El declive del Rayo Vallecano Femenino
Hace 22 años, la escuela de fútbol de La Chopera se convirtió en el que sería uno de los clubes más emblemáticos del fútbol femenino español.

El Rayo femenino es un equipo tan descuidado que ni siquiera su página en Wikipedia está actualizada. Casi 20 años después, el conjunto dirigido por Carlos Santiso, descendía de la máxima categoría del fútbol español y volvía, por primera vez desde su creación, a la segunda división femenina, actualmente bajo el nombre de 1ª RFEF.
En la temporada donde el fútbol femenino al fin se reconoció como profesional, el Rayo Femenino, uno de sus referentes, caía a los infiernos. Y no sólo en lo deportivo, también en lo económico y social. Para el club, la sección femenina ya no es una prioridad. No se invierte y no se cuida.
Han sido muchas las polémicas que han rodeado al equipo en los últimos años. La más reciente, la de su actual entrenador, Carlos Santirso, que en un audio que se filtró a los medios, pedía a su staff hacer "una como los de Arandina", en referencia a agresión sexual a una mujer por parte de varios jugadores del conjunto burgalés. A pesar de lo grosero del asunto y de las quejas de la afición, el presidente del club decidió mantener al entrenador al frente del equipo.

Durante la temporada pasada, el equipo, a pesar de jugar en la máxima categoría, no disponía de médico en el staff. Fueron numerosas las ocasiones en las que el doctor de los equipos rivales, tuvo que atenderlas tras golpes o lesiones, aunque el golpe más duro fuera el moral.
La elección de un entrenador que hizo apología de la violencia sexual, la ausencia de equipo médico, las condiciones de los viajes, las escasas cenas que recibían tras disputar los partidos… En definitiva, un deterioro que abocó al equipo al descenso y a un amateurismo que cuesta asimilar tras lo que ha significado este club en el desarrollo del fútbol femenino.
Los inicios del Rayo Femenino
A mitad de la década de los 90, surgía en Madrid la escuela de La Chopera. Un oasis en el desierto en la práctica de fútbol por parte de las niñas que, hasta entonces, no tenían dónde jugar.
Los primeros años el equipo no competía. Solo jugaban entre ellas. Pero las ganas de disputar una liga, de medirse a rivales, les llevaron a crear, en 1998, un grupo federado para que las jóvenes futbolistas pudieran competir y jugar contra otros equipos. José Alberto Izquierdo, exjugador del Rayo, fue el primer entrenador de este equipo que adoptó el nombre de CD Buen Retiro. Fueron creciendo desde abajo y, con un equipo de jugadoras de todo Madrid, arrasaron en Primera Territorial.
El equipo se consolidó y evolucionó tan rápido que los padres de las jugadoras, quienes asumían los gastos de los desplazamientos, material, escuela… se plantearon que no ascendiera de nuevo de categoría por la inviabilidad de sostenerlo. Fue un punto de inflexión de aquel grupo que nació como una escuela de barrio y pronto se convirtió en una referencia en el fútbol practicado por mujeres a nivel nacional.
Paralelamente, Teresa Rivero se convertía en la primera mujer presidenta de un club de fútbol. Sabedores de que el Rayo Vallecano quería entrar en el fútbol femenino, Juan Medina, entrenador por entonces del equipo y amigo de Félix Uceda, gerente del Rayo Vallecano, planteó la sinergia. Les presentaron el proyecto y en el verano del año 2000 el CD Buen Retiro pasó a llamarse Rayo Vallecano Femenino, de quién adoptaron el nombre tras firmar un convenio con el club. Por una parte, había un club que quería apostar por el fútbol femenino. Por otra, un equipo ya hecho, que sabía jugar, y que había arrasado en las dos temporadas anteriores.
Durante los primeros años fueron escalando por todas las categorías: Preferente Femenina, Nacional (segunda división), hasta llegar a la Superliga (primera división). En 2002, el equipo pasó a llamarse Rayo Vallecano de Madrid. Fue una fusión por absorción, como la del Real Madrid con el CD Tacón. Ya eran Rayo Vallecano a todos los efectos. En 2003, ya jugaron en la máxima categoría.
La afición acogió al equipo y la progresión fue espectacular. En 2008 lograron la Copa de la Reina, el primer título de su historia. En menos de una década, pasaron de ser un equipo de barrio a ser historia del Rayo Femenino.

Los mejores años del Rayo
Además de la Copa de la Reina, en la temporada 2007/2008 fueron subcampeonas de la Superliga Femenina, quedando únicamente por detrás del Levante UD, uno de los equipos más potente en esa época y el primer español en jugar competición europea.
Los mejores años del Rayo Vallecano Femenino llegaron entre las temporadas 2008/2009 y la temporada 2010/2011. El equipo madrileño consiguió el título de liga durante tres años seguidos. Fue el último campeón de la SuperLiga Femenina, antes de que pasara a llamarse Primera División.

En 2008, el mejor año de su historia, consiguieron también su primera clasificación para la Champions, competición que disputarían durante las siguientes tres temporadas. Fue tal su desarrollo, que el Rayo Vallecano Femenino puede presumir de ser uno de los equipos que cuenta con un trofeo de la liga en propiedad. Tan sólo lo tienen los equipos que lo han conseguido durante tres veces seguidas, por lo que al Rayo se suma El FC Barcelona, el Atlético de Madrid y el Athletic Club.
La cantera de Madrid
El Rayo Femenino fue uno de los clubes por el que pasaron las jugadoras más importantes de nuestra liga, como Jenni Hermoso, Sonia Bermúdez o Adriana Martín, y cuna de otras canteranas que fueron emblema de este deporte, como Natalia Pablos, Alicia Gómez, o Sheila García.

Además el club tenía la Escuela Mixta Municipal, en convenio con el Ayuntamiento de Madrid, formada por 200 niños y niñas con bajos recursos del distrito de Villa de Vallecas. En Vallecas se respiraba fútbol, pero siempre dentro de un contexto social clave en el desarrollo del club.
Ahora, en cambio, el equipo está irreconocible: las mejores jugadoras ya no quieren vestir la franja, las condiciones no se ajustan a la realidad del fútbol femenino y sus objetivos deportivos no son prioridad en el club. Mientras, la afición, mira con tristeza lo que pudo ser y fue, pero ya no es.