El amigo zaragocista al que adoran todos los famosos: "El día que Victoria Abril conoció a Guardiola y a Figo les preguntó: 'Y vosotros, ¿a qué os dedicáis?"
Luis Alegre conoce a todo el mundo y todo el mundo lo conoce a él: escritor, actor, cineasta, profesor y periodista, entre otras cosas, habla con Relevo de amigos, cine, fútbol... y su Real Zaragoza.

La pregunta clásica: ¿Quién es Luis Alegre y a qué se dedica Luis Alegre? Sus propios e innumerables amigos se la hacen, con deliberada sorna. En realidad, contestarla resulta tan complejo porque no hay etiqueta para contener a alguien que ha publicado libros y tesis doctorales sobre el cine español, es profesor de economía de la empresa en la universidad, ha actuado en películas, firma en diarios, revistas y suplementos, presenta programas de televisión, dirige festivales de cine o impulsa ciclos y eventos culturales. Por nombrar sólo algunas cosas.
Si una definición acierta a resumir a la persona, acaso sería ésta: Luis Alegre es un zaragocista, nacido en 1962 en Lechago, provincia de Teruel. Fue un niño que aprendió la idolatría mirando a Los Magníficos en un incierto televisor del bar de la localidad. Hoy cultiva la amistad íntima, discreta y generosa (o sea, la amistad verdadera) de actores, futbolistas, escritores, gentes de la cultura, entrenadores, cantantes, directores de cine o periodistas. Con él hablamos de fútbol y cine, de jugadores y actrices, de directores y partidos. Todo con desenfado de mesa camilla en el cuarto de estar. Y ahí, en la habitación del fondo donde uno no se atreve a mirar, el Real Zaragoza. Como un enfermo en la cama.
Empecemos por un asunto capital: ¿A ti te gusta el fútbol o sólo el Real Zaragoza?
Un día, a mis cuatro años, en mi casa de Lechago, mi padre y mi tío Luisito escuchaban en Radio Zaragoza un partido de los Magníficos. Cuando Paco Ortiz gritó un gol de Marcelino, comenzaron a saltar y a abrazarse como locos y a comerme a besos a mí. Yo siempre he pensado que ahí se disparó mi pasión por el fútbol y por el Real Zaragoza, que asocié de inmediato a la alegría, la felicidad y los afectos. Durante un tiempo apenas veía partidos en los que no jugara el Zaragoza. No me interesaban. Pero, luego, desde el Mundial de Alemania de 1974, aprendí a disfrutar del fútbol de otra manera, de un modo más relajado, sin el pinchazo emocional que me produce el Zaragoza.
¿Cómo de mítico era oír hablar de 'Los Magníficos' en aquellos días en un pueblo de Teruel?
En un lugar diminuto, pobre y olvidado, a finales de los 60, aquel Zaragoza que todo el pueblo veíamos en la tele del bar adquiría una altura mítica descomunal. En el bar había un póster del equipo y aquella alineación —Yarza; Irusquieta; Santamaría, Reija; Pais, Violeta; Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra— es, quizá, lo primero que memoricé en mi vida sin que nadie me obligara a ello. El Zaragoza era mi paraíso y Los Magníficos, mis superhéroes. Zaragoza era mi ciudad soñada, exclusivamente porque allí vivían mis ídolos. La primera vez que vine a Zaragoza, a una boda, con ocho años, miraba a mi alrededor todo el rato por si, de repente, me encontraba en la calle con Marcelino o Violeta, cuyos cromos llevaba encima siempre.
Ahora 'Los Magníficos' protagonizan una novela de Rafa Rojas. Entre ellos José Luis Violeta, tu ídolo desde niño.
Devoraré esa novela, cómo no. El día que mi amigo Pepe Melero (escritor, bibliófilo, ex consejero del club y zaragocista contumaz) me presentó a Violeta ha sido uno de mis mejores días. Luego nos hicimos muy amigos. Era un ser entrañable y fabuloso.
