FÚTBOL

Iván Campo relata la experiencia de jugar en la Premier League: "Perdimos el primer partido y acabamos todos de fiesta hasta las 5 de la mañana"

El exfutbolista de Valencia, Mallorca, Real Madrid y Bolton repasa su trayectoria y su cúspide: "La 'Orejona' del carajo".

Iván Campo conversa con César Sánchez en un encuentro en su etapa en el Real Madrid. /Getty
Iván Campo conversa con César Sánchez en un encuentro en su etapa en el Real Madrid. Getty
Cristina Bea

Cristina Bea

"No se me caían los anillos por decirle algo a Romario, a Figo, a Zidane, a Hierro. Yo era un tío con un carácter muy fuerte, pero que luego no mataba ni a las moscas". Quien firma esta sentencia con contundencia pero con gesto cándido es Iván Campo (San Sebastián, 1974), a quien David Vidal y los consejos de Julen Lopetegui o Luis de la Fuente, entre otros compañeros con los que coincidió en el Logroñés y Alavés, encauzaron una carrera deportiva que empezó con un balón y amigos en La Concha. Podría haber sido bombero, pero el guipuzcoano hizo carrera en España en el Valencia, Mallorca y Real Madrid, sobre todo, y los incendios acabó viviéndolos sobre el verde; de los campos de entrenamiento, como en el enganchón que nos relata con Clarence Seedorf en su llegada al Real Madrid, o de los campos, de los que tuvo que retirarse unas semanas por problemas de ansiedad. "Hubo un momento en que no me apetecía jugar al fútbol y era lo que más me gustaba en la vida. No me lo pasaba bien", confiesa quien recuerda los síntomas y las consultas psicológicas que mejoraron aquel trance. Aunque el respiro final llegó con su salida al Bolton, impulsada por McManaman.

Atrás dejaba muchas anécdotas en todos los vestuarios que comparte con nosotros generosamente y sus problemas por su cabellera, con los que lidió de manera notable en un Madrid en el que "me decían que me lo cortara".

Iván, has rodado en esto del fútbol, pero tengo entendido que cuando jugabas con tus amigos en la playa de La Concha no pensabas en ser futbolista, ¿verdad?

Yo creo que todos los niños en San Sebastián hemos empezado en la playa de La Concha. La felicidad de poder jugar ahí con tus amigos de siempre es lo que te queda, y es lo que había. Nadie pensaba que a lo mejor yo u otro compañero iba a estar más valorado para poder llegar a donde tenías que llegar. Pero empiezas a jugar, te vas haciendo un poquito más mayor, vas a jugar a un equipo también un poquito más mayor, la gente se empieza a fijar y, de repente, tocan ahí las campanadas.

¿Y qué pensabas que iba a ser de tu vida? Porque tú ya tienes 18 años cuando te llama el Logroñés. No sé si estudiabas o a qué querías dedicarte…

Pues si te soy sincero no sabía muy bien qué iba a hacer, porque para mí el mundo del deporte era el más maravilloso de todos. Cuando voy a Logroño, que voy al filial del Logroñés, todo cambia porque de repente David Vidal me empieza a hacer entrenar con el primer equipo. Tampoco te puedo decir exactamente qué quería ser. Me encantaba el tema de ser bombero, me hacía gracia, por poder ayudar a la gente, pero mis notas eran un poco desastre. Me decían los profesores: 'Si tuvieses las mismas notas en los estudios que en el mundo del deporte, hijo mío, vamos'.

¿Cómo es toparse con un David Vidal a esa edad? Debe ser toda una experiencia, ¿no?

Bufff. Pues porque yo era un poco, como suele decir, Cristina, era vasco, era bruto. Yo no sabía lo que era entrenar con un primer equipo. Estaban Quique Setién, Lopetegui, el Tato Abadía, Anton Polster… En aquella época eran súper jugadores, pero yo no tenía ni idea. Yo era entrenar y ¿contra el muro?, pues contra el muro. Pero eso le gustó a David Vidal, que yo entrenaba como jugaba y me hizo entrenar con el primer equipo, jugaba con el filial. Estuve muy bien arropado por Lopetegui, por Iñaki Vergara, que también eran de San Sebastián, y me empezaron a enseñar un poco lo que era el mundo del fútbol profesional, porque no tenía ni idea. Era un desastre.

¿Cómo te ayudaron? ¿Cómo te enseñaron lo que era el fútbol profesional?

¿Sabes lo que pasa? Que Julen e Iñaki, como eran los dos porteros, tenían una rivalidad súper buena: los dos habían salido del mismo sitio, eran muy buenos amigos y era como que me arropaban en todo, me enseñaban en todo. Había veces que me decían: 'Escúchame, Iván, si nos rompes a Anton Polster, piensa que este es el súper 'number one', el que mete goles'. O yo entrenaba y entrenaba y entrenaba, y fueron ellos quienes empezaron a decirme: 'Los jueves es cuando tienes que apretar, porque hay un partido; los viernes y los sábados tienes que ir un poquito más suave, porque luego tienes que jugar y aguantar'.

¿Cuándo te das cuenta de que puedes vivir del fútbol? ¿En el Alavés?

Sí, porque en el Logroñés éramos nenes, estábamos en el filial. Luego me ficha el Alavés, que en aquella época era un súper equipazo que tenía que ascender, que era el súper top de Segunda división, empiezo a ver a otros jugadores como Gorriarán, Joseba Aguirre, 'Musti' Mújica… Era los tops, que ya tenían 35 años y yo iba con 20. Ahí ya empezaba a jugar, ya era titular, ya tenía un poco de voz y voto, y ahí sí que me doy cuenta de decir: 'Ostras, esto ya va más rápido y la gente ya se lo toma más en serio'. Y yo también, y es cuando me llega la súper oferta del Valencia para firmar cinco años. Entonces digo: 'Coño, esto ya es otra cosa'.

