El Alavés es el club de los hijos con apellidos ilustres: Cruyff, Llorente, Zidane, Simeone, Hagi...
Jordi, Enzo, Giuliano, Ianis, Marcos... forman parte de una tradición con mucho peso histórico en Vitoria.

Pregunta de complicada respuesta. ¿Qué tiene el Deportivo Alavés para que tantos futbolistas hijos de gloriosos futbolistas aterricen en Mendizorroza en algún momento de su carrera? Los casos, además, se amplían mucho más allá de los apellidos ilustres que están en la memoria popular, como los de Cruyff, Zidane, Simeone, Hagi, Llorente, Hernández... que son los últimos y, posiblemente, los más conocidos. La relación de jugadores babazorros con padres futbolistas llega a la treintena larga. Muchos, desconocidos para el gran público. Pero otros se hicieron su hueco en el club e incluso se dan los casos en los que padres e hijos vistieron la camiseta blanquiazul.
Antes de entrar en faena con los más conocidos, no está de más recodar nombres de algunos jugadores que pasaron por Vitoria con la herencia de la vocación paterna en los borceguís: Carlos Guevara, Alberto Albistegui, Gaizka Garitano, Iván Alonso, Ibón Begoña, Borja Bastón, Miguel Pérez, Borja Viguera, Luis María López Rekarte, Juan Emery (hijo de Antonio Emery, el portero del Real Unión que recibió el primer gol del campeonato de Liga en la temporada 1928-29... y padre de Unai Emery)... Son algunos ejemplos.
Comenzaba el siglo, el Alavés se había clasificado por primera vez en su historia para disputar una competición europea, la Copa de la UEFA. La plantilla tenía que reforzarse obligatoriamente. A Mané, entrenador entonces del equipo vitoriano, le llegó la posibilidad de incorporar a Jordi Cruyff, que las cuatro temporadas anteriores había jugado en el Manchester United, con una cesión incluida al Celta de Víctor Fernández en la segunda parte del curso 1998-99. Al técnico le puso en la pista de Jordi el representante del jugador, Iñaki Ibañez. Cuando parecía que su destino iba a ser el West Ham, a última hora se cruzó la oportunidad del Alavés y el futbolista eligió la Liga y Vitoria con una explicación por bandera. "Quiero jugar en un equipo donde se sufra". Firmó por un año con opción a tres más y una cláusula de 1.250 millones de pesetas.
Jordi Cruyff se fue de Vitoria por un jamón
Nadie mejor que el propio Mané para recordar cómo era aquel Jordi que llegó a Mendizorroza con 26 años y la inevitable vitola de ser hijo de quien era y haber jugado en el Barça y en Old Trafford. "Teníamos que dar un salto de calidad para jugar en Europa. Iñaki me dijo que Jordi quería jugar en España y hablé con Gonzalo Antón, nuestro presidente. Jordi estaba un poco harto del fútbol inglés, me dijo que había aprendido mucho, pero que pensaba que la Liga se adaptaba mejor a sus cualidades. Vaya, que estaba harto de que le 'mataran a hostias', que tenía que pegarse demasiado con los defensas todos los partidos. A nosotros nos faltaba ese futbolista de último regate y último pase, de esos, además, que sin ser un goleador siempre encontraba el huequecito para hacer sus goles (siete ese primer año). Defensivamente era de nota baja, pero supe motivarle y convencerle de que tenía que hacer determinadas cosas. Hablamos antes de fichar. Desde el primer día me di cuenta de que cargaba con el apellido y él muy correcto me preguntó si le quería precisamente por eso, por ser hijo de Cruyff, por el nombre, por la aureola del apellido... Le dije bien claro que no, que le quería por sus cualidades y que iba a sufrir como un cabrón. Que iba a trabajar igual que los demás. Fuimos muy sinceros y al final se quedó...", recuerda.

"Tuvo tres años muy buenos, sobre todo el primero, el de la final de la UEFA. Se integró bien, nos enseñaba cosas en los entrenamientos: tenía calidad, una gran conducción del balón, una bicicleta difícil de pillar, seguro heredada del padre, que le había enseñado de pequeño. Tenía muy buen remate de cabeza. Se defendía con los codos. Nos enseñaba cómo había aprendido a defenderse en Inglaterra, de no haber aprendido le hubieran matado. Se veía que venía de clubes grandes. Su aportación en el vestuario fue muy grande. Se notaba que sabía manejar las situaciones. Para mandar y para que le mandaran. Muy participativo, con gran personalidad... Acabamos teniendo una buena relación. Se podía hablar con él. Sabía dónde pisaba. Se veía que estaba bien enseñado y educado en casa. No llegó con la cabeza alta por venir del Manchester United. Todo lo contrario. Era humilde, trabajador. El último año acabamos descendiendo. Él tenía un año más de contrato y se fue al club, a Gonzalo, y le dijo que le pagara esa temporada con un jamón y se fue renunciando al contrato, que era alto para nosotros. Fue cuando firmó por el Espanyol y el Alavés se vendió a Piterman", dice Mané.
