Los españoles del Chelsea: el juicio de De Lucas, el helicóptero de Torres, la depresión de Morata...
De Ferrer en 1998 a Cucurella en 2022, un total de 15 futbolistas nacionales han jugado en Stamford Bridge. Azpilicueta ha llegado hasta la capitanía.

Los jugadores españoles que han jugado en el Chelsea, rival del Real Madrid en los cuartos de final de la Champions (victoria blanca en el Bernabéu en el partido de ida, 2-0) tienen historias para contar de sus experiencias en Stamford Bridge como para escribir un libro. Y se vendería. Desde los barracones donde se cambiaban los jugadores para los entrenamientos en la época de Ferrer a las trifulcas de Diego Costa con Conte y su posterior puesta en rebeldía, pasando por el pomposo juicio que tuvo que vivir Quique de Lucas por despido improcedente o el helicóptero que Roman Abramovich puso a disposición de Fernando Torres para fichar por su club...
Después del Liverpool (22) y del Manchester City (20), el Chelsea es el tercer club inglés en el que más futbolistas españoles han jugado. Un total de 15 en 24 años. El pionero, en 1998, fue Chapi Ferrer, que aterrizó en el glamuroso barrio de Londres procedente del Barcelona y el último, Cucurella, por quien a principio de la temporada en curso el Chelsea pagó 68 millones de euros al Brighton. Se convertía en el segundo mayor traspaso pagado por el club 'blue' por un futbolistas español. Los 80 millones que ingresó el Athletic por Kepa en 2018 continúan liderando el ránking de inversiones.
El romance entre este club del suroeste de la capital inglesa y el fútbol español nació con el fichaje del lateral derecho internacional del Barcelona Albert Chapi Ferrer en 1998. Van Gaal anunció que no iba a contar con él a pesar de tener en vigor un contrato vitalicio y el jugador pensó que lo mejor era cambiar de aires. Aceptó la llamada de Vialli, entonces jugador-entrenador del Chelsea, y se marchó para Londres. El Chelsea abonó al club azulgrana cuatro millones de euros. Uno de sus primeros partidos fue en Mónaco, la final de la Supercopa de Europa, donde el Chelsea se impuso con un solitario gol del uruguayo Poyet.

Mucha carrera y poco balón
Las palabras de Ferrer reflejan que sus principios no fueron fáciles. "Me costó en general adaptarme a los entrenamientos y al ritmo de los partidos. Mucha carrera y poco balón. Mis músculos sufrían. Lo notaba. En las series de mil metros siempre iba de los últimos. Incluso creo que de tanto hacer fondo perdí velocidad". A pesar de todo, el primer año fue elegido mejor jugador revelación y formó parte del once ideal del campeonato. La segunda temporada fue peor que la primera. Una lesión le mandó a la grada. No olvida Chapi que el jugador del Leicester que le aplastó el tobillo le amenazó que volvería ir a por él.
La llegada de Ranieri no le benefició y las lesiones terminaron de hacer el resto. En sus cinco años en Stamford Bridge jugó 113 partidos, 76 de la Premier. Pocos números para la estela que dejó en el club blue que mantiene su camiseta en el Museo. Aquel Chelsea de Ferrer no tenía nada que ver con el monstruo en el que se convirtió la entidad con la llegada de Abramovich. A pesar de ello, en sus cinco años allí jugó con un bosque de futbolistas notables: Zola, su gran ídolo; Weah, Desailly, Deschamps, Brian Laudrup, Terry, Lampard, Hasselbaink, Poyet... y ganó tres títulos.
"Mi Chelsea era todavía un club familiar, nada que ver con el actual. Con menos repercusión. Pasé de la presión del Barça, con prensa todos los días, a hablar cuatro o cinco veces en todo el tiempo que estuve. No teníamos la Ciudad Deportiva que tienen ahora. Nos entrenábamos en unos campos alquilados cerca del aeropuerto de Heathrow. ¡Qué ruido con el despegue y aterrizaje de aviones! A las 11:00 en punto todos los días despegaba el Concorde, era una forma como otra cualquiera de saber la hora. Los vestuarios eran barracones donde nos duchábamos y cambiábamos por grupos porque no cabíamos todos juntos... ", cuenta. Poco o nada queda de todo aquello en este Chelsea actual.
También tiene su viñeta particular el segundo jugador español que aterrizó en Stamford Bridge, Quique de Lucas. Tenía 24 años. Su fichaje ya estuvo envuelto en cierta polémica porque primero el Espanyol quiso formalizar una cláusula unilateral que le permitía ampliar su contrato con la negativa del futbolista y después parecía haberse comprometido con el Alavés. El resultado final fue que recaló en Londres con la carta de libertad y firmó un contrato de cuatro años. Fue Ranieri, que le conocía de sus tiempos en el Valencia, quien le hizo llamar. En su única temporada (2002-03) vestido de 'blue' jugó 31 partidos y marcó un gol. Coincidió en cuatro encuentros con Ferrer.

