Ansu Fati y el techo de cristal del Barça
El canterano volvió a marcar después de su gran gol ante el Betis y afronta así una titularidad decisiva ante el Getafe.

Pocas historias contienen tanto dramatismo como la de Ansu Fati. En sus ojos hay cicatrices profundas, unas inaccesibles para quienes le observan desde lejos. Pero también hay ilusión, cierta inocencia que se conserva intacta, como si después de todas las lesiones y golpes, algo hubiese impedido que se fuese de ahí. Ansu no deja de jugar como lo hacía hace tiempo, aunque todavía haya muchos que lo miren con cierto recelo. Cada sonrisa que regala Fati es un segundo más de vida para el resto.
En lo que llevamos de temporada hemos pasado por muchas fases respecto a Ansu Fati. Al final, el estado del futbolista no era tan importante como la lectura que cada uno hacía escrutando minuciosamente todos sus minutos para sacar conclusiones: a cada jugada alguien estampaba su opinión en Twitter. En un mismo partido "había vuelto", o "era preocupante", porque cada uno interpretaba cada gesto, regate o disparo de mil formas distintas. A ratos parecía que todo lo que rodeaba a Ansu Fati fuese una especie de reality show. Por suerte, en la cabeza de Ansu solo existe el fútbol.
La realidad es que Fati ha tenido más problemas para reencontrarse con la parte emocional que con la física. Lo segundo, que le ha limitado enormemente en su desarrollo los últimos dos años, ha terminado por tener un impacto muy grande en lo primero. De ahí se explica que Ansu empezase a fallar acciones que para él siempre fueron como andar para el resto de mortales. Lo emocional causó un gran bache en su memoria, como si una amnesia le hubiese congelado los recuerdos. De repente, ese disparo con comba al segundo palo se iba lejísimos, el amague no tenía el mismo efecto, como si los rivales le hubiesen pillado el truco. Todo parecía mucho más pastoso.
Al final, en la trayectoria de Ansu se pueden trazar paralelismos con los de una estrella musical juvenil, alguien que emerge con tanta fuerza y gustando tanto a todo el mundo que quizás uno no se imagina qué pasará cuando se caiga de ese pedestal. ¿Qué vendrá luego? En ese proceso de reconstrucción se encuentra un Ansu al que se le sigue viendo cada vez mejor, al que que le falta conectar un gol con otro, porque en Fati el gol es la palabra, y si tras un accidente debes enseñar a leer palabra por palabra a un adulto que ha quedado afectado, en Ansu es el gol su motor narrativo. Así se ha expresado siempre su juego, uniendo disparos con frialdad.
El techo del FC Barcelona es uno con Ansu en plantilla, pero es otro muy distinto con el canterano a buen nivel. A tope, Fati es el extremo titular del Barça sin ningún ápice de dudas, incluso tiene capacidad para ser, dependiendo del contexto, el cuarto centrocampista como ya lo fue en la segunda jornada liguera en el Reale Arena. Es gol, pero también comprensión del juego y sensibilidad para moverse y asociarse. Como en todos los delanteros de época, el gol es el alimento que permite que después se mueva todo lo demás. Este fin de semana será otra prueba para ver si la sonrisa de Fati sigue contagiando al resto.