En plena crisis Negreira, exárbitros presumen de que sus hijos sigan su estela... "pero vemos los partidos juntos y es una batalla campal"
Medina Cantalejo, presidente del Comité Nacional, Urizar Azpitarte y García de Loza hablan con Relevo de sus distintas sagas.

Corren malos tiempos para el colectivo arbitral. Para los excolegiados, sobre todo para la generación más cercana a Enríquez Negreira, y para los del presente que, quieran o no, se ven salpicados por la estela dejada por su compañero de camiseta. Partiendo de la base de que el daño ya está hecho, todos son conscientes de que la situación solo puede ir a peor según avancen las investigaciones judiciales. Los coetáneos a Enríquez Negreira, año arriba, año abajo, intentan mantener un silencio respetuoso, pero son los que se sienten más defraudados ante la situación creada. Fueron los que más horas pasaron con el encausado: concentraciones, viajes, comidas, cenas... Muchas, demasiadas, intimidades entre todos.
Curiosamente, bastantes de estos ex comparten un nexo de unión: tener hijos árbitros en activo. Una razón más para no entrar demasiado en la materia judicializada. No debe ser casualidad que aquellos viejos rockeros del arbitraje de los 80 y de los 90, a los que la profesionalización actual, por desgracia para ellos, no les llegó a tiempo, vean ahora crecer en sus respectivos domicilios a chavales que han apostado por su misma vocación varias décadas después.
Aunque un poco posterior en el tiempo a la generación de Enríquez Negreira, el caso más llamativo y particular es, precisamente, el del presidente del Comité Técnico de Árbitros, Luis Medina Cantalejo. Su logística es única internacionalmente. Su abuelo, Luis, fue árbitro; su padre, Luis, también y su hijo, Luis, ha dejado de jugar al fútbol para seguir los pasos de toda la familia. Nada mejor que una celebración como la del Día del Padre para que los papás de las criaturas se olviden durante unos minutos de su complicada problemática y nos destapen sus diferentes historias familiares, siempre con el silbato como testigo de cargo.
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Como jefe actual de la organización arbitral, es a Luis Medina Cantalejo a quien le resulta más complicado abstraerse del presente, pero el repaso a los ancestros familiares le sirve de válvula de escape. "El caso de mi familia es único en el mundo. Mi padre y mi abuelo, árbitros de Primera división, y yo que lo fui durante 15 temporadas, 11 de ellas en Primera, ocho como internacional. Ahora, mi hijo, que jugaba en el juvenil del Sevilla, ha colgado las botas para también ser árbitro. Mi abuelo fue Luis Medina Toledo. No lo conocí, pero por lo que me contó mi padre y las estadísticas que se guardan fue árbitro durante 11 años (1929-40) y se pasó la vida entre Primera y Segunda. Mi padre era Luis Medina Díaz y ejerció durante 16 años (1960-76) y también pasó su carrera subida en una montaña rusa entre Primera y Segunda. Pitó más de 150 partidos y fue el culpable de que me dedicara también a esto".
"Me metí a árbitro porque mi padre era muy pesado. Me decía que era una experiencia muy bonita y yo realmente lo que pensaba es que estaban locos"
Presidente del CTACon su verbo fácil y fluido el tercer de los luises viaja por el túnel del tiempo. "Nací en el 64 y recuerdo cuando mi padre se retiró. Tendría 10 o 12 años. Yo, realmente, comencé a arbitrar para que me dejara tranquilo. Desde que me vio con edad de coger el silbato no paró de insistirme para que por lo menos probara. Me decía que era una experiencia muy bonita y yo, lo que pensaba realmente, es que estaban todos locos. Yo jugaba al fútbol y sabía de qué iba eso. Pensaba que alguien me iba a decir algo y yo iba a saltar a la grada... De verdad, era muy pesado y para que se callara un día le dije que me hacía árbitro. Expliqué a mi entrenador la situación, le dije que volvería en dos o tres semanas, pero no volví nunca y llevo 40 años en el arbitraje. Los de campo más los de dirigente. Me gustó tanto que ha sido y es mi vida".
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El presente llama a su puerta en la figura de su hijo. "Su caso es muy parecido al mío. Jugaba al fútbol desde siempre, desde que tenía tres años. El año pasado estaba ya en el juvenil del Sevilla. Era y es un buen estudiante, pero se quejaba de que con tanto entrenamiento no tenía tiempo para estudiar y que lo iba a dejar. Le pregunté qué iba a hacer entonces y me dijo que ir al gimnasio. Sí, le dije, primero te apuntas al gimnasio, después te pintas los pelos y después llegan los tatuajes... Cuando le dije que tenía que hacer algún deporte, fue cuando me soltó que se iba a meter a árbitro. Me quedé planchado. Como me vio tan sorprendido me preguntó que si no quería y le respondí que me estaba dando una alegría, pero que me extrañaba mucho. Nunca me había insinuado nada al respecto".
