Lo que no dice Gattuso

Confieso mi vicio de leer y escribir en cafeterías. Como lo hago ahora, mientras visualizo a las dos chicas que hace dos días, sentadas en la mesa de mi izquierda, se comunicaban en la lengua de signos. Hay algo que siempre me ha fascinado y captado mi atención en este tipo de comunicación no verbal, y es cómo se miran a los ojos, cómo se hablan cara a cara. Es cierto que es irremediable si quieren hablar, pero no pude evitar observarlas y pensar en la belleza que nace de las dificultades. Pensar cómo en esta vida nuestra de ritmos trepidantes y pantallas por doquier, de timideces, de faltas de atención y/o respeto, es cada día más complicado encontrarte esa mirada directa entre quienes utilizamos la voz, el tono, la cadencia para transmitir nuestros mensajes.
"No sé tu nombre, sólo sé la mirada con que me lo dices". Como Benedetti, yo también intento leer más allá del verbo, trato de descifrar aquello que no se dice. Ayer lo hice con Gattuso, atraída por el cambio en su gestualidad. Hacía meses que no asistía a una rueda de prensa del técnico italiano del Valencia. Las últimas las he seguido en la distancia; bien escritas, por la radio o por fragmentos tuiteros. Pero ayer lo vi, lo miré y lo escuché de principio a fin. Y reconozco que me marché de la ciudad deportiva de Paterna tan preocupada como enternecida. No escondo mi simpatía por el italiano. Ya se la tenía de jugador. Igual que adoro la educación y los buenos modales, la sangre caliente también despierta mi estima. Sí, no escapo de la contradicción que somos los humanos.
Recuerdo su primer día en Mestalla. 9 de junio de 2022, su presentación oficial. Han pasado siete meses que parecen una vida en el semblante del entrenador. Se hace difícil encontrar a aquel hombre erguido, sonriente y entusiasta en el Gattuso cabizbajo, tristón, apagado que me encontré ayer. Con el Valencia a tres puntos del descenso, con un mercado en el que el italiano manifiesta que ha propuesto a cien jugadores pero que luego hay que ver si hay dinero para fichar, que "fichar por fichar no es correcto", que el club va tarde "pero qué cambia que yo lo diga" o que en este momento que tiene más trabajo psicológico que futbolístico con el vestuario, es verdad que resulta comprensible que esconda su vehemencia tras el halo de resignación que le vi. Y que me generó ternura, como su escueta sonrisa cuando dije mi nombre antes de preguntarle por el estado anímico de la plantilla.
No debe ser fácil buscar un mediocentro defensivo después de haber sido el mejor perro de presa en Alemania 2006, de haber pasado media vida formando pareja con Pirlo en el Milan y en Italia, de haber levantado nueve títulos de clubes, además de una Eurocopa sub-21 y un Mundial. De haber sido un 6 histórico que ahora habla hacia la solapa y se centra en dar lo mejor de sí al otro lado de la línea de banda porque, en lo demás, el esfuerzo no depende de él. Como en las chicas que charlaban en la mesa de al lado hace dos días, veo la belleza en la dificultad. Aunque, en este caso, su manera de comunicarse sí tendría remedio: invertir y apostar por reforzar con garantías/dinero la plantilla del Valencia con la experiencia que demanda el italiano. 7 millones de margen financiero tiene la entidad valencianista en este mercado. Veremos qué ocurre de aquí al 31 de enero. A mí me encantaría volver a ver a un Gattuso satisfecho, confiado, optimista. Sería la mejor señal para él y para el Valencia. Sincero es, en su fondo y en su forma, así que ya nos lo contará.