ANDRÉS PALOP

"Mi mano ya no tenía ligamento; el doctor Mir salvó mi carrera..."

Andrés Palop repasa con Relevo su trayectoria. Vivió lesiones, largas suplencias y la muerte de Antonio Puerta: "Mi carrera no ha sido nada fácil".

Andrés Palop, durante un sorteo de la Europa League. /GETTY
Andrés Palop, durante un sorteo de la Europa League. GETTY
Cristina Bea

Cristina Bea

Poco imaginaba aquel niño que creció jugando al fútbol en las calles de L'Alcúdia (Valencia) entre las regañinas de su madre que dedicaría su vida a su pasión. "Yo llegaba a casa y dejaba la mochila en el sillón, y hasta al día siguiente no la tocaba. Mi madre venía a buscarme a las diez de la noche para que fuera a cenar, toda enfadada porque yo no aparecía por casa. Siempre estaba haciendo lo que me apasionaba, que era jugar al fútbol. Igual que jugaba de delantero y quedaba máximo goleador y me daban un trofeo en cualquier torneo del pueblo, que de repente me ponía de portero y lo paraba todo".

Que en su palmarés sumaría doce títulos tras una carrera desarrollada en el Villarreal, Valencia, Sevilla y Bayer Leverkusen. "Me ha dado mucho el fútbol, más de lo que pensaba. Pertenecer a un Real Madrid o un Barcelona es saber que ibas a ganar títulos casi todos los años. Un Valencia, un Sevilla, ganar títulos, fíjate ahora la dificultad", reflexiona Andrés Palop (1973), el pequeño de cuatro hermanos de una familia tan humilde como trabajadora. "Yo salí más o menos de rebote. Eso dice mi madre, que a mí ya no me buscaban. Y le digo: "Mamá, fíjate que el último ha salido un poco especial".

Especial porque el destino de Andrés estaba en los campos, pero en los de tierra que trabajaba su padre como agricultor. "Mi padre era jugador de fútbol, era delantero, llegó a jugar en la antigua Tercera División, pero era un hombre que priorizaba el trabajo, el llevar a casa algo que llevarse a la boca, antes que el fútbol. Intentaba ir a entrenar cuando podía. Recuerdo que me contaba historias de cuando iba a algún partido en bicicleta a pueblos a 20 o 25 kilómetros, no tenían ni coche. Lo hacían por una pasión terrible".

Ese llevarse a la boca venía de los pollos que vendía su madre en el mercado y del campo que trabajaba su padre con la ayuda de Andrés y sus hermanos. "Nunca nos ha faltado de nada. Por un lado y por otro siempre hemos tenido lo justo para lo que hemos querido, para nuestras cosas, pero con nuestras limitaciones. Para un niño como yo, de 8, 9 u 11 años, que sus amigos en verano, en Pascua, cuando eran fechas marcadas, se iban a disfrutar de esas vacaciones o se iban a comer la mona o se iban a las casetas, yo me tenía que ir con mi padre al campo. Era duro. Me tenía que ir a sembrar los campos de sandías, que es la época justa. Cuando venía el verano había que recoger toda la fruta que mi padre sembraba. Vivíamos de esto, vivíamos del campo. En invierno eran las coles de Bruselas, en verano era más el tema de la sandía, los pimientos, los tomates. Tenía en cada época que sacar algo para poder ganarse su dinero. Y ahí necesitaba a mis hermanos, a mí, y esta situación era dura".

El padre de Palop fue delantero. A la derecha, Andrés en su etapa en el Villarreal.
El padre de Palop fue delantero. A la derecha, Andrés en su etapa en el Villarreal.

Aunque el esfuerzo de su padre le llevó a acumular algunas anegadas de campo, por lo que el trabajo cada vez era mayor, y las perspectivas de futuro de Andrés, opacas. "Trabajar desde las 6 de la mañana hasta que se vaya el sol. Había que hacerlo sí o sí, porque había que terminar aquello. Muchas veces yo me lo planteaba cuando estaba trabajando y decía: 'Yo esta vida no la quiero, yo no quiero tener esta vida".

La vida que han tenido y tienen su hermanos. "Yo iba por el mismo camino, pero claramente. El fútbol me salvó de que hoy estuviera trabajando en el campo, siendo agricultor como mis hermanos. Es una profesión muy respetable, ellos se están ganando la vida muy bien, no les falta el trabajo, pero hubiera sido una vida mucho más dura y más difícil, seguro. Lo vi claro. Vi una puerta abierta, una ventana del deporte, del fútbol. Pensé que era una oportunidad que no debía desaprovechar. Yo no sabía en ese momento si iba a llegar a Primera División o no, pero sí es cierto que mi mentalidad era que tenía que ser el mejor. Que seguramente siendo el mejor tendría mis oportunidades, si no al mejor nivel, sí en alguna otra categoría que me podía dar un sustento".

Unos guantes y un día inolvidable

Ahí fue cuando Andrés dio varios pasos adelante. Estudió una Formación Profesional de Electricidad durante dos años en Carlet -aunque confiesa que lo hizo para estar cerca de su novia, hoy su mujer, que estudiaba en el instituto del pueblo- y empezó a equiparse, algo que había ansiado desde pequeño. "Ropa deportiva no tenía. Recuerdo ir al armario y no tener nada, ponerme el chándal del colegio. Mi madre me tenía que poner las rodilleras para tapar los agujeros que le hacía. Ostras, es que no teníamos herramientas, no teníamos nada. Lo que nos valía ahí era la ilusión y el entusiasmo que teníamos."

Así llegaron los primeros guantes que se compró. Guantes "de portero de verdad", los llama. "Siempre tenía guantes de los más baratos, de los que apenas tenían látex, y yo veía a otros compañeros o a otros porteros que tenían guantes de látex de porteros muy similares a los de Primera División. Tuve que ir toda una semana a trabajar, a coger habas, y con ese sueldo que me ganara, comprarme los guantes. Ése es el día que siempre recordaré, de irme a Alzira, a Deportes Sierra, a esa tienda mítica que tenía todos los guantes de los puertos de Primera División y comprarme mi primeros guantes".

Palop y sus primeros guantes de portero: «Tuve que ir a coger habas toda la semana»

Los guantes que pudo llegar a pagar. "Eran de Sempere (el exportero del Valencia). Eran blancos y rosa. Al poco tiempo cambió a unos guantes naranja, que eran los más caros, pero a esos no puede llegar. Llegué a un modelo anterior que llevó. En ese momento había unos que se estilaban, que eran unos verdes que se decían los Paco Buyo. Tampoco podía llegar a ese guante. Marcharme ese día, después de comprármelos, a una cena con la cuadrilla que cogíamos las habas y enseñarles que me había comprado los guantes con el esfuerzo del trabajo. El sentir cómo todos alabaron ese momento, cómo me felicitaron. Eso es imborrable. Ahora mismo lo estoy recordando y se me ponen los pelos de punta, porque son momentos que nunca olvidas. Dices: mira, he conseguido tener unos guantes, me ha costado trabajo, pero lo he conseguido", recuerda orgulloso.

