Todavía no sé qué jugador es Camavinga

Existen jugadores que hacen tantas cosas bien y que tienen unas virtudes tan dispares y diversas, que resulta tentador imaginarlos en distintos universos. Futbolistas que parecen moldeados por el futuro de tal forma que a veces el presente se les hace confuso, como si no entendiesen qué posibilidades tienen y cuál es su espacio. Bichos raros. Eduardo Camavinga es uno de ellos y yo, tres años después de su llegada, todavía no sé qué jugador es, aunque se le intuyan muchas cosas.
El francés fue fichado con 20 años después de venir de un curso algo irregular en Rennes, aunque su irrupción en el fútbol francés cuando tenía 16 años hacía notar que era un futbolista especial y que cualquier bache de rendimiento era asumible, un peaje necesario a pagar para todas las posibilidades que ofrecía Camavinga. Físico desbordante, con una elasticidad marciana y una resistencia de maratoniano, acompañada de una técnica algo extraña pero más que golosa. Regates y controles de elegido que chocaban con un rango pasador algo corto, irregular, trazando el perfil de un futbolista distinto que sacaba sus virtudes en la conducción y el despliegue y que se sentía más extraño en un circuito de pases corto. Todo ello llegaba al Real Madrid sin forma, intacto.
Entre maestros y un aprendizaje forzoso
La gran ventaja competitiva del Real Madrid ha sido que no ha habido equipo en Europa con mejores maestros para los novicios que los blancos: Modric, Kroos, Benzema y Casemiro conferían un aura casi insuperable y una transmisión natural de conocimiento futbolístico, responsabilidad ante cualquier reto y tranquilidad de maestro Zen. Solo así se entendía que los jóvenes aterrizasen sin miedo y ganasen eliminatorias cuando deberían estar perdiéndolas. Camavinga, que en su primer año fue suplente, terminó siendo pieza clave en las remontadas de su equipo ante el Chelsea y el Manchester City. ¿Había eclosionado?
Pronto se descubrieron varias cosas. Que Camavinga, pese a tener todas las cualidades imaginables para jugar a este deporte, le faltaba la que Kroos tiene y practica: la paciencia. El francés se movía mucho, a ratos sin que nadie supiese por qué, y cuando era el mediocentro desprotegía su espalda forzándose a corregir muchas veces, algo que lograba gracias a unos instintos defensivos de super héroe. Pero saltaba siempre. Y si algo hacía Casemiro sin balón y Kroos con el cuero, era que casi nunca se precipitaban. Ancelotti no confiaba en él como titular en el centro del campo porque de interior su espacio chocaba con el de Kroos, quedando Camavinga en tierra de nadie.
El lateral invisible y un futuro renovado
Las lesiones de Mendy le abrieron la puerta. ¿Por qué no situar al jugador con más capacidad de robo y de meter la pierna del equipo en el lateral? ¿Por qué no darle un espacio nuevo en el que ver siempre el juego de cara? El francés, que llegaba al Real Madrid como potencial mediocentro, nunca jugó mejor que como lateral. Su habilidad para regatear eliminaba presiones, su facilidad para conducir y activar a Vinicius hacía retroceder al rival. Era un universo nuevo. Ancelotti se relamía porque su equipo era mucho mejor. Pero los conceptos, aquellos que no tenía como mediocentro cuando llegó, le pasaron factura ante el City en la vuelta y el técnico italiano volvió a confiar, siempre que estuvo disponible, en Ferland Mendy.
Camavinga sigue siendo muy joven. Pero uno espera que un talento de su calibre se defina en su tercer año, que ya nadie cuestione su titularidad porque nadie duda de sus condiciones. A Camavinga le pesa hacer muchas cosas bien sin que ninguna sea su especialidad. En equipos de élite donde cada año llegan jugadores muy buenos y los que están son mejores que hace un curso, esto puede suponer un problema. En una empresa, ser el chico para todo suele ser rentable al principio, pero llega un punto en que uno tiene que especializarse, sobre todo si no quiere perder su status.
El problema que corre Camavinga es que la gente deje de ver sus virtudes como tal. Que de algo que gusta y el aficionado observa con cierta excitación pase a verse como un limitante. El tiempo marcará en qué se convertirá Camavinga y dónde va a desarrollar su trayectoria a futuro, porque tan importante es saber qué jugador eres como hacerlo ver. En esta vida no hay nada tan importante como fingir bien y asumir como propio aquello que te es ajeno.