¿Quién es Luis Alegre? 😉 ¿Por qué todos le conocen? 🤭 Esta semana vamos a tener un programa muy, muy especial en Tenía...
Posted by Aragón TV on Tuesday, December 3, 2024
¿Tenías de pequeño más ídolos en la pantalla de cine o en el campo de fútbol?
Hasta mi adolescencia, la cantidad de ídolos del fútbol ganaban por goleada (sic) a los del cine.
A mi edad, y a pesar de todo, aún sueño con cierta frecuencia que soy jugador del Real Zaragoza. ¿A ti te pasa?
Miles de veces, desde niño. En el pueblo, mi madre me daba a leer vidas de santos. Un día le dije: "Mamá, ya sé lo que quiero ser en esta vida: santo y futbolista del Real Zaragoza". Un día mi hermano me regaló una camiseta del Zaragoza con el 9 a la espalda y durante mucho tiempo dormí con ella. Hasta los 12 años pensé, en serio, que podía triunfar en el fútbol. Ser futbolista fue mi primer gran sueño hecho añicos. Habría dado cualquier cosa por estar de suplente en un partido del Zaragoza.
En alguna ocasión has contado que tu padre, cuando el Real Zaragoza descendió en 2002 después de 25 años consecutivos en Primera, te dijo: «Tranquilo, en Segunda también se puede ser feliz». ¿Se atrevería a decirte que en 1ª RFEF también se puede ser feliz?
Pues no te extrañe. Mi padre se quedó huérfano con siete años y tuvo que abandonar la escuela para ayudar a su madre en las tareas del campo. Luego, en la guerra y la posguerra, las pasó muy canutas: sufrió hambre, precariedad y todo tipo de penalidades. El fútbol, como la lectura o el cine, fue uno de sus grandes alivios. Y era del Zaragoza a muerte. Pero cuando el Zaragoza perdía, se disgustaba lo justo. Lo relativizaba mucho. Para él, sufrir, sufrir... era otra cosa. Por eso decía que se podía ser feliz en Segunda y, por qué no, en 1ª RFEF. Ahora, también te digo que ni en sus más delirantes pesadillas pudo imaginar que íbamos a estar donde estamos.
"Hasta los 12 años pensé, en serio, que podía triunfar en el fútbol. Ser futbolista fue mi primer gran sueño hecho añicos. Habría dado cualquier cosa por estar de suplente en un partido del Zaragoza"
Zaragocista¿Cómo habría podido nadie imaginar algo así?
Mi padre murió el 7 de agosto de 2006, el día que cumplía 79 años. Ese mismo año había vivido una de sus grandes alegrías como forofo: ver cómo el Zaragoza de su querido Víctor Muñoz trituraba en la Copa del Rey al Barça, Atlético y Real Madrid, con aquel memorable 6-1; y, también, una de sus mayores tristezas, la derrota por 4-1 ante el Espanyol en la final. A veces pienso que lo único bueno de que se fuera de este mundo es que se ha evitado el infierno en el que estamos atrapados. Realmente, desde ese 6-1 al Real Madrid yo no he vivido, como zaragocista, ningún instante realmente eufórico y feliz.
Las pesadillas no son tan largas ni tan profundas. ¿Cuándo nos despiertan? ¿Vivimos en una interminable película de terror?
Completamente. Película de terror, pero de ínfima calidad. Las hay muy buenas y ésta del Zaragoza es de lo peor.
¿Eres capaz de analizar desde la razón lo que está sucediendo?
Es muy complicado para mí analizar lo que no acabo de entender. Te podría hablar de infinidad de causas, pero nunca serán suficientes. Las últimas razones se me escapan. Alguna vez he tenido la tentación de pensar que lo que nos pasa es la venganza de algún santo malvado que nos hace pagar bien caros los milagros de Nayim y Galletti.
Te planteo un debate clásico del zaragocismo de hoy: ¿El Zaragoza vive fatalmente atrapado porque piensa más en su historia que en el presente? Dicho de forma lírica: ¿Hay que olvidar el cielo para salir del infierno?
