"Con dos cojones, Rubiales"

Un día mi padre, sin comerlo ni beberlo, y llevando yo ya unos ocho años en AS, me dijo muy serio en el aperitivo: "Me gustaba mucho más cuando escribías de fútbol". Era su forma de decirme en ese 2013 que los nuevos temas institucionales que me había encargado cubrir Alfredo Relaño, más allá de todo lo deportivo a lo que ya me dedicaba, eran tremendamente infumables. Por decirlo de una manera digna, indolora y suave.
Liga, Federación, sindicatos de toda índole y pelaje, CSD -con sus expedientes e inhabilitaciones-, COE y hasta la eterna candidatura olímpica de Madrid 2020. Política deportiva repleta de siglas innombrables que sólo interesaba a unos cuantos que la protagonizaban y que le daban de comer. Temas tan oscuros como necesarios para los que hubiera estado bien cursar Derecho y que, cada noche, me hacían enfilar la cama con el estómago revuelto. No hay mejor despertador que saber que al amanecer -tras lo escrito y llevado a imprenta- mi móvil iba a echar humo, con la amenaza de algún burofax y con la eterna pelea con los jefes de que lo que has publicado está atado y bien atado.
Unas veces llamaba al alba algún bravucón cagándose en mi madre y advirtiendo de que, en cuanto colgara sin escucharme, iba a pedir mi cabeza. Y otras, como contrapeso, algún interesado te escribía alabando tu texto por haber apretado de lo lindo a algún dirigente al que él llevaría al paredón. No sé qué era lo peor de todo. Y sigo sin saberlo, porque en la actualidad la historia se repite. Lo que estaba claro es que, fuera de ese gris mundo de corbatas, estos temas protagonizados por directivos -y muy muy pocas directivas- no interesaban absolutamente a nadie. Las audiencias en web solían caer en picado cuando querías darle una posición privilegiada en la portada. Y si el redactor jefe te daba una columna en papel, allá en la página 27, era más por camaradería que por comprensión.
Hoy, que los medios deportivos parecen un compendio de sucesos, curiosamente los pocos periodistas que han seguido estos arduos temas desde hace años ante los regates del lector son, sin pretenderlo, el centro de atención en cualquier tertulia que se preste. Da igual que sea en el bar, en el gimnasio o en el prime time de alguna televisión de esas que han programado hasta especiales. Jamás iba a pensar que en el vermut me iban a preguntar un día por el TAD, y que en plena feria del pueblo Rubiales iba a ser el foco antes que Mbappé. Y qué quieren que les diga. Para escuchar algunas barbaridades, hubiera preferido seguir nuestra vida como siempre, con el balón al mando y con el bendito anonimato.
No sé si por la resaca o por la impresión, aún retumban en mi cabeza frases de este fin de semana -medio broma medio en serio, pero completamente dolorosas-, como "con dos cojones, Rubiales", "¿todo esto por un simple beso?" y el manido retintín sentenciador de "si es que estas feministas...". Incluso juraría haber visto a una peña o charanga con unas camisetas serigrafiadas en apoyo al presidente suspendido, a algún colega intentando darme un pico sin haberle dicho antes que era un crack y hasta haber asistido a alguna celebración de un paisano echándose la mano a la entrepierna cuando en otro momento, de haber repetido algún gesto viral, hubiera ejecutado el 'siiiiuuu' de Cristiano Ronaldo. Hay más condena. Pero como con la pandemia y con la lluvia, asoman los negacionistas.
Y es que no hay peor noticia en esta crisis en torno a la RFEF y la selección femenina que el discurso se haya politizado. Ya saben: cuando un político entra por la puerta, la cordura suele saltar por la ventana. Y, claro, dime qué votas y te diré, con poco margen al error, qué postura defiendes sobre Jenni y Rubiales. Pese a que hasta Yolanda y Cuca van en esto de la mano. Me he encontrado de todo, porque afortunadamente en mi tierra impera el progreso, y seguramente muchos chascarrillos hayan sido más por el mero hecho de ir contracorriente y provocar que por tener razones de peso para airearlo. Pero los extremismos ya son insoportables. Nadie quiere escuchar al de enfrente para intentar cotejar su opinión, comprender y mejorar. Aquí lo que prevalece es dejar clara una visión y, ya de paso, intentar decir alguna gilipollez original. Por eso, el silencio es una de las mejores recetas.
Muchos me han preguntado durante las últimas horas que cómo va a seguir y, sobre todo, cómo va a terminar este caso. Pero con la crispación flotando en el ambiente, siempre he respondido lo mismo: 'Lo siento, es que hasta el lunes estoy librando'. La verdad, hoy que he vuelto a subir la persiana, es que tengo muchas dudas y respeto. Ando ya en decimoquinto curso de Rubialismo, al que conozco desde su llegada a AFE tras verle correr la banda izquierda, y si algo sé es que morirá profesionalmente -si es que muere- matando. En su mandato ha hecho muchas cosas bien, pero sólo se le pide que se responsabilice de sus actos y que deje de atacar y hacerse la víctima. Como cuando el resto de mortales, sin denunciar que nos han llamado kamikazes, pagamos nuestras multas por velocidad.
Pese a que nuestro oficio nos obliga a contar lo que pasa y no lo que nos gustaría que sucediera, aquí, que es el espacio al que me debo, sí que veo ciertas evidencias a compartir. Del Gobierno en funciones, sólo espero más de lo mismo: que la FIFA le sirva de paraguas mientras sigue haciendo el ridículo con un tema que ha dado la vuelta al mundo. A los escuderos de Rubiales, que continúan atrincherados en Las Rozas, me los imagino borrando huellas, rezando, enviando mensajes de "sé fuerte" a su amo y, a la vez, compartiendo audios sentidos con Pedro Rocha de "hay que limpiar esto cuanto antes; contigo voy a muerte". A la mayoría de presidentes territoriales los visualizo como siempre, consultando las previsiones de qué sol será el que más caliente ahora que se aleja la DANA. A Vilda, actualizando su perfil de Linkedin. Y a De la Fuente deseando que se juegue ya, que Morata marque sin estar en fuera de juego y que en Granada las feministas tengan otros planes.
Imagino también que el castigo provisional a Rubiales se renueve más allá de los 90 días para evitar que vuelva a su puesto y presenciemos una refriega al estilo de Puerto Hurraco; espero lío y tedio hasta enero, cuando se convoquen unas nuevas elecciones; y a partir de ahí mucho movimiento y cientos de zancadillas. Dentro de la Federación, para presentar a un candidato de consenso (Pablo Lozano, de la Andaluza, por ejemplo). Y fuera, con todos los opositores de Rubiales unidos, para apostar por alguien con más peso, preparación y disponibilidad que Casillas para entregar su vida a la causa a partir de abril de 2024.
Veremos. Queda tela que cortar, con varias sorpresas. Así que, mientras, voy a ver si le doy a la tecla con el fútbol de verdad, con la Selección, con este Barça aburrido, con el don de Bellingham y con el regreso de Aitana. No hay nada más doloroso que no te lea un padre.