24 años de la muerte de Peter Dubovsky, leyenda de Eslovaquia y del Oviedo: "Para ellos es como Maradona"
Excompañeros, amigos y seguidores recuerdan para Relevo la figura del exquisito zurdo que falleció tras un accidente en Tailandia.

Del 25 de julio de 1995 al 23 de junio de 2000. De su fichaje por el Real Oviedo, tras dos temporadas donde no pudo brillar como se esperaba en el Real Madrid, a su trágico fallecimiento durante unas vacaciones en Tailandia. "24 años ya, cómo pasa el tiempo", recuerda para Relevo Paco Sanz, compañero y amigo íntimo de Peter Dubovsky, que todavía hoy tiene muy presente la figura de un eslovaco que se convirtió en leyenda del fútbol de su país pero también del oviedismo. Precisamente este domingo, 24 años después de su adiós, el equipo carbayón buscará regresar a Primera y el Córdoba de Iván Ania, otro de sus amigos en aquel vestuario, a Segunda. Cosas del destino.
A España llegó tras convertirse en un talento precoz del Slovan Bratislava, con el que debutó con 17 años y al que llevó a ganar la liga en 1992 tras 17 años de campeones checos. Josep Maria Minguella lo descubrió durante uno de sus periplos europeos y el Real Madrid de Ramón Mendoza acabaría pagando 500 millones de pesetas -tres millones de euros al cambio- por su contratación. "Llegó demasiado pronto al Real Madrid", aseguran a Relevo los que vivieron de cerca aquellos dos años de blanco. "Fue un fichaje como puede ser el de Arda Güler en este momento. Un jugador joven que es una de las mejores promesas europeas. Él ya era importante en su selección", apunta Oliverio Jesús Álvarez González, Oli, que también compartió vestuario con Dubovsky en el Oviedo.
Ídolo del Slovan, con 19 años ya había debutado con Checolosvaquia y con 21 fue elegido mejor jugador eslovaco del año. "Los hinchas del Slovan se enamoraron pronto de él. Y fichar por un equipo como el Madrid hizo engrandecer su figura", dice a Relevo Thomas Jurigova, un hincha y amigo que vivió de cerca aquella explosión del joven Dubovsky. "Cuando ganó la liga con Slovan, había 40 mil aficionados en el campo, pero se dirigió hacia Emil Pazicky, un antiguo delantero del Slovan. Pazicky estaba en una silla de ruedas. Dubovsky se giró y le entregó el trofeo", recordó Tomás Schügerl, responsable de prensa del equipo eslovaco, a gradaoviedo para explicar ese carácter especial que convirtió a Dubo en un mito en su país y que provoca que el premio al mejor joven de cada año lleve su nombre.