"Le dije bien claro a Jordi Cruyff que no le quería por su apellido sino por sus cualidades y que iba a sufrir como un cabrón"
Las formas y las palabras en su despedida no se olvidan en Vitoria. "El Alavés fue el club que me enseñó a disfrutar del fútbol de una manera especial. Fue muy importante en mi crecimiento estar en un equipo que sufría para conseguir sus objetivos, que estaba en el otro lado del juego, en el del equipo que tiene que defender para después sorprender a los demás. Nunca hasta entonces había vivido esa sensación".
Marcos Llorente: solo un año, pero intensísimo
Temporada 2016-17. Otro apellido ilustre con varias ramificaciones en el árbol genealógico se incorpora al Alavés. En su caso, el de Marcos Llorente, hijo de futbolista: Paco Llorente, ex del Atlético (1985-87), Real Madrid (87-94) y Compostela (94-98); nieto de futbolista, Ramón Moreno, Grosso, también ex del Atlético, cedido por el Real Madrid (63-64) y después 13 temporadas en el club del Bernabéu; y sobrino-nieto del legendario Paco Gento, único futbolista del mundo con seis Copas de Europa.
Con esos avales ancestrales, 21 años y ganas de jugar muchos minutos para hacerse un nombre por sí mismo, Marcos Llorente abandonó la primera plantilla del Real Madrid, con la que se acaba de proclamarse campeón de la Supercopa europea en tierras noruegas, para incorporarse sobre la marcha al club de Vitoria. En el estreno, en el Metropolitano, Marcos se sentó en el banquillo sin debutar, pero desde el segundo partido Mauricio Pellegrino le concedió la titularidad. Jugó un total de 38 encuentros, 36 de titular. Ocupó la zona central del campo en un doble mediocentro. La que entonces parecía su posición natural. La misma que venía ocupando en el Castilla.

Las palabras de su entrenador de entonces resumen su paso por Vitoria. "A nosotros nos aportó muchísimo. Su crecida como jugador fue de la mano del Alavés. Nos beneficiamos mutuamente. Cuando después llegué al Leganés me lo quise llevar, pero ya no fue posible. En aquel equipo defendía y atacaba. Fue el máximo recuperador del campeonato, pero con el balón clarificaba la jugada y nos ayudaba a mover mucho el juego. Con el tiempo creo que necesitará hacer menos cosas, cuando lo haga será aún mejor jugador". Tras esa gran temporada, en la que el Alavés quedó noveno y perdió la final de la Copa del Rey contra el Barcelona (3-1), Marcos se abrió las puertas del Real Madrid de par en par. Regresó al Bernabéu, donde jugó dos temporadas antes de ser traspasado al Atlético (2019-20).
"A nosotros Marcos Llorente nos aportó muchísimo. Su crecida como jugador fue de la mano del Alavés"
En ese mismo curso futbolístico también llegó cedido al Alavés por parte del Atlético de Madrid otro jugador con padre futbolista: Theo Hernández, hijo de Jean-François Hernández, que desde 1997 a 2002 jugó en la Liga española (Compostela, Rayo Vallecano, Atlético, con vuelta a Vallecas. Theo también se consagró en Vitoria. Jugó 38 partidos, los mismos que Llorente. Lateral izquierdo indiscutible. Su gran rendimiento como blanquiazul le allanó el camino hacia el Real Madrid, donde se volvió a encontrar con Llorente. El club blanco pagó al Atlético, donde no llegó a jugar ningún partido oficial, 26 millones de euros.
