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El Sevilla regresa al Km 0 de su despegue: "Ese día la gente hubiera sido capaz de tomar la Bastilla"

Los andaluces vuelven a Eindhoven, km 0 de su exitosa historia. Del Nido, José Castro, Escudé, Palop, Antoñito... narran la primera UEFA.

Javi Navarro levanta el trofeo de la Copa de la UEFA en Eindhoven./EFE
Javi Navarro levanta el trofeo de la Copa de la UEFA en Eindhoven. EFE
Alonso Rivero

Alonso Rivero

Contarán las lenguas antiguas que un 10 de mayo de 2006 la rebeldía incipiente de un club andaluz acabó con una sequía interminable de títulos. 58 años habían pasado desde la última Copa liderada por una de las leyendas del club como Juan Arza. Anteriormente, el Sevilla había vivido unos años de descomposición que acabaron con la entidad en Segunda y con una delicada situación económica. Dramática. Incluso con el pensamiento de abandonar el Sánchez-Pizjuán para así solucionar el desastre de la segunda parte de los 90. De la nada al todo. De la pesadilla al sueño. 

De lo que nunca se pensó en vivir, a una riada de títulos. Con la Europa League como epicentro de la grandeza. "Recuerdo que en un viaje de vuelta que habíamos ganado en Europa, escuchábamos a los aficionados saltar, cantar, vimos botellas de vino, jamón… Miré a Kanouté y le pregunté si eso era normal". Julien Escudé escenifica ese estado que mezcla los nervios y la euforia antes de la gran explosión de felicidad. Se estaba horneando un campeón. Eindhoven fue el inicio de un camino que aún no ha terminado.

Del Nido habla de la celebración en la Feria.Relevo

Pero hay que remontarse a los inicios. A las penurias de finales de los 90 e inicios de siglo. En este contexto, toma las riendas del club Roberto Alés, que sin recursos económicos, decide apostar por el delegado del equipo, Monchi, para la Dirección Deportiva, y por Joaquín Caparrós para el banquillo. Fue en ese momento cuando, casi sin imaginarlo, se fue gestando este nuevo Sevilla. Era una apuesta por gente de la casa, con el amor al escudo como principal aval. Sevillistas de cuna como Joaquín y bautizados como Monchi. Partir de cero no siempre es lo mejor, aunque aquellas bases implantadas se mantienen hoy día. Ladrillo a ladrillo, el Sevilla se fue haciendo cada vez más fuerte. Todavía, con una deuda importante que José María Del Nido calificó como "calderilla".

Precisamente, no fue fácil el comienzo de la temporada 2005-06. Se inicia con la salida de dos futbolistas importantes. El modelo del Sevilla, tantas veces analizado, enviaba a Julio Baptista y Sergio Ramos al Real Madrid, este último a unas horas para el cierre del mercado. Monchi, traía a Palop, Luis Fabiano, Kanouté, Saviola, Maresca y Dragutinovic para intentar dar otro saltito más en la competitividad de la plantilla. Con el paso de los años, todos se convirtieron en héroes. En ese momento, el más conocido era Saviola tras su paso por el Barcelona. No se podía imaginar que ese proyecto rompiese en un desenfreno de éxito, con cinco títulos en 15 meses. "La temporada no empezó muy bien en Liga, pero sí que en Europa funcionábamos muy bien", reconoce Andrés Palop, otro de las grandes leyendas de aquella época.

También hubo cambios en el banquillo. Javier Aguirre era el mejor posicionado para sentarse en el banquillo del Sánchez-Pizjuán, un entrenador más semejante a lo que había sido Caparrós en el Sevilla, para no alejarse tanto del modelo de competitividad implantado. Sin embargo, la derrota en la final de Copa ante el Betis unas semanas antes de tomar la decisión final hizo que Del Nido cambiara de opinión y que Juande Ramos fuera el elegido para apagar la figura de Joaquín Caparrós.

En la jornada sexta ante el Espanyol, con el equipo sin arrancar, la grada estalló de forma unánime contra el palco y contra su entrenador. Los sevillistas sólo habían conseguido una victoria y los catalanes se adelantaron en el marcador. El empate final propició que el consejo le diera a Juande una última oportunidad en San Mamés. De esos momentos que definen cualquier historia. Siempre el héroe pasa por un instante de duda. De ver todo perdido o acabado. A partir de ahí, todo lo que vino ya es historia.

