FC BARCELONA 0 - REAL MADRID 4

El Barça regresa al pasado... más oscuro: todo lo que ha fallado ante el Real Madrid

El FC Barcelona ha caído de forma contundente ante el Real Madrid, incapaz de encontrar el juego y la calma cuando el partido lo pedía.

Xavi Hernández durante el partido /AFP
Xavi Hernández durante el partido AFP
Albert Blaya

Albert Blaya

Si algo tiene el fútbol es que no impide que una pantalla superada vuelva a aparecer delante tuyo, burlando la lógica que señala que una vez adelantas una etapa, esta no vuelcva a aparecer. El fútbol puede permitir que alguien siga siendo siempre un niño durante toda su vida, o un adolescente empedernido. El FC Barcelona, que llegaba a este clásico insuflado de una confianza basada en sus resultados, volvió a topar con una pantalla familiar, y el partido pasó a ser un episodio de Black Mirror, un desagüe distópico.El Barça jugó un partido que ha perdido muchas otras veces.

La pregunta que uno se debe hacer es clara. ¿Qué sucede para que después del 0-2, con el equipo necesitando solo un gol para volver a la eliminatoria, el Barça jugase como si fuese 0-4? Se pueden atender a muchos factores, pero el principal es futbolístico. De juego. El FC Barcelona huyó del control, alejándose de su escudo, y se lanzó a por el desorden crónico, un espacio en el que el Real Madrid, con muchísima más calidad diferencial, se mueve como nadie. De repente, el centro del campo desapareció. No hubo tercer hombre ni pases entre líneas, dejaron de existir los apoyos y aparecieron las lagunas y los vacíos. El Barça se transformó en una sopa de letras sin palabras.

Más que el 0-3, que cayó como una piedra gigantesca, lo preocupante y que revela que debajo de la superfície hay más grises de los que se pensaba, es la respuesta a ese golpe. No hubo fútbol y como el Barça siempre se ha reconocido en el juego, tampoco encontró grandeza. Si algo claro dejó el partido es que uno no puede ignorar su pasado, tampoco hacer ver que se superan etapas que uno creía cerradas. El fútbol es como las relaciones de pareja. El Barça creyó que ese desorden y esa impotencia ya no volverían, pero el partido se encargó de recordarle que el destino no lo elije uno mismo, sino siempre alguien que no ves.

La respuesta futbolística -y emocional- al tardío gol de Benzema en el primer tiempo no fue la de un equipo vigoroso en lo anímico, sino la de un Barça que vio que, lo que venía haciendo, quizás no valía si el reto era de mayor envergadura. Se perdió altura defensiva, los ataques morían antes de llegar a las zonas decisivas y la transición defensiva, sin ataques de calidad y posesiones que calmasen al Real Madrid, fue inexistente. Ni Busquets pudo sumar pases, ni Gavi calmar jugadas, ni Raphinha desbordar, ni Lewandowski encontrar balones francos. Hasta el gigante Araujo pareció pequeño.

El Barça está en una encrucijada; no tiene talento diferencial arriba, no tiene jugadores que, a 50 metros, dejen jugadas decisivas, y eso limita la pizarra del colectivo. Pero a la par se encuentra con otro dilema. Sin ese talento, ¿por qué no buscar el orden, la calma, espacios más cortos donde la inseguridad no aflore tanto? Como si la ausencia de esa calidad diferencial llevase a Xavi a actuar como si en realidad si la tuviese. El segundo tiempo de hoy es único, pero el Barça ya lo vivió ante el Inter en el Camp Nou. Escenarios en los que ante un resultado adverso, la respuesta colectiva tanto emocional como futbolística, es de cortocircuito.

Esta derrota es distinta a cualquier otra de los últimos años, pero también idéntica en lo que uno ve cuando rasca la superfície. La de un Barça demasiado largo, aburrido de sí mismo, como si una vez recibido el golpe, en vez de buscar una venda, se quedase mirándose la herida, preguntándose que es eso de color rojo que brota de su mano. El Clásico se inscribe en el mismo patrón que el Barça - Inter, la eliminatoria ante el Eintracht o la caída ante el Bayern. El equipo crecerá de forma definitiva ante estos retos cuando, en vez de separarse en el verde para buscar la superioridad, se junte para entrar en calor. El fútbol siempre lo fue todo para el Barça. Y así debe volver a serlo.