Enzo, la otra cara de la moneda
"Marcos Llorente me dijo que no dudara de venir cedido al Alavés. Él tiene mucha parte de culpa de que ahora este aquí presentándome". Con estas palabras, justo a la temporada siguiente, 2017-18, aterrizaba en Mendizorroza Enzo Zidane, el hijo mayor de Zinedine. Tenía 22 años y la temporada anterior había debutado con el primer equipo del Real Madrid en un partido de Copa. Fue contra la Cultural Leonesa (6-1) y marcó el 4-1. Esa noche, padre e hijo vivieron una situación idílica resumida en un puñado de palabras. Zinedine: "Si me quito el traje de entrenador estaría contento como padre, pero aquí tengo que hablar como técnico y estoy contento porque el equipo no se ha desconectado a pesar de haber ganado 1-7 en la ida" Enzo: "Debutar con el Real Madrid y meter un gol es un sueño y estoy contento de que sea en el Bernabéu y con una victoria. Ha sido una noche muy bonita. Había que esperar el momento y ha llegado. Para un jugador es importante encontrarte a una plantilla que te acoge tan bien y te da consejos. No paras de aprender sólo con verlos",
El día de la presentación estuvo acompañado, en un segundo plano, por su madre Veronique. En la camiseta se puso 'Enzo' y escucharle hablar era escuchar a su padre. El mismo acento -él había nacido en Burdeos-, el mismo tono, la misma cadencia de voz. Según recogieron los periódicos entonces, llegó traspasado y firmó un contrato de tres años. Solo estuvo seis meses. En diciembre abandonó Vitoria camino del FC Lausanne-Sport suizo.

Para su desgracia no tuvo la misma suerte que Llorente. En su experiencia babazorra conoció cuatro entrenadores: Zubeldia, Cabello, Di Biasi y Abelardo. Jugó solo cuatro partidos, dos de Liga y dos de Copa para un total de 155 minutos. El día de su debut, segunda jornada de Liga (26-8-2017) tuvo el placer de enfrentarse a Messi en un duelo en el que el Barça ganó 0-2 y en la sexta, el Real Madrid entrenado por Zinedine Zidane visitó Mendizorroza. El morbo de las horas previas no se consumó al final. Enzo no estuvo ni en el banquillo y la victoria fue para los blancos (1-2).
En la previa del encuentro, Zidane padre se vio obligado a hablar sobre su primogénito. "Es raro, pero no pienso mucho en que vaya a jugar contra él. Cada uno irá a lo suyo. Ya no observo a Enzo como entrenador. Estoy atento a su evolución, pero cuando hablo con él, hablo como padre. El año pasado sí hablábamos de fútbol porque era su entrenador, pero ahora no tengo que darle ningún consejo. Es una relación de padre e hijo". Enzo, por supuesto, también tuvo que contestar preguntas sobre su progenitor. "Mi padre siempre ha sido mi referente futbolístico. El partido será especial porque juego contra el equipo de mi vida. Va a ser raro pero bonito".
Abelardo Fernández, el 'ex' del Sporting y el Barcelona, fue su último técnico en Vitoria. Apenas estuvieron un mes juntos, pero tiempo suficiente como para haberse formado una opinión futbolística y personal sobre él. "Yo llegué el 1 de diciembre y él se fue a final de mes. No jugó conmigo ningún partido, tampoco lo hacía antes. Son circunstancias del fútbol, pero el recuerdo que siempre tendré de él será el de un chaval supereducado y muy tranquilo. Técnicamente era muy bueno. Realmente, ya le conocía de antes, de cuando jugaba en el Castilla. Cuando estaba en el Sporting vi varias veces a ese Castilla en el que él jugaba. Personalmente, me gustaba Llorente, pero no teníamos un duro y se fue al Alavés con Pellegrino. Enzo se entrenaba muy bien, esa es la verdad. Técnicamente destacaba. Era volante, mediapunta, manejaba las dos piernas, se veía que tenía mucha calidad, pero creo que recordar que cuando llegué ya estaba medio arreglado de que se marchaba cuando abriera el mercado de invierno. Era una situación ya heredada. Él quería marcharse porque no jugaba. Eso pasa mucho con los jugadores jóvenes. Salen de esos clubes grandes para jugar y si no lo hacen quieren buscar otra oportunidad".
"Enzo Zidane se entrenaba muy bien; técnicamente destacaba. Pero cuando llegué ya estaba medio arreglado de que se marchaba en el mercado de invierno"
Curiosamente, el Abelardo jugador ya había coincidido con otro de los protagonistas de este reportaje de futbolistas e hijos con apellidos ilustres: Cruyff. "Jugué con Jordi dos años en el Barcelona, cuando yo llegué, y después coincidimos en mi último año de futbolista, que acabé en Vitoria y también fue su último año allí. Muy buena gente. En aquel Alavés era muy apreciado por su rendimiento las dos temporadas anteriores. A los dos nos quedaba un año de contrato, pero no seguimos. El equipo bajó, yo me retiré y Jordi se fue al Espanyol".
La desgracia de Giuliano Simeone
En la temporada en curso, el Alavés doblaba su apuesta por los apellidos ilustres. El 21 de julio fichaba, cedido por una temporada, a Giuliano Simeone, el tercero de la dinastía del entrenador del Atlético y el 28 de agosto, también cedido por el Rangers, incorporaba a Ianis Hagi, el primogénito del gran Gica, ex del Real Madrid (1990-92) y del Barca (1994-96) y, sin discusión, el mejor futbolista rumano de la historia.