El cuarto Luis de la familia, con 17 años recién cumplidos, comenzó en septiembre y su padre asegura que está loco por la música de silbato. "Lo que se debe saber es que la idea salió de él. Yo nunca le vendí nada. No hubiera sido justo venderle a alguien tan joven algo tan ingrato. Creo que él se fue haciendo una idea del arbitraje, le fue entrando el gusanillo, cuando le llevaba a los partidos y hablábamos de mis experiencias. Sí es verdad que, a la vuelta, yo siempre le preguntaba por los árbitros y él me respondía con cierto razonamiento. Lo que sí le dije es que no se le ocurriera nunca decirle a un árbitro que era hijo de Luis Medina. Y creo que lo cumplió".

Luis reconoce que ahora tiene una obligación más los fines de semana: seguir, sin aparecer, la carrera arbitral de su hijo. "Tiene una ventaja que también tuve yo en su momento, como exfutbolista que es, entiende el juego y las situaciones que se dan en cada partido. Conoce las reacciones de los jugadores. Está en la Primera categoría que existe en el fútbol. Arbitra fútbol 7 y sale como auxiliar en Senior, en Regional. Ha comenzado a hacerse el callo, a darse cuenta que no te pones blanco cuando viene el toro. Estamos hablando del fútbol base, de la falta de seguridad, de los padres, las madres... Reconozco que estoy feliz, solo quiero que no piense que tiene la obligación de ser como su bisabuelo, su abuelo o su padre, que tiene la obligación de llegar a Primera porque eso es muy, muy difícil. Quiero que sea feliz, que haga deporte y lo que tengo claro es que los chavales que se meten a árbitro maduran mucho antes".
Urizar, dos gemelos por falta de uno
Y si al jefe se le cae la baba con la incipiente carrera de su hijo, a Urizar Azpitarte, otro tótem del arbitraje de los 70 y de los 80, 16 años de trayectoria, 14 de ellos en Primera y también con rango de internacional, se deshace en detalles para presentar en sociedad a sus dos hijos gemelos árbitros ya formaditos y que apuntan alto, según el propio padre y los que les han visto arbitrar.
"Es curioso, ahora con ellos dos en casa el arbitraje vuelve a ser mi comida diaria, si es que alguna vez dejó de no serlo. Son las lentejas de cada día. Se llaman Aitor e Ilbon Asier, tienen 25 años y son gemelos. Los dos comenzaron jugando al fútbol y con 16 años les dio por el arbitraje. Estábamos viendo la televisión me dijeron: 'Vamos a hacer lo que tú hacías. Apúntanos a los cursillos de árbitro'. No dejaron de jugar. Lo podían compaginar. No soy muy de decirles mucho las cosas, ni de cómo lo tienen que hacer. Solo les hago hincapié en dos conceptos: la honradez y la personalidad. Dentro del terreno de juego tienen que marcar su línea entre los dos equipos. Los dos podían salir juntos, uno como árbitro y el otro como asistente, pero no quieren. Dicen que saldrían discutiendo. Lo que más les gusta es entrenarse. Lo hacen todos los días. En eso también se parecen a mí. Yo me entrenaba con los jugadores del Athletic de mi época y he corrido ocho maratones completos, uno cuando estaba todavía en activo, pero entonces no nos lo recomendaban porque un árbitro lo que tenía que trabajar era la velocidad".
"En casa vemos los partidos los tres juntos y es una batalla campal. Les hago analizar todas las jugadas polémicas y la disparidad de criterios entre ellos y yo es total"
Exárbitro internacionalA la hora de individualizar, Ilbon padre ejercita la memoria. "Aitor era portero. Con ocho años estaba en la Escuela de porteros del Athletic. Luego jugó en el Guernika y en el Urdaibai, que es nuestro club. Ahora es asistente, pero primero fue árbitro hasta juveniles. Se cambió un día de la noche a la mañana. Después de un partido, le pregunté por qué no había echado a un chaval que se lo merecía y me contestó que si yo pensaba que por tomar ese tipo de decisiones un mal día le iban a pegar... Le recomendé que lo dejara porque para pitar hay que arriesgar. Ahora sale de linier con Rezola Etxeberría, árbitro guipuzcoano de Segunda RFEF. Es serio, meticuloso, concienzudo. Está encantado como asistente y dice que ya no echa de menos ser árbitro. Me hizo caso. Se dio cuenta de que por su carácter no era lo suyo. Está en el último curso de la carrera de Administración y Dirección de empresas, pero ya ha montado dos empresas on-line".