Palop, con camiseta amarilla, en sus primeros años como portero.
Palop, con camiseta amarilla, en sus primeros años como portero.

La alegría siguió al llegar a casa con los guantes nuevos y vivir esta simpática escena que describe Andrés entre carcajadas: "Me pasé toda la noche con el guante así (echa la cabeza hacia atrás y se pone la mano sobre la cara) oliendo el guante a nuevo. Digo: 'Ostras, qué chulo esto, nuevo ahí'. Toda la noche con el guante. Lo dejaba en la mesita y lo volvía a coger. 'Uhmmm. Esto es un guante, esto es un guante de verdad'. Me pasé toda la noche así. Después, claro, cada estirada, cada situación que apoyaba, me miraba para que no se pelara, porque digo: "Si se pelan y se rompen, ya no tengo otros, son los que me quedan".

Tenía "17 años para 18". Fue el momento en el que se da una "fecha clave" en la carrera deportiva de Andrés Palop, el COTIF, el Trofeo Internacional de Fútbol de L'Alcúdia, en el que Andrés participó con el primer equipo del municipio. Fue su rampa de salida hacia el fútbol profesional. "Paré muchísimo contra la selección de Rusia. Hice muy buen partido. Me metieron seis goles, pero fue de esos días que lo paras todo, incluso habiendo encajado seis goles. Termina el COTIF, estamos ya prácticamente en agosto, en casa y viene una invitación del Valencia para hacer una prueba. Eso fue en pretemporada, que ya empezaba a finales de agosto y me fui para allí. Y la aproveché".

De 'Casa Mari' a entrenarse con Mijatovic, Zubizarreta...

Fue pasando cribas entre cincuenta jugadores de la Comunitat Valenciana hasta recibir la llamada de Marín, secretario de la cantera del Valencia en aquel 1990. "Andrés, pásate por Mestalla que te vamos a firmar y vas a pertenecer al Valencia. Imagínate, eso fue una alegría tremenda. Para casa fue brutal. Era una experiencia nueva. Me tenía que ir a vivir a Valencia, a una pensión, Casa Mari, ya salía de casa. Eso para la familia también fue importante porque ya descargaban un poco a alguien de la familia. Todos en el Valencia teníamos un pequeño sueldo. Ese sueldo se aportaba a la familia para que fuera todo más cómodo, y nosotros vivíamos en Valencia y comíamos y dormíamos allí. No tener esa manutención le venía bien a la familia, y si aportabas algo de dinero, pues también. No era para tirar cohetes, porque en los filiales y en los juveniles cobrabas muy poco dinero, pero era una buena situación para ellos. Y a partir de ahí, a trabajar, a encontrarme compañeros, a entrenadores como Abelardo, que se encontró a un chico con mucha vitalidad, con una energía tremenda, con entusiasmo, pero con muy, muy poca técnica. En mi pueblo no había tenido nunca un entrenador de porteros, no había trabajado nunca cómo eran las situaciones en portería. Todo era natural".

Después de completar su etapa juvenil en el Valencia, salió cedido al Oliva y al desaparecido Gimnástico antes de regresar de nuevo al club che, donde llegaría ese mismo verano su salto al primer equipo. "Estoy en la pensión de Casa Mari de nuevo, me llama Javier Subirats, que era el director deportivo, y me dice que a las cuatro de la tarde tengo que estar en Mestalla, que me voy a hacer la pretemporada con el primer equipo. Tú imagínate eso. Hace un mes estaba en Tercera División, en un equipo que no teníamos ni estadio. Jugábamos en Picassent, en un estadio prestado. Había hecho una semana de pretemporada con el Mestalla y de repente Luis Aragonés me pide a mí exclusivamente por un tema que había tenido con Rafa, el tercer portero. Me pide que suba al primer equipo y que me vaya con ellos a hacer la pretemporada. Verme allí a Mijatovic, verme a Zubizarreta, a Mendieta. Digo: "Madre mía, aquí está la gente que hace un mes estaba viéndola en la televisión, viendo cómo estaban jugando en Primera División.

Un salto que acurrucó al líder que Andrés identifica en aquel niño que con 12 años se metía en equipos de chavales de 18 en el barrio. En el niño que organizaba los equipos y los campeonatos en el colegio. "Tú juegas, tú no juegas". "Un pipiolo, súper tímido, con todo lo valiente que había sido cuando era pequeño, que no tenía miedo a nada y que cuando el balón se encalaba en el ambulatorio, que era una pared de seis metros, era yo el que iba a trepar por la pared, cogía el balón y bajaba. Yo era el más valiente de todos. Pues toda esa valentía, cuando entré por el vestuario del Valencia, se me bajó a los pies".

Los guantes volvieron a ser protagonistas en la vida y la carrera del meta. Con un nombre propio, el de Antoni Zubizarreta. "Llegué a la pretemporada con los guantes de la temporada anterior. Tenía los guantes reventados, un agujero en la palma de la mano, el dedo pequeño se me salía por aquel lado… Era lo que tenía. No podía en ese momento comprarme otros guantes. Recuerdo que me voy a Mestalla y entro en el vestuario. Pregunté dónde me podía sentar, me dijeron un rincón allí de vestuario. No abrí la boca en todo el entrenamiento. Salí a entrenar con los guantes. Zubi no dijo nada. Zubizarreta era mi compañero, con Bartual y yo era el tercero. Él se fijó en los guantes que yo llevaba y vio que aquello para un Valencia, evidentemente, no era lo adecuado".

Palop y su anécdota con Zubizarreta.

"Hacíamos la pretemporada en El Saler, nos fuimos ese día después de entrenar en Mestalla. Cogimos un autobús, nos fuimos al Saler. Entrenamos y se ve que antes de marchar, Zubizarreta cogió cuatro pares de guantes. Cuando terminé de entrenar, llego a la habitación para ducharme y me veo allí encima de la cama los cuatro pares de guantes de su marca. Y yo digo: 'Se han equivocado de habitación, esto es de Zubizarreta'. Y cuando cojo los guantes para llevárselos a Españeta me dice: 'No, no, no, me ha dicho Andoni que estos guantes son para ti, que esto es para que los utilices tú'. Y yo digo: '¿Cómo? ¿En serio?'. Casi me dieron ganas de llorar, porque tener cuatro pares de guantes de una calidad extrema, de los mejores guantes que hay en ese mercado en ese momento, para mí eso era un sueño. Eso fue para mí una inyección de moral tremenda. No por el guante en sí, sino por venir de quien venía. Lo agradeceré y lo recordaré toda la vida", rememora Andrés, que esa noche en la cena del equipo y cada vez que se encuentra con Zubizarreta le agradece el gesto al vasco que, sin saberlo, empezó una especie de cadena de favores que Palop extendió en el Sevilla.