De ninguna manera. Lo único que nos faltaba es que, encima, tuviéramos que olvidar las glorias del pasado. Es nuestro consuelo, el único asidero para no derrumbarnos definitivamente. Ese pasado ilustre tendría que ser un estímulo inmejorable, no un lastre insoportable.
"Víctor Muñoz era mi ídolo y, al verlo el primer día de clase en los pasillos de la facultad, le pedí un autógrafo: al día siguiente nos sentamos juntos y nos hicimos amigos de inmediato"
ZaragocistaHas nombrado ya a un clásico, Víctor Muñoz. Coincidiste en clase con él en tu época de estudiante universitario. ¿Fue tu primer amigo futbolista?
Sí. Él era mi ídolo y, al verlo el primer día de clase en los pasillos de la facultad, le pedí un autógrafo. Han pasado 45 años de ese momento. Al día siguiente nos sentamos juntos y nos hicimos amigos de inmediato. Víctor es un fuera de serie. La personalidad más relevante, y de mayor proyección internacional, que nunca ha dado Aragón al mundo del fútbol. No entiendo, por cierto, que aún no se le haya nombrado hijo predilecto de Zaragoza, como poco.
¿Son más famosos los artistas o los futbolistas? ¿Es el mismo tipo de idolatría?
Qué buena pregunta. El fútbol es un fenómeno de una popularidad extrema, pero también es verdad que hay una parte de la población que no está pendiente de él. Tal vez la fama de los artistas sea más transversal. Una noche, hará unos 26 años, quedé a cenar con Figo, Guardiola y Victoria Abril, en un momento de máxima popularidad de los tres. Victoria, al saludarlos, les preguntó: "Y vosotros, ¿a qué os dedicáis?".
No sé por qué me los imagino con la cara de Jorge Sanz en 'Amantes'. ¿Acertaron a contestar algo?
Durante un momento se quedaron desconcertados, pensando que se trataba de una broma. Luego, al reparar en que realmente Victoria no tenía ni la más remota idea de quiénes eran, les hizo muchísima gracia. Era la primera vez que les pasaba algo parecido.
Los artistas tienen la ventaja de que la suya es una fama más longeva, ¿no?
Desde luego, que los futbolistas se retiren en la flor de la vida y los artistas, en principio, no tengan fecha de caducidad, contribuye a que su fama pueda ser mucho más prolongada. Aunque cada caso es un mundo. José Sacristán es popular desde hace casi 60 años. Pero hay muchos actores que brillan durante un tiempo y luego se evaporan.
Una vez te leí comparar a Messi con Mozart y a Cristiano con Salieri. ¿Te consta cómo le sentaron al portugués esas durísimas declaraciones?
Yo no existo para Messi y Ronaldo. Pero espero que, si lo llegaran a leer, se lo tomaran bien. Sobre todo Messi jeje.
"Resines, Eduardo Noriega, Juan Diego Botto, Julián López y Viggo Mortensen son cinco 'hooligans' de sus equipos. Ray Loriga aún lleva el cromo de Juanito en la cartera y, si el Madrid le gana al Barcelona, se va al quiosco a comprar 'Sport' y 'Mundo Deportivo"
Zaragocista¿Hablan más los actores de fútbol o los futbolistas de cine?
Mucho más los actores de fútbol, qué duda cabe.
¿Cuál es el actor más futbolero con el que te las has visto?
Antonio Resines (Real Madrid y Racing), Eduardo Noriega (Barça y Racing), Juan Diego Botto (Barça), Julián López (Athletic de Bilbao) y Viggo Mortensen (San Lorenzo de Almagro) son cinco hooligans como hay pocos. Es un espectáculo ver con ellos un partido de sus equipos. Se convierten en personas distintas. Otro caso extremo es Ray Loriga, que aún lleva el cromo de Juanito en la cartera y que, cuando el Madrid le gana al Barça, va enseguida al quiosco a comprar el Sport y El mundo deportivo.
