AUX STEP FOR JS
La brecha de jugar al fútbol en la España más pobre y la más rica: "Si una familia no paga la cuota, se ofrece a limpiar"
El Jorge Juan sevillano y el Rebook Sports Club de Pozuelo de Alarcón explican cómo es su día a día.
En el Club Deportivo Jorge Juan, los niños tendrán que abandonar la que ha sido su casa durante siete años. Su espacio para jugar al fútbol en el barrio de sevillano de Amate ha vuelto a salir a concesión y el Ayuntamiento ha elegido otra propuesta. Cuatrocientos jugadores y 24 equipos que tendrán que mudarse. El recinto del Rebook Sports Club Football Academy, en La Finca (Madrid), pronto será reformado para mejorar unas instalaciones que ya son muy buenas.
En Relevo hemos visitado ambos clubes para conocer cómo es el fútbol en las zonas urbanas más y menos pudientes de España. Algunas secciones censales del distrito sevillano de Cerro-Amate están entre el 1% con la renta neta media por hogar más baja de España, alrededor de los 15.000 euros (aunque también hay otras con el doble), según el Atlas de distribución de renta del Instituto Nacional de Estadística. En el otro extremo se sitúa la zona de La Finca (Pozuelo de Alarcón), que roza los 90.000 euros.
A través de los testimonios de Álvaro Orellana, coordinador del Jorge Juan, y Diego Álvarez, director deportivo y entrenador del Rebook Sports Club, conocemos cómo es el día a día ambos clubes y de los niños que acogen. Cambian las instalaciones, los recursos y las aspiraciones, pero no sus sentimientos por el juego o por sus compañeros.

"No cambiaría nada" es una frase que repiten los niños sevillanos a los que preguntamos. Ni sus focos, estropeados una mitad y desfasados la otra, ni su falta de seguridad, que le ha costado varios robos. Tampoco los vestuarios, a pesar de preferir ducharse en casa. "Metería alguna equipación con otros colores, que podría estar chulo", cuenta Antonio, uno de los jugadores, pero "todo está bien" para él. No cuestionan los problemas alrededor de un fútbol que a veces carece de unos recursos que otros equipos dan por supuestos.
"Yo he sido jugador del Jorge Juan desde pequeño", cuenta Álvaro Orellana en una oficina improvisada en el almacén que les han dejado de forma provisional. Su hermano jugó hasta la mayoría de edad y su padre es ahora el presidente. Es un club familiar fundado en 1979. De hecho, la división femenina se impulsó con las hermanas de los inscritos. Actualmente 73 niñas visten los colores del conjunto sevillano.
Ese sentimiento por el Jorge Juan no es la única herencia. "Tenemos aquí una caja enorme llena de botas de antiguos jugadores que cuando se han retirado nos las han cedido", cuenta Orellana. También dejan espinilleras, calzonas, camisetas, macutos, portabotas y felpas. Todos salen al rescate si un chico no puede ir al entrenamiento o no tiene el material básico. Si una familia no puede dar ese material o pagar la cuota, se ha ofrecido a limpiar, pintar o soldar. Ayudarse entre todos forma parte del ADN del club.
El Reebok Sports Club, al menos en el fútbol, tiene solo cinco años de edad. También varias familias construyen su historia: el nombre de la marca perteneció a Carlos Sainz y a su hermano hasta que la cadena de complejos deportivos David Lloyd Leisure los adquirió. A Diego Álvarez lo trajo de la Juventus la familia de Radomir Antic. En algún que otro caso, los jugadores también descienden de futbolistas del Atlético de Madrid, el Real Madrid o el Getafe. Pero no mantienen al club los lazos de sangre, sino el objetivo de llegar a lo más alto.

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"No solo empezamos a ganar sino a crear una seña de identidad, empezamos a jugar al fútbol de una manera muy concreta que genera admiración por parte de muchos clubes, muchas familias, muchos niños", expresa Álvarez en una sala de las instalaciones. Estas familias, procedentes sobre todo de los barrios de Pozuelo y Boadilla, pueden ir a la piscina, a las saunas o al gimnasio de su recinto, pero solo pueden ver a sus hijos al inicio y al final del entrenamiento. Sus hijos han venido a divertirse, pero también a ser los mejores, y desconcentrarse no entra en sus planes.
Álvarez ha rechazado varias ofertas, también del fútbol profesional y semiprofesional de otros países, porque apuesta por el Reebok Sports Club. Asume la suerte de tener un "buen contrato de 40 horas". "Para los que sentimos el fútbol con esa ilusión y con esa pasión es increíble poder tener un contrato así", explica. El club también dispone de personal contratado de medicina, fisioterapia, nutrición y psicología. Sí les faltan equipos femeninos. No tienen, de momento, "ese grupo completo de diez, doce, trece jugadoras" para conseguirlo.
La realidad del Jorge Juan es la de un equipo de barrio que sobrevive gracias a la voluntad de sus miembros y que paga de manera simbólica a sus entrenadores. Orellana no es solo el coordinador del equipo: también cuida del recinto y del césped artificial. "Dejé mi trabajo por motivos personales y dio la casualidad de que estaban buscando a un encargado de la instalación", explica. Ahora lo compagina con otro trabajo en un parque acuático para subsistir.
Las metodologías que menciona Álvarez en su club, por su faceta de entrenador, son un conjunto de tecnicismos que también evidencia la diferencia entre clubes. "Nosotros trabajamos de forma muy, muy, muy, muy intensiva, pero siempre con balón", expresa. Cada pupilo puede contar con otra hora de plan de entrenamiento específico si lo desea y con material de gimnasio y de última tecnología. Con un software, miden sus datos de rendimiento a nivel individual y de equipo. "Trabajo y determinación" son las palabras con las que resume Nacho, uno de los niños, las lecciones de Álvarez como entrenador.
No basta solo la intención ni pagar la cuota para entrar al Reebok Sports Club. "No cogemos a todos, buscamos en base a nuestras necesidades", comenta Álvarez. Su departamento de becas va dirigido a "niños de la casa que han tenido una mala época" y aquellos de fuera con más dificultades pero con "un talento natural". En el Jorge Juan, divertirse es "el único requisito" para acceder, aunque el Reebok Sports Club también mantiene esa prioridad. "Que siempre nos divirtamos cuando jugamos con el balón, que no nos pongamos nerviosos" es, para Jorge, jugador en Pozuelo, la lección más importante.