¿Cómo recuerdas esa llamada del Valencia? Aunque esa primera temporada te dejan cedido en el Valladolid.

Si te soy sincero, yo no me quería ir. Yo no me quería ir al Valencia porque como estaba tan contento, tenía compañeros buenísimos, Aitor Arregi, gente que siempre me ha cuidado, me han ayudado. Porque he sido un poco el chico joven de todos y al que más han ayudado en estos temas. Y yo decía que no, que no me quería ir, que me quería quedar en el Alavés. Y fueron los viejos, Luis de la Fuente también estaba y era el que decía: 'Escúchame, Iván, te tienes que ir, que te darás cuenta, que el mundo del fútbol es así. Y al final me tuve que marchar, con una pena que no te haces una idea, fatal, pero luego ya te das cuenta que esto es el mundo del fútbol.

¿Cómo fue aquella relación con Rafa Benítez en Valladolid? ¿Ya se aventuraba el míster en el que se podía convertir después?

Bueno, Rafa ya tenía un coco brutal. Lo que pasa que yo llego y no puedo jugar hasta diciembre porque había jugado con el Alavés. En el mercado de invierno empecé a jugar, y ahí íbamos últimos a ocho puntos del penúltimo, y digo: 'Joder, qué mal. Fatal. Lo bien que estaba yo en Vitoria'. Destituyen a Rafa y viene Vicente Cantatore y hacemos creo que fue la mejor vuelta de todos los equipos de Primera división, y nos salvamos. Entonces otra vez ya estaba contento en Valladolid, no me quería ir al Valencia. Decía: 'No, que no me quiero ir, ¡que yo estoy bien!' Todo lo que conseguía en plan de amigos, ciudad, afición, todo era cambio tras cambio. O sea, horrible.

¿Es algo que ha pesado mucho en tu trayectoria, en tu vida? Esos cambios que ya veo que no los has llevado nada bien.

No lo he llevado bien porque un jugador de fútbol, indudablemente, cuando mejor estás, cuando estás asentado en un sitio, o estás con tu familia o con tus padres o con tu mujer, tus hijos… Y cada año iba cambiando. Y fíjate que cuando llego a Valencia tengo la suerte de tener a un entrenador, que para mí ha sido un referente, que era Don Luis. Y siempre cuento la misma historia, pero es la mejor, porque a mí esa historia me enseñó. Porque yo cuando llego a Valencia llego como un jugador que había hecho un año muy bueno en Valladolid y lo primero que me dice: 'Venga usted, pase usted al vestuario. Mire, Iván, que sepa usted que yo no le he fichado y que no va a jugar'. Y yo me quedé así, digo: '¿Cómo? ¿Qué ha dicho, míster?' Me dice: 'Sí, sí, yo no le he fichado. A mí me han dicho que usted es muy bueno y a mí me tiene que demostrar que es muy bueno para jugar en mi equipo'. Y me mató. Don Luis me mató porque me dejó roto. Pero él siempre estaba conmigo, siempre me decía: 'Venga, vamos, tal'. Y justamente cuando ya más o menos le había convencido de que podía jugar, lo destituyeron.

Se ve en noviembre de 1996 después de que ya hubiera habido un conato de destitución previa que el vestuario consiguió frenar, con Zubizarreta a la cabeza. ¿Qué recuerdas de aquello?

Claro, porque teníamos al 'aitxitxe' (abuelo en euskera) en el equipo, que era el súper capitán, Zubi, y nadie quería destituir a Luis. 'Si el año pasado hemos quedado segundos', que yo no estaba ahí este año y éste más o menos no íbamos mal. Estaba el tema Romario. Fue un cúmulo de muchas cosas que no salió como tenía que salir y al final quien perdió fue la plantilla, porque perder a un entrenador así… Un entrenador así es muy difícil de encontrar. Por la forma que tenía de tratar al jugador creo que es el mejor. Ese trato que tenía de tú a tú, de que él ha sido jugador, luego fue entrenador. Es un señor que lo ha vivido todo, de todas las maneras. Él ya sabía lo que ibas a hacer o lo que pensabas, entonces decías: '¿Para qué coño le voy a mentir a Luis? Si es que se las sabe todas'. Es que lo mejor es hablar de tú a tú y así él te va a ayudar, te va a proteger, porque él protegía a todos los jugadores. Era increíble. Entonces, al final dices: 'Le tengo que ayudar. Si me dice que corra, tengo que correr. Si me dice que juegue, tengo que jugar'. Era ese tipo de entrenadores que a día de hoy no sé si existe, a lo mejor Carlo Ancelotti es un entrenador que ha sido jugador también. Son entrenadores que ya prácticamente no quedan. Luego ya vino Jorge Valdano y las cosas tampoco salieron muy bien. Fue un año bastante complicado.

Es curioso, porque te escucho hablar para bien de ese perfil de entrenador que ha sido jugador, pero Valdano lo había sido también, y campeón del mundo, además. ¿Qué tuvo aquel Jorge Valdano que no os encajó a muchos jugadores?