Al término de la temporada, con la llegada de Abramovich, el club inglés decidió romper el contrato y el futbolista presentó una demanda por 'despido improcedente'. Dos años después fue el juicio, que se celebró en el Tribunal de la Reina, como recuerda la letrada Eva Parera, hija del que durante muchos años fuera mucho más que el secretario general del Barça en la época de José Luis Núñez. Aunque han pasado casi 18 años, Eva recupera algunas vivencias de aquel momento: "Era todo muy pomposo, todos los abogados y los jueces con las pelucas, los trajes... Todo muy tradicional. Yo declaré como testigo en el juicio y recuerdo que a los abogados de Quique les presionaron mucho para que retiraran la denuncia. Nos decían que no podíamos ganar, que el Chelsea y Abramovich tenían una gran fuerza social y que sería imposible. Tras la jornada matinal, nos llamaron y nos dijeron que se harían cargo de la reclamación del futbolista y que no se seguía con el juicio. Nos pagaron todo lo que se pedía". La cantidad exacta no se hizo pública en su momento, pero se habló de cuatro millones de pesetas al cambio.
La patada de Del Horno a Messi
También una temporada (2005-06) estuvo el tercer protagonista, Del Horno. El Chelsea pagó al Athletic 12 millones de euros. En su debe, una alevosa patada a un Messi imberbe de 18 años en un partido de la Champions en Stamford Bridge. Fue expulsado. Tras el encuentro, Mourinho, preguntado por un periodista catalán, intentó defender a su jugador: "Leo ha hecho teatro. Cataluña es un país de cultura y sabéis lo que es teatro del bueno. Yo he ido al teatro a Barcelona y puede decir que es del bueno". Y añadió: "Podrían sancionar a Messi con un partido por simulación, así para que el niño aprenda, aunque mejor que no aprenda porque sabe mucho".
Años después, dos compañeros suyos de aquella época, Joe Cole y Carlton Cole, en un podcast titulado 'All to play', recordaron la figura de Del Horno en ese único curso en el club: "Era como un toro loco. Podía beber más que cualquier inglés y volver a casa sobrio. Encajaba en nuestra filosofía. No quería ir a comer. Prefería ir a las casas de apuestas y luego ir a tomarse unas cuantas e irse a casa 'enyesado'. Era uno de los nuestros, un gran chico".

O en helicóptero o no llegaba
Al principio de la temporada 2011-12, aterrizaron en el club londinense Juan Mata, procedente del Valencia a cambio de 30 millones de euros, y Oriol Romeu, desde el Barcelona por cinco millones. Los dos primeros años del primero fueron excelentes, pero la llegada de Mourinho cambió su rumbo y en 2013 se marchó al Manchester United. Oriol tuvo mala suerte con las lesiones. Ambos ganaron una Champions y una Europa League.
El fichaje estrella de ese curso estaba por llegar. Fue Fernando Torres. En enero de 2011 abandonó Anfield y el Liverpool para vestirse de blue. Llegaba como campeón del mundo y en la plenitud de su carrera bajo el paraguas de un traspaso de casi 60 millones de euros. Ganó la Champions 2012 y la Europa League 2013. En enero de 2015 regresó al Atlético, después de seis meses cedidos al Milán. Jugó 172 partidos y marcó 45 goles. La trascendencia del fichaje en su momento se puede medir porque el mismísimo Roman Abramovich prestó al futbolista su avión privado para que pudiese cerrarse la operación dentro de las fechas del mercado de inverno. Era día 31 y de no haber sido por su préstamo, el Niño no hubiera llegado al preceptivo reconocimiento médico. ¿Razones? El Liverpool retrasó, sorprendentemente, el traspaso de los derechos federativos. Una estrategia para intentar convencer a sus aficionados de que no quería vender al jugador y que era Fernando quien se quería marchar por cuestiones económicas.