La ruta europea

El camino europeo del Sevilla se fraguó con momentos que quedarán permanentemente para la historia. Ese "vamos a ganar la UEFA" de Adriano en zona mixta tras eliminar al Mainz de Klopp en la ronda previa, la agónica victoria ante el Lille para pasar a cuartos, tras perder 1-0 en la ida ("el míster optó por mi compañero Notario hasta que se lesionó en Lille , ahí empezó mi andadura en una competición que me dejó marcado para siempre", recuerda Palop) o esa eliminatoria de semifinales ante el rival al que todos consideraban como favorito para levantar el título: el Schalke 04, quien ahora está hermanado con el propio Sevilla. Las cosas del fútbol. "La semifinal contra el Schalke fue tremendamente difícil. Ellos tenían más experiencia europea. En la ida prevaleció el ser un equipo compacto y defensivamente rocoso para sacar un 0-0. Teníamos una oportunidad única como la de jugarte una final en tu casa", explica el meta valenciano. Esa final (vuelta de semifinales) era un jueves de Feria en Nervión. El jueves de Feria más recordado.  

Del Nido y los recuerdos de aquella final.Relevo

 27 de abril del 2006. Así, sin nada más. La mente de cualquier sevillista se marchará a aquel minuto 100 de partido, al centro de Navas sin aparente peligro y al zurdazo de un canterano llamado Antonio Puerta que acabó siendo leyenda. Cuentan los más veteranos, que nunca vivieron una tormenta de emociones igual. Que jamás el estadio rugió de esa forma y que en la vida se celebró tanto como aquella victoria ante Schalke que metía al Sevilla en una final europea por primera vez en su historia. "El gol de Puerta es el gol que, jugando como local en el Ramón Sánchez-Pizjuán, con más estruendo sentí en la grada y el que más me impresionó en las ocho temporadas que he estado en el Sevilla", rememora Palop. "La llegada del equipo al campo me emocionó. Ya pasó en la ida ante el Schalke en aquella colina. Generaciones de sevillistas que tenían la oportunidad de ver a su equipo en una final, acariciando un título", señala Escudé.

La persona que lideraba el proyecto por aquel entonces era José María Del Nido. Su osadía podía presagiar para los más optimistas que algo relevante le sucedería a la entidad. "Desde que empatamos en Alemania contra el Schalke la historia cambió. Todos nos dimos cuenta de que era posible conseguir ese milagro que era ganar una copa y encima en Europa. El Sevilla llevaba 58 años sin conseguir un título y 52 sin jugar una final. Se preparó el partido con una intensidad tremenda, trabajando 25 horas diarias. Hicimos en los Reales Alcázares una cena que fue un espectáculo gracias al alcalde, que nos lo cedió por primera vez. Se vendieron todas las entradas enseguida. Si hubiéramos tenido un campo con 100.000 espectadores las hubiéramos vendido igual. Se dio la circunstancia de que era semana de Feria. Fue un acontecimiento para la ciudad. Y ya con el gol de Antonio Puerta, en el año del centenario… es para vivirlo. La llegada del autobús del equipo al Real con la policía a caballo… ¡Había miles y miles de personas!", recuerda vehemente como siempre.

Del jueves de Feria a la final

Aquella final se comenzó a ganar en la previa. La Markt Platz de la ciudad neerlandesa era un auténtico volcán de blanquirrojo en las horas previas del momento de mayor eclosión nervionense. Miles de sevillistas estaban ante una oportunidad única de lucir con orgullo el escudo de su equipo y con el miedo lógico de poder perder algo que estaba tan cerca de conseguir. La arenga de José María Del Nido, que posteriormente se convertiría en un ritual, elevó la emoción de los allí presentes. "Salí a dar el discurso y la gente se puso que era capaz de tomar la Bastilla. Yo he ido a muchas finales pero como aquella ninguna, por la historia que arrastrábamos sin tocar plata", afirma. "Había una mancha de sevillistas por toda la ciudad. Esa plaza estará grabada a fuego. La gente iba con personas mayores, se reían y lloraban a la vez. Todo era fruto de la ilusión por hacer historia y conseguir algo que muchas generaciones de sevillistas no habíamos vivido", cuenta José Castro, por aquel momento vicepresidente de la entidad.

Del Nido hablando de las anécdotas de la final en Eindhoven.Relevo

"En la cena previa oficial un íntimo amigo me mandó un mensaje: 'PSV, para Sevilla va'. Y así empecé mi discurso. El equipo fue una locomotora, la confianza del entrenador fue mayúscula. El mismo día a las 12 de la mañana Juande me dijo: 'Presidente, no presiones más a los jugadores que vamos a ganar 4 a 0'. Y así fue. Él estaba convencido por el análisis que había hecho que éramos superiores. Teníamos 20 jugadores buenos. Uno de los brasileños me dijo durante el paseo: 'Fíjese si el 9 que tenemos es bueno, que el país del fútbol le dice 'O Fabuloso'. Lo que vendría después es historia", relata el letrado sevillano.

Antoñito, con Pablo Alfaro de espalda, y un aficionado en la grada del Philips Stadion. M.G.
Antoñito, con Pablo Alfaro de espalda, y un aficionado en la grada del Philips Stadion. M.G.