Mira, Cris, te lo he dicho por el tema de Luis: la sinceridad. Un entrenador tiene que ser sincero. No te puede vender una moto de eres muy bueno, eres tal, no sé qué y de repente te deja en la grada. No le puedo mentir al jugador, tengo que ser súper sincero, tengo que saber llevarme bien con él, tengo que llegar hasta él, y creo que eso es lo que le mataba a Jorge. No tenía una sinceridad de entrenador y mucho menos como persona, y nosotros cuando vemos que eso lo pierdes, lo dejamos, lo tiramos a un lado y ya no queremos saber nada más. Y mira que yo no he vuelto a hablar nunca más con Jorge. No he tenido la oportunidad. A lo mejor un día sí que me puede llamar o le digo: 'Mira, Jorge'. A mí no me importaría. Obviamente, no le voy a decir nada, y podría estar hablando seguramente con él mil millones de horas. Seguro, además, porque yo con él hablaba bastante, pero ya te digo, a mí la sinceridad es una de las cosas que siempre he dado por encima de todo como persona, no como jugador. Si tú me fallas, ya no me vales.

"¿Valdano? Un entrenador tiene que ser sincero. No te puede vender una moto de que eres muy bueno, eres tal, no sé qué, y de repente te deja en la grada"

Iván Campo Exjugador del Valencia, Mallorca y Real Madrid

Dicen que no hay mal que por bien no venga, porque te vas a Mallorca cedido y ahí llega tu eclosión como jugador: 43 partidos, te conviertes en internacional... Vaya campaña, ¿no?

Fue como la locura en el mundo del fútbol, en aquella época, porque el Mallorca ficha a seis jugadores del Valencia. Bueno, Paco Roig dice: 'Iván Campo va cedido'. Tenemos la suerte de llegar a Mallorca, de entrenador, Héctor Cúper; jugadores que iban cogiendo de aquí para allá: Juan Carlos Valerón, ¡Juan Carlos Valerón!, Stankovic, Engonga, Romero, y creamos un grupo dentro de un vestuario que todo era bueno. El míster era un tío muy exigente, Héctor, y compaginamos lo que era la exigencia con el grupo humano, aparte de la ayuda que teníamos de la afición mallorquinista. Todo salió bien, quedamos cuartos, llegamos a la final de la Copa del Rey que perdimos contra el Barcelona. Yo tengo la suerte que soy internacional, que luego encima me voy a jugar un Mundial, luego ficho por el Madrid. En Mallorca es como que salió todo bien.

Y mira que era serio Cúper, ¿eh?

Simpre serio. Lo que pasa es que el vestuario le ganó a él. Él no esperaba tener ese vestuario, que todos nos llevábamos bien, íbamos a comer todos juntos, los jueves hacíamos cena, salíamos a cenar todos juntos, y el viernes por la mañana, que en aquella época era el tema ese de baño y masaje, un rondo, el míster no entendía que nosotros llegábamos antes para jugar al rondo. Imagínate lo que era 'El viejo', como le decíamos, que llegaba allí y a lo mejor había ya veinte jugadores jugando al rondo. Y decía: 'Pero si habéis salido a cenar, habéis tomado una copa…' Él no lo entendía. Al final optó por decir: 'Me meto en el rondo', que le encantaba, lo disfrutaba. Decía: '15 minutos más, 20 minutos más'. Y así conseguimos sacarle una sonrisa, conseguimos que se metiese dentro del grupo, que entendiese que el vestuario estaba por encima de todo, que no hacía falta decir nada, porque es que jugábamos y todo salía bien, ganábamos a todo el mundo.

Allí no había ningún Romario, ¿no? ¿Cómo era el astro brasileño?

Romi era un tío súper bueno. Era un tío calladito, era un muy buen profesional, buena persona. Lo que pasa es que, claro, Luis Aragones le decía a Romi: 'Venga, aquí corren todos'. Claro, Romi no corre. A Romi era decir: 'Dale el balón a Romi que haga lo que le dé la gana'. Cuando tenía ganas de entrenar hacía cosas increíbles, de guau, pero qué le vamos a decir a este jugador si es uno de los mejores del mundo. Luis le quería incentivar también para presionar o tal y Romi decía que no ha presionado nunca ni ha defendido nunca. Y ahí ya hubo un poco de problemas. Pero era un muy buen compañero, una buena persona, y luego el tema del campo, no te voy a decir nada que no sepamos todos, era increíble.

Lo de que le gustaba salir tal, ¿era algo que luego tenía reflejo en el equipo, en el día a día?

Sí, le gustaba salir pero yo, por ejemplo, no le he visto que bebía, que fumaba, eso sí, bailar, le encantaba bailar. Pero luego tú le veías entrenar y decías: 'Es que no le puedo decir nada'. A lo mejor, como compañero, él sí que podía decir: 'Joder, lo siento, chicos, tal, he salido, salgo, soy así…' Hay jugadores que te vienen así y como compañero hay veces que lo tienes que asumir, y uno de estos casos es el de Romi.

«Uno de esos casos», dices. ¿Has tenido que asumir a muchos compañeros de ese perfil?

Si te soy sincero, no. No porque yo tenía un carácter bastante potente. A mí no se me caen los anillos por tener que decirle algo a Romi o a Figo, a Zidane, Hierro, al que sea. Yo era un tío muy directo, con un carácter muy fuerte, pero que luego no mataba ni a las moscas. Pero es verdad que cuando jugaba o entrenaba sí que tenía carácter.

¿Algún rifirrafe en el que hayas plantado a alguno de estos jugadores que nombras?

