Un vuelo en cuadro, el 'feeling' y una cita a tres en casa de Rubiales, claves para fichar a De la Fuente y olvidar a Marcelino
El 7 de diciembre de 2022, el expresidente decidió destituir a Luis Enrique y a Molina y confiar en el riojano, apoyado por Luque, en una reunión de urgencia en la que también estuvo Chema Timón.

Donaueschingen (Alemania).- Hoy todo el mundo elogia a Luis de la Fuente por su labor al frente de la Selección. Pero hace algo más de un año y medio, cuando fue presentado en diciembre de 2022 y empezó a ejercer en enero de 2023, el seleccionador dedicó buena parte de su intervención a justificarse y a recordar paso a paso un currículum que estaba en entredicho. La decisión que tomó Luis Rubiales no era demasiado respaldada porque su apuesta había hecho carrera en la cantera pero no se había desempeñado aún en la élite. La comparación con Luis Enrique, en cuanto a trayectoria, era demoledora, pero España había caído tan bajo en el Mundial de Catar que la desidia general dio paso a la cautela.
Aquel giro de timón no fue sencillo de ejecutar y ahora tiene su vital trascendencia. Lo que parecía a ojos de una mayoría un nombramiento con pinta de transición va paso de convertirse en un acierto histórico si no lo es ya. En 21 partidos al frente de la Selección, el técnico de Haro ha logrado una Nations League, una clasificación brillante para esta Eurocopa y, de momento, una final en Alemania ante Inglaterra que puede derivar en otro título que sumar a su amplia vitrina en las categorías inferiores. Porque Luis ya es campeón de Europa Sub-19 y Sub-21 y plata olímpica en Tokio.
Rubiales, que este último año ha coleccionado un sinfín de críticas por sus derivadas investigaciones, también debe cargar con esta cruz. Él era de los pocos convencidos en dar el paso que dio el 7 de diciembre de 2022. Esa tarde fue, con permiso de las mil trifulcas extradeportivas en las que se ha visto involucrado en sus cinco años de gestión, una de las más agitadas y tensas que se recuerdan en la RFEF. El directivo se cargó de un plumazo a Luis Enrique, decidió dejar de contar con José Francisco Molina, elevó a Albert Luque y nombró nuevo seleccionador a De la Fuente. Todo en cuestión de horas.
El terremoto comenzó a cocinarse en el avión de vuelta que trajo a la expedición de España de Catar tras la eliminación el día anterior a manos de Marruecos en los penaltis. En ese vuelo ya había una ambiente algo enrarecido, más allá de la desilusión lógica por no haber cumplido con las expectativas. Sólo regresaron 14 internacionales de 23. Algunos prefirieron quedarse en tierra para comenzar allí sus vacaciones. Aterrizaron a las 16:45 horas en la T4 Satélite de Barajas Pablo Sarabia, Alejandro Balde, Aymeric Laporte, Gavi, Sergio Busquets, Pau Torres, Ferran Torres, Dani Olmo, Unai Simón, Yeremi Pino, Pedri, Ansu Fati, Nico Williams y David Raya. Y ni siquiera ellos sabían lo que ya se había decidido por los aires y lo que estaba a punto de ejecutarse en la casa de Rubiales en Madrid.
En mitad del vuelo, según varios testigos, el expresidente llamó a Albert Luque para que se sentase a su lado en la parte delantera y departir tranquilamente, una vez que ya se habían consumido tres horas y media de viaje y quedaban 90 minutos por delante. El catalán, que era hasta entonces adjunto a la presidencia, supo de primera mano que algo esta a punto de saltar por los aires y que todo el núcleo duro de Rubiales iba a tener que cambiar de planes y aplazar un día más sus vacaciones porque había que cerrar y anunciar decisiones de calado. Sin más. La cara de preocupación de Rubi anunciaba curvas. Hasta ese momento no se deslizaron nombres propios ni se concretaron las medidas a adoptar. Simplemente quedó fijada una reunión en la vivienda del mandamás para unas horas después.
Una cascada de noticias ante la crisis
Pero al aterrizar, Rubiales ya no se puede contener y le comunica a su círculo de máxima confianza que va a destituir ese mismo día a Luis Enrique y que, además, le va a comunicar a José Francisco Molina, director deportivo desde 2018, que no continuará en su puesto. La decisión final se adoptará en una reunión a tres entre el presidente, Albert Luque y el director del gabinete de presidencia Chema Timón, que ahora ha sido recolocado en el equipo de trabajo de la candidatura del Mundial 2030. Ahí, en esa cumbre, es cuando Rubiales le traslada a Luque que quiere que él sea el nuevo director de la Selección ya que su feeling con los jugadores es muy grande y que sería una medida que agradaría mucho a los capitanes. No lo dijo, pero dio a entender que más de uno ya le había dejado caer ese deseo.
No le faltaba razón al motrileño de adopción. Luque llevaba tres años como una especie de enlace entre el vestuario y la cúpula directiva de la RFEF. Tanto cuando Rubiales y sus ayudantes querían trasladar o negociar algo con los internacionales; como al revés, cuando los jugadores querían comunicar alguna cuestión a la planta noble y necesitaban un intermediario para poder hacerlo. Con Molina todos tenían una relación excepcional de mucho respeto, pero entre ellos había algo de frialdad. No llegaban a conectar. Los capitanes Sergio Ramos, Busquets y De Gea se sentían más cómodos con Albert, que hace unos meses fue despedido por Pedro Rocha mediante un burofax.

