OPINIÓN

¿Y Deco y Laporta se van a ir de rositas?

Deco, en una de las presentación del FC Barcelona de esta temporada./ AFP
Deco, en una de las presentación del FC Barcelona de esta temporada. AFP

Una de las acepciones de la palabra 'maquiavélico' es la de ser astuto. Alguien astuto es quien sabe moverse hábilmente en el poder para conseguir su fin. La astucia no es ni buena ni mala, es una cualidad que aplicamos a muchos quehaceres, la relacionamos con la pillería, la viveza; trasladada al fútbol, la astucia es cuando nos referimos a ese jugador de barrio que marca un gol a lo Tamudo a Toni Jiménez en la famosa Copa del 2000 o a cualquier acción de Messi, capaz de aprovechar el nimio espacio para regatear a sus rivales en una baldosa. Detrás de la astucia hay también talento. El más irracional de los talentos.

A uno le viene el término a la cabeza cuando mira al Barcelona y el reparto de las responsabilidades de un año que se avecina en blanco (mal color en Can Barça), de un club abocado al colapso financiero si no recibe ingresos extra o si no vende jugadores, que cuenta con el patrimonio de su cantera pero que ha normalizado la derrota, que ha perdido su modelo de juego y que se ha embarrado en las excusas y celebra las pedreas. La cruz la carga Xavi al Monte de los Olivos. Solo. El mito convertido en ocasiones en meme, víctima en parte de la astucia de otros, que se mueven entre el silencio y el 'show'.

Tantas palancas después que confundirían hasta Arquímedes, el club sigue en el mismo punto con su 'fair play' mientras Laporta habla de "conseguir todos los títulos" y anuncia nuevos inversores que nunca llegan. Después le quita trascendencia a las derrotas y pospone decisiones hasta el 30 de junio a la espera de un milagro. Aunque él nunca creyó en Xavi, se hace trampas al solitario y aprovecha cualquier asunto para entregarse al populismo. Incluso rescata a Franco si es necesario alimentando la vena más irascible del culé de corazón. Ahora le toca ser condescendiente con Xavi, el mejor escudo posible, el muñeco del pim-pam-pum que también tapa al emperador desnudo.

Un escalón más abajo está Deco, que asumió la dirección deportiva este verano y es uno de los padres de la plantilla. Llegó Joao Félix, a quien Xavi no quería (prefería un centrocampista), además con los antecedentes atléticos a cuestas y las palabras de Simeone, que no es dudoso de exigir; también aterrizó Cancelo, lateral decisivo en ataque pero con menor implicación defensiva; mientras que aprovechó el dinero de Gavi para traer a Vitor Roque cuando de nuevo el entrenador le insistió en un centrocampista. El chico de 18 años, a quien buena parte de la directiva veía mejor en verano por no comerse toda la presión, apenas cuenta para el técnico. Incluso Marc Guiu jugó antes en San Mamés.

Son tan discutibles los planteamientos de Xavi y el rendimiento del equipo como la política deportiva e institucional de un Barça que se mantiene en una espiral peligrosa, en ese cóctel donde lo económico hace aguas y la pelota no entra. No solo Xavi, menos astuto, es el culpable de todos los males. ¿Deco y Laporta se van a ir de rositas?