En el estadio, desde la grada más de 14.000 aficionados, algunos muy especiales. Es el caso de Antonio Ramiro, Antoñito, y Pablo Alfaro. Ambos habían dejado el Sevilla para marcharse juntos al Racing de Santander. Había anhelo por no estar sobre el verde, pero era más la ansiedad por ver a sus excompañeros levantar un trofeo muy deseado. "Fue un día espectacular. Vivirlo junto a Pablo. Como jugador y canterano lo hubiera dado todo por haber podido jugar pero como sevillista fue lo máximo. Cuando acabó el partido, bajamos al vestuario y estuvimos en la celebración como dos compañeros más", nos cuenta Antoñito. "Para mí es la final con mayúsculas. La que más recuerdo. Después de 58 años el club pudo saborear de nuevo lo que era ganar un título y eso nosotros lo sabíamos", reflexiona Palop. "Cuando vi a Javi levantar la copa, supe que había elegido bien. Ese título le cambió la vida al club", sentencia Escudé.

Pepe Castro sobre cómo se vivió aquella final.RELEVO

Un título hizo crecer al club

Detrás de un título deportivo hay muchas personas más allá de la plantilla y los dirigentes de un club. Eindhoven significó un escaparate mundial para la marca Sevilla, pero un verdadero desafío para las estructuras internas de la entidad que, si bien iban creciendo paulatinamente, no al nivel de lo que una final europea necesitaba. "Fue una exposición muy importante de nuestra marca. Recuerdo la cantidad de medios de comunicación extranjeros que cubrieron el media day. Había un gran interés por conocer lo que habíamos hecho y cómo habíamos llegado hasta allí", recuerda Jesús Gómez, jefe de prensa por aquel entonces y actual Director de comunicación de la entidad. "En comunicación, el club iba creciendo poco a poco pero con la final de Eindhoven se rompieron las costuras", destaca.

Incrustado en el departamento de prensa estaba protocolo. Inma García, jefa de prensa del primer equipo hasta la llegada de Del Nido, se encargaba de él. "No paraba de llegar faxes deseándonos suerte", relata. "Después del partido, la primera felicitación que recibí en persona en el palco de Eindhoven fue del entonces presidente de LaLiga, José Luis Astiazarán. Todas las personas que representaban algún cargo de una institución española, estaban felices. Ese día, todo el mundo iba con el Sevilla. Y conseguir la copa fue convertirte en el centro de atención de mucha gente", nos cuenta.

José Castro habla de la repercusión para la marca Sevilla.Relevo

Traer plata significó un reconocimiento a la marca Sevilla, incluso en el mismo organismo que lo organiza. José Castro, como vicepresidente, era el encargado de asistir a los sorteos. "Sin duda tuvo un impacto enorme. Recuerdo que al principio nos colocaban atrás del todo en el teatro donde se realizaba. Después comenzamos a estar en las primeras filas. La gente empezó a creer en la entidad. Jugadores que eran impensables que recalaran en el Sevilla, estaban dispuestos a jugar con nosotros", reflexiona el actual presidente.

Un momento tan especial tuvo también un detalle especial por parte de la Casa Real. "Para la recepción en Zarzuela después de conseguir la UEFA, le enviamos unos regalos al Rey Juan Carlos I, entre ellos, una corbata del centenario. Así informamos al personal de protocolo de la Casa Real, 'por si a su Majestad le gustase, para ponérsela'. Obviamente, nos dijeron que eso se salía completamente del protocolo. Sin embargo, esa fue la primera vez que el Rey se puso una corbata institucional y fue la del centenario del Sevilla", abrocha Inma García.

Una historia desde todos los puntos de vista de aquellos que la vivieron en primera persona. En el césped, en la grada, en el palco y desde las mismas entrañas del sevillismo. Un día marcado a fuego y grabado en la piel de todo aquel que ante del 10 de mayo de 2006 le dijo descorazonado a su hijo: "Ojalá podamos vivir aunque sea una final". El Sevilla tocó la gloria en Eindhoven. Miles de papelillos rojos y blancos coloreaban el cielo de la ciudad holandesa, con más de 14.000 sevillistas repartidos por las gradas, con muchos miles más esperando en la capital andaluza para una fiesta que duró varios días más. "Nunca habrá otro título como ese", sentencia Julien Escudé. "Fue el inicio de todo", relata el gran capitán Andrés Palop. "Fue la recompensa al trabajo de todos, de aquellos futbolistas que llegamos con la idea de crecer, unidos a los que se incorporaron con mucha calidad. Cuando levanté la copa había metida en ella muchas sensaciones: la alegría de la gente con ese ansia de celebrar, la humildad de la plantilla... !Fue magnífico!", resume el hombre que alzó la UEFA al cielo de Eindhoven, Javi Navarro. El renacimiento del Sevilla. Porque esa noche, de hace casi 17 años, el club de Nervión volvía a ver la luz. Y porque nadie quiso y cuidó más ese título que tú, Sevilla.