Bueno, el mayor rifirrafe de todos fue el que tuve con Clarence (Seedorf) nada más llegar a Madrid. Fue en Japón, estábamos entrenando antes de la final de la Copa Intercontinental. Yo no iba a hacerle nada a Clarence porque era compañero, pero llegué un poco tarde, no le hice nada, él se molestó y como que vino donde yo, que yo era el nuevo, y se pensaba que a lo mejor yo me iba a agachar. Y fue todo al revés, claro, lo quería matar. Y fíjate que Fernando Hierro le dijo: 'Bufff, no veas contra quién... Te has equivocado con el chico que te has… El peor que pudieras haber…' Y se lo dije: 'Clarence, estás equivocado, porque yo no voy a hacerte daño'. O sea, es imposible. Pero se lo dije.

Portada de MARCA del enfrentamiento de Iván Campo y Seedorf.  MARCA
Portada de MARCA del enfrentamiento de Iván Campo y Seedorf. MARCA

Se lo dijiste a Seedorf en un Madrid que pagó 800 millones de las antiguas pesetas por ti. ¿Cómo lo asumiste, en un verano en el que también vas al Mundial? Aunque juegas el Mundial ya sabiendo que te ficha el Madrid.

Sí. Esto me lo comentó mi compañero Paco Sanz. Yo pertenecía al Valencia, Paco Roig me decía que vuelta para el Valencia. Aquí estaba el presidente Don Antonio Asensio. Me dice: 'Yo te quiero comprar', y de repente, Paco, que era mi mejor amigo aquí, me dice: 'Oye, Pelos, tú no has firmado con nadie, ¿no?' Le digo: 'No, no. Yo me tengo que ir a Valencia'. Me dice: 'No, no. Espérate, que mi padre me ha preguntado por ti'. Le digo: '¿Cómo?' Entonces, nos fuimos a su casa y tuvimos una charla con su padre.

¿Y cómo fue esa charla con Lorenzo Sanz?

Es que Lorenzo era otra persona de la antigua usanza en el mundo del fútbol, era súper campechano. Era un señor que con sus hijos, sus hijas, todo el mundo iba a su casa, a comer… Era una persona súper cariñosa, súper querida en el madridismo y por los jugadores. Entonces, claro, Fernando Sanz salía con Ingrid. Antonio Asensio y Lorenzo Sanz, eso. Antonio Asensio se retiró porque decía: 'Iván, no puedo pelear por ti'. Y al final pagan ese dinero por mí y me voy al Madrid. Y esto es más que nada gracias a Paco Sanz, que me dijo: 'No firmes nada, que mi padre te quiere, que te quiere llevar al Madrid'. Y así fue.

Iván Campo, su llegada al Real Madrid y la repercusión del club. Relevo

Supongo que sintetizar tu paso por el Madrid es complicado pero, ¿con qué momento te quedas? ¿Qué ha supuesto el Madrid para ti? 29:40

Yo creo que lo que hice es lo mejor. Después de estar aquí en España y luego haber estado en Inglaterra, creo que no hay ningún equipo del mundo que lo pueda superar. El llegar al Madrid, toda la repercusión que tiene, meterte en ese vestuario y ver a Raúl, Fernando Redondo, Roberto Carlos, Clarence, Pedja… Era de decir: 'Hostia, ¿esto qué es?' Claro, yo llegaba aquí de Mallorca con mis chancletitas, mi pantalón corto, mi camiseta, como íbamos allí al vestuario, y yo les veía y digo: 'Hostia, Fernando Redondo, traje, corbata, impoluto... ¿Esto qué es?' Fue un cambio gigantesco. Gigantesco. La ciudad deportiva llena cada día, 50.000 periodistas, todo tenía repercusión a nivel nacional e internacional. Era una locura. Fue una locura. Luego, jugar en el Bernabéu, no hay nada mejor que eso, para bien y para mal, porque cuando tú estás jugando en otros equipos casi todo son aplausos, eres bueno y tal, y el Madrid... Yo he visto pitar a todo el mundo: a Figo, a Raúl, a Zidane, a todos, a mí... No te perdona. Están hartos de ver a los mejores jugadores y les exigen a todos por igual. Y yo lo veo normal. Es un club en el que no te puedes quedar, tienes que evolucionar cada día. Y si no evolucionas, pues fuera.

"Yo llegué al Madrid de Mallorca con mis chancletitas, mi pantalón corto, mi camiseta, y digo: 'Hostia, Fernando Redondo, traje, corbata, impoluto... ¿Esto qué es?"

Iván Campo Exjugador del Valencia, Mallorca y Real Madrid

¿Cómo te adaptas a ese vestuario? Por lo que comentas de Redondo y la indumentaria. ¿Cambiaste? El pelo nunca accediste a cortártelo.

Yo no cambié mi forma de ser. A los eventos tienes que ir con una americana, un poquito mejor vestido y tal, pero yo no cambié en nada. Tuve mi problema de que me tenía que cortar el pelo, y dije: 'El pelo, el pelo... El pelo ni hostia. No me corto el pelo ni aunque venga el Rey de España a pedírmelo'. Eso ya no gustaba tanto. No era, por ejemplo, un Puyol que era un tío querido por su pelo, un chico catalán que había estado en el Barcelona, tal. Allí en el Madrid era como diciendo: 'Hay que cortar el pelo, hay que vestir así'. Y yo era al revés, si me quieres, me quieres así. Si no... Y ahí empecé a tener problemas porque un sector de la prensa por uno u otro motivo me empezó a atacar, desde mi punto de vista, indiscriminadamente. Era el puntito de decir: 'Hay que pegar a éste'. Artículos que yo decía: 'Pero si yo no he hecho nada. Esto es mentira. No puede ser'. Yo me acuerdo un artículo de dos hojas, que yo había tenido una pelea con el segundo entrenador, con Toni Grande, que yo iba a comer con él a veces y me quedé a hablar con él, y se inventaba una historia de que había discutido que casi a punto de pegarle. Todo era un acoso y derribo por parte de un sector de la prensa.