Pasiones turbias y a menudo insospechadas. Desde que supe que un cineasta tan particular como Ken Loach es muy futbolero y acérrimo del Bath City, de su ciudad, me gusta imaginar que también Bergman, Fellini, Buñuel, Hitchcock, Billy Wilder o John Huston lo fueron.
El más futbolero de los que citas fue John Huston, director de Evasión o victoria. En España, el director más aficionado que conozco es Agustín Díaz Yanes, del Atlético de Madrid... pero con mucho cariño al Zaragoza, la ciudad de su madre.
Hombre, en 'Evasión o victoria' Huston puso en el reparto a Max Von Sydow, que es como hacer un poco futbolero de manera vicaria a Bergman. El acabose.
Ja, ja, ja, ¡totalmente! Pero aún queda pendiente la gran obra maestra ambientada en el mundo del fútbol.
¿La gran obra maestra del cine futbolístico no fue el gol de Nayim?
Bueno, esa es la obra maestra de las obras maestras. Y la mayor evidencia científica que conozco de la existencia de los milagros de la Virgen del Pilar.
Vayamos a otra escena de realidad ficción: el día que Pep Guardiola presentó un libro en Zaragoza en una pequeña librería: «Si hoy pasara algo así, no cabríamos en La Romareda», escribiste después.
Pep Guardiola, Daniel Gascón y yo presentamos una novela de David Trueba, Saber perder. Fue en la librería Los portadores de sueños, el 3 de marzo de 2008, cuando Pep entrenaba al Barça B. En la librería no había más gente de la habitual en las presentaciones. Si puedo precisar tanto la fecha es porque recuerdo muy bien que, cuando fuimos con Pep y David a Radio Zaragoza a hablar de la novela, el periodista Juan Carlos Yubero nos dijo que acababa de dimitir Jabo Irureta como entrenador del Zaragoza. En ese momento Pep soltó esto, completamente en serio: "Me encantaría entrenar al Zaragoza". Yo, ni corto ni perezoso, transmití a la directiva ese deseo de Pep. Pero no lo consideraron. Me dijeron que necesitaban a alguien con más experiencia.
Y ficharon al gran Manolo Villanova, que se comió aquel pastel envenenado del descenso más inexplicable de la historia del club... hasta ahora. Aquél era un equipazo, pero me temo que no lo habría levantado ni Guardiola.
Pues es muy posible. Manolo Villanova era uno de los que menos se merecían incluir en su trayectoria un descenso del Zaragoza.
"Fui con Pep y David Trueba a 'Radio Zaragoza' a presentar 'Saber perder' y nos dijeron que habían echado a Irureta del Zaragoza. Y Pep dijo: "Me encantaría entrenar al Zaragoza". Se lo transmití a la directiva, pero lo desecharon"
ZaragocistaAl contrario de aquel año, ahora sí se ha apostado por un entrenador sin experiencia. ¿Cómo ves a Gabi en medio de la tormenta?
El día que Víctor Fernández arrojó la toalla me temí lo peor: si alguien como él había comprendido que no había remedio es que, realmente, no lo había, fuera quien fuera el entrenador. La realidad no hace más que confirmar mis barruntos. El problema no es Gabi. El problema es el cáncer gravísimo que sufre el Zaragoza desde hace demasiado tiempo. A corto plazo, la única esperanza es que el Eldense —o algún otro equipo desdichado— esté peor que nosotros.
Olvidemos la cruda realidad y volvamos un momento a eso de Guardiola deseando entrenar al Zaragoza. Lo de que lo rechazaran me recuerda a cuando Decca desechó contratar a... The Beatles.
El caso es que, sólo un año después de ese día, Pep ya había pasado a la historia como uno de los grandes revolucionarios del fútbol mundial. Ningún entrenador había llegado tan lejos en tan poco tiempo.
Imaginar qué habría sido del futuro del Zaragoza con Guardiola es cómo inventarnos 'Qué bello es vivir' a la inversa y en zaragocista.