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Álvarez cuenta que a los equipos visitantes en La Finca les impacta la ubicación, las instalaciones, que haya "determinados jugadores o personas conocidas" y su método de juego. Percibe diferencias en "esa picaresca, esa picardía" en ciertos entornos y, a veces, sus chicos reciben "comentarios por venir de donde vienen". Las diferencias económicas entre equipos de zonas con realidades económicas diferentes no pasan desapercibidas. "Equipamiento deportivo, material, entrenadores más especializados… se nota en bastantes aspectos, no solamente en lo social", expone el coordinador de Amate.
La violencia verbal está prohibida en un "decálogo de conductas" que se entrega a faimiliares y jugadores al inicio de temporada" en el Reebok Sports Club, tal como comenta Álvarez. Cita casos con un "exceso de animar a los chicos con un vocabulario que no era correcto", pero también "dar indicaciones técnico-tácticas a sus hijos totalmente contrarias" a lo entrenado, otra de las líneas rojas. Con una trayectoria más corta, no han recibido, de momento, la "violencia física" o casos extremos de "bullying" o "acoso a menores" que sí documenta Orellana en Sevilla. "El primer valor que nosotros inculcamos es el respeto, porque vivimos en una zona complicada donde los niños pasan mucho tiempo en la calle", apunta el sevillano.
Orellana aspira a un futuro "un poquito más profesional" sin perder su esencia como "un club de barrio, un club familiar en el que todo el mundo tiene cabida". Unos se han bajado del barco; otros han logrado ir a equipos importantes, como el Sevilla en el caso de dos chicos hace poco. "Siguen viniendo todos los días. La única diferencia es que juegan con otra camiseta diferente, pero ellos se llevan de aquí a sus amigos, a su familia, a su casa", cuenta el coordinador.

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"Existir día a día", según Orellana, es el mayor logro del Jorge Juan. "El sentimiento que aflora en ellos desde el minuto uno y hasta el resto de sus vidas" es para el coordinador la mayor virtud. "Jorge Juan es como si fuera nuestra familia, nuestra casa, es algo que nos duele, que nos une cada día". En un campo o en otro, con más recursos o con menos, seguirán siendo un "club de valores", que prepara para el fútbol, pero también para la vida.
El Reebok Sports Club sí dejará de existir como tal, pero porque cambiará su nombre. Pasará a formar parte de un club con mucha ambición que Álvarez mantiene en secreto. "Va a ser un salto no solo a nivel cuantitativo, sino a nivel profesional", considera el director deportivo. Seguirán aportando a grandes canteras como Real Madrid y Atlético de Madrid. "Que te visiten, que tengan unas palabras, me pone especialmente feliz porque es lo que nos queda a los entrenadores, que esos niños tengan un recuerdo bueno de tu paso por ellos", expresa. "Nos quiere un montón, es muy amable con nosotros y hace los entrenamientos muy bien", cuenta Guillermo, otro de sus chicos.
Todos quieren ser futbolistas de mayores, pero solo los niños de Amate mencionan también otras profesiones como plan b. "Futbolista, y si no llegase a ser futbolista, policía", afirma Juan Carlos. En Pozuelo, las estrellas de Primera están más cerca. Pese a que Álvarez evita mencionar nombres de futbolistas relacionados con el club, referentes como Toni Kroos son mencionados por sus pupilos. "Su hijo que está ahí jugando, vino a nuestro equipo y ahí empezó todo", menciona Cayetano, jugador del Reebok Sports Club.
El Jorge Juan ha conseguido ser un refugio. "Creo que hacemos una importante labor social de sacar niños de la calle que puedan estar experimentando con drogas o con otros sectores conflictivos", expresa Orellana. Las preocupaciones del Reebok Sports Club son otras: se ha embarcado en un proyecto ambicioso para seguir creciendo.
Pero más allá de las diferencias económicas de sus entornos, ambos clubes han logrado su meta principal, que es que sus jugadores disfruten del fútbol. Son dos realidades a priori muy distintas en las que los niños tejen una misma historia.