Y paradojas de la vida, su debut de blue fue seis días después contra el Liverpool en Stamford Bridge. Ancelotti, entonces entrenador del Chelsea, no se complicó la vida y a pesar de que apenas se había entrenado con el equipo puso como tripleta de ataque al recién fichado, junto a Anelka y Drogba. No fue la tarde de ninguno de los tres y los de Anfield se llevaron la victoria (0-1).
Quién podía pensar cuando en 2012 Azpilicueta llegó a Stamford Bridge procedente del Olympique de Marsella por tan solo diez millones de euros que el defensa navarro llegaría a convertirse en el capitán del equipo que levantaría la segunda Champions del club. Impresionante rendimiento el suyo con todos los entrenadores sin importarle la posición: lateral de ambos lados en defensa de tres y de cuatro, central derecho... Es el único futbolista que ha ganado todos los títulos que se pueden ganar en un club.
De la tranquilidad de Cesc a las peleas de Costa
En 2014, otros dos internacionales españoles, aumentaron la cuota. Cesc y Diego Costa se pusieron a las órdenes de Mourinho y triunfaron juntos. Su entendimiento dentro del campo la primera temporada supuso más de media Premier. El exbarcelonista llegó con el hándicap de haber estado ocho años en el Arsenal, pero su carisma le valió para ganarse a la afición blue. En una entrevista en la revista Panenka, comentó que lo que más le llamó la atención de su nuevo club fue el ambiente familiar del club: "Me recordó mucho el que viví en el Arsenal. El jugador se siente cómodo. La gente que trabaja allí se desvive por los jugadores y transmiten unos valores. Son estilos muy similares".
Lo de Diego Costa fue otra película. Viaje de ida y vuelta desde el Atlético. Su carácter terminó chocando con Mourinho y, sobre todo, con Conte. Sus enfrentamientos con el técnico italiano fueron de dominio y público. Ninguno de los dos ocultaban su odio. El jugador se proclamó en rebeldía en dos ocasiones en un mismo año. En enero 2017 para irse a jugar a China desde donde recibió una gran oferta económica que no fructificó. Seis meses hizo lo mismo para volver al Atlético. Tres meses sin entrenarse. Antes de conseguir que el club le terminara vendiendo al club rojiblanco, tuvo que pagar 100.000 euros en multas. Curiosamente su relación con la afición del Chelsea siempre fue exquisita, siendo todavía uno de sus ídolos como le acaban de demostrar cuando ha jugado con el 'Wolves' de Lopetegui.
La depresión de Morata
Año tras año continuó el goteo. Pedro (2015), Marcos Alonso (2016), Morata (2017) y Kepa (2018). De todos ellos solo el portero sobrevive en el club, pero tanto Pedro como Marcos Alonso cumplieron con las expectativas. Especial fue el caso del delantero centro llegado desde el Real Madrid a cambio de 65 millones de euros. Su primera temporada no fue mala, pero la segunda fue un suplicio, hasta el punto de que el jugador reconoció al abandonar el club londinense que había sufrido una situación muy parecida a la depresión... si no había sido una depresión: "Tenía un bloqueo en la cabeza y no quería hablar con nadie, ni escuchar a nadie. Solo quería quedarme en casa. Había llegado al club con muchas expectativas, con mucha presión... Veía que los compañeros no confiaban en mí. Fue muy duro...".
Menos suerte aún tuvo Saúl Ñíguez, que llegó cedido por el Atlético el último día de mercado de 2021 y apenas jugó 10 partidos de Premier, tres completos. La lista de españoles se ha cerrado, momentáneamente, el verano pasado con la llegada de Cucurella. Mal momento para aterrizar en un club plagado de problemas. Ya ha conocido cuatro entrenadores...