Salto importante, de gigante, el dado por Giuliano. A sus 20 años prolongaba su contrato con el Atlético hasta 2028 y, al mismo tiempo, era cedido al Alavés, donde iba a tener la posibilidad de jugar en Primera después de una completa temporada, la anterior, en Segunda con el Zaragoza, donde jugó cedido. Disputó 37 partidos, marcó nueve tantos y dio tres pases de gol. En el curso 2021-22, a las órdenes de su padre, formó parte de la primera plantilla rojiblanca. Fue convocado en 13 partidos y llegó a debutar en Granada, en la jornada 33. Un minuto, pero que para él, con 19 años, le pareció un mundo.
Giuliano estaba llamado a jugar muchos minutos en el Alavés. Tenía el aval del entrenador, Luis García, que le había seguido durante toda la temporada anterior en el Zaragoza, además del propio del director deportivo, Sergio Fernández, que ganó la batalla de los despachos al Rayo, Las Palmas y Getafe, que también pretendían su cesión. Todas las expectativas quedaron varadas, de momento, con su lesión en los últimos minutos de un amistoso de preparación contra el Burgos en Briviesca (6 de agosto). Una entrada a destiempo le causó una lesión grave: fractura de peroné y luxación de tobillo. Fue operado inmediatamente y se le diagnosticó un mínimo de seis o siete meses de recuperación.

Sin embargo, el pasado 12 de diciembre, el hijo del Cholo sorprendió a todos incorporándose a los entrenamientos con el resto de la plantilla, lo que no significa que ya tenga el alta para jugar, pero sí que ha acortado casi un par de meses las previsiones de los médicos. Giuliano ahora se encontrará con Samu Omorodion, el delantero que incorporó el Alavés para sustituirle y también cedido por el Atlético. Será su competencia directa.
Luis García, técnico alavesista, aunque ha tenido la desgracia de no poder contar con Giuliano en lo que va de Liga, sí le tuvo en la pretemporada y ha seguido su recuperación paso a paso, por lo que conoce perfectamente sus condiciones futbolísticas. "Me llama mucho la atención de él que, aún siendo delantero, es un jugador de lucha total, de carácter, de no dar un balón por perdido, de trabajar al máximo en cada jugada. Es muy positivo, incluso ahora que lleva tanto tiempo parado por la lesión. No puede disimular, en ese sentido, que es hijo de Simeone. Por su posición, claro, es más rápido, es intenso, con buen desmarque a los espacios, valiente. Los entrenamientos y los partidos de pretemporada me sirven para saber quién es y qué condiciones tiene, además de que le tenía bien controlado del Zaragoza. Será importante para nosotros cuando se pueda incorporar definitivamente. A finales de enero le podríamos tener".
"Giuliano es muy positivo, incluso ahora que lleva tanto tiempo parado por la lesión. No puede disimular que es hijo de Simeone"
Emilio Cruz, exentrenador del Atlético de Madrid entre un buen puñado de clubes y actual consejero del Zaragoza, pudo disfrutar de Giuliano toda la temporada pasada y tiene suficiente conocimiento de causa para presentar sus credenciales. "Lo que más valoro es la intensidad defensiva que tiene para ser delantero. No es normal. Es muy constante e intenso en todo: en los desmarques en profundidad, en velocidad. Sabe ganar muy bien la posición. En cuanto mejore en el remate y se encuentre con el gol, va a ser un atacante muy interesante porque genera mil ocasiones. Le veo como jugador de Primera. Es muy joven, vamos a ver cómo supera esta lesión, pero sus condiciones son muy aprovechables. Para no ser alto, va bien de cabeza, busca la anticipación y es muy valiente en todo, en el salto y en los balones divididos... Hace todo a la máxima velocidad y, posiblemente, por eso no acierte tanto con el gol, como debiera. Si mejora su relación con el gol, tenemos delantero para mucho tiempo. Con lo joven que es y con el salto que dio, la temporada pasada se hizo ídolo de la afición en Zaragoza. Nos hubiera gustado tenerlo otro año, pero es lógico que apuntara a un club de Primera porque tenía muchos pretendientes".
Ianis Hagi, calidad en estado puro
El 27 de agosto, con el mercado bajando las persianas, el Alavés se hizo con los servicios de un jugador llamado a marcar diferencias. El apellido le avalaba: Hagi. Pero también él se hizo camino al andar desde diez años antes que comenzara en el equipo de la Academia de su padre. Con 15 años debutó en el Vitorul; con 18 aterrizó en la Fiorentina; siguió carrera por el Genk belga y acabó en el Rangers, donde una larga recuperación de una lesión de rodilla provocó su cesión al Alavés.
Su llegada estuvo acompañada de la lógica expectación por ser quien era. Su discurso en la presentación fue corto, pero preciso, aunque posiblemente tampoco se ajustara a la realidad porque los que le conocen bien siempre han comentado que la presión de ser quien es le ha marcado y no siempre para bien. "Ser hijo de quien soy hijo es una presión que tengo desde siempre. Desde que soy pequeño me ha gustado ser hijo de un gran jugador, no me intimida, ni me corta, me crea una motivación diaria. Es una gran responsabilidad, pero al mismo tiempo un gran honor. No tiene por qué influir ahora en la Liga española, como tampoco lo ha hecho antes".

Al mismo tiempo, Gica, en la distancia, ha pretendido pasar lo más inadvertido posible. Consciente de que cualquier declaración suya puede presionar a su hijo, prefiere mantenerse callado en la distancia y desde que firmó por el Alavés, tomó la decisión de no contestar las llamadas que le llegaban con el prefijo '34'. Simplemente mandó un mensaje. "No puedo estar hablando todos los días sobre lo que él hace o no hace. Ianis tiene sus propios objetivos. Ya es un jugador consagrado. No es el hijo de Gica. Se expresa por sí mismo, no necesita que yo hablé de él. Lo importante es que esté en forma, sin lesiones, entonces es feliz y jugar lo hace feliz".
Su entrenador, Luis García también tiene la palabra. "Ianis es calidad en estado puro. Maneja la derecha y la izquierda por igual. No sabe si es diestro o zurdo. Su problema es que la temporada pasada también tuvo una lesión importante. Además llegó el último día del mercado y le costó adaptarse. Se fue varias veces en estos meses con su selección. Regresó y todo seguía siendo nuevo para él, pero ahora ya está jugando casi todos los partidos, incluso los últimos de titular. Su posición idónea yo creo que es la media punta, aunque también puede jugar en las bandas buscando la diagonal y metiéndose para dentro. Le da lo mismo partir de la derecha que de la izquierda. Tiene remate o centro con cualquiera de las dos. Lo mejor que tiene es el disparo y también domina el balón parado. Cuando va rematar una falta y se pone delante del balón, nunca sé con que pierna va a chutar. Pocos jugadores he visto que manejen las dos piernas como este chico".
Luis piensa que el mejor Hagi todavía está por ver en Mendizorroza. "Tampoco puede disimular que es hijo de quien es, en este caso por la calidad, no por el carácter. Aunque claro no le conviene que se le compare con Gica porque el padre fue uno de los mejores jugadores que yo he visto. Es un chico trabajador, callado, un poco cerrado, muy suyo. Se deja entender en castellano. Lo suficiente para entendernos. Ianis nos tiene que dar todavía más de lo que nos ha dado. Sus constantes marchas con la selección le cortan el ritmo con el equipo, pierde entrenamientos, llega el último día porque ha coincidido de que jugábamos el viernes, pero allí es un jugador muy importante y él lo sabe y quiere jugarlo todo. Es normal. Pero con la calidad que tiene nos debe dar más. Al padre no le hemos visto por Vitoria, fue a Barcelona cuando jugamos allí, pero yo no lo vi".
Gica Craiovenau, una referencia del fútbol rumano, afincado en España y ex de la Real Sociedad, Villarreal y Getafe, tiene a Ianis en la retina desde que comenzara a jugar por la íntima relación que tiene con su padre. "Técnicamente es completísimo. Buena zurda, habilidoso. Recorta muy bien en corto, porque no tiene la velocidad en carrera ni la arrancada del padre. Cuando juegan en las bandas no se termina de sentir cómodo. Su posición exacta es la media punta. Tiene buena visión de juego. Si le pones a defender le desgastas más de la cuenta. Es más, no le gusta defender, o esa es la sensación que siempre me ha dado. Está acostumbrado a equipos ofensivos, desde que estaba en el equipo de su padre. Si se esforzara más incluso sería mejor jugador de lo que es. Le viene bien el Alavés porque es un equipo en el que no tiene tanta obligación de defender. Saca muy bien las faltas, incluso las de poner en lugar de tirar. En la selección arranca desde la izquierda para llegar al centro, tipo Robben, Ribéry, a pie cambiado. Por su personalidad se tiene que sentir líder del equipo para exponer su mejor versión... y eso no es siempre fácil".