"Ilbon era defensa, más bien carrilero. O jugaba de '2' o de '7', pero se machacaba la banda. También jugó en el Guernika y en el Urdaibai. Jugaron con Villalibre, el delantero del Athletic, ahora cedido al Alavés. Ahora pita en Segunda RFEF. Este domingo tiene el Zaragoza B-Terrasa. Tiene raza de árbitro. No se corta nada. Es valiente, dicen que más que yo. Y tiene personalidad. Lo que a mí me gusta. Se parece a como yo era sobre el campo... y fuera, quizás, también. Por edad va bien encaminado. Me dicen que tiene futuro. Acabó Económicas y trabaja como adjunto a la gerencia en una empresa importante y parece que tiene futuro. Como su hermano, son gente de buscarse la vida y el arbitraje es como el complemento para los fines de semana. Vocación, desde luego, tienen".

El patriarca reconoce que está muy pendiente de la carrera de sus dos chavales. "Intentamos ver muchos partidos juntos. De Liga, de Champions... Aquello es una batalla campal. Tenemos conceptos muy diferentes sobre el arbitraje. Nada tiene que ver mi época con ésta. Que si las manos, que si la voluntariedad... Les hago que analicen todas las jugadas dudosas, las apuntan y luego con el vídeo las repasamos juntos. Ellos se ponen más de acuerdo entre sí que conmigo. Los tiempos han cambiado mucho. Yo cuando estaba en Regional tuve que pasar cuatro veces por el ambulatorio. En cuanto te descuidabas te daban un trastazo. De hecho, se decía que uno no era árbitro hasta que no le tocaban la cara. Los míos por el momento no han tenido grandes altercados. Alguna bronca, claro. Están empezando..."
García de Loza 'mima' a Raulito
Raúl García de Loza fue otro de los árbitros referentes de aquella época (1975-94). A caballo entre tres décadas, pitó cinco años en Segunda y 14 en Primera. Fue internacional y su dilatada carrera se fue hasta los 280 partidos. Ahora, Raúl García Veiras, 21 años, su único hijo, también se dedica al arbitraje y va en serio. Ya está en Preferente y por sus años sus pasos son firmes y seguros. En la actualidad, los límites de edad son muy estrictos. Su objetivo inmediato es ascender a la Tercera división porque solo así podrá optar después a llegar a la Segunda y a la Primera RFEF.
"No quiero que enfoque su futuro solo por el arbitraje. La prioridad es que se asegure un empleo"
Exárbitro internacionalAl padre no le gusta hablar nada de su hijo. "Lo que tenga que hacer en el arbitraje lo tiene que hacer él solito. Me gusta, claro que me gusta que haya decidido hacer lo que yo hacía, pero lo que verdaderamente me preocupa es su otra carrera. Lo más importante es que se asegure un empleo. Este año acaba Derecho, el año próximo tiene que hacer las prácticas y queremos en casa que sea abogado, como su madre y como su tía. Que haga sus oposiciones a la Adjudicatura, a Notarias... Que siga arbitrando, pero lo más importante es lo otro. No me gustaría que el primer enfoque fuera el arbitraje, ni que se le pase el arroz..."
Anda Raúl visiblemente afectado por todo lo que está viviendo el gremio arbitral. Conocía perfectamente a Enríquez Negreira, pero no quiere ni pensar en el asunto. "Que sea lo que tenga que ser...", susurra mientras me pide que no insista por ese lado, que no quiere decir todo lo que lleva dentro. Aunque tampoco se siente cómodo hablando del chaval, casi lo prefiere. "Es que ya sabe lo que pasa, es como los niños con los padres en los partidos. Yo sé que a Raúl le gusta mucho el arbitraje. De pequeño, le había comentado alguna vez, pero no me decía nada, ni quería saber nada, porque lo que le gustaba de verdad era jugar al fútbol. Lleva toda la vida jugando al fútbol. Estuvo en el juvenil del Compostela. Era delantero".
Ahora Raulito le dice a Raúl que le deje caminar solo. Tiene carácter y lo dice muy en serio, tanto como para que el padre así se lo tome. "Él, claro, no me vio pitar nunca. Yo le tuve muy tarde, tenía ya 55 años y estaba más que retirado. Si él ahora ha decidido ser árbitro que lo sea. En casa nadie le va a atosigar, ni decirle nada. Pero él sabe que lo importante es lo otro, el trabajo, encaminarse la vida".
No son los únicos casos de ex-árbitros con hijos que les siguen los pasos, pero por las trayectorias de los tres colegiados en cuestión, sirven como ejemplos bien significativos.