Iván Campo, sobre las críticas por su pelo en el Real Madrid. Relevo

¿Por qué ese empeño por el tema de tu pelo? ¿Cómo lo gestionaste?

Yo hablé con Lorenzo y Lorenzo me dijo: 'Iván, tú eres como eres', pero el vicepresidente, que ahora mismo no me acuerdo cómo se llamaba, él estaba loco por decir: 'No, no te tienes que cortar el pelo'. Digo: 'Que no me voy a cortar el pelo'. También fui a la selección española y estaba también ese peluquero tan famoso, 'que te corte…' 'No, no, me vas a cortar una mie… Si me quieres, me quieres así'. Intenté no cambiar, que fue lo primero que me dijo mi amigo Paco: 'Pelos, te van a hacer cambiar' y le dije: 'No, no, ya te digo que no voy a cambiar". En ese aspecto salí victorioso, porque no cambié. Al final cada uno tiene que ser la persona que tiene que ser. Yo siempre le recuerdo a la gente: nosotros no somos jugadores de fútbol, somos personas, cada persona tiene su forma de ser, y ellos a lo mejor nos ven de otra forma, somos famosos, o porque vamos por los sitios y tienes una repercusión que ellos no, pero cuando salimos del fútbol tenemos nuestra vida, nuestras mujeres, novias, padres, hijos… Pero la gente no comprende este tipo de cosas.

Saliste victorioso pero viviste y sufriste un proceso de ansiedad importante. ¿Cómo fue?

Es que pasé un momento de decir: 'Joder, es que no me apetece jugar al fútbol', que era lo que más me gustaba de mi vida. 'Es que no me lo paso bien'. Entonces, ahí llega ese proceso y digo: 'Mira, no me encuentro bien y no quiero jugar'. Claro, la gente eso tampoco lo llegó a entender, porque en aquel entonces era 'joder, porque tal, porque cual, tienen dinero, son famosos…' Ya, pero yo soy una persona, y si no lo entiende la gente, pues se lo dije así, que les den por culo. Gracias a la ayuda de Alfonso del Corral, mi familia, de los compañeros de vestuario, volví otra vez. Gracias a un psicólogo, que no te sé decir, al que me llevaron, que era el psicólogo de la aviación española. Tuve dos o tres sesiones con él y me decía: 'Hijo mío, ¿tú sabes lo que es estar arriba jugándote la vida a toda hostia? Tú que eres un jugador de fútbol, que le den por culo a la gente. Pasa de todo el mundo, diviértete'. Y con esas palabras hice así (hace el gesto de levantar el vuelo, como un avión, hacia arriba) y volví.

"Pasé un momento de decir: 'Joder, es que no me apetece jugar al fútbol', que era lo que más me gustaba en mi vida. 'Es que no me lo paso bien'"

Iván Campo Exjugador del Valencia, Mallorca y Real Madrid

Hace unos días charlé con Raúl Bravo y preparando tu entrevista he empezado a atar cabos, fechas, y no sé si esto tiene algo que ver. Porque Raúl me contó que él debuta un 6 de noviembre de 2001 porque llega el vestuario y se entera de que tú te te has puesto malo la noche de antes. ¿Te pusiste malo realmente o era ya este proceso de ansiedad que atravesaste?

Sí, sí, fue algo así. Porque yo recuerdo que no me encuentro bien a la noche. 'Alfonso no me encuentro bien, tal'. 'Bueno, pues quédate tranquilo, decimos que has pasado mala noche, que no te encuentras bien y ya está'. Lo que pasa es que luego me fue un poco a más, un poco a más, un poco a más y ya digo: 'Coño, yo no estoy bien'. Alfonso se portó, bufff, increíble. Súper bien, muy bien, y Lorenzo se portó brutal. Muy bien.

¿Qué te notabas Iván, además de esa desgana? ¿Qué sintomatología tenías?

Te ponías nervioso, te costaba a veces respirar. Ostras, es una sensación que, con el tiempo, intento ayudar a gente que tiene ansiedad, le digo: 'Tranquilo, si te va a pasar eso y ahora te va a venir esto y luego esto otro'. Pero aquella época tenía unos ventitantos años, jugador del Madrid y pensaba: '¿Qué coño te va a pasar a ti? Si estoy perfecto'. 50.000 controles, 50.000 pruebas, todo bien, pero si estoy perfecto, no puede ser'. Pero gracias al doctor Del Corral, me hizo leer un libro y me dijo: 'Léete el libro y tíralo, porque si sigues leyendo libros vas a ver que hay 50.000 opiniones, 50.000 cosas que no te van a valer de nada. Éste es el libro que suelo dar, cógelo y tíralo y ya está, ya no hay más'. Y eso también me ayudó un poco.

¿Qué libro era? ¿Te acuerdas?

No, lo tiré.

(Me río.) Hiciste caso entonces.

Sí… Lo acabé y me di cuenta de que lo que decía el libro era lo que me estaba pasando, y entonces dije: 'Coño, si ya sé lo que me va a pasar y ya sé como tengo que tal, cojo, lo tiro y empiezo a hacer otra vez la vida que hacía'. Y empecé otra vez a jugar y como nuevo.

Se acabaron los hormigueros en los brazos, en la cara, en las piernas, pensar que te va a dar un infarto… ¿No?

