La RFEF anunció la renovación de De la Fuente, pero queda mucha tela por cortar: él prefiere un nuevo contrato
El seleccionador se siente desprotegido con la fórmula anunciada (hasta 2026) y ve necesario mejorar la situación de todo el staff.

El pasado 22 de febrero la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) anunció, mediante un comunicado oficial, que había recibido la autorización de la Comisión Gestora reunida ese día para ejecutar (dixit) la cláusula de renovación del contrato del seleccionador Luis de la Fuente. Entendía que era un paso necesario, ya que la relación entre ambos que quedó sellada al sustituir a Luis Enrique tras el Mundial de Qatar expiraba el próximo 30 de junio, en mitad de la Eurocopa de Alemania. Un error de cálculo incomprensible, ya que las fechas de los torneos se conocen con mucha antelación, que nadie quería convertir en un sonrojo mundial.
El texto, colgado en la web de la RFEF fue el siguiente: "La Comisión Gestora de la RFEF ha aprobado, en su sesión de este jueves, autorizar a los órganos de la Federación a ejercitar la cláusula de renovación incluida en el contrato del seleccionador nacional, Luis de la Fuente. Ello permitirá la ampliación de la relación entre ambas partes hasta 2026, año en que se celebrará la próxima Copa del Mundo de la FIFA en Canadá, México y Estados Unidos. La Comisión Gestora considera que la renovación de De la Fuente es un paso necesario para la Selección y para la institución que dirige el fútbol en España, al dotar de estabilidad al equipo nacional de cara a la preparación de la Eurocopa, que comenzará el próximo mes de junio". Pero una cosa es una intención, y otra la ejecución de ese deseo. En este asunto queda partido por jugar. Sobre todo por los temores surgidos y algunas diferencias encontradas por el camino.
Según ha podido saber Relevo, el contrato de Luis de la Fuente es el único dentro del organigrama técnico de la RFEF que es de alta dirección. Esto se debe a que se considera un cargo de confianza del presidente, con poderes deportivos absolutos, por encima de los demás trabajadores de su ramo, y en unas condiciones bajo las cuales desempeña roles de liderazgo y toma decisiones cruciales para el desarrollo de la institución. Varias sentencias judiciales obligan, por imperativo legal, a que sea así. Todos los demás contratos, como sucede con el resto de los entrenadores profesionales en España, la inmensa mayoría de deportistas y hasta colegiados, se rigen por el Real Decreto 1.006/85. El contrato de De la Fuente, por esos matices especiales que tiene y debido a las dudas que genera por su peculiar funcionamiento, ha derivado en varios problemas que a estas alturas no se han resuelto del todo. Entre otras cosas, porque el seleccionador se ve desprotegido con esta fórmula adoptada, debido a que tiene razones de peso para preferir que se redacte un nuevo contrato en cuanto se pueda antes que ampliar el vigente, y por el hecho de que nadie se atreve en Las Rozas a aprobar ningún movimiento económico importante que vaya más allá de lo estipulado.
Albert Luque confirma la renovación de Luis de la Fuente en el micrófono de @m_marchante. #superSupercopa#LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/l54kXCW7Ox
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) January 14, 2024
Hay un motivo evidente para que se haya dado esta situación. La indemnización en los contratos de alta dirección es infinitamente menor a la de un contrato laboral al uso. Esto se debe a las numerosas ventajas que, por otro lado, tiene esta tipología contractual y, sobre todo, porque el Código de Buen Gobierno que suele haber en las grandes compañías ―y la RFEF lo tiene― prohíbe los blindajes en estos casos. Así ha sucedido con los diferentes pilares de la Federación, con contratos de este tipo, que han sido despedidos en los últimos meses en Las Rozas. Normalmente, según la actual legislación, el finiquito a percibir en la alta dirección "equivale a 7 días de salario en metálico por año de servicio, con un tope máximo de 6 mensualidades".
