El 'albanés' Balliu goleó con la Sub-16 al lado de Koke e Isco y hoy es la única promesa española de aquel partido en la Eurocopa
El lateral catalán del Rayo, nacionalizado en 2017, jugó en la cantera de la Selección y fue mediocentro antes de lateral.

Düsseldorf (Alemania).- Iván Balliu (Caldas de Malavella, Gerona, 1992) está saliendo estos días en todas las páginas habidas y por haber con el Albania-España de hoy en el foco (21:00 horas, La1). Normal, estuvo en La Masia, pasó por el Almería y ahora milita y brilla en el Rayo Vallecano. Pese a ser más español que el palo de la bandera, juega con el adversario porque se nacionalizó hace siete años aprovechando la ascendencia de su bisabuelo. Su historia es digna de contar. Relevo pudo hablar con él hace cinco días.
Pero de su peculiar trayectoria no está todo exprimido o explicado. Y hay un par de detalles que llaman poderosamente la atención. El primero, es que fue mediocentro, de los buenos, aunque ahora haga de lateral, de esos esforzados que quisiera tener cualquier equipo. Sus primeros entrenadores en el Barça fueron claves para perfeccionarle en esta demarcación. El segundo, es que defendió a la Selección española en las categorías inferiores y, curiosamente, de aquellas dos plantillas en las que militó para la disputa de varios amistosos, él es el único que ahora ha llegado a la Eurocopa. Aunque sea por otra vía y con una camiseta diferente.
Las pruebas que lo demuestran las tiene la Federación. Balliu disputó un partido con la Selección Sub-16 en la temporada 2007-08. Jugó 70 minutos en la goleada a Portugal en Fátima (0-7), y lo hizo con Koke de mediocentro y tenía por delante nada más y nada menos que a Isco. Esa tarde Borja Bastón marcó cinco goles. El once no estaba nada mal: Falcón; Dalmau, Muniesa, Ignacio Miquel, Girón; Ballii, Koke; Reina, Isco, Sarabia; y Borja Baston. Y en el banquillo aguardaban Muniain, Jordi Amat, Celaya, Blázquez, Miguel Nemesio, Julián Luque y Bráis Méndez. La maravillosa generación del 92, a la que pulió Ginés Meléndez, alcanzaría los mejores logros de la mano de Carvajal, Morata, Sergi Roberto y compañía, pero esos días de rotaciones en varios amistosos no coincidió con ellos.
Iván también fue convocado hasta en tres ocasiones con la Sub-17 en la 2008-09 y llegó a hacer un gol. Incluso le ganó a a Alemania (1-2) en el Kieselhumes-Stadion de Saarbrücken, a 224 kilómetros de donde se enfrentará hoy a España. En el partido donde más participó salió desde el banquillo sustituyendo a Pau Senent para volver a hacer pareja con Koke en la zona de creación. Ginés Meléndez, director de la cantera en aquellos años en Las Rozas, fue su gran valedor en conexión con los ojeadores que le informaban y que estaban integrados en la territorial de Cataluña. Balliu había llegado al Barça con 12 años, fue su capitán en el juvenil más triunfal que se alzó con el triplete y tuvo una cerrera ascendente hasta que salió de allí con 21 años para ganarse la vida en Portugal y Alemania.
De Balliu gustaba todo. Su trato exquisito con el balón, su visión de juego y su pundonor. Normal que haya logrado ganarse el pan también como defensa. En aquellas primeras convocatorias con la Selección, Balliu sobresalió. Y en esas sigue, porque a sus 32 años es un profesional que exprime al máximo su cuerpo. "Era muy currante, cuida mucho el físico, se preocupa mucho por recuperarse bien y rápido de los esfuerzos y su secreto está en vigilar todo, desde la prevención y el sueño hasta la dieta. Y tiene una cosa maravillosa para un profesional, y es que sabe escuchar y sigue a rajatabla los consejos", reconoce su fisioterapeuta de confianza, el mítico Juan Muro, que fue hasta hace nada uno de los cuidadores más importantes en la plantilla del Real Madrid y también en la Selección española.
Su familia, sin el corazón dividido
Otra clave también es su familia. Este lunes le arroparán en Düsseldorf sus padres, su mujer y sus hijos. Está orgulloso de representar a Albania. Selección a la que cayó casi de rebote. Si en España hay poco más de 50 Ballius, como desvela el defensa en una charla con El País, allí la cifra se multiplica por más de 100. Por eso, gracias a un complejo sistema de rastreo, la federación a la que ahora defiende se puso en contacto con él en esa búsqueda de jugadores incesante que tuvieran vínculos familiares con el país. En el equipo de Sylvinho únicamente siete internacionales nacieron en Albania. E Iván, tras varias reuniones, no se lo pensó. Aprovechó la inercia de Albania en 2016 y se subió a un barco en marcha que ahora va viento en popa hasta hacerle disputar su segunda Eurocopa.
Tras debutar casualmente contra España (derrota por 3-0 ) el 6 de octubre de 2017 en el Rico Pérez, ahora vuelve a verse las caras con viejos amigos. De ahí que tenga tres ilusiones por encima de todo. Estrenarse en esta fase final después de sumar ya 13 partidos de rojo, lograr el pase a octavos -porque tiene sus opciones si gana- y llevarse un buen recuerdo. "Cambiaría la camiseta con Grimaldo, Carvajal o Joselu", reconoció la semana pasada a este periódico.