Cuando te cuesta respirar y dices: 'Es que no me entra el aire, pero si estoy respirando…' , y en un momento cuando te pones nervioso, ese nerviosismo te crea una confusión dentro de ti, ese temor a decir: 'A lo mejor me puede ocurrir algo'. Lo vas tratando, el psicólogo me ayudó mucho a saber respirar, a calmarme tranquilamente. 'Tranquilízate, no te va a pasar nada, nada de nada'. Él me enseñó cosas de pilotos que yo decía: 'Hostia, esto sí que es muy duro'. A mí es como si me estuvieran pinchando con una agujita, a éste le están pinchando con cuchillos. Una pasada. Luego me sirvió para aprender de lo que es estar en un club como el Madrid, que es todos los días exigencia pura y dura. Al final aprendes, ¿sabes? Lo que pasa es que después de tener este problema jugué muy poquito ya y me acuerdo que también perdió las selecciones Lorenzo Sanz, las gana Florentino Pérez, de la mano de Florentino llegó Jorge Valdano y claro, yo, digamos así, no tenía muy buena amistad con Jorge. Entonces, el último año me da la opción de salir fuera y yo decía que no, que me quería quedar en el Madrid, que yo indudablemente iba a jugar y bueno, al final vi que no iba a jugar nada, y digo: 'Me lo están poniendo muy difícil'.

"Steve McManaman es quien me da el empujón de marcharme a Inglaterra. Y es como que me hacen una transfusión de sangre de estas... Nuevo todo. Empiezo a pensar como aquel niño que jugaba en la playa de La Concha"

Iván Campo Exjugador del Valencia, Mallorca y Real Madrid

Y no sé si estaba el Sevilla o había algún equipo por ahí español, no me acuerdo muy bien, pero me vio el Bolton, y yo hablo con Steve McManaman. Con Steve tenía una amistad súper, súper buena. Y digo: 'Steve, mira, que me ha venido este equipo', y me dice: 'Sí, sí, han hablado conmigo, me han preguntado qué tal, y claro, yo les he dicho que se llevan a uno de los mejores centrales que hay en España, una buena persona, que se va a acoplar'. Y le digo: 'Pero, ¿tú qué harías?' Me dice: 'Yo, Iván, me iría'. Entonces, quien me da el empujón de marcharme a Inglaterra es Steve. Y me voy a Inglaterra y es como que me hacen una transfusión de sangre de estas... Nuevo todo. Empiezo a pensar otra vez como aquel niño que jugaba en la playa de La Concha. Todo es bueno, los jugadores me acogen súper bien. Yo llegué allí y era el cambio tan radical del Bernabéu, de la ciudad deportiva, a una ciudad deportiva que era, no te puedes imaginar, antiquísima. Nos duchábamos en un mini vestuario que tenía tres duchas. El entrenador me miraba diciendo: 'Hostia, este chico…' Yo hablaba con el entrenador y el entrenador no estaba muy seguro de que me iba a aclimatar allí a Inglaterra.

Pero vaya si te aclimataste.

Sí, tengo la suerte de que tengo a dos compañeros que eran brutales, que era uno Jay-Jay Okocha, y otro, Djorkaeff. Aunque lo primero que me pasa es decir: 'Hostia, míster, es que aquí no sale el sol. No puede ser…'. Me pasé toda la pretemporada sin ver el sol. Llega septiembre, el parón de la selecciones, y me dice (Sam Allardyce): 'Iván, una semana fuera, te puedes ir a Palma'. Y yo me quedé así y le digo: 'No, no, yo si hace falta me quedo a entrenar, tal…' Y me dice: 'No, no. Aparte, ya te cogí los billetes'. Y me rompió. Una semana, a mí que me encanta la playa, que toda mi vida he estado en la playa y llegar aquí, mis amigos, dormir en la playa un par de noches… Eso me dio el decir: 'Bueno, ¿y ahora qué?' Claro, ahora cuando me dice: 'Iván, tienes que jugar aquí', volabas. Volabas porque es lo que te decía, el tema de tener un entrenador como Luis Aragonés que te lo da todo, pues éste me lo dio todo. Defraudarle a él, defraudarme a mí, digo no. Y era como diciendo: 'No puedo salir así tan mal del fútbol, me tengo que reivindicar'. Entonces, di un paso para adelante.

Diste un paso para adelante y viviste seis temporadas, 172 partidos. Hace unas semanas coincidimos en Mallorca, donde eres muy querido, pero es que me dicen que en Bolton no puedes ni caminar por la calle, ¿no? Y todo lo que te habían machacado con el pelo en el Madrid, y allí en Inglaterra llevaban pelucas imitando tu look… Viviste todo lo contrario. 6.20

Todo lo contrario. Di también, Cris, que el mundo del fútbol en Inglaterra es otra cosa. Es otro mundo. Es un respeto total al jugador de fútbol, a su familia. Te ayudan en todo. Te cuidan, te protegen. El entrenador me decía: 'Tú juega. Esto no es España. Aquí mando yo y punto'. Y yo me quedaba alucinado. Decía: 'Joder, qué tío'. Mira, el primer partido que jugamos lo perdemos, y le dice a Youri Djorkaeff, porque yo no sabía todavía hablar inglés: 'Te quiero ver a ti y a tu amiguito el español en este sitio'. Y era en el bar del club. Cuando llego allí veo a todo el mundo de fiesta, todo el mundo bebiendo. El entrenador sale con dos cervezas y dice: 'Hala, toma. ¿Lo ves como te decía yo que esto era Inglaterra?' Hasta las cinco de la mañana. Increíble. Y decía: 'No me lo puedo creer'. Yo le decía a Youri: 'Pero esto es una broma, ¿no?, me estáis haciendo la broma del tontaina que viene de aquí de España, al novatito. Y al día siguiente…' Me dice: 'No, no, Iván, esto es la Premier, esto es otra cosa. Aquí no van a venir ni periodistas ni fotógrafos ni leches'. Y al día siguiente, claro, llegabas a la ciudad deportiva como llegabas, pero es que el entrenador no te decía nada. Te metían a hacer un poquito gimnasio, te obligaban a comer allí todo el grupo y luego ya descansabas. O sea, todo lo opuesto a lo que era España.

