El sueño de Federer antes del Suiza - Inglaterra: "¿Sabes que me encantaría llegar a una final de la Eurocopa?"
Antes de ser tenista, el suizo soñó con ser un gran futbolista.

Antes de soñar con ser tenista, Roger Federer soñó con ser un gran futbolista. No era extraño que lo hiciera: su talento con la pelotita amarilla era también evidente con el balón. Al fin y al cabo, durante su infancia y adolescencia en Basilea tenía un vecino que llegaría lejos en el fútbol: Murat Yakin, el actual entrenador de la selección suiza.
"Si Murat lanzaba un centro desde su jardín, yo hubiera sido capaz de rematar el tiro", bromeó Federer, de 42 años, durante una reciente conversación con Yakin, siete años mayor. El exnúmero uno del tenis mundial conoce muy bien a Yakin, y en ese encuentro en el ciclo "Interview by Ringier" no dudó en apurar de manera amable al seleccionador suizo.
"¿Sabes que me encantaría llegar a una final de la Eurocopa?". Yakin se lo toma con humor: "¡Ahora me metes presión! Te enviaré las entradas".
El diálogo crece en significación de cara al duelo de Suiza con Inglaterra este sábado en Düsseldorf, correspondiente a los cuartos de final de la Eurocopa. Y si Suiza llegara a la final, Yakin no tendría que mandarle tickets a Federer, porque el extenista se las arreglaría para estar allí, probablemente también ya desde semifinales: el fútbol es muy importante para él.
Entre 1990 y 1991 jugó en las divisiones juveniles del Concordia Basel, el equipo que en Basilea vive a la sombra del FC Basel. "Roger también hubiera llegado a ser un buen futbolista, aunque no hubiera ganado ni de lejos tanto como en el tenis", dijo a "Blick" Hermann Studer, su entrenador de aquellos años.

"Tenía una buena forma física, era muy fuerte, se beneficiaba de un entrenamiento intensivo en el tenis", añadió Studer, que comparó al Federer futbolista con el otro Yakin, Hakan, hermano de Murat. "Roger tenía una buena visión de conjunto del juego, un poco como Hakan Yakin".
Hakan Yakin, que vivía también en aquella casa vecina a los Federer en Münchenstein, pasó por todas las categorías inferiores del Concordia, pero era cuatro años mayor que el futuro múltiple campeón de Wimbledon, no había forma de que de jóvenes jugaran juntos.
"No perdíamos muy a menudo, pero cuando lo hacíamos, la derrota siempre afectaba mucho a Roger, se enfadaba muchísimo. A veces incluso lloraba tras las derrotas". Según Studer, Federer era popular entre sus compañeros de equipo. "En los entrenamientos, las cosas siempre se calentaban. Roger también era un pillo, pero sólo hasta que volvía a la cancha. Entonces se centraba plenamente en el deporte".
En algún momento de su juventud, Federer abrazó los colores del Basilea, porque el Concordia no daba satisfacciones deportivas a nivel local, mucho menos a nivel internacional. Con el tiempo se hizo un gran aficionado al FC Basel, y en 2016 fue incluso el encargado de entregar el trofeo de campeón en el estadio.
Cuando el Basilea cumplió 125 años, Federer escribió una emotiva carta dirigida al club. "El Basilea ha sido mi equipo favorito desde que era niño y lo sigue siendo hoy. Hace como 25 años fui al estadio, me senté en el lado izquierdo de la tribuna donde había menos gente. Cuando estaba cerca del tenis, no podía estar muy presente. Pero hay algunos modelos en los que me inspiré. Mi primer ídolo fue Karli Odermatt, luego me enamoré de Christian Giménez y también de Massimo Ceccaroni".
"Quiero que los jugadores que visten esa camiseta sepan que siempre estoy con ellos para apoyarlos. Durante años hemos tenido momentos mágicos en la liga, en Europa y en la Champions League. Los tiempos son más difíciles ahora, pero no siempre se puede tener éxito. Todo atleta lo sabe, y yo he tenido que experimentarlo muchas veces. Me gustaría que mis amigos de Basilea encuentren la fuerza para seguir luchando en el futuro".
El otro gran ídolo de Federer es el italiano Francesco Totti, lo que lo convirtió en hincha de la Roma y gran simpatizante de la selección italiana. La conexión con Italia se había dado durante el Mundial de 1990. "Seguí el torneo con gran emoción. Mis héroes eran Roberto Baggio y Toto Schillaci. Recuerdo a todos los italianos que vi llorando por las calles después de que su equipo perdiera contra Argentina en semifinales. Aquel Mundial me marcó mucho", dijo el suizo alguna vez al diario deportivo francés L'Equipe.
Tras aquellas vacaciones, Federer regresó a casa fanatizado por el fútbol y comenzó a entrenarse con el Concordia Basilea. Marco Chiudinelli, amigo de Federer desde la infancia y que disputaría también el circuito de la ATP, jugaba en cambio en las categorías inferiores del Basilea. "Entre los diez y los doce años competimos en duelos de fútbol. Había una gran rivalidad entre nuestros clubes. Roger era delantero y yo central. Él era muy bueno, sobre todo con la cabeza. Tenía un disparo fuerte y se movía bien. Pero su zurda no servía para nada".
El Roger Federer futbolista fue algo perfectamente posible. Aunque finalmente se lo llevó para su lado, el tenis no lo tenía garantizado. "Yo estaba convencida de que se convertiría en futbolista", dijo Theresa Fischbacher, maestra de Federer en la escuela en Münchenstein. "Casi nunca lo veías sin un balón, y no paraba de decir: 'Quiero ser futbolista'. Durante mucho tiempo, ni siquiera supe que jugaba al tenis. Cuando me enteré, supuse que debía de ser una actividad secundaria, porque le apasionaba el fútbol".
Pero el tenis no era secundario, se convertiría pronto en lo más importante. "A Roger le costó dejar el fútbol. Pero sus padres estaban decididos a que se centrara en el tenis. Por supuesto, tomaron la decisión correcta", recordó Studer.
Ya en 2005, dos golpes secos y discretos sonaron en la puerta de la habitación 449 de un lujoso hotel de Basilea. Abrió Rafael Nadal, por entonces número dos del tenis mundial. "¡Hola, Rafa!", dijo Roger Federer. "Eh...! Hola, how are you?", contestó Nadal, asombrado por tener en la puerta de su habitación al número uno del mundo.
En aquel encuentro, ambos hablaron de sus problemas físicos y de sus sueños en el tenis. Nadal ya era campeón de Roland Garros y Fededer lo era de Wimbledon. Federer se quitó una zapatilla y le mostró a Nadal el estado de su tobillo, bastante hinchado aún tras la distensión de ligamentos que había sufrido diez días antes. Y entonces surgió el fútbol: Federer se lamentó una vez más de no haber podido jugar Madrid, donde Nadal había sido campeón días antes derrotando al croata Ivan Ljubicic en la final, y de haber postergado así su soñado encuentro con otro ídolo futbolístico de su juventud, el francés Zinedine Zidane.
El encuentro de Federer y Zidane ocurriría años después, y el francés recibiría una raqueta del suizo como regalo. Porque junto al tenis, el fútbol siempre estuvo ahí. Y seguirá estando. Alguna vez, Nadal podría ser presidente del Real Madrid. Y, por qué no, Federer del Basilea. Que lo que unió el tenis no lo separe el fútbol.