Es inevitable pensar qué habría sido de nosotros, y de él, si lo hubieran aceptado como nuestro entrenador. Pero casi mejor no pensarlo mucho. Igual si Pep hubiera entrenado al Zaragoza, su carrera habría sido un desastre. Ahora bien, si pudiéramos volver a esa tarde del 3 de marzo de 2008, me encantaría comprobarlo, jeje.
Para quien aún no lo sepa, ¿cómo surgió vuestra amistad?
Un día de 1996, en Barcelona, invitaron a Pep a recitar poemas de su amigo Miquel Martí i Pol. En ese acto coincidió con Ariadna Gil. A Pep siempre le ha encantado el cine y, de inmediato, hicieron muy buenas migas. Ariadna se lo presentó a David Trueba y David me lo presentó a mí. Desde entonces es uno de mis amigos más queridos.
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¿Y cómo se ha mantenido teniendo en cuenta en lo que se ha convertido Pep Guardiola en estos años?
Es una amistad muy cómplice y muy intensa, pese a la distancia. Con David mantenemos el rito de quedar a comer o cenar, al menos, una vez al año, solos los tres. Nos reímos mucho juntos, pero apenas hablamos de fútbol.
¿La necesidad de aislarse un tanto de ese mundo tan devorador?
Exacto. Ernesto Valverde es otro gran amigo al margen de los del Zaragoza. Hay una anécdota suya que ilustra con precisión lo absorbente y obsesivo del oficio de entrenador. Todas las mañanas llevaba con su coche a sus hijos al colegio. Pero un día, al llegar al colegio, se dio cuenta de que estaba solo en el coche. Se le había olvidado subir a sus hijos.
¿Es verdad que hace años, cuando Guardiola llamaba por teléfono a ciertos amigos, se presentaba: «Hola, soy el que mea colonia»?
Era así. Eso demuestra que sabe reírse de sí mismo. El Pep íntimo es completamente adorable.

Una de mis anécdotas preferidas de tu catálogo es la de aquel partido entre Real Zaragoza y Athletic, en el que Pardeza se acerca a Ernesto Valverde en el campo y le dice: «Dale recuerdos a Bernardo Atxaga».
Miguel Pardeza tiene otra buena en Alloza, el pueblo de Joaquín Carbonell (cantautor aragonés fallecido en septiembre de 2020). Joaquín le presentó a Miguel al tío Romualdo que, con la boina, estaba sentado en el carasol. Joaquín le dijo. "Mire, tío Romualdo, con quién vengo, con Pardeza, capitán del Zaragoza". El tío Romualdo lo miraba de arriba abajo, asintiendo pero en silencio. "Sí, hombre, el de la Quinta del Buitre", seguía Joaquín. Y Romualdo, asintiendo. "Máximo goleador del Zaragoza", continuaba Joaquín. El tío Romualdo, igual. "Internacional", subrayó Joaquín. Y, en ese momento, el tío Romualdo rompió su silencio y dijo con acento inequívoco: "¡¡¡¿Y pa' qué tanto?!!!".
Antes has nombrado a Luis Figo. Aquella entrada suya a César Jiménez, ¿ha sido el dilema personal más difícil que has vivido relacionado con el fútbol?
Aquello fue tremendo. Lo vi en directo, en el Bernabéu, al lado de José Antonio Labordeta. La entrada fue muy dura, como tantas entradas, pero no malintencionada. Figo no se distinguía por eso. Nunca le había visto, ni le volví a ver, una entrada así. Fue un accidente, una desgracia que acabó con la carrera de César Jiménez. Sé bien hasta qué punto Figo —que al día siguiente vino a ver a César a Zaragoza— lo lamentó con toda su alma.
¿Fue gracias a tu mediación?
La iniciativa de la visita fue suya. Yo sólo lo animé a que lo hiciera. Lo acompañó Butragueño. Por cierto, con Figo me jugué una cena a que les íbamos a ganar la Copa del Rey de Montjuïc, en 2004. No sabes la alegría que me dio ganar aquella apuesta.
