OPINIÓN

Xavi hace mucho más por la Selección que por el Barça

Xavi bromea al final del partido del pasado martes entre el Barcelona y el Nápoles. /GETTY
Xavi bromea al final del partido del pasado martes entre el Barcelona y el Nápoles. GETTY

Xavi es un pluriempleado. Es el técnico del Barça y el segundo de Luis De la Fuente. Está haciendo mucho más por la Selección que por su club del alma. Ni la Liga conseguida la pasada temporada ni la rebelión de esta semana me hacen pensar diferente. Sólo la consecución de la Champions me haría recoger cable y pedir un busto suyo en Canaletas. De igual manera que en ese bufón de Europa resucitado al que entrena, pese a su valentía con La Masia, no ha acabado de estampar su sello futbolístico ―y veremos si le da tiempo a hacerlo―, se puede asegurar que La Roja le debe buena parte de su crecimiento tras el tortazo de Catar. Por la herencia importada y, sobre todo, por los guiños recibidos.

No sólo es Cubarsí. El joven central no es más que otro caso de riesgo en el que el entrenador ha salido victorioso y del que se ha beneficiado el seleccionador. Xavi tiene el mismo ojo en la dirección que cuando deleitaba de corto. Si De la Fuente se ha animado ahora a dar el paso es porque, previamente, su colega de gremio tuvo la gallardía de ir horneando a la promesa y lanzarla a los leones con una convicción plena de que los domaría. Prueba de ello es que Pau estaba bailando entre las selecciones Sub-17, Sub-19 y Sub-21 en las últimas semanas. Y tras verlo ante el Nápoles salió catapultado a la cima.

Hay una corriente bastante compartida de que Cubarsí acude a la llamada de su país porque hoy en día está igual de barato jugar en el Barça que dar el salto a esta Selección. Este viernes les llegará por tierra, mar y aire. Y la justificación suele centrarse en la evidencia de que, mientras en otras recientes ediciones de la Eurocopa se quedaron futbolistas de tronío fuera de la convocatoria ―con un caluroso debate de por medio―, en esta ocasión no habrá ningún pilar en el ostracismo. Ni nombres gruesos como descartados en los ácidos titulares. En el torneo de 2012 donde se triunfó, se quedó en casa con el morro torcido Soldado junto a los lesionados Villa y Puyol. En 2016 le pasó lo mismo a Alcácer, Diego Costa, Isco, Mata, Torres, Sergio Roberto y Nacho. Y en 2020 fue el turno de Ramos, Íñigo Martínez, Canales, Navas y, cómo no, de nuevo el One Club Man del Madrid.

Ya se darán cuenta del error en los análisis. Cubarsí es una cosa seria, como Vivian, del que habrá que extenderse otro día. Con Gavi, sucedió prácticamente lo mismo que con Pau. Con sólo un puñado de partidos en la élite, Koeman se abrazó a él por su gusto y las carencias en el club. Y Xavi, nada más llegar, puso el equipo en sus manos. También se criticó ese arrojo y la consiguiente llamada de la Selección pese a que el centrocampista marcaba el paso en ataque y en defensa. Pero hablando de apariciones estelares, hay que reconocerle a Xavi que también se atrevió a dar el peso que demandaba a Lamine Yamal esta misma temporada. Guante que supo recoger el equipo de todos. Y contra viento y marea, dio vuelo a un discutido Ferran Torres, así que la Selección no hizo ni más ni menos que comprar todos los movimientos que Xavi iba haciendo por Montjuïc.

Esta sinergia y trasvase de pensamientos no sólo se ha ido materializando en las buenas. En Las Rozas también han sabido leer entre líneas cuando han llegado las malas. Xavi fue el primero que empezó a mostrarle el banquillo a Balde en favor de Fort, algo que tiempo después le llevó a perder protagonismo con De la Fuente antes de la maldita lesión. Dejar que Eric García se marchara cedido al Girona fue captado de inmediato en la RFEF: fuera de las convocatorias. Con Ansu Fati, la historia volvió a repetirse: si Xavi lo dejaba salir a la Premier, cuando le habían entregado el diez blaugrana y encomendado la misión de hacer olvidar a Messi, sería por algo. Por eso, su peso de rojo ha decaído poco a poco hasta el punto de estar prácticamente descartado para Alemania.

Esa fe de Xavi con muchos otros futbolistas le faltó en su día con Bellerín, la ha puesto en solfa con Íñigo Martínez y la suspendió con otras promesas que iban lanzadas como o Nico o Pablo Torre. Sus dudas han hecho que los planes de hace año y medio que había entre el cuerpo técnico de España con alguno de ellos se enfriaran de golpe y porrazo. Y que incluso quedaran en el archivo sin fecha de desclasificación. De la Fuente y sus ayudantes, pese a su devoción, se fían más de la palabra y obra de Xavi que de la de Dios.

Sólo falta acortar las diferencias entre las partes con Fermín. Y no parece que tarden mucho en la Federación para claudicar y caer rendidos a sus poderes. Si no es para esta Euro, ojito en septiembre. Es un futbolista total que puede jugar en diferentes posiciones, que es el primero que aprieta en la presión (¿verdad Lewandowski?), que tiene amor propio, un físico privilegiado, llegada y gol. Una garantía de futuro para el Barça y, sobre todo, un futbolista de esos que no deberían faltar en una lista para una larga concentración. Si no va ya es porque toda regla tiene su excepción o para disimular. El día que vaya Fermín a la Selección, Xavi deberá intercambiarse el banquillo con el segundo de De la Fuente (Pablo Amo) o, al menos, cobrar una suculenta prima de Pedro Rocha por los servicios prestados.