OPINIÓN

Alerta bilbainada: el Athletic es la cuadrilla más grande del mundo

Muniain, micrófono en mano, a hombros en pleno festejo en las calles de Bilbao./Captura
Muniain, micrófono en mano, a hombros en pleno festejo en las calles de Bilbao. Captura

Aritz Aduriz, que estará hoy con el corazón dividido por ver celebrar a sus excompañeros mientras intenta levantar el ánimo de sus actuales jugadores en Mallorca, dejó una frase célebre en la última gran celebración que vivió Bilbao con el fútbol masculino: "Este equipo se merecía entrar en la historia. ¿Sabéis por qué? Porque somos como vosotros. Porque somos una cuadrilla y competimos contra el resto del mundo", gritó desde la balconada del Ayuntamiento tras levantar la Supercopa en agosto de 2015.

Ahora, nueve años después de aquel festejo, se confirma lo que todos sabíamos. Que este vestuario es diferente. Y lo es por muchas cosas. Voy por partes. Lo primero, porque este pasado sábado, en un fútbol en el que el aficionado cada vez está más alejado, la grada fue tan protagonista como los futbolistas. Durante el día, con una exhibición de decenas de miles de aficionados en cada rincón sevillano, en el estadio durante todo el partido y también, o sobre todo, en los festejos. Iker levantó la Copa en el palco, se acordó de De Marcos sobre el césped y todos, capitanes, cuerpo técnico y jugadores quisieron hacer partícipes a los aficionados.

Berenguer corrió a abrazarse con la grada tras marcar, algo que por cierto pudo acabar en tragedia por la avalancha vivida reviviendo lo que sucedió hace un año con los rojillos de Osasuna en esa misma zona. Lo segundo que hicieron fue recorrer el estadio en una vuelta olímpica, antes de posar la Copa en el legendario punto de penalti de la portería Sur y correr hasta allí como reconocimiento a la grada. Allí, en el área, cantaron con Villalibre tocando la trompeta, haciendo gestos a los hinchas de que se agachasen para que formasen parte del cántico. Y pasaron mucho tiempo celebrando.

Equipo y afición, sin un solo familiar por allí, alejándose de esas imágenes tan habituales hoy en día en la que los futbolistas corren a inmortalizar el momento con los suyos tras colgarse la medalla, olvidándose de la afición. Cuando ya no quedaba prácticamente nadie en La Cartuja, entonces sí, llegaron las familias, lideradas por un Ander Herrera que subió a la carrera en busca de todos ellos.

Primero la afición y después lo suyo. Más tarde llegarían las celebraciones más íntimas en el hotel de concentración sevillano y en Bilbao. Una de ellas, en el día de ayer, comenzó en la Sidrería Urban Bilbao y acabó por las calles. Junto a la afición que tanto necesitaba esta Copa y que tanto ha sufrido hasta conseguirla. Nació de forma espontánea. Como casi todas las grandes fiestas. De esas inolvidables.

Primeras canciones a las puertas del restaurante en el que comieron e hicieron la sobremesa, directo de Instagram de Iñaki para poner a todos en alerta y, después, lo que surja. Y lo que surgió fue un espectáculo único. Un equipo casi al completo -Nico, Raúl García o Herrera ya no estaban por allí- recorriendo las calles del corazón bilbaíno con una electrocharanga. Como cualquier cuadrilla vasca en las fiestas de su pueblo. Como lo que son ellos.

"Fue mucho el sufrimiento que pasamos el sábado, los jugadores y la afición en La Cartuja. Mucha presión, 40 años esperando este momento. Los que estuvisteis aquí en Bilbao, en vuestras casas, en el resto del mundo, sufriendo también con nosotros. Por eso queríamos estar hoy aquí con la gente, con la ciudad. Cuando decimos que esto es una familia no son palabras vacías. Queremos sentiros, que nos sintáis a nosotros, tocaros...", decía Iker Muniain a hombros en el centro del parque de Jardines de Albia, a escasos metros del Palacio Ibaigane, la casa del Athletic.

La afición celebró la Copa por todo lo alto, pero hay algo mucho más importante que el éxito deportivo en sí. El hermanamiento social y todo lo que supone para una generación que no había visto levantar un gran título a su club. Es una semilla que seguro que enraizará aún más fuertes los valores de este club entre todos los estamentos de la entidad. Socios, aficionados y jugadores. Aduriz tenía razón. El Athletic es txapeldun y también la cuadrilla más grande del mundo.