Cuatro aviones, Gavi y la inconsciencia de Lamine Yamal para alcanzar la gloria
La Roja puede pasar hoy a la historia: si gana a Inglaterra (21:00, La 1) se convertirá en la selección con más Eurocopas. Habrá 50.000 británicos y 10.000 españoles.

Berlín (Alemania).- La ciudad amaneció con la niebla con la que empiezan los grandes días. No es una capital al uso: su destrucción casi total durante la II Guerra Mundial le obliga ahora a parecer una sucesión de parches, un collage que combina belleza arquitectónica y hectáreas vacías y que se reconstruye sobre la marcha para acoger eventos como el de hoy. España, después del efecto devastador que provocó la resaca de los títulos de 2008, 2010 y 2012, también se levanta. Su puzle resulta igualmente peculiar: un niño de 17 que tira del carro, un capitán de 31 que combina la piromanía con un liderazgo ejemplar y un técnico al que le llega la gloria a los 63. En caso de ganar esta noche contra Inglaterra la final de la Eurocopa (21:00, La 1), La Roja se convertirá en la selección con más títulos del continente (cuatro) y el equipo de De la Fuente pasará a la historia. No resultará sencillo, pero el esfuerzo merecerá la pena.
El camino hasta el Olympiastadion ha sido inmaculado y de sobra conocido: seis victorias de seis, un juego esplendoroso y estrellas que enamoran. El conjunto de Southgate, con un fútbol que daña la vista, ha avanzado a trompicones, agarrado a milagros y sin convencer. En grupos no ganó ni a Dinamarca (1-1) ni a Eslovenia (0-0), en octavos estuvo virtualmente eliminada contra Eslovaquia (empataron en el 95'), en cuartos pasaron a penaltis contra Suiza y en semis eliminaron a Holanda en el 91'. Pero a nadie le gusta cómo caza la perrita. Bellingham y Kane, dos candidatos al Balón de Oro, y talentos del nivel de Foden o Saka parecen suficientes como para no creerse el favoritismo. Al fin y al cabo, esta España ha crecido a lo bajini y no planea cambiar de ruta.
Tanto es así que sus rutinas han permanecido inalterables esta semana pese a que lo que haya en juego sea nada más y nada menos que un título y quedar en los anales. La Roja ni siquiera se entrenó ayer en el Olímpico, un recinto con historia y que ya asistió al debut triunfal (3-0) contra Croacia. Trae buenos recuerdos. El grupo voló a las 18:00 desde Stuttgart y durmió y pasará el día en el hotel Grand Hyatt, de cinco estrellas y alejado del ruido del centro. En su puerta se agolpan curiosos desde primera hora. Hoy, pese a que la superioridad de la afición británica será manifiesta (viajan 50.000), los 10.000 españoles también se harán notar.
De la Fuente no cambiará nada de lo que le ha funcionado hasta ahora. Ni las costumbres ni el equipo, que formará con un once muy similar al siguiente: Unai Simón; Carvajal, Le Normand, Laporte, Cucurella; Rodrigo, Fabián; Lamine Yamal, Olmo, Nico Williams; y Morata. La única duda a esta hora reside en saber si Nacho le ganará la partida a Robin para formar en el eje de la zaga. En cualquier caso, el central francés parte con ventaja (siempre ha estado por delante del exmadridista en las preferencias del míster) y se prevé que regrese después de cumplir sanción contra Francia. Pedri y Ayoze, por lesión, causan baja y animarán desde el banquillo. Navas arrastra unas molestias en la cadera que no le impedirán participar si hay una emergencia.
1.001 invitados
La RFEF, consciente de lo que se juega y de que esta Selección ha apagado parte del ruido en torno a Rocha y los líos institucionales, ha centrado esfuerzos esta semana en conseguir que en las gradas de Berlín no falte nadie. Desde Madrid, según ha podido saber Relevo, despegaron esta mañana cuatro aviones (uno más grande, de 300 plazas, y tres de 180) con los alrededor de 1.000 invitados que aterrizarán en Alemania en calidad de testigos de excepción. Entre esos convidados se incluyen la mayoría de presidentes de los 20 clubes de Primera (faltará alguno, entre ellos Florentino Pérez), las centenas de trabajadores de la Federación (ninguno se ha quedado sin entrada) e ilustres como Javier Tebas, presidente de LaLiga. Beatriz Álvarez, dirigente de la Liga F, no ha podido sumarse al viaje por un percance familiar.
