OPINIÓN

¿Una simple noche de arrebato atlética o el principio de una catarsis existencial?

Simeone, con los brazos abiertos, celebrando la victoria sobre el Inter en la Champions League./AFP
Simeone, con los brazos abiertos, celebrando la victoria sobre el Inter en la Champions League. AFP

Los corazones rojiblancos continúan palpitando acelerados. La noche del miércoles su equipo dejó escrita otra página épica de su historia. Como la del Cagliari, la del Celtic, o la de la final de la Intercontinental. Miles y miles de los presentes en el Metropolitano ni habían nacido cuando se gestaron esas noches de gloria en el Vicente Calderon, pero saben, claro que saben de ellas. Con todo lujo de detalles. Ahora, mientras se quitan las legañas o la resaca y ordenan sus ideas cotidianas, el 'atleticismo', como si fuera el catecismo, se hace todo tipo de preguntas y respuestas sobre la que es su doctrina de culto: el Atleti del bien y del mal. El Atleti de lo mejor y de lo peor. El Atleti de las emociones encontradas, del júbilo y el llanto.

¿Lo del miércoles habrá sido una simple noche puntual de arrebato y éxtasis o este equipo, que sigue siendo de Simeone más que de ningún otro ser humano, ha podido comenzar una catarsis existencial que le permitirá seguir luchando por los objetivos que tiene por delante en esta temporada, antes de que en la próxima se pueda dar una reflexiva mutación a la plantilla? Es la interrogante de la tortura, del martirio. Ni el futuro premio Nobel en futurología sería capaz de meterse en el berenjenal de explicar por qué el Atlético es capaz de ser el único equipo que ha ganado al Real Madrid en lo que va de temporada y además dos veces (Liga y Copa) y, sin embargo, ha perdido siete partidos fuera del calor de sus aficionados. Son el mismo entrenador con sus ideas a cuestas y los mismos jugadores con sus traumas emocionales encima.

Aunque ya no puedan ser campeones de Liga ni de Copa, a los rojiblancos les quedan todavía batallas importantes que afrontar. La de la Champions se presenta, ahora, como la prioritaria. Serían cinco partidos con el del Inter como ejemplo. Mucha tela. La pancarta que se dejó ver el miércoles en el Metropolitano con un mensaje claro: "Este año, sí", se quedó en las gradas preparada ya para el partido de cuartos. Soñar siguen siendo gratis y no tiene ni IVA, pero en las casas de apuestas solo los arriesgados apostarán por los 'colchoneros', por mucho que hayan eliminado a un notable Inter.

La tan deseada 'orejona' con los rivales que se asoman en el horizonte es un tiro al aire, como para el resto de los equipos clasificados. En un baño de sensatez, el Atleti lo que no puede es olvidarse de que es en esa Liga de las dos caretas, que se intercambia dependiendo de los escenarios y del estado de ánimo de sus futbolistas, donde se encuentra su ser o no ser y donde se juega el futuro de la siguiente temporada. Diez finales para recuperar los seis puntos que le saca el Girona y los cinco que le adelanta el Barcelona, poder ser segundo y clasificarse para la Supercopa. Un apetecible y necesario ingreso económico. O, en su defecto, diez finales para intentar ser, como mínimo, cuarto, y clasificarse para la nueva Champions. Objetivo prioritario para que el proyecto continúe siendo sostenible, aunque no sea rentable por las deudas acumuladas.

Cinco partidos en casa (Barcelona, Girona, Athletic, Celta y Osasuna) y cinco fuera (Villarreal, Alavés, Mallorca, Getafe y Real Sociedad). La gran suerte de los de Simeone es que el lejano desafío del segundo puesto se lo juega ante rivales directos y en el Metropolitano. Es evidente, que a la afición atlética no le cuesta nada ponerse pilas nuevas en cada situación trascendente y que el equipo, en esas ocasiones, suele estar a la altura, pero el gran hándicap radica en saber si a esta plantilla que parecía tan completita a principio de curso, y que ya ha ha demostrado no serlo tanto, le da para empalmar tal cantidad de tralla una tras otra.

Ahora se trata de subirse a la ola del miércoles y surfear sobre el estado de ánimo eufórico en el que se encuentra el entorno. La actuación de Memphis es una gran noticia... si tiene un mínimo de continuidad y no aparece en los partes médicos en los próximos días. La inspiración de Oblak en los penaltis debería servir para que volviera a ser el portero 'ganapuntos' de siempre, aunque pocas veces haya dejado de serlo. Algo medio parecido se podría decir sobre un Savic que recordó al de un pasado cercano. O sobre un Koke que, de manera sorprendente, aparece en los grandes partidos, para difuminarse en los menos rutilantes. Pero, nunca me olvidaré de él, para que la pretendida catarsis se pueda hacer realidad el Atlético necesita el mejor Griezmann. Sin Don Antoine al frente todo será más complicado. Y de Simeone, hoy, mejor no hablamos. Vive, y con razón, su momento de gloria y ya habló él por todos en la conferencia de prensa más emocional de su vida.