"Como yo sentí ahí algo muy especial, de ahí aprendí, para cuando yo fuera un portero ya más de renombre. Ya había más marcas y los porteros llegaban más preparados. Quise hacer otro tipo de regalo para que siempre tuvieran ese pequeño detalle y ese recuerdo de mí, de venir con nosotros a hacer una pretemporada, o de tercer portero. Que vieran que ese portero aunque tuviera más protagonismo, que no era solo pensando en él. No, sino que pensaba en lo que tenía detrás, en este caso, en los más jóvenes. Siempre le hacía un regalo como premio a venir con nosotros. Recuerdo que se estilaba mucho los iPods de estos pequeñitos que se cuelgan aquí (hace el gesto de engancharlo en la pechera). Pues venían y el día siguiente tenían el iPod en su sitio, se lo regalaba y le ponía su nombre. Antes se podían grabar. Y se lo hacía para que ellos siempre tuvieran un recuerdo de mí agradable. Eran pequeños detalles que te van enseñando de la vida, y que creo que son importantes".

Un aprendizaje del gesto de Zubizarreta, que también fue la persona que le comunicó el interés del Villarreal por él: "Andrés, el año que viene el Villarreal está interesado en ti y es una muy buena oportunidad de jugar en Segunda División'. Me lo tomé como un muy buen consejo. Me está aconsejando que vaya a jugar allí y aún sabiendo que hay un portero que está muy consolidado, que era Luis Pascual, que lo jugaba todo en Segunda División, un portero ya veterano y que era difícil, es un paso más. Vengo de la Segunda B, me voy a Segunda, es un pasito más en mi carrera".

Una lesión delicada en la mano

Pero ese paso trajo otra dificultad consigo. Esta vez, en forma de una lesión que arrastró durante dos años y medio. "Primer partido de Liga frente a Osasuna, donde debuté y ganamos cero uno con gol de Antonio Díaz, que descanse en paz. Demostré ya que estaba preparado para jugar en el fútbol profesional. Y es cierto que tras cómo avanzaban las jornadas, en el mes de octubre, entrenando, tuve una situación de definición muy cerca. Me da en mi mano derecha un balonazo muy fuerte y me dobla la mano, y noto como un crujido. Esa mano se bloquea y no tiene movimiento. Es una sensación muy, muy dolorosa, muy extraña porque no sabes qué pasa, porque no sabes si es un hueso, si es un ligamento, no sabes qué ha pasado aquí. Hacemos esa primera exploración y nos dicen que el tema de la mano es muy delicada, una articulación donde hay muchos huesos pequeños y que hay que tener mucho cuidado, porque al final nosotros dependemos de las manos, vivimos de ello. Vamos a ver al doctor Cugat, a Barcelona. Llaneza me acompaña con su coche. Recuerdo que me subí al coche y dice: 'Vámonos a Barcelona. Vemos al doctor Cugat a que te vea y a ver qué decisión tomamos'. Y el doctor Cugat nos dice que es una lesión de tres meses. Hay que operar, hay que soldar el ligamento y una rehabilitación de tres meses. Infiltrando y vendando la mano se podría aguantar y pero que eso estaba bajo mi decisión".

"Llaneza y yo nos vamos a un salón aparte, nos sentamos cara a cara, nos miramos. José Manuel fue muy sincero y se lo tengo que agradecer. Me dijo: 'Mira, Andrés, nosotros estamos iniciando la temporada, estamos en el mes de octubre, tres meses para nosotros con un solo portero y el portero filial no es una buena solución. Nosotros, si te operas, tenemos que firmar a un portero", relata sobre el dilema que se le presentó ante aquella lesión, que terminó en infiltraciones con la idea de aguantar y operar a final de temporada. "Cuando terminaba el efecto de la infiltración tenía un dolor tremendo. Recuerdo que me vendaba la mano. Cuando terminaba el partido estaba morada, pero me permitió poder seguir hasta final de temporada y conseguir ese ascenso a Primera División de esta manera. Eso fue increíble. Fue con mucho mérito, pero la verdad es que fue muy, muy, muy doloroso todo y muy trabajado".

Palop: «El Dr. Mir me ha salvado la carrera»

Llegó el primer ascenso del Villarreal a Primera y su operación, pero el resultado fue fallido. "Me operé con el doctor Cugat. La rehabilitación se aceleró. Vino un fisio nuevo que contrató Fernando Roig. Empezamos a trabajar desde muy temprano. Había que llevar la escayola seis semanas, me la quitó a la tercera. Empezamos a trabajar y salió mal. Cuando íbamos a debutar en Primera División con el Villarreal, el ligamento se había soltado. No estaba bien, estaba otra vez para empezar de cero. Fue un choque bastante fuerte, porque jugar en Primera División otro año de esta manera era complicado. Lo tuvimos que hacer de nuevo. Pasé todo el año con esa mano delicada, con las infiltraciones, con los vendajes, con intentar reforzarla por otras vías para que pudiera tener algo de fuerza".

Su estreno en Primera... con un ligamento roto

Así debutó en Primera. 4-1 en el Santiago Bernabéu ante el Real Madrid, el lunes 31 de agosto de 1998. Con 24 años. "Tampoco mi debut fue pronto. Debuto con un ligamento de la mano roto, con la mano vendada e infiltrado. En el Bernabéu. No notaba dolor, pero después las semanas eran muy duras, muy duras. Tenía que seguir entrenando, me tenía que mantener. Me infiltraba. Luego tenía dos o tres días de mucho dolor. Me volví a infiltrar. Cada semana un Voltaren. Mucho, mucho medicamento en el cuerpo. Muchísimo. Y una infiltración que eso hacía daño a los huesos, porque los huesos se iban descompensando. La mano cada vez estaba más limitada y el balón se aguantaba en la palma, pero en la punta de los dedos era un dolor tremendo. Fue una situación de mucho sufrimiento, muchísimo, muchísimo. Pero había que hacerlo para labrar un futuro. Era una oportunidad. Si me llego a operar, no sabemos lo que hubiera pasado, pero yo creo que se hubiera complicado todo mucho más. Dentro de lo que cabe, de la temporada de Villarreal la mía fue buena, nadie notó nada, nadie vio nada que me sucedía en la mano ni se cometieron errores de decir: 'Se le han escapado muchos balones'. No, no hubo situaciones extrañas", analiza sobre esa campaña que finalizó con el descenso del Submarino y su regreso a Mestalla, donde seguía compartiendo vestuario con Bartual pero Zubizarreta había dado paso a Cañizares con Héctor Cúper al frente del equipo.