Menudo soplo de aire fresco.

Exactamente. Yo pensaba que yo lo había aprendido todo en España, que España era algo de decir: 'Guau', y cuando voy ahí digo: 'Hostia, qué atrasados estamos en España. Qué diferencia. Todo, todo'. Yo decía: 'No me lo puedo creer'.

Partidos de reservas, partidos contra el Luton, jugar la Carling Cup, el campo lleno, las navidades, el Boxing Day y el decir: 'A la gente no le importaba una mierda. Había que jugar, jugábamos'. Aquí todo el mundo se quejaba. Decía yo: '¿Y si me he equivocado? ¿Y si verdaderamente los equivocados somos nosotros y toda la repercusión que tiene la Premier League es lo mejor?' Y al final te das cuenta de que la Premier League era increíble. Ir a jugar contra Arsène Wenger, Sir Alex Ferguson… Todo era una locura.

El campo nuestro, que era un campo recién ascendido. No es que te querían, es que era como diciendo: 'Venga va, que viene la familia'. Los chicos del filial te limpiaban las botas, que yo decía: 'Dios, no me lo puedo creer'. Y todavía se sigue haciendo, y ahora aquí los chicos del filial es como: "Tse, no me molestes, que soy yo…' Y digo: 'Vaya, ¿y tú quién eres, tío?' En la ciudad deportiva comía la gente del filial y a veces comían los más pequeños, y el míster te obligaba a ir con los chicos del filial, con los niños pequeños. Te estabas cambiando en el partido y entraban cuatro o cinco niños a hacerse fotos, con un chico del club, a firmarle la camiseta. Yo decía al principio: 'No, no, que no pueden entrar'. Y me decían: 'Iván, que esto es Inglaterra. Que sí, que esto es una cosa normal'. Y al final dices: 'Es que es normal. Es que estamos equivocados'. Fíjate qué mala repercusión puede tener, ¿en qué nos puede afectar a un jugador de fútbol? Que son niños. Que van a hacer una foto, firmas y los niños se van, y ya te pones tú pues yo que sé, tu vendaje. Te concentras a tu manera, lo que sea. Pero dices: 'No me va a hacer mal. Yo creo que al final me va a hacer hasta bien'. Cosas así, mil.

¿Y tú te has planteado ser entrenador?

Si te soy sincero, ahora ya no. Otra cosa es que puedas entrar a trabajar en un organigrama de un equipo técnico o en un club, intentando asesorar o ayudar en experiencia. Por ejemplo, sí que ayudamos ahora en cosas de la selección española, con charlas a la gente joven, que eso sí que es bueno, decir: 'Chicos, que aquí a lo mejor vais a llegar dos, y la vida de un jugador de fútbol es muy corta, y puedes tener muchos problemas, puedes invertir más, te pueden robar dinero, padres, amigos…' No es tan fácil como los jugadores creen, porque tú acabas a los 35 años, más o menos, y luego, ¿qué haces? Pues ellos se creen que van a entrar todos a trabajar en un club, cosa que es mentira. No hay tantos puestos de trabajo en un club para tantos exjugadores.

No hay tantas licencias de entrenadores para decir ahora 'vamos a entrenar todos', tampoco. Hay que intentar convencer a los jugadores y decir: 'Chicos, hay que ponerse las pilas, estudiar, saber dónde puedes invertir, dónde la puedes cagar, tener cuidado con ciertas cosas', pero a día de hoy es muy difícil contactar con estos jugadores. No tienen esa forma de ser, como a lo mejor éramos nosotros, más campechanos, más familiares… Nosotros íbamos a comer, íbamos a comer 15. O íbamos de cena, íbamos otros 15, luego salimos de fiesta 12. Pero aquí, a día de hoy, tú ves a los jugadores, móvil, redes sociales, ¿comer?, no sé si comen, porque tampoco creo que coman. Cenar, no sé si salen a cenar. Para mí se está perdiendo todo esto, pero lo están perdiendo ellos.

¿Qué momento lesdices que ha sido el mejor de tu carrera?

Para mí han sido todos, y te voy a explicar el porqué: porque he sido un tío afortunado, de empezar en una playa y llegar al equipo más grande del mundo y conseguir títulos. Pero me quedo por todos los equipos que he estado, con todos los compañeros que he tenido. Porque para mí los compañeros eran lo más importante, el estar con ellos todos los días, dos, tres, cuatro horas. Y viajar… Viajar el martes y jugar el miércoles y volver otra vez a entrenar, y luego el domingo y tal. Y era la felicidad de decir: 'Ostras, estoy con ellos todo el puto día'. Ni mis padres ni las parejas ni los niños ni nada. Mis compañeros. Y el fútbol es eso. Es crearte un entorno para poder disfrutar de él y ser feliz haciéndolo. Como cuando jugábamos en la playa, los niños, era felicidad. Pues lo mismo con los mayores.

¿Y el peor? ¿Algo de lo que te hayas arrepentido…?