De esta manera, aunque la RFEF haya anunciado que De la Fuente quedó renovado hasta el final del Mundial 2026, si el próximo presidente elegido quisiera podría despedirle. Y sin tenerle que abonar los dos próximos años enteros acordados porque no es un contrato laboral al uso. Algo que el entorno del entrenador no comparte y le hace estar temeroso. Además, llegado el caso, el sustituto de Rubiales podría dejar de contar con él ese mismo 24 de mayo en el que, en principio, se celebrarán las elecciones. E incluso nombrar a otro técnico justo antes de la Eurocopa. No sería la primera vez que ocurre algo tan cruel: Julen Lopetegui fue despedido bruscamente antes de Rusia 2018 en el mismo hotel de concentración y a pocas horas del debut.
Mejores condiciones
Del mismo modo, esta renovación anunciada que ata al próximo mandamás de la Federación en su toma de decisiones, deja también una vía abierta al seleccionador que, pese a que sea una hipótesis muy difícil de confirmar, podría afectar deportivamente a la Selección: el pacto del que ha hecho uso la RFEF no compromete al entrenador a tener que cumplir esa prórroga, por lo que De la Fuente podría irse con total libertad el próximo 1 de julio, en mitad de un campeonato, y marcharse por ejemplo a Arabia ―como pudo hacer en su día― si la RFEF no tuviese en cuenta las demandas que sus asesores les trasladarán y se llegara a esas alturas del verano sin un nuevo contrato firmado. Un acuerdo a dos, con unas condiciones mucho mejores, con las que el afectado pretende contrarrestar esa baja indemnización que hay en la alta dirección dado el riesgo que siempre corre un entrenador de que le destituyan.
"Ese tipo de contratos de alta dirección son bastante particulares. Es una relación laboral de carácter especial que está al margen del Estatuto de los Trabajadores. En esos contratos se pacta la duración y también cláusulas para la continuidad del mismo en muchas ocasiones", señala una abogada laboralista. Por eso, la cláusula en el contrato de De la Fuente a la que se refiere la RFEF puede quedar automáticamente renovada, sin necesidad de más firmas por el camino, pudiendo recoger en ese texto ―que nadie quiere mostrar― los requisitos que se tenían que dar para prorrogarlo así como las nuevas condiciones del trato.

El problema es si en otra modalidad de acuerdo todas las condiciones más gruesas no quedaron reflejadas en su día. Si, por ejemplo, no señalaban que se podía ganar una Nations League ―como se ganó― o que hay una Eurocopa de por medio con otro título que potencialmente se podría sumar a las vitrinas y que revalorizaría aún más al seleccionador. Si el contrato original iba hasta el 30 de junio de 2024 y no hasta el final de una fase final, todo es posible... Ahí las partes tendrían que volver a hablar y llegar a consensos de mutuo acuerdo. De hecho, y pese a que se aireó la renovación a bombo y platillo, hay movimientos significativos que hacen sospechar que aún existen cosas por cerrar: en estos momentos hay conversaciones informales entre miembros de la RFEF y los asesores de De la Fuente, una vez que el agente que le representaba hasta diciembre, Carlos Bucero, dejó de hacerlo por incompatibilidad al ser en la actualidad el nuevo director general de Fútbol del Atlético. Estos primeros contactos están destinados a que se materialicen en una negociación en cuanto haya presidente.
Otros profesionales de la judicatura consultados apuntan a que, dado el caso, si hubiera problemas con la letra pequeña en algún momento, un juez tendría que decidir quién lleva la razón. "Es más habitual de lo que parece. Este caso recuerda en parte, y con sus diferencias evidentes, al de Jorge Vilda, exseleccionador femenino. Luis Rubiales le mejoró su sueldo públicamente, hasta elevarlo a más de 500.000 euros durante cuatro años, en una sentencia delante de la Asamblea del pasado 25 de agosto, y ahora nadie quiere dárselos y él los reclama... Una cosa es lo que se anuncia y otra lo que se firma, que al final es lo que vale", apunta un abogado de prestigio.