¿Ese mismo día en el palco del Bernabéu fue el que coincidiste con Pelé? ¿Llegaste a saludarlo?
No, no me atreví. Le hice una foto, eso sí.
Me sorprende saber que a alguien como tú lo ha impresionado un personaje famoso. ¿Hay algún otro caso?
Víctor Muñoz me presentó a Maradona en un ascensor del hotel Don Yo y a Luis Arconada en La Romareda, después de un entrenamiento con la Selección. Maradona ha sido el gran genio de mi generación y Luis Arconada, el portero más impactante que he visto en mi vida. Recuerdo especialmente un Zaragoza-Real Sociedad que vi en La Romareda, en 1979. Yo tenía 17 años. Jorge Valdano remató de cabeza, a bocajarro, un balón a la escuadra. De repente, un gato voló desde el otro lado de la portería y bloqueó el balón. Es la parada más impresionante de la que tengo recuerdo.
"Víctor me presentó un día a Maradona en el ascensor de un hotel y a Luis Arconada en La Romareda. Con Pelé coincidí en el palco del Bernabéu una vez, pero no me atreví a hablar con él. Le hice una foto, eso sí..."
Zaragocista¿Y en el mundo del cine?
En el cine, la persona más deslumbrante que tuve la suerte de tratar y querer fue Fernando Fernán-Gómez. Era como Maradona.
Y protagonizó 'El fenómeno', como llamaban a Ronaldo Nazario. ¿Le gustaba el fútbol a Fernán-Gómez o la pelota le era tan ajena como al personaje que hacía en la película?
A Fernando le gustaba mucho el fútbol. Vi varios partidos con él. Aunque no era forofo de ningún equipo, simpatizaba con el Real Madrid y con las selecciones española y argentina. Él nació en Lima durante una gira de su madre y fue inscrito en Buenos Aires. Mantuvo la nacionalidad argentina hasta los años 80.
Considerado a lo largo de toda su historia, ¿es mejor el fútbol español o el cine español?
La comparación sistemática entre uno y otro a lo largo de la historia daría para una tesis doctoral. Lo mejor que ha dado el fútbol español y lo mejor que ha dado el cine español figuran en la élite internacional de todos los tiempos.
¿La Furia Española era el equivalente de 'la españolada' del cine? ¿La expresión del prejuicio contra nosotros mismos?
Lo que acabas de plantear me parece un descubrimiento genial. Lo clavas. Es un retrato de la personalidad española, distinguida por una especie de chovinismo inverso, con ese afán por menospreciar a nuestros mejores valores. Paco Ibáñez dijo una vez que España es el país de "el tiro al plato". Nos encanta lanzar a alguien y dispararle cuando llega a lo más alto.
Igual esto es una 'boutade', pero si Buñuel, Bardem, Berlanga y Saura hubieran sido futbolistas, España tendría como poco cinco Mundiales...
No me parece una boutade. Ellos están para siempre entre lo más valioso de la historia del cine.
Si te proponen al mismo tiempo una cena con amigos, ver una película y un partido del Zaragoza, ¿qué plan eliges?
Una cena con amigos es imbatible. Y, además, me da una excusa para no ver al Zaragoza. La película siempre puede esperar.
¿Cuál te pondrías para olvidar lo que le pasa al Zaragoza?
El apartamento nunca deja de darme alegrías.
Hemos hablado de tus amigos, el cine y el fútbol. ¿Cabe imaginarse una vida más plena?
Bueno, con el Zaragoza así, esto no es vida. Por cierto, te voy a confesar algo. Cuando un ser muy querido está en una situación de salud desesperada y no hace más que sufrir y hacer sufrir a los demás, puedes llegar a desear que le apliquen la eutanasia, que lo desconecten. Con el Zaragoza, en los momentos de máximo dolor, he llegado a sentir algo parecido: el deseo de que lo desconecten.