La RFEF trata de ocultar que las botas olvidadas llegaron en un jet privado
El coste de un desplazamiento de estas características es de entre siete y ocho mil euros por hora de vuelo.

La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) asegura, a través de su departamento de comunicación, que los dos baúles que contenían las botas y los guantes de los futbolistas de la Selección, olvidados en Las Rozas, llegaron a través de un vuelo comercial con escala en Estambul. Sin embargo, hasta cuatro fuentes federativas distintas consultadas por Relevo desmienten esa versión y afirman que ese material llegó a Tiflis en un jet privado, concretamente en el GES211B, un vuelo de la compañía Gestair (una empresa de aviación ejecutiva con sede en Madrid). Relevo hizo el seguimiento de ese chárter a través de la aplicación flightradar24: despegó de Barajas a las 19:02 (hora española) y tomó tierra a la 1:46 (hora georgiana, dos menos en España). El coste de un trayecto de este tipo es de entre siete y ocho mil euros por hora de vuelo, teniendo también que pagar el desplazamiento de vuelta.
Pongamos lo que conocemos sobre la mesa. La RFEF asegura (ahora, ayer la versión era otra) que sabían que faltaba material desde primera hora de la mañana, pero a los jugadores se les comunica que no tienen botas en la merienda, sobre las 17:00 horas. Tuvieron que hacer el entrenamiento previo al partido de este viernes contra Georgia (18:00, La1) con deportivas. Es decir, a los futbolistas se les habría ocultado la falta de material durante todo el día, algo que no tiene mucho sentido. Además, en el momento del entrenamiento, el responsable de comunicación de la RFEF traslada a los periodistas que están mirando cómo resolverlo y desconocen si estarían a tiempo al día siguiente por la mañana. Según la versión que mantienen ahora, en ese momento las botas acababan de aterrizar en Estambul, una información que en ningún momento compartió.
Un nerviosismo delatador
Poco después, sobre las 20:15 (18:15 en España) un responsable del departamento de prensa de la RFEF aseguraba que "Limones está como loco con el tema". Limones es el responsable de los viajes y tiene poco sentido que estuviera "como loco" en ese momento, ya que según esta versión las botas se encontraban a buen recaudo en Estambul, listas para volar desde la ciudad turca con tiempo suficiente (hay menos de dos horas de vuelo).
Vamos ahora con la versión del jet privado, confirmada por hasta cuatro fuentes. A pesar de que la RFEF aseguró el jueves que las botas se quedaron olvidadas en una furgoneta en el aeropuerto, la realidad es que nunca llegaron a salir de Las Rozas. Al darse cuenta, la manera más fiable de hacerlas llegar a tiempo era contratar un vuelo chárter. Ese GES211B aterrizó en la capital georgiana a la 1:46 (hora local) y los encargados del material llegaron al hotel Marriott, donde se aloja la Selección, a las 2:49. Tardaron exactamente lo mismo en hacer ese trayecto que los jugadores el día anterior, que también aterrizaron en un chárter. Todas las piezas encajan y el único problema es el alto coste que este olvido produjo.
Unos horarios que no encajan
Ahora, la versión de la RFEF. El avión comercial donde supuestamente venían las botas tomó tierra a las 2:05 horas. La ley marca que todo equipaje tiene que venir acompañado de una persona y desde el aeropuerto hasta el hotel Marriott se tardan 25 minutos. Es decir, en 20 minutos dio tiempo a todo lo siguiente: el avión aparcó (las 2:05 es el momento en que toma tierra), descargó a los pasajeros y el equipaje, el empleado de la RFEF pasó el control de pasaportes, recogió dos baúles enormes en la cinta de los equipajes, los sacó hasta la puerta y los introdujo en la furgoneta. Todo eso en 20 minutos. Según esta versión, el equipaje tardó 20 minutos menos en llegar al hotel donde está concentrada la Selección que el día anterior los jugadores, en vuelo privado y sin controles que pasar. Un milagro de la logística.
Los hechos hablan por sí solos y vuelven a arrojar dudas sobre una Federación que tiene la credibilidad cada vez más en entredicho. ¿Por qué se dieron tantas versiones contradictorias a los periodistas de un asunto tan simple como un olvido? ¿A qué se debe tanto ocultismo para justificar un error humano? ¿Por qué tanta obsesión por ocultar la existencia de un vuelo privado si era la manera más segura y casi única de subsanar el problema? Son preguntas sin respuesta, porque a esta hora el departamento de prensa de la Federación se mantiene firme en su versión de que las botas llegaron en ese vuelo comercial. Una teoría que niegan categóricamente otros empleados en la RFEF, dentro de la guerra fría constante en la que se ha convertido la Federación en las últimas semanas.