Más anímico que material
El anuncio de la RFEF, que no sorprendió a nadie por esperado, no era ni más ni menos que la confirmación de las intenciones adelantadas por Relevo el pasado 14 de noviembre para evitar que el riojano se quedara sin cobertura en mitad de la Eurocopa 2024. Sin embargo, y pese a que la sintonía entre las partes era, es y será total, y sin que el dinero sea lo primordial, aún hay mucha tela que cortar en este caso. La difusión del acuerdo ayudó a calmar el debate generado alrededor y a no descentrar a la plantilla estos meses clave con varios partidos oficiales, pero llegó antes de que realmente se pueda materializar realmente y sin la seguridad de que lo comunicado (ampliación de un contrato) vaya a ser la fórmula finalmente empleada (opción de uno nuevo). Lo que es evidente es que las dos partes no están igual de contentas. De ahí que esa afirmación del comunicado de "dotar de estabilidad al equipo nacional de cara a la preparación de la Eurocopa" apuntaba más a lo anímico que a lo material.
Además de esta realidad, hay otros detalles importantes en el caso. ¿Por qué la Comisión Gestora aprobó una decisión tan importante el 22 de febrero si el 24 de mayo, antes de que venza el contrato, habrá un nuevo presidente que podría tomar su decisión con total libertad? Pues, según varios cargos federativos, "nombrar a un seleccionador sería tomado como un exceso para una Gestora, pero no así la ejecución de una cláusula reflejada por la anterior presidencia y que es necesaria para el buen funcionamiento de la institución". Parece lo mismo y no lo es. Con esta versión se podría dar por hecho que este movimiento automático de extender el acuerdo se ha hecho de manera unilateral, por parte de la RFEF, cuando este tipo de acuerdos de alta dirección deben hacerse de forma bidireccional. Pero, según fuentes federativas, se hizo también porque el propio seleccionador solicitó dotar de estabilidad a la Selección ―"y ya de paso pedir un salario más acorde a sus funciones"― y crear así un clima de seguridad para los jugadores de que el banquillo no iba a sufrir cambios. De ahí que Rocha se atreviera a someter esta ampliación a una votación en la Gestora.
Esa postura el órgano rector puede entenderse como contradictoria atendiendo a los movimientos de varios actores principales ―entre ellos Pedro Rocha y el tesorero de la RFEF Eduardo Bandrés―. Ambos directivos han mostrado internamente ciertos recelos de aprobar según qué propuestas, aun pudiendo, para evitar posibles querellas futuras por prevaricación administrativa. Prefieren esperar a que acabe la etapa de interinidad para dar los pasos definitivos. El tema que afecta a De la Fuente es uno de ellos. Desde la Ciudad del Fútbol apuntan a que "no se pueden hacer nuevos contratos de este tipo ahora ni alterar las condiciones de los que ya existían".
Bandrés, que es catedrático de Economía y tiene una experiencia dilatada, ha deslizado en privado que ve bien ejecutar la cláusula del contrato de De la Fuente ahora o incluso desarrollar uno nuevo en el futuro, pero a su debido tiempo y cuando haya presidente. Si se hubiera realizado un nuevo contrato en estos meses de interinidad, el aragonés hubiera estado en un aprieto para mantener su postura porque el documento tendría que ser aprobado en la Comisión Económica de la RFEF de la que forma parte, y en la que Pedro Rocha fue presidente hasta liderar la Gestora (le ha sustituido Joan Soteras, de la Catalana). Sin embargo, al ser ésta una ampliación de contrato se ejecuta automáticamente, según recalcan desde la Federación.
Pese a que la RFEF ha actuado sin cortapisas con otros asuntos en este periodo de entreguerras (fichajes de técnicos con contratos laborales y no de alta dirección, nombramientos y sonados despidos), los miembros de la Gestora no se atreven a excederse en sus funciones a estas alturas por si alguien sigue acusándoles, como se ha hecho ya, de que no pueden ni deben hacer mucho más que conducir a la institución a la celebración de un proceso electoral. Hay un temor real a que se les busque las cosquillas con la petición de una inhabilitación o alguna sanción parecida que les deje fuera de la carrera electoral o que pueda suponerles problemas judiciales de calado. No es una paranoia. Ya hay amenazas latentes.