En esa misma reunión, además de que Luque aceptó su nombramiento encantado puesto que le gustaba realizar esas funciones, Rubiales no quiso perder tiempo. Compartió con sus compañeros que la decisión del nuevo entrenador la tomaría la dirección deportiva con libertad, pero que antes quería que conocieran su opinión al respecto. Y ahí es cuando pone el nombre de Luis de la Fuente por primera vez encima de la mesa. El expresidente argumentó que era un buen líder, un gran gestor de grupos y un pacificador en un momento de tensión donde Luis Enrique había destrozado todos los puentes.
La apuesta sorprendió por la contundencia con la que la lanzó. La crítica popular y mediática eran enormes y la apuesta llegó en unos días en los que había otros candidatos en la casa con una trayectoria en el fútbol profesional mucho más cuajada. Uno de los que sonaron con más fuerza era Marcelino García Toral, ahora en el Villarreal y entonces sin equipo, pero algún que otro socio de Rubiales quemó al asturiano con tanta insistencia. También estaban en las conversaciones Joaquín Caparrós, Andoni Iraola, Míchel y hasta Paco Jémez por los continuos ofrecimientos de mil agentes. Pero Rubiales no habló con nadie más y sólo verbalizó en esa cita a tres el nombre de De la Fuente. Le animaba también el hecho de que tenía plena confianza en el equipo de trabajo que siempre le acompañaba y, por encima de todo, quería promocionar la base como pilar fundamental del proyecto deportivo.
Visto bueno a la apuesta
A partir de ahí, Rubiales quiso escuchar a los demás. Chema Timón lo vio bien, aunque se reservó su opinión, sabiendo cuál era su lugar y que en estos temas debe prevalecer la versión de los expertos. Luque, que tenía mucho peso en las decisiones y sabía que el cargo que heredaba le obligaba a mojarse, respaldó la opinión de Rubiales. Sabía cómo trabajaba De la Fuente en las categorías inferiores y era conocedor de la generación que venía empujando y que en poco tiempo iba a coger el testigo de la Absoluta. No había nadie mejor para guiarla al haber sido ya campeón anteriormente con ellos. Rubiales se sintió aliviado y reforzado en su pensamiento, así que puso la maquinaria en marcha para oficializar todos los pasos de manera inmediata. No había tiempo para la especulación. El objetivo era llegar a la Nations League a tono (como finalmente sucedió) y convenía pasar página cuanto antes tras lo de Catar.
Molina fue el encargado de dar la noticia a Luis Enrique. Y a renglón seguido, De la Fuente, como él mismo ha reconocido públicamente, recibió una llamada a última hora de esa tarde para que acudiera a la casa de Rubiales. El técnico ya se olía algo, porque en ese instante los medios de comunicación digitales ya le incluían en la terna de candidatos. Tardó una media hora en llegar y allí, a portagayola, Rubiales le esperaba para comunicarle una noticia que iba a cambiar su vida. De la Fuente estaba tan emocionado y agradecido por la confianza que lo que menos le importó fueron las condiciones propuestas. Rubiales le ofreció dos años de contrato, hasta junio de 2024 (hubo que ampliar ese contrato para subsanar el error y que pudiera estar en esta Eurocopa), con la opción de que se prorrogaran de manera unilateral por parte de la RFEF dos años más si se hacía un buen papel en la Eurocopa. Los cuatro asistentes a la reunión sellaron el pacto y se abrazaron. Se iniciaba una nueva era.
De la Fuente estaba muy bien valorado por la dirección porque era un profesional que, aunque tenía sus convicciones y las defendía a muerte, escuchaba. Rubiales venía de una época en la que Luis Enrique no aceptaba ninguna recomendación y con el hasta entonces seleccionador Sub-21 era todo lo contrario. Como después se demostró con algunos casos. Por ejemplo, con la convocatoria de Alba y Joselu para la fase final de la Nations League de Países Bajos que acabó ganando. Al inicio no las tenía todas consigo. O con la llamada definitiva de Lamine Yamal en septiembre de 2023, ya que el seleccionador prefería esperar más y en la RFEF le insistieron hasta empujarle a convocarle y acabar con la incertidumbre.
Pero no hay que confundir que De la Fuente escuche, debata y consensue con que sea maleable. En esa reunión del 7 de diciembre de 2022, Rubiales le propuso que le acompañase como segundo entrenador Julen Guerrero, seleccionador en esos momentos de la Sub-17. Sin embargo, el riojano se negó -de ahí que ahora no se hablen- y allí mismo propuso que su hombre de máxima confianza para ese cargo fuera Pablo Amo, que entonces era el seleccionador Sub-18. Y así fue. Desde entonces, y con la crisis de Escocia en la que Rubiales siempre le apoyó pese a la ola de críticas, el seleccionador ha trabajado en silencio para que su labor y los resultados corrigiesen aquel error reconocido de aplaudir a Rubiales en la Asamblea de la vergüenza de septiembre de 2023. Un reto que ha conseguido hasta el punto de que, pase lo que pase el domingo, dirigirá a España en el Mundial 2026.