un minuto de su tiempo, y jamás una moneda se le cayó del bolsillo. Pero quienes tuvimos la oportunidad de verlo jugar hemos recibido ofrendas de rara belleza: momentos esos tan dignos de inmortalidad que nos permiten creer que la inmortalidad existe", escribió Eduardo Galeano en El fútbol a sol y sombra para reflejar esa trascendencia del brasileño.

Lo llamaron Edson, "como al científico de la lámpara", según contó él años después, Thomas Alva Edison. El apodo de Pelé llegaría más tarde, como resultado de una mala pronunciación del portero del Vasco de Gama. "Yo hablaba siempre de Bilé. Con mi acento mineiro, cada vez que decía su nombre sonaba algo parecido a Pelé. Así entre mis amigos comenzaron a llamarme Pelé", contó en una entrevista, aunque en sus inicios tampoco le gustaba. "Sonaba infantil, yo era Edson", dijo a Bild en 2006.

Cuentan que vivió el Maracanzo siendo un niño y que le hizo una promesa a su progenitor. "Papá, algún día ganaré la Copa del Mundo", dicen que le comentó ese joven que comenzó a trabajar como limpiabotas. Hasta tres veces salió ganador en los mundiales la 'Perla negra', como se le conoció desde muy pronto, a quien muchos consideran el futbolista más grande de todos los tiempos, pero también mucho más que eso por la relevancia social que representó para Brasil y para el mundo. Con el Santos también acumuló títulos, hasta diez campeonatos paulistas, seis ligas brasileñas y el broche de oro con dos Copa Libertadores y dos Intercontinentales.

Liderazgo, carácter, regates y goles, muchos goles, hasta más de 1.200 según él mismo, 757 en partidos oficiales reconocidos por la FIFA. Del de los cuatro sombreros al mencionado de la placa, que todavía se recuerda como el mejor tanto anotado jamás en Maracaná. Tres veces campeón del mundo con Brasil, con la que debutó con apenas 17 años cuando ya había deslumbrado en el Santos. Todo comenzó en un torneo de exhibición celebrado en Maracaná y en el partido del debut ante el Belenenses de Portugal convirtió tres goles. Jugó también ante el Dinamo de Zagreb, el Flamengo y el San Pablo, a los que marcó un gol a cada uno, lo que despertó la atención de Vicente Feola, el seleccionador de Brasil.

"Hasta que su compañero Dorval envió un balón al borde del área. Por allí flotaba Pelé, marcado por un rival, Julinho. Pelé recibió el balón y con un toque, lo hizo pasar por encima de la cabeza de Julinho. Clovis y Homero salieron a su paso. Pelé les hizo dos sombreros, primero a uno y luego a otro. Le quedaba el portero, al que apodaban 'Manos de Tigre'. Pelé dejó botar el balón y de nuevo volvió a pasarlo por encima de la cabeza del portero. Solo le quedaba recogerlo y enviarlo suavemente a la red", cuenta Alfredo Relaño en su libro 366 historias del fútbol mundial sobre un tanto del que no existen vídeos.

Su debut con la verdeamarhela, también con Maracaná como escenario, se produjo el 7 de julio de 1957 contra Argentina y, aunque marcó un tanto, perdió por 2-1. Tres días después, y ante el mismo rival, Pelé volvió a anotar pero esta vez para vencer por 2-0. Su primera Copa del Mundo, en Suecia 1958, le otorgó ya fama universal, en un torneo que comenzó como suplente pero en el que tuvieron que rendirse a su excelencia. Un triplete en las semifinales y otro doblete en la final certificaron el triunfo de Brasil, de la que se convertiría en su máxima estrella durante cuatro mundiales consecutivos para pasar a ser reconocido con el sobrenombre de 'O Rei'.

Junto a Garrincha, otro regateador excelente, Pelé fue el símbolo del 'jogo bonito' con el que desde entonces se ha reconocido a la verdeamarelha y que en aquella época supuso toda una revolución. Sin una excesiva corpulencia, Pelé destacaba por su habilidad técnica, su capacidad de remate con ambas piernas y por una extraordinaria rapidez mental y mecánica que le permitía anticiparse a todos sus rivales.

De nuevo vencedor en el Mundial de 1962, pero sin participar en los encuentros finales por una lesión sufrida en el segundo partido, Pelé sumaría su tercera corona en México en 1970, en lo que sería la revancha de lo sucedido en 1966, cuando Brasil fue eliminada por sorpresa en la primera ronda. La canarinha se presentó en México con una de las mejores selecciones de la historia: Félix; Carlos Alberto, Brito; Piazza, Everaldo, Clodoaldo; Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino. Bajo la dirección de Mario Zagallo, Brasil deslumbró al mundo. Ganó sus seis partidos, en los que marcó 19 goles, de los cuales cuatro fueron de Pelé. El más recordado, ese estético testarazo, suspendido en el airea, que anotó en la final contra Italia en el estadio Azteca. Entonces ya era un jugador curtido en mil batallas pero que continuaba con ese carisma que sólo manejan los más grandes. ¿Cruyff? ¿Maradona? ¿Di Stéfano? Para los más antiguos ninguno como Pelé, por esa gobernanza de los partidos que además culminaba perforando las porterías rivales.

Tras anunciar su retirada en 1975, Pelé se marcharía a Estados Unidos para jugar en el Cosmos de Nueva York, en un primer intento de enganchar al público estadounidense con el balompié. Allí ganaría un nuevo campeonato, pero el nivel competitivo era muy bajo. El 1º de octubre de 1977 a los 36 años, Pelé se despidió definitivamente del fútbol ante 75.000 espectadores en un encuentro jugado en Nueva York entre el Santos y el Cosmos, en el que jugó un tiempo para cada equipo. Luego sería actor -Evasión o Victoria-, cantante, productor y hasta Ministro de Deportes de Brasil, en una trayectoria que también fue reconocida fuera de los campos. Fue nombrado 'Ciudadano del Mundo por la Organización de las Naciones Unidas (1977), Embajador de Educación, Ciencia, Cultura y Buenos Deseos de la Unesco (1994), Caballero de Honor del Imperio Británico (1997), Embajador del Deporte en el Foro Económico Mundial (2006). En 1999 el Comité Olímpico Internacional lo distinguió como el mejor deportista del siglo XX y le otorgó la Orden Olímpica en 2016.

La historia cuenta que Pelé fue capaz hasta de parar una guerra. En 1967 estalló el conflicto entre Nigeria y Biafra, una región del país que luchaba por la independencia. Dos años después, el Santos de Pelé visitaba el país para jugar dos partidos amistosos y los dos bandos acordaron un alto el fuego para ver en directo a la estrella brasileño. "Durante 72 horas, el fútbol fue más importante que la guerra", escribió la revista Time en 2005.

Poco después del Mundial de Catar, Edson, Pelé, O Rei o Perla negra dice adiós, el más grande la Copa del Mundo de siempre, un futbolista gigantesco, un símbolo al que ya lloran los brasileños y el resto del mundo.