A esta prudencia de los directivos de la RFEF también anima el hecho de que que la orden de ejecutar la renovación de De la Fuente partió del director de la Selección, Albert Luque, como él mismo aseguró en una entrevista de AS en Arabia: "Se habla mucho del contrato de Luis de la Fuente, pero yo que soy el máximo responsable puedo anunciar que queda renovado hasta terminar el Mundial de 2026. Estamos encantados, es fácil trabajar con él y, al final, él se lo ha ganado". El exdelantero se encuentra investigado en el proceso judicial del Caso Rubiales y una sentencia desfavorable le podría complicar el futuro en Las Rozas. De ahí que algunos también prefieran esperar y no llevar a cabo el deseo de un compañero en el alambre.
Entre la solidaridad y el miedo
Lo que ahora mismo está claro es que la última vez que De la Fuente estampó su firma en un contrato de la RFEF, donde lleva ya 13 años, fue el pasado 8 de diciembre de 2022. El día que relevó a Luis Enrique. Desde entonces no ha vuelto a plasmar su garabato en ningún documento y ni siquiera sabe si lo tiene que hacer próximamente. Es más, su entorno anda extrañado de que se haya extendido su contrato y, por ahora, nadie haya convocado un acto oficial para promocionarlo como se suele hacer en este tipo de ocasiones relevantes. En el próximo parón, donde España juega en Londres ante Colombia (22 de marzo) y en el Bernabéu frente a Brasil (26), tampoco habrá novedades al respecto. No se sabe si por discreción, porque la RFEF insiste en que en estos meses de Gestora no se van a hacer actos "que se salgan del día a día y de los estrictamente necesario", o porque realmente no se pueden producir porque la renovación ahora mismo sólo es una intención en el aire por debatir.
Los temores del seleccionador, según varias personas que le conocen desde hace muchos años, incluso de su etapa como futbolista, se centran en la legalidad de este tema burocrático, en que necesita protegerse debidamente y, sobre todo, en que le urge que le garanticen a él y a su staff unas condiciones más acordes a los logros conseguidos (Nations League y clasificación impoluta para la Eurocopa). Más que ambición es justicia. Sus asesores le han hecho ver que, dada la situación en la que se encuentra la Federación actualmente, lo ideal sería dar por terminado el actual contrato próximamente, firmar uno nuevo en cuanto se pueda y difundirlo.
Se supone que si Pedro Rocha continua de presidente, el cargo del entrenador no corre peligro y el temor se evaporará. Su relación es magnífica desde hace años. Y si el elegido es Salvador Gomar (barón de la Valenciana que se postula a los comicios), más de lo mismo. También hay muy buen feeling entre ellos. La duda podría aparecer si cualquier otro candidato gana las elecciones y decide prescindir de él justo antes de la Eurocopa porque tenga a otro técnico comprometido. La casuística es improbable pero no imposible. Carlos Herrera, Eva Parera, Gerardo González y todos los pre-candidatos que suenan en los mentideros son impredecibles. Y ni qué decir de cómo crecería la incertidumbre si los resultados no acompañan antes del 30 de junio, que es cuando acaba el actual contrato y le destituyen. España juega el 15, 20 y 24 ante Croacia, Italia y Albania respectivamente en la fase de grupos de este verano...
Además, la necesidad de un nuevo contrato tiene su sentido para el seleccionador ―según los juristas consultados― porque quiere que la discusión que hay ya en marcha gire en torno a la mejoría de las condiciones de todos los miembros de su staff técnico. Éstas tienen que ver más con los cargos que ocupaban antes de llegar a la Selección absoluta, en las categorías inferiores, que con los puestos de primer nivel de los que se están haciendo responsables ahora Pablo Amo (segundo), Carlos Cruz (preparador físico), Miguel Ángel España (porteros), Juanjo González (técnico auxiliar), Pablo Peña (analista) y Javier López Vallejo (psicólogo).
Eso sí, pase lo que pase, como el propio De la Fuente ha dejado claro en más de una ocasión, más allá de lo que digan los contratos, sólo hay agradecimiento y buena voluntad con la casa y el firme deseo de no polemizar ni perturbar la paz que busca la RFEF. Sólo continuará en la Selección si el próximo presidente confía en su trabajo y desea que se quede. Si nota dudas, se irá. No quiere estorbar, sino ser una solución a la estabilidad de la institución y al crecimiento de un equipo que está a muerte con él tras el último título logrado que les resucitó después de un Mundial bastante gris.