A ver, yo creo que todos tenemos nuestra forma de arrepentirnos. Sobre todo que dices: 'Si fuese jugador ahora otra vez, cuántas cosas buenas haría y qué poquitas cosas malas haría'. Cuando llegas al mundo del fútbol no tienes experiencia, la coges a partir de los 30 años. Pero de los 18, de los 17 hasta los 30 dices: 'Madre mía, qué cosas más desastrosas que he llegado a hacer. Lo que le habré dicho a un compañero por gilipichis o a un entrenador de decir… Bufff'. Y yo creo que ésa es la mejor manera de decir: "¿Qué carajo estaba haciendo yo aquel día en tal sitio?' A ver, anécdotas tengo mogollón, pero es que no las suelo contar porque casi todas son un desastre.

Alguna que sea medio desastre, que puedas contar…

Mira, alguna desastre, la que más, la que más, es al principio de llegar al Bolton, que yo me iba con mis amigos en el coche, porque jugábamos y me dicen mis amigos: 'Iván, que no hay luz en el campo'. Le digo: 'No me jodas'. Total, que no jugábamos en el campo. Jugábamos en el campo del Manchester City. Y yo, que iba con mi queridísimo traje, me dicen: '¿Dónde vas? Si tenemos que ir en chándal'. Bolton estaba a unos 15-20 minutos de Manchester. Mis amigos me han recordado toda su puñetera vida, de decir: '¿Tú eras profesional?' Imagínate cuando llego al autobús y me ven sentado y me dicen: '¿Dónde vas?' Me mataron. Lo más humillante y lo que más se han reído de mí fue ese día. Para que veas, que dices: 'No me lo puedo creer que un jugador de fútbol…', pues aquel día no sé en qué estaría pensando o a lo mejor habíamos jugado muchos partidos o lo que sea y se me fue la olla. Para que veas, ¿eh? Imagínate que esto pasa en el Madrid. ¡Adiós! Estás liquidado. Esa anécdota no sé si la saben mis padres, fíjate lo que te digo.

(Nos reímos). Pues les mandaremos el trocito de vídeo.

Verás que mi padre todavía me dirá: '¿En serio que hiciste esto, hijo mío?' 'Papá, aquí estaba yo, ocultándote alguna cosilla'.

Qué bueno. Oye, Iván, que hemos ido charlando y hablando de muchas cosas y no quiero acabar sin preguntarte por la Champions que ganas con el Real Madrid, con Helguera, Karanka y tú en el centro de la defensa. ¿Qué significó para ti esa Champions? 39.22

Sí, me acuerdo que Manolo ya estaba casi a punto de retirarse y Fernando Hierro llevaba (tiempo) con molestias, y empezamos a jugar y aquello que iba bien, porque Fernando Redondo en aquella época él jugaba solo en el medio del campo. Era la hostia. No te voy a decir nada. Él se sentía más arropado, más cuidado y también le iba bien y se encontraba cómodo. Claro, que estos jugadores se encontraran bien… Roberto Carlos, que tiraba como un mulo. Todo empezó a ir bien y el partido que ganamos en Old Trafford, ese 2-3 tan famoso, yo creo que ahí fue el punto de decir: 'Ostras, es que no vamos a cambiar'. En la final, si no me acuerdo mal, Fernando hizo una prueba en la cual él fue sincero, decía, 'Mira, no estoy para jugar'. Jugamos así y la verdad que salió todo bien. El Valencia era el súper favorito, porque tenía un equipo y habían hecho una fase clasificatoria brutal. Brutal. Y a nosotros nos había costado un poco, la verdad. Pero fue llegar a la final y yo era nuevo en esto, pero claro, ahí había jugadores que ya habían ganado la Séptima, y yo en el hotel estaba como diciendo: 'Joder'. Ellos estaban tan tranquilos, súper bien. Es verdad que luego en la merienda hubo como un poco de silencio, porque era un poco decir: 'Ahora vamos a llegar al campo, los nuevos vais a ver algo que no habéis visto nunca'. Claro, era increíble. Pero los potentes hablaban con nosotros y decían: 'Que esto es una vez, chicos, no hay que desperdiciar esto'. Y la verdad que a la final nos salió todo genial. Todo demasiado bien, demasiado bien.

Iván Campo, en la final de París contra el Valencia, ante Piojo López.  Getty
Iván Campo, en la final de París contra el Valencia, ante Piojo López. Getty

¿Quiénes eran los potentes?

Joder, es que estaban todos. Estaba Manolo, estaba Fernando Hierro, estaba Roberto Carlos, Redondo, estaba Raúl, estaba el Moro. Es que había mucha gente de las que habían sido campeones de la séptima Copa Europa.

"En el Madrid ganas, te vas de vacaciones y el primer partido de pretemporada como pierdas ya te hostian. En el Madrid no perdonan. Ya disfrutarás y serás una leyenda cuando te retires"

¿Qué supuso para ti ganar esa Champions?

Bueno, el primer título que yo gano en Madrid es una Copa Intercontinental. Pero, claro, el poder jugar una final de la Copa de Europa y ganarla y, como dice la gente, ser historia de esa final es como decir: 'Joder, he hecho algo bueno', porque rápidamente en el Madrid tú sabes que dices: 'Vale, gano'. Te vas de vacaciones y el primer partido de la pretemporada como pierdas ya te hostian. Que ya estaba diciendo: 'Joder, aquí no saben… ¿Qué es esto?' Ahí te das cuenta de decir: 'En el Madrid no perdonan'. Esto es un continuo... Ya disfrutarás cuando te retires. Ya serás una leyenda en del Madrid cuando te retires. Pero, ese momento de decir: 'Ostras, he ganado una Copa de Europa', que para mí pensaba que tenía más mérito ganar una Copa Intercontinental porque eras campeón del mundo por equipos. Tenía mucho más mérito decir: 'Coño, eres campeón del mundo'. No, la Copa de Europa, la 'Orejona' del carajo...