Jude Bellingham, el inglés menos inglés que ha conocido el Real Madrid
El centrocampista aprende castellano, se ha apoyado desde el primer día en Brahim y su personalidad confirma los informes que manejaban en Valdebebas antes de incorporarle.

Jude Bellingham (20 años) es el séptimo futbolista británico que viste la camiseta del Real Madrid. Seis de ellos han sido ingleses (Cunningham, McManaman, Beckham, Owen, Woodgate y el propio Jude), uno galés (Bale) y cinco fueron fichados por Florentino Pérez, que insiste en ellos a pesar de que a casi todos les ha costado adaptarse a la vida fuera de sus espacios de confort. Bale, que se marchó sin dar una entrevista en castellano después de nueve años, es el mejor ejemplo del carácter peculiar de los británicos que llegan a la capital española. Suelen quedar seducidos por el estilo de vida madrileño, aunque mantienen sus costumbres.
Ahí radicaba una de las incertidumbres del fichaje de Bellingham. "Pagar ese dineral con lo difíciles que son los ingleses…", era una frase que se decía de manera informal en los pasillos de Valdebebas. Los dirigentes, con el presidente a la cabeza, salían siempre al paso de estas dudas de manera rotunda: "Bellingham es el inglés menos inglés que hemos conocido", decían. No era una sentencia lanzada al aire por azar, sino una conclusión firme después de muchos meses de seguimiento al centrocampista, tanto dentro como fuera del campo. Porque esta última característica, la de su carácter lejos de los terrenos de juego, resulta fundamental para el Madrid a la hora de lanzarse a por un fichaje galáctico, ya que saben las peculiaridades y la magnitud de la entidad blanca.
¿A qué se referían con esa personalidad tan poco inglesa? Por partes. Lo principal es el carácter 'aventurero' de Bellingham, algo extraño en los futbolistas ingleses, siempre seducidos por triunfar en la Premier. Jude abandonó una vida 'fácil' en Birmingham, en 2020, para probar suerte y triunfar en el Borussia Dortmund. Entonces llamaron a su puerta los grandes de Inglaterra, con Liverpool y City a la cabeza. Sus ofertas parecían irrechazables: mejoraban en lo económico a la del Real Madrid y le permitían volver a casa.
La partida de ajedrez dejaba en teórica desventaja al equipo madridista: no podían llegar a las cifras salariales que le ofrecían desde la Premier y suponía una segunda mudanza a otro país nuevo para él. Sin embargo, tuvo un papel clave esa afirmación de "es el inglés menos inglés que hemos visto" repetido por los dirigentes blancos, que apelaron a la grandeza del escudo para convencerle. También al proyecto deportivo y el encaje de los jóvenes en la actual plantilla de Ancelotti. Todo esto, igual que pasó con Camavinga o Tchouameni, decantó la balanza y el inglés mandó un mensaje a su entorno hace meses: sólo quería vestir de blanco. Un deseo que se cumplió.
Loved my first minutes as a Madridista! Let's keep building. Thank you for the love.🤍 pic.twitter.com/3OeonPiIlj
— Jude Bellingham (@BellinghamJude) July 24, 2023
Ahora, con apenas dos semanas de trabajo a las órdenes de Ancelotti, aquellos informes que tenían sobre Bellingham en Valdebebas van confirmándose en el día a día. Su personalidad nada tiene que ver con la de Bale, por ejemplo, a pesar de que ambos llegaron como fichajes galácticos por más de 100 millones. Jude es un tipo extrovertido, que ha caído de pie en el vestuario y que desde el primer día se ha integrado a la perfección. Su principal apoyo ha sido Brahim, con quien ha conectado desde el inicio y que le ayuda gracias a su manejo del inglés y del español. Algo que Bellingham quiere que deje de ser una barrera: se esfuerza para mejorar su castellano lo antes posible y así facilitar aún más su integración. Llegó a Madrid dispuesto a aprender las costumbres, no a mantener las suyas, fruto de ese carácter aventurero que destacaban los informes blancos sobre su personalidad.
Un cambio de sistema para encajarle
En lo deportivo, en Valdebebas también están convencidos de que la apuesta es un acierto porque Jude demostró en Dortmund que es capaz de adaptar sus condiciones a cualquier estilo. Y, sobre todo, es un futbolista con una enorme capacidad para escuchar y aprender. Esto es una ventaja cuando se le rodea de leyendas como Kroos y Modric. De momento, lo único en lo que sufre ligeramente Bellingham es a la hora de coger la velocidad en la circulación de pelota, seña de identidad del Real Madrid. Una debilidad que también es su principal fortaleza, porque se ve al inglés como un futbolista diferencial desde el primer día (Ancelotti ha cambiado hasta el sistema para integrarle) pero también se espera con ilusión el enorme margen de mejora que tiene un jugador tan joven que va a estar muy bien rodeado. Los ejemplos de Rodrygo, Valverde o Vinicius, que crecieron exponencialmente en sus primeros años de blanco, invitan al optimismo.
En su primer amistoso con la camiseta madridista, ante el Milan, demostró un desparpajo impropio de su edad. Instalado en la mediapunta aunque con libertad de movimientos, pidió la pelota desde el primer momento, se incorporó al ataque con agresividad, fue intenso en la presión… Una primera prueba que justifica el empeño de Carletto de probar ese novedoso 4-4-2 con un rombo en el mediocampo en el que el inglés es la punta de lanza.
Distinto a los otros británicos que fichó el Madrid
Por todo esto, en Valdebebas ven a Bellingham un caso aparte, muy diferente al resto de británicos que pasaron por el Bernabéu. Una experiencia con los británicos que comenzó con el pie torcido en 1979, cuando aterrizó en Madrid Laurie Cunningham procedente del West Bromwich a cambio de 175 millones de pesetas. Cuatro años después abandonó el club con sólo 44 partidos disputados y 13 goles anotados (era delantero). El siguiente fue McManaman, que vivió su momento de gloria con aquella volea para el recuerdo en la final de la Champions ante el Valencia, y tras él, el más mediático: David Beckham. Ambos dejaron buen recuerdo en lo deportivo, aunque sin llegar al excelso nivel que habían ofrecido en Liverpool y Manchester, respectivamente.
Después, dos fracasos sonados: Owen y Woodgate. El primero abandonó el club tras sólo una temporada y el segundo vivió un calvario con las lesiones. Por último, el que más tiempo estuvo: Gareth Bale. La hoja de resultados del galés es fantástica, con goles en citas de enjundia, pero su carácter frío y reservado nunca le abrió hueco en el corazón de la afición y tampoco se integró demasiado en el vestuario. Algunos compañeros, de hecho, apenas sabían nada de su vida fuera de los terrenos de juego.
Ahora, Bellingham amenaza con romper ese temor que existe entre los madridistas cuando llega un británico. Su actitud dentro y fuera del campo ilusiona, su nivel ha encandilado al cuerpo técnico, la relación con sus compañeros es fantástica y, si sigue así de aplicado con el idioma, no es de extrañar que en pocos meses se anime a dar entrevistas en español.