En uno de esos chárter también ha volado Gavi, uno de los hombres más queridos por el vestuario y que se perdió la cita por su rotura de cruzado ante Georgia en noviembre. La copa, si se consigue, irá por él, por Pedri y por todos los que no han podido estar: los lesionados David García, Gayà o Isco, los tres descartes que arrancaron la concentración en Las Rozas y compitieron en el amistoso ante Andorra (Cubarsí, Marcos Llorente y Aleix) y los que formaron parte del proceso de clasificación (Pedro Porro, Pau Torres, Balde o Sancet). Todos han puesto su granito de arena para que la familia, que tocó fondo en Glasgow en marzo del año pasado y desde ahí se conjuró para no volver a caer, se encuentre ahora a un paso de levantar la cuarta.
La preocupación llega ahora por el rival. Lo propio, con el toma y daca como mantra y el equilibrio de Rodri y la velocidad de Lamine y Nico como amenazas, está controlado. Inglaterra tiende al desorden y eso desconcierta. No debe ser un lobo con piel de cordero, por mucho que ante Países Bajos hicieran el mejor fútbol del torneo. Y todo ello con Foden en la derecha y con Bellingham menos partícipe del juego, como si el seleccionador no hubiera entendido hasta ahora que el primero es un generador y el segundo un finalizador. La duda recae a esta hora en el lateral izquierdo, si será Trippier o Shaw el que se encargará de Lamine Yamal, mientras que el resto del equipo se cita de carrerilla: Pickford; Saka, Walker, Guéhi, Stones, Trippier o Shaw; Mainoo, Rice; Foden, Bellingham; y Kane.
La entrada de Mainoo, joven del United, ha añadido un dinamismo con balón que se necesitaba. Y Kane, un goleador voraz, siempre obliga a los centrales a no dormirse ni un segundo. Jude es Jude, Foden se ha reencontrado, Walker se medirá a Williams y exhibirá lo difícil que resulta superarle… Casi nada. Los ingleses juegan contra España y su propia historia, que desde 1966 le ha apeado de los títulos. Ocurrió en la Eurocopa de 1996, en la que el propio Southgate falló el penalti decisivo ante Alemania en semifinales, o en la de 2021, donde en el punto fatídico se resolvió el duelo a favor de Italia. "Hemos trabajado los penaltis, los entrenamos bajo presión", contestó ayer el seleccionador. Mejor practicarlos por si las moscas y que nada quede al azar. España, por supuesto, también los ha ensayado en su retiro de Aasen.
Pita Letexier
Las calles de Berlín parecen hoy Chamberí. Y esta metamorfosis tras el desastre de Catar hay que adjudicársela sobre todo y sobre todos a De la Fuente. La España que miraba con desprecio a esta Selección hace meses está hoy volcada con su equipo como nunca. La Puerta de Brandenburgo se parece a la de Sol. Y la grandeza de tal comunión es que la inquebrantable unión generada a base de victorias ya está por encima de cualquier resultado. Es lo que tiene sentir orgullo por una forma de vivir, por un estilo de juego y por una manera esperanzadora de mirar al futuro. Si se gana la final, mejor. Pero si se pierde, el Mundial 2026 será el de la ilusión. Luis Enrique había destrozado todos los puentes y el actual seleccionador, rodeado de una cuadrilla de amigos que compiten con el cuchillo entre los dientes, ha unido a todo un país como ningún político es capaz de hacer. Este triunfo llevaría su firma.
La noche berlinesa tampoco engañó este sábado. Sonó con fuerza el Waka Waka de Shakira y la hinchada salió a las calles con las camisetas de los héroes de aquel Mundial: Torres, Iniesta, Casillas. La gloria vuelve a olerse y eso ya es una victoria. El francés François Letexier, que dirigió los octavos contra Georgia, repartirá justicia. Que la suerte esté con España.
Posibles alineaciones:
España: Unai Simón; Carvajal, Le Normand, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián; Lamine Yamal, Olmo, Nico Williams; y Morata.
Inglaterra: Pickford; Saka, Walker, Guéhi, Stones, Trippier; Mainoo, Rice; Foden, Bellingham; y Kane.
Árbitro: François Letexier (Francia).
Estadio: Olympiastadion, con capacidad para 70.000 espectadores y previsible superioridad inglesa.