"Me infiltraba. Luego tenía dos o tres días de mucho dolor. Me volví a infiltrar. Cada semana un Voltaren. Mucho, mucho medicamento en el cuerpo"

ANDRÉS PALOP

"Para mí ir al Valencia, competir el puesto con estos dos porteros, era increíble. Yo sabía que mi fuerte era el día a día. Mi objetivo era que me conociera el Valencia, que me conociera el entorno, la afición, que me conociera todo el mundo, que viera el rendimiento que le podía dar al equipo. Entonces, hice la pretemporada nuevamente con muchos dolores, con mucha historia, pero la aguanté bien y de repente viene la lesión de Cañizares en Eindhoven. Es cuando yo debuto en Champions con el Valencia y me mantengo como ocho o diez partidos, no recuerdo exactamente cuántos fueron".

Lo que recuerda perfectamente es lo que vino después. "Llegó el momento en que se recupera de Cañizares y Cúper mete a Cañizares en el once inicial. Me habían salido muy buenos partidos y estaba muy bien. Era el momento ideal. Digo: 'Ya me conoce todo el mundo, ya saben quién soy, el rendimiento que puedo dar. Ahora me quitan, ya no voy a jugar más'. De cara a la temporada que viene, tener la mano ya sana y tenerla bien para poder competir en igualdad de condiciones. El doctor Mir es el cirujano que literalmente me ha salvado mi carrera deportiva, es así. Cuando fui a hablar con él y vio mi mano tan descompensada y que ya no quedaba ligamento ni quedaba nada, hubo un momento de muchas dudas, de que podía perder incluso el hecho de seguir jugando a fútbol, porque no sabía exactamente qué hacer. Decía: 'Andrés, la operación es muy complicada, los huesos están todos descompensados. Necesito que me des un tiempo para consultar con otros cirujanos norteamericanos'. Consultó con toda su gente de confianza para ver qué podían hacer. Yo estaba sudando cuando me estaba diciendo eso".

"El doctor Mir es el cirujano que literalmente me ha salvado mi carrera deportiva"

ANDRÉS PALOP

Y lo que pudo hacer fue una aplastia, "quitarme un trozo de ligamento de aquí (se señala el brazo derecho), de un tendón, agujerearme el semilunar y el escafoides con la taladradora, meter el tendón por dentro, atarlo, ligarlo y que los dos se juntaran". Entonces me dijo: 'Andrés, vas a tener un año de dolores. Por mucho balonazo que te peguen, va a aguantar muy bien, porque es un tendón muy fuerte, y luego desaparecerán los dolores y ya te encontrarás muy cómodo. Es cierto que tendrás una limitación, pero tú la mano hacia atrás no la vas a utilizar para parar, tú siempre vas a parar aquí delante, y no vas a tener ningún problema. Vas a poder trabajar y poder desarrollar tu profesión de una manera maravillosa, no como si la tuvieras sana, pero vas a estar muy bien".

Se recuperó de la lesión en la mano, pero le mermó la confianza, su primer partido tras la recuperación fue en Guadix. "Fue un desastre. Fallé un par de goles. Se me escaparon dos balones porque no tenía ninguna confianza por todo el proceso que había pasado". Y vinieron lo que califica como "años oscuros". "Años más oscuros donde no jugué nada por esta situación. Aguantando hasta que vinieron las oportunidades de nuevo. Lo pasé bastante, bastante mal, bastante mal -repite pesaroso hasta en tres ocasiones-. Al final se pudo arreglar. Todo lo que he vivido después me ha compensado todo este sufrimiento".

Su competencia con Cañizares

Al sufrimiento físico se sumó un ostracismo deportivo que le llevó a disputar apenas 43 partidos en sus seis temporadas en el Valencia. El líder que fue tuvo que lidiar con la pugna de estar en el club de su vida, pero hacerlo relegado a la suplencia. La portería che la ocupaba de manera indiscutible en aquel momento Santi Cañizares. "Y ya conocéis aquella historia de un poco esa competencia y esa situación de uno u otro". Pero mejor que nos la cuente él.

"Yo, sinceramente, yo a Cañizares lo admiraba y lo admiro. Mi admiración por Cañizares existe hoy en día. Hemos coincidido en el Centenario, hemos coincidido en la televisión, en el 90 aniversario de la Liga, estuvimos junto en la mesa, estuvimos hablando. Mi admiración por él está ahí, porque una cosa no quita la otra. Él hacía muchas cosas muy buenas y yo solamente con ir a competirle el puesto al que era portero internacional por España, el que fue Zamora, el que venía de ganar la Copa del Rey siendo protagonista, el que después, siendo compañeros, ha sido dos veces finalista de Champions… Hostia, para mí eso era un reto increíble. Yo tenía un reto por delante que decía: 'Es que yo no tengo nada que perder. Este hombre es lo máximo hoy en día. Es el portero de España, ahí están sus números, sus actuaciones. Yo estoy detrás de él, a apretarle, a lo poco que no esté en portería que pueda estar yo'. Para mí eso era una motivación, y yo le tengo y le he tenido en ese momento, cuando éramos compañeros, un gran respeto a Cañizares".

Palop y su relación, complicada, con Santiago Cañizares: «No hablábamos»

Sí, se viene el pero. "Pero eso se fue perdiendo poco a poco. Ese entusiasmo y esa admiración se fue perdiendo quizás porque su forma de ser era tan distinta a la mía. Se fue perdiendo esa ilusión con la que yo iba al Valencia, que eran muchas cosas las que tenía en mi cabeza, por estar ahí, por aprender, por estar junto a él, por comunicar. Pero este puesto es tan único que juega uno. Había gente que apostaba por mí, había gente que apostaba por él. Y eso, para el portero que está jugando, se hace más difícil porque él también consiguió su estatus. Él venía de un Real Madrid donde no jugaba y salió de allí, de uno de los mejores equipos del mundo para buscar un estatus como el que tenía. Y a lo mejor ver amenazado eso, molesta, molesta como a todos nos molesta cuando ves amenazada tu situación".

Y prosigue. "Te molesta, pero después hay comportamientos o hay situaciones que puedes congeniar más o puedes opinar menos y eso a lo largo de esos seis años se fue enfriando. La relación entre él y yo, quitando los dos primeros años, fue inexistente. Éramos dos compañeros que nos respetábamos, pero apenas articulábamos palabra, no teníamos conversaciones, no teníamos diálogo, no había situaciones de feeling, de feedback, de lo que tiene que ser una pareja de porteros. Yo era muy competitivo, no dejaba que se relajara nunca, siempre le tenía expuesto a que diera su mejor versión. Se notaba muchísimo, y eso al final también se puede hacer incómodo. No hubo ninguna situación mala entre él y yo, de ninguna pelea ni ninguna discusión, nada. Se fue enfriando la amistad o ese acercamiento. Hacíamos nuestro trabajo".

Palop y Cañizares, en su etapa en el Valencia.
Palop y Cañizares, en su etapa en el Valencia.