"Era una estrella, con una zurda que no se ha visto en muchos años. De diez faltas, nueve te las ponía en la escuadra. En los entrenamientos era un espectáculo", apunta Sanz. "Su pierna izquierda era un guante, tanto para el último pase como para lanzamientos en largo. Pero era más que eso, tenía envergadura y conducción también. Y era un gran lanzador de penaltis", dice Oli, que se aprovechó de aquella calidad del eslovaco. "En mis mejores años en el Oviedo jugábamos arriba Carlos, Dubo y yo. Él no era un delantero centro ni un centrocampista, necesitaba jugar con libertad. Pero nosotros agradecimos su presencia", añade para explicar esa trascendencia que adquirió en el equipo ovetense.
Pero su fútbol, tan brillante como inconsistente, no triunfó en el Real Madrid y el Oviedo vio la oportunidad de firmar a una estrella. "Los primeros seis meses vivió conmigo. Como a mí me cogió de pretemporada, se quedó en mi piso. Estaba tan a gusto que no le entró la prisa por irse. Pero ya en enero llegó su novia, Aurelia, y se tuvo que ir", apunta Sanz, con quien coincidió en ambos equipos y con el que fraguó una estrecha amistad. "Éramos como hermanos, en aquella época éramos Zipi y Zape, siempre juntos", dice el exfubolista de Real Madrid, Oviedo y Mallorca, entre otros.
"Como todos los genios, y él lo era, tenía algo especial; si le presentaba a alguien como mi amigo, él te daba la vida"
Exjugador del OviedoEsa cercanía le hizo disfrutar del Dubovsky futbolista, pero también de esa persona que parecía tan introvertida para algunos. "Era difícil entrarle y entiendo que alguna gente hablara mal. No era arisco, pero costaba. Pero si yo le presentaba a alguien como mi amigo, él te daba la vida. No te dejaba coger ni un taxi. Era muy cariñoso", dice Sanz, que en la bodega de su casa madrileña sigue teniendo enmarcada una fotografía con el eslovaco con la Catedral de San Salvador de fondo. "Era introvertido y necesitaba sentir que le dabas confianza. Esto lo encontró en Oviedo, una ciudad más manejable que Madrid, y en el vestuario. Había que darle cariño para que se sintiera importante", añade Oli, que también compartió vestuario con el eslovaco en el viejo Tartiere. "Como todos los genios, y él lo era, tenía algo especial", remata Sanz.
Aquel Oviedo sigue en el recuerdo de sus hinchas más fieles. Como Diego Crespo, fotógrafo y productor además de apasionado aficionado, que incluso llegó a comenzar un documental sobre Dubovsky que finalmente se quedó en un tráiler. Pero eso le hizo profundizar en la vida de quien fuera uno de los últimos grandes ídolos del oviedismo. "Teníamos a Paulo Bento, capitán de Portugal, Onopko, capitán de Rusia, Peter, capitán de Eslovaquia, Prosinecki… Eran un motivo de orgullo", cuenta sobre esa trascendencia que el eslovaco consiguió con el paso del tiempo. "En esos años 90 todos los equipos tenían un par de cracks que el resto de aficionados conocían. A mí me preguntas por el Celta y te digo Gudelj o Mostovoi, por decir uno. Ahora es diferente, las plantillas rotan muchísimo", dice con nostalgia de ese fútbol de antaño.
"El primer gol que marqué tras su muerte se lo dediqué, saqué una camiseta con su nombre"
Exjugador del Oviedo"Peter era una persona muy querida, mucho más de lo que se piensa cuando se dice eso. Suena a tópico, pero no es normal que tanta gente diga siempre lo primero de todo lo buena persona que era, siempre antes que lo futbolístico. La contradicción del carácter, a la gente le parecía frío, pero los que lo conocían decían lo contrario. Y las ganas que tenía de hacer algo con su selección", comenta Crespo, que incluso pudo comprobar de primera mano en un viaje a Bratislava ese fervor de su país por la figura de Dubosvky años después de su fallecimiento. "Yo tengo muchas anécdotas que reflejan eso. Por ejemplo, en Palma, una vez conocí a un grupo de eslovacos y nombrarlo fue como si lo haces con Maradona en Argentina o Mágico en El Salvador. Les decía que era como mi hermano, les enseñaba fotos con él y me invitaban a todo. Me sacaban a hombros", comenta Sanz.
Oli, que se emociona hablando de su excompañero, también vivió en primera persona ese reconocimiento de los eslovacos hacia la figura de Dubovsky. "Mi debut con la Selección Española fue en Eslovaquia y comprobé lo que él significa allí. Tengo su camiseta de ese día y también otra del Oviedo. Ahora en la Euro cuando veo a la selección es imposible que no se me venga a la memoria", cuenta el delantero, que estos días ha mezclado las sensaciones de alegría por el recuerdo de su ascenso con el Cádiz, la ilusión con el play off del Oviedo, pero también esa tristeza cada vez que se acerca el aniversario del fallecimiento de Peter. "El primer gol que marqué tras su muerte se lo dediqué, saqué una camiseta suya. Aquella noticia fue impactante", agrega.

Y la memoria se va a Tailandia, a ese día fatídico de su fallecimiento en un viaje con su hermano y su novia. "Lo recuerdo perfectamente. Mi padre se presentaba a las elecciones del Madrid. Se enteró antes que yo, salió a contármelo y no me lo podía creer. Yo me casaba unos días después e iba a ser testigo de mi boda", rememora todavía emocionado Sanz. Mucho se escribió entonces sobre este desgraciado suceso que acabó con la vida de Peter Dubovski, pero la historia real apunta a la mala fortuna. "Le pasó el accidente en el peor sitio que le podía pasar", cuenta Sanz, que conoció de primera mano todo lo sucedido. "En al avión de vuelta su hermano le dio una cajita… Llevaba un anillo de compromiso, le iba a pedir matrimonio en ese viaje", dice el exfutbolista.
"A él le encantaba la fotografía, siempre que podía salía con una cámara. Salió de excursión con su hermano y su novia, les dijo que les iba a hacer una foto, que se quedaran quietos", relata Sanz sobre cómo sucedió el accidente. Pero Peter ya no volvería. Cuando fueron a buscarlo se encontraron que se había caído y dado un golpe con una piedra. "Estuvieron hablando con él mientras llamaban a un helicóptero. Tardaron tres o cuatro horas en llegar", dice su amigo. Finalmente, Dubovsky falleció por una hemorragia interna producto del golpe. "Me resultaba imposible entrar al vestuario y ver su percha vacía. Fue duro no verlo más. Durante años se me pasó por la cabeza su persona", señaló Iván Ania en ese documental que se quedó por el camino.
La muerte del futbolista y el nacimiento de un mito. "Dubovsky falleció después de que todos los intentos por salvar su vida fracasaran. No recuperó la conciencia", explicó el doctor Chumchoke Janvimaluang desde el hospital provincial de Ban Don, en la ciudad de Surat Thani. "Cuando falleces tan joven te conviertes en leyenda. Fue una muerte prematura, pero eso hará que se le recuerde toda la vida", señala Sanz, que prefiere quedarse con todo lo bueno que dejó Peter Dubovsky, un mito del Oviedo y del fútbol eslovaco.