Y Ochotorena, entrenador de porteros del Valencia entonces y aún hoy, hizo su trabajo, además del de psicólogo. De hecho, Andrés reconoce que ha sido el gran consejero y apoyo a lo largo de su carrera, la persona a la que recurría en caso de dudas, incluso estando en el Sevilla. "Estaba en medio y sabía llevarnos muy bien a los dos. Sabía a cada uno qué mensaje dar en cada momento, y nosotros hacemos el trabajo. Después cada uno hacía su vida. Él tenía su vida que era de una manera y la mía era de otra. Éramos totalmente diferentes, éramos dos polos opuestos, pero sí que después éramos dos animales competitivos en la portería, éramos dos ganadores. Éramos dos gallos en un corral".

Una situación que tampoco cambió con la llegada de Rafa Benítez al banquillo valencianista. El primer entrenamiento a sus órdenes dejó una anécdota que Andrés recuerda "exactamente como si fuera ahora". "Empezamos a correr alrededor del campo y se pone a mi lado a correr. Y digo: 'Uy, el entrenador, ya voy a ser titular'. Entrenador nuevo y viene a hablar conmigo. Digo: 'Esto es buena señal", cuenta entre risas. "Y de repente me dice: '¡Andrés! ¿Qué tal, cómo estás?'. 'Bien, bien, bien, todo bien. Míster, ¿todo bien?'. 'Sí, sí. Sólo te quiero decir una cosa, que sepas que para mí Cañizares es el portero titular. Tú trabaja a tope…'. Y me quedé chafao porque digo: 'Me cago en la mar, che, yo que me pensaba que ya se ha acercado un poco para darme esa bola, y no me ha dado tiempo ni a verme en pretemporada'. El primer día me dejó marcado un poco el terreno para demostrarle al otro que él era su portero importante, porque evidentemente demostrando eso a un portero de la categoría de Cañizares, te iba a dar mucho, como así le dio después en LaLiga y en todo".

Una lesión puntual de Cañizares devuelve a Palop, también momentáneamente, a la portería. "Consigo estar a un grandísimo nivel. Salí contra el Arsenal, jugué muchos partidos importantes en Champions, en Liga. De repente, esa semana frente al Celtic de Glasgow, en Europa League, habíamos trabajado toda la semana exactamente igual, me había puesto con el once, yo me veía titular ese partido y llegamos a Mestalla, saltamos a ver el terreno de juego y se me acerca por detrás Rafa Benítez y me dice: 'Andrés, no vas a jugar'. Y, claro, a mí aquello me dejó muerto. Me dejó muerto". Muerto y rebotado, porque compareció en la rueda de prensa del día posterior al partido y dejó una frase que quedó grabada en el valencianismo en aquel momento: "Yo no soy un muñeco".

"Cañizares y yo éramos dos gallos en un mismo corral. Después de los dos primeros años nuestra relación era inexistente"

ANDRÉS PALOP

"Al día siguiente por la mañana entrenamos. Yo, encabronado. Por la noche ya le había dado vueltas. 'Esto no puede ser, hay que dar un golpe en la mesa, porque al final a mí me tienen aquí, me ponen, me quitan, pero no se valora el trabajo que yo estoy haciendo. Estoy haciendo un gran esfuerzo y estoy haciendo buenos partidos'. Lo pensé bien y digo: 'Hay que dar un golpe a la mesa'. Pero yo llego la mañana siguiente y Manolo Mas (entonces jefe de prensa del Valencia) me dice: 'Tú no tienes Prensa hoy, es que hemos cambiado, que hay un acto de la cantera…'. Digo: 'No, no, yo tengo rueda de prensa hoy, que tú me has puesto y yo me he preparado y hoy voy a prensa", ríe a carcajadas al recordarlo. "Ese niño rebelde volvió a salir en una rueda de prensa, con toda mi personalidad".

"Dije lo que dije. 'Yo no estoy aquí para ser un muñeco, que te quitan y te ponen cuando tal, esa sensación no me gusta'. La frase que salió fue la de 'no quiero ser un muñeco'. Digo: ostras, qué frase así un poco chocante. Por no decir una rueda de repuesto, que también podía haber dicho. La gente afín lo vio como mensaje de rebeldía y de, hostia, que son gente con carácter que quieren seguir. Y hubo mucha gente que era muy afín a Santi, periodistas que me reventaron, me reventaron. Literalmente, me machacaron. Y yo los conozco a cada uno quienés son, lo que pasa es que es cierto que me ha dado la vida una cosa muy, muy, muy bonita, que no soy rencoroso, no tengo rencor de nada. No soy vengativo. La gente que me ha dicho daño, si hay algo que hablar, lo hablamos a la cara, pero no le deseo el mal a nadie. Simplemente pasó, eran cosas que pasan en la vida de fútbol y hay que seguir para adelante".

Ese "aquí está Palop" no le sirvió para jugar, como recuerda, pero fue una llamada de atención. "Ye, que yo estoy aquí y quiero ser importante también". "Seguimos hacia adelante, en cada temporada pensando que por las ofertas que le llegaban a Santi, tanto del Arsenal o de Manchester, él quería irse a Inglaterra, los rumores eran que salía. Parece que yo podía ser el elegido ya para jugar. Pero la verdad es que al final me tuve que ir yo antes que él, porque no veía ya en mi situación para jugar en el Valencia".

Su fichaje por el Sevilla

Aunque también reconoce que en el Valencia sí se sintió muy bien valorado económicamente, lo que impidió salidas a equipos como Osasuna o Deportivo de La Coruña durante sus seis campañas blanquinegras. "No había la situación de poder arreglar el contrato porque eran muchas diferencias. Yo también tenía unas edades que tenía que construir un futuro, que tenía que tener una familia. No podía echarlo todo por la borda por el mero hecho de decir: "No, yo quiero jugar". Fue el Sevilla su gran destino. El club que le cambió la vida. "Había que esperar el momento y salió el momento del Sevilla".

Le restaban dos años de contrato aún con el Valencia. "Había renovado la temporada anterior, pero dije: mira, si me dan lo mismo que aquí en Valencia, me voy. No llegaban a esas cantidades, pero me dijeron que me daban lo mismo en vez de dos, en tres temporadas. Dije: '¿Sabes qué? Que ahora sí que estoy preparado. Tengo la confianza. Creo que puedo dar este paso, a nivel económico no es lo que me preocupa'. Aceptamos esta oferta de Monchi, que no se creía por ningún lado, hasta que no le enseñamos el contrato, que podía ir gratis", recuerda Palop, que se acogió a una cláusula del contrato con el Valencia por la que quedaba libre en junio de aquel 2005 si no había jugado un determinado número de partidos.

"Deportivamente, me cambió la vida, porque desde el minuto uno con Juande Ramos tuve la confianza, y yo sabía que teniendo confianza… Yo soy una persona que cuando percibo esa confianza, cuando veo que hay ese acercamiento, me involucro mucho más, doy más de mí. Siempre intento no estar por debajo, siempre ir al máximo. Cuando detecto esto digo: "Esto tiene que salir bien". Y salió.

Etapas gloriosas del Valencia y del Sevilla

"Todo ese trabajo que hice en el Valencia, de tantas horas de trabajo, de tantos entrenamientos, de tantas experiencias, luego se trasladó a este equipo que ni mucho menos pensábamos que íbamos a ganar tantos títulos y mira por dónde, volví a disfrutar otra etapa gloriosa. Disfruté con la del Valencia, de manera diferente, pero creo que la más gloriosa de los últimos 20 años. Y ahora nuevamente igual con el Sevilla, otra vez volví a disfrutar de una etapa extraordinaria".

Con el Valencia ganó dos Ligas (2002 y 2004), una Supercopa de España (1999), una Copa de la UEFA (2004) y una Supercopa de Europa (2004). Desde el banquillo. En el Sevilla sumó seis títulos más. Levantó una Copa del Rey (2007), una Supercopa de España (2007), una Copa del Rey (2010), dos Copas de la UEFA (2007) y una Supercopa de Europa (2006).

Palop, después de marcar ante el Shakhtar.
Palop, después de marcar ante el Shakhtar.

Entre ellos, Andrés tuvo un protagonismo extraordinario en la segunda Copa de la UEFA. El Sevilla perdía 2-1 ante el Shakhtar Donetsk ucraniano, en los octavos de final, y en el tiempo de descuento subió a rematar un saque de esquina. Y lo remató al fondo de la red, forzando la prórroga en un partido clave para la conquista del segundo título europeo, y consecutivo, de los sevillistas. "Es difícil creérselo, porque es algo extraordinario. No piensas nunca que eso te vaya a suceder. Pero in extremis, donde vas a la desesperada. Esa UEFA, cuando suceden estas cosas extraordinarias, piensas que estás un poco ligado a ese triunfo final. Fue muy especial desde ese gol, las eliminatorias que fuimos jugando, la eliminatoria contra Osasuna que tuvimos que remontar en casa. Y luego esa final que contra el Espanyol, que venía muy bien, venía de ganar. De hecho, no perdió ningún partido y tampoco perdió la final. Perdió en los penaltis, pero es que salió muy redonda. Aunque encajara dos goles, el partido fue bueno. Dar una asistencia con la mano a Adriano, parar tres penaltis… Es que fueron tantas circunstancias las que se dieron y encajó todo tanto, que fue una final inolvidable".

Aunque el portero valenciano incide en un matiz importante. "Te tengo que decir que la primera fue muy especial. La de Eindhoven fue muy, muy especial, porque yo en el Valencia no había podido jugar ninguna final. Había estado en dos finales de Champions. Evidentemente, no jugué ninguna, no las ganamos, pero la final de Goteborg era una competición que estaba jugando y me lesioné de lo mismo en la otra mano. Me rompí el ligamento, que es cuando me empezaron a llamar 'El hombre de las manos de cristal'. Rafa Benítez empezó a confiar en mí en el tema UEFA, pero no pude jugar. Se ganó. No tenía esa sensación de ganar una copa o un trofeo desde la portería, desde saber lo que se sentía jugando y allí en Sevilla, esa primera UEFA que ganas, que sientes lo que es ganar una Copa de la UEFA, un trofeo desde dentro del campo, son unas sensaciones indescriptibles. Las recuerdo con mucho, mucho entusiasmo siempre".

Un 2007 que quedó totalmente ensombrecido por el fallecimiento de Antonio Puerta. "El momento más triste de mi carrera deportiva. La verdad es que no he vivido un momento más triste. Bueno, sí -se corrige-, lo viví también con el Valencia, con el fallecimiento de la hija de Caneira, que nos pilló en Pamplona. Fue también un momento muy duro, muy duro, pero éste de Puerta nos pilló allí en el campo, jugando un partido, todo lo que pasó…

"En el momento en el que me giro, porque lo tengo a mi izquierda, a tres metros, y veo su cara como tragándose la lengua, como si fuera un ataque epiléptico, esa imagen la tengo muy presente. Yo llevaba los guantes, y lo primero que pienso fue en cogerlo, darle la vuelta, ponerlo de lado, y entonces Drago que estaba al lado sí le metió el dedo en la boca y le sacó la lengua. Cuando Drago sacó el dedo de la boca tenía como todo el dedo marcado, mordido. Todo ese proceso, toda esa primera imagen que yo vi ahí, es una cosa que muchas veces me vienen esos flashes a la cabeza, porque fue duro, fue duro verlo así".

Fue duro ese momento, el triste desenlace y el seguir adelante "como siguen las cosas que no tienen mucho sentido", como canta Sabina. "Nosotros teníamos muchos acontecimientos en esa semana, porque teníamos una previa de Champions que jugar en Atenas, teníamos una Supercopa que jugar contra el Milan, el equipo venía lanzado, con una confianza tremenda y esta desgracia nos frenó en seco, repite hasta en tres ocasiones. Nosotros no fuimos hombres, como se suele decir, hasta ya muy pasada la temporada, porque no sabíamos qué es lo que había pasado. El vivir esa incertidumbre en un hotel, todos llorando en un salón, sabiendo que nos comunicaban que Puerta estaba en sus últimos minutos, cuando por la tarde se jugaba un partido… De repente, todo se nubló".

Palop explica las horas más difíciles de los días del fallecimiento de Puerta.

"Nos fuimos para casa, tuvimos que ir al entierro, tuvimos que estar en el velatorio. Pasamos unos tres o cuatro días muy difíciles, muy, muy, muy, muy difíciles. Y luego, prácticamente sin entrenar, recuerdo que entrenamos una previa, jugamos una final de la Supercopa de Europa contra el Milan. No se podía anular ese partido porque era una fecha que ya todo estaba cerrado. Recuerdo que nos llamó Ronaldo, el presidente del Valladolid. Nos llamó a los brasileños y les dijo que si queríamos aplazar el partido, que ellos nos apoyaban, que se aplazaba, y nosotros le dijimos que si era por nuestra parte, nos gustaría que se aplazara porque no estábamos en condiciones de jugar un partido de esas características. Se planteó a la UEFA y no, no se pudo anular aplazar y tuvimos que jugar".

Perder ante el Milan fue lo de menos. "Hicimos una primera parte muy buena, nos pusimos por delante en el marcador, en la segunda parte el físico no nos dio y el equipo acabó sucumbiendo. Fue muy dura esa semana y todo lo que pasamos con Antonio Puerta, porque tenía toda una vida por delante. Era un jugador llamado a ser el capitán del equipo en un futuro, porque es que lo tenía todo. Tenía todas las virtudes, en personalidad, en lo que la afición busca de un jugador canterano, en lo que transmitía. Era el jugador señalado para ser un jugador capitán y un jugador que marcara una historia. Pero, desgraciadamente, vienen estas cosas y se nos fue".

Como también se fue dos años después un Dani Jarque al que se midieron en aquella final de Glasgow ante el Espanyol. "Nos pilló en Palermo en una pretemporada y también fue un shock. Terminamos de jugar contra el Palermo y viene esta noticia. Nos la dicen en el mismo campo, porque estaba Sergio Sánchez, que era compañero nuestro. Acababa de fichar para el Sevilla y se lo comunican en el campo, porque era íntimo amigo de él. Para que no viera el móvil, fue el doctor allí. Recuerdo que estábamos todos, nos acercamos, él empezó a gritar, se volvió un poco loco. Entre todos lo arropamos con la experiencia que tuvimos nosotros pasada, intentamos todos llevarlo a un buen cauce y bueno, dentro de esa tristeza evidentemente, pues intentamos calmarlo. Los médicos y los psicólogos, la gente más experta que tenemos en el equipo, fue la encargada de ayudarle a llevar un poquito mejor la situación. Fue shock nuevamente para toda la plantilla, porque fue revivir un poco el momento que nosotros vivimos con Antonio Puerta".

Un palo que le dejó otra enseñanza a Andrés. "Que la vida hay que disfrutarla, que hay que vivirla al momento. No podemos hacer planes a largo plazo, porque no sabes nunca lo que te puede pasar. Porque este chico tenía toda una vida por delante, iba a nacer su hijo unos meses después, era feliz, y de repente vino una cosa así, sin saber por qué. Eso es lo que me replanteé. Nosotros somos unos privilegiados, somos jugadores de fútbol, hay mucha gente alrededor que te idolatra, que te admira y que quiere estar contigo. Yo siempre he sido muy cercano a todo el mundo, siempre, desde que jugaba en el Valencia. A todo el mundo siempre le he hecho caso, pero esa situación te hace más humano aún. No piensas tanto en la burbuja que es el mundo fútbol, sino en la vida real, que son estas cosas, estos golpes duros que te da la vida. El estar cercano, el ser una persona normal y el vivir el momento a la máxima intensidad".

Palop recoge la Copa del Rey con la camiseta de Puerta.
Palop recoge la Copa del Rey con la camiseta de Puerta.

Una humanidad que mostró en 2010, cuando se puso la camiseta con el 16 de Antonio Puerta para recoger el trofeo de campeones de la Copa del Rey. "Dije: 'Si la ganamos, voy a ir con la camiseta Antonio Puerta'. Antonio no está aquí, pero que esté su espíritu y que se vea reflejado que ese momento era el suyo. Yo fui el encargado de levantar esta copa, con mucha alegría, fue una experiencia nueva para mí, pero pensé en él porque se lo merecía y porque era el indicado. Era la persona que tenía que estar ahí en ese momento recogiendo ese trofeo, el que tenía que estar ahí levantando esa copa. Era él", recalca sin ninguna duda Andrés.

Su experiencia en Alemania

La parte emocional del portero valenciano fue la misma que eligió la Bundesliga como su destino tras su etapa gloriosa en el Sevilla, donde jugó ocho temporadas. "No quería jugar en España, porque no quería volver al Ramón Sánchez Pizjuán a enfrentarme contra el Sevilla. Aprendí de la situación del Valencia, de que enfrentarte a un equipo al que tú has pertenecido o has tenido sentimientos muy grandes es difícil. Aunque yo en su momento tenía una gran competencia, era joven, tenía mucha vitalidad y demostraba mucha alegría por ganar y por sentirme competitivo y por reivindicar que era un buen portero, pero no quería tener esa sensación en el Sánchez Pizjuán ya más", confiesa.

Sobre su temporada en el Bayer Leverkusen, donde acabó colgando las botas, Andrés asegura que "fue un regalo. Firmaron a Leno, que era muy joven y necesitaban un portero veterano por detrás. Estaban clasificados para la Champions, buscaban experiencia por si le pasaba algo al portero y me lo dejaron claro: 'Mira, Andrés, jugar es difícil que juegues, porque queremos que este portero sea el portero titular. Va a jugarlo todo, pero necesitamos que estés por detrás, que le ayudes, que vea en ti un portero veterano que le pueda amenazar en cualquier momento y que no se relaje. Y si le pasa algo, vas a jugar. Pero, en principio, es esta situación. Si tú lo aceptas, nosotros encantados'. Fue una experiencia extraordinaria. Mantengo muy buena relación con el club, con la gente de allí. Dejé buen recuerdo".

Buen recuerdo y un dossier de 300 páginas que elaboró durante cuatro meses sobre la cantera del conjunto germano en la que jugaban sus dos hijos. "Yo fui el que comuniqué que me quería marchar, porque ya a partir de marzo no me encontraba cómodo en portería, ya no llegaba a lo que yo quería llegar. Hablé con el director deportivo, le propuse una oportunidad: 'Jonas, quiero comunicarte que ya a final de temporada no voy a seguir, pero me gustaría presentarte un proyecto de cantera'. Porque mis hijos jugaban en la cantera y yo iba todas las tardes a ver a mis hijos, cómo jugaban, cómo entrenaban, y veía muchas cosas que se podían mejorar, porque era todo muy físico, era todo muy analítico, pero no había mucho trabajo integrado. Quedó encantado con mi trabajo". Pero sus conocimientos básicos de alemán le privaron de tener una oportunidad como entrenador, su sueño tras la retirada y por lo que se marcha a Alemania, para conocer otra liga y otras maneras de trabajar.

"Handicaps" hasta el final, Andrés. "Para que veas que nada ha sido fácil. Nada fácil, nada fácil, nada fácil", repite. Tampoco sus primeras experiencias como entrenador en el Alcoyano y el Ibiza. "Si hay alguna oportunidad o alguna estructura buena para poder entrenar, yo estoy actualizado, el fútbol lo sigo en el día a día, uno no se desvincula de lo que es ser entrenador, sino que sigue buscando mejoras. Es algo que yo tengo ahí dentro, como un trabajo inacabado. Salir del Ibiza como salí, de estar ocho partidos sin perder y por dos empates no seguir, que te echen por dos empates, siempre duele. Pero bueno, es la situación que se dio".

Los banquillos

Situaciones es la palabra más repetida en esta charla con Andrés. Son las que le han hecho crecer desde su infancia. Son las que su padre le enseñó a tener respeto desde niño. "Tenle respeto a todas las situaciones. No le pierdas el respeto a nada: cuando te veas fuerte, no pierdas el respeto a las situaciones que te vas a ir encontrando porque te sientes fuerte, ni cuando eres débil bajar la cabeza. Siempre con el arma puesta y trabajando al máximo nivel. Mi padre siempre tenía esos consejos. Me ha transmitido mucha humildad siempre, muchísima humildad. En el trabajo, en la honestidad, en ser una persona de no llamar la atención, ser discreto, que se valorara más por mi trabajo que por otras cosas, que él siempre me decía que el trabajo es lo que te va a poner en tu sitio. Trabajar, trabajar, trabajar. Que lo tenga siempre en la mente".

Ahora es él quien aconseja a otros porteros a los que supervisa en la agencia de Arturo Canales, para lo que cuenta que ve entre diez y doce partidos a la semana, además de seguir a unos cien porteros de las cinco grandes ligas. Y a sus hijos. Su hijo Alejandro es el tercer portero del San Sebastián de los Reyes de Primera RFEF. "Muchos chicos se desilusionan porque no juegan, porque no tienen minutos". Pero Andrés sabe bien lo que es esperar el momento. "En la vida, como en los estudios, uno que se prepara una carrera, se forma y se forma de la mejor manera posible para cuando tenga que tener respuesta en su trabajo ser el mejor. Pues bueno, Alejando está formándose. Está entrenando todos los días a un nivel muy bueno. Me consta que están muy contentos con él. Él está feliz. La situación, evidentemente, de vivir solo a veces le ha superado, porque a veces hemos ido a verle y hemos tenido que hacer mucho trabajo su madre y yo limpiándole (se ríe), pero son los peajes que tienes que pagar para que poco a poco él vaya entendiendo que tiene que llevar un orden y una disciplina".

Y quien valora a su mujer, a la familia de ésta y a su "colla", a su grupo de amigos del barrio y el colegio desde los 8 años. "Siempre han estado en un segundo plano, aunque siempre han estado apoyando. Yo conocí a mi mujer con 17 años. Era mi novia y a día de hoy es mi mujer, después de 30 años juntos. Lo que ha pasado mi mujer, situaciones buenas, situaciones malas, porque yo era una persona que cuando no jugaba mi carácter era un poco cambiante. Cuando ya era importante, teníamos una comida y ya no iba la comida porque perdía… Todo eso, aguantarlo ella y estar siempre a tu lado y siempre apoyándote, eso también es tener éxito en la vida, y tener una vida equilibrada que necesita todo jugador para poder expresarse en el campo. Y eso lo ha hecho mi entorno, que es pequeño, no es muy amplio, son muy pocos amigos y la familia somos la que somos, pero ese entorno ha sido muy bueno y me ha permitido disfrutarlo con todo ellos y ellos también ayudarme a darme ese empujón".

Porque Andrés hace balance de su carrera y no duda en su afirmación. "Mi carrera ha sido dura en todos los aspectos. Cuando te preguntan: 'Andrés, ¿qué podrías aportar a un portero?'. Pues yo creo que muchas cosas. Desde el sentimiento de un portero de sentirse suplente y no contar nada. De cuando te encuentras lesionado, de cuando eres importante, de cuando has jugado en categorías más bajas, porque he jugado desde Primera Regional hasta Primera División, pasando por todas las divisiones, no he faltado a ninguna división. He tenido experiencias de todas las maneras".

Una Eurocopa como «psicólogo»

Hasta la de ganar una Eurocopa con España en 2008 sin haber jugado ni un solo minuto con la Selección. "Eso muy extraño, muy extraño. (Se ríe). La medalla está ahí en la vitrina y ahí veo la Euro que ganamos de 2008, pero puedo considerarme que fui un psicólogo o algo, porque estaba por allí dando consejos a todo el mundo, intentando ayudar desde la zona esa, y me quedé con la espinita esta de no haber debutado".

Palop, junto a Reina y Casillas en la Selección.
Palop, junto a Reina y Casillas en la Selección.

No ya en la Eurocopa, sino con La Roja. "Hubo un momento muy importante, para que veas lo difícil que es todo. Ganamos esa Eurocopa y el siguiente partido que juega la Selección inmediatamente ya en pretemporada, que en septiembre se jugó un partido amistoso, jugaba frente a Inglaterra en el Sánchez Pizjuán y Del Bosque es el entrenador, el nuevo seleccionador. Se lleva a Casillas y a Reina y a todos los jugadores que habían sido los ganadores de la Eurocopa, y no me lleva a mí. (Silencio). Mamma mía.Me sentó muy mal… Porque digo, en el Sánchez Pizjuán, partido amistoso, vamos todos, reencontrarnos allí los campeones otra vez, jugar allí cinco minutos, debutas, y ya después si quiere que no me lleve más. Después él dijo en una entrevista, que le preguntaron: 'Quizá no tuve el tacto que tenía que haber tenido con Andrés, pero había que tomar decisiones y se tomó ésa".

"No tienes ningún rencor, pero sí que es verdad que es un poco extraño el tener esa sensación de haber sido campeón de Europa cuando tus compañeros, haber estado allí en esa Eurocopa, y no haber debutado. Fui a un partido amistoso en Grecia, no jugué. Fui a dos partidos más amistosos antes del Mundial, tampoco. Y luego el único partido que jugó Reina, que fue contra Grecia, jugó él todo el partido también y no debuté. Ahora también hubo una reunión aquí en Valencia, de todos los internacionales, que Giner es el encargado de darle a cada uno su camiseta como el número de partidos o el número que debuta él. Yo me veo a todos y lo veo por internet y no me veo allí y digo: "Joder, que yo soy campeón de Europa y no estoy ni ahí tampoco". Se ríe. "El debutar es todo. Pues mira, yo me quedé a las puertas. Es la espinita que tengo en mi carrera".

A pesar de las puerta que se han abierto y se han cerrado a lo largo de sus años de carrera deportiva bajo palos, Andrés lo tiene claro: "Si me dieran la oportunidad de volver atrás y decir: "Andrés, te damos la oportunidad de volver atrás en el tiempo y, ¿qué harías, elegirías tu camino? Volvería a elegirlo. Lo volvería a elegir. Porque es que me ha dado mucho el fútbol, más de lo que pensaba. Muchísimo, muchísimo. Muchísimos amigos, muchísimos compañeros, muchísimas experiencias. Es que son 12 títulos, Cristina", recalca Andrés, convencido de que su vida en el campo, el agrícola, le ha ayudado en su carrera. "Me ayudó muchísimo para las etapas de después, para sacrificarme, para trabajar, para no quejarme, para ser competitivo. Esto es un regalo, esto es la vida, por esto no podemos quejarnos, no tenemos derecho. Esto es lo que hemos buscado siempre, desde que éramos pequeños. A base de este tipo de experiencias yo me he ido forjando, me he ido haciendo muy fuerte, para mí el trabajo en el terreno de juego, entrenando, nunca ha sido una excusa. Y yo creo que me viene de ahí, de ese trabajo previo, de cuando yo tenía una edad temprana".

En la que su padre tuvo un papel protagonista y del que guarda una imagen en la retina y en el corazón, del homenaje que le hace el Sevilla cuando deja el club, que le hace sentir "totalmente tranquilo". "Cuando yo doy mi discurso a toda la gente y voy dando la mano a todo el mundo, a mi padre le doy un abrazo. Y mi padre me abraza y le veo la cara de satisfacción de decir sin palabras, porque una cara lo dice todo: "Te ha costado, pero lo que has querido o lo que has querido en tu vida lo has conseguido, y estoy orgulloso de ti